martes, octubre 10, 2006

Orden

Tap, tap, tap, tap. El blues sincopado de John Lee Hooker suena en mi cabeza: Talk to your daughter for me, mama. I like the way you walk, honey.
El mundo, tal y como repite todos los años uno de mis profesores, se ordena bajo el hechizo de la música. Las cosas más tristes y sórdidas pueden ser destellos dentro de una canción. El cielo gris sobre las cabezas de los mendigos, que arrastran carritos de supermercado llenos de restos inservibles; las pobres prostitutas tiritando con su ropa mínima bajo el abrigo; las volutas de humo de los coches; las carreteras brillantes como si fueran espejos; las luces de los semáforos detrás de la cortina de lluvia. Todo parece tener un significado oculto dentro de una canción.

Todo parece puesto ahí justo para encandilarnos, para asombrarnos.

Si alguien puede conseguir esa sensación sin música es que es poeta.

lunes, octubre 09, 2006

Doble

Ayer, mientras curioseaba en unos grandes almacenes, a Andrés le pareció ver a su abuela entre la multitud.

Aquello no tenía nada de particular, pues su abuela vivía en su ciudad y todavía era una mujer vital que quizá estuviera buscando un regalo para alguno de sus hijos o nietos. Su abuela era joven para ser la abuela de alguien en plena madurez. Él era el mayor de sus nietos y su madre lo había tenido muy joven, a los diecinueve años.
Sin saber exactamente por qué, no la saludó; en su lugar la siguió disimuladamente, con cuidado de que no le descubriera. Tampoco se explicaba aquel impulso repentino y ahora daría lo que fuera por olvidar lo que vio.

Sin embargo ya es demasiado tarde. Lo que vio le ha perseguido desde entonces pero tampoco se ha atrevido a preguntar, le ha hecho perder el sueño en más de una ocasión, pero es difícil hablar de ello. La vio besar a alguien que no era su abuelo. No sabía por qué ese estúpido impulso había permanecido en él. No sabía por qué había insistido en seguirla a pesar de que parecía caminar furtivamente, fijándose con demasiado interés en la gente con la que se cruzaba, volviendo la cabeza de vez en cuando.

Intentaba pensar en la historia de forma amable, intentaba felicitarse por ella, que en la vejez había conseguido a alguien con quien compartir sus últimos años pero no lo conseguía, era demasiado para él. No. La verdad es que no lo aprobaba y eso le resultaba aún más extraño. ¿Quién era él para opinar sobre la vida de su abuela? ¿Acaso no sabía por propia experiencia que algunas veces uno no se comporta de forma racional? ¿Que la atracción se puede presentar de forma inesperada?

Pero no con su abuelo esperándola.

Esperando a la muerte, quiero decir.

jueves, octubre 05, 2006

Hugo (homenaje)

Un niño contempla extasiado una película de la época dorada del cine americano. Está sentado junto a su abuela en un cine veneciano viendo una historia de piratas protagonizada por Errol Flynn, casi seguro que Capitán Blood. Todas las películas protagonizadas por ese actor están entre sus preferidas, por eso los ojos de ese niño están tan abiertos que apenas parpadea. Parece hipnotizado. Le han dicho en su casa que pronto emprenderán un viaje a África, que pronto irán a Abisinia, pero eso ahora no le preocupa en absoluto.

Días antes, su abuela le ha hablado de sus ancestros. Su sangre tiene parte inglesa y francesa, parte sefardí y parte turca. Entre sus antiguos parientes se cuentan miembros de sectas secretas y magos y eso le hace sentirse un poco más cerca del sueño que siempre ha acariciado: haber sido descendiente directo del Corsario Negro o de Sir Francis Drake.

En Abisinia, este niño vivirá durante ocho años y en África se hará adulto. Por eso quizá los libros de Conrad, de Melville o de London serán tan importantes para él. Los barcos a vapor que recorren los ríos sudamericanos infestados de insectos, el honor y la dignidad, los viajes y los indios formarán parte de su vida, y, en gran parte, debido precisamente a las historias de esos libros. Pero él aún no lo sabe.

Un buen día, mirará un ejemplar de Spirit, el tebeo de Will Eisner, donde un héroe con ropa de detective de cine negro y con un antifaz, se dedica a ayudar a los débiles y a hacer que triunfe la justicia y sus ojos brillarán con emoción mientras lee sus aventuras. Ese descubrimiento será definitivo porque marcará el camino que seguirá para ganarse la vida: será dibujante.
Un dibujante que acabará por crear un personaje que llevará gorra y un gran arete de oro en la oreja izquierda, con largas patillas negras, muy pobladas; con una gorra de marinero y que se habrá hecho con una navaja una nueva línea de la fortuna porque la que tenía de nacimiento no le gustaba. Que tendrá amigos que serán antiguos presidiarios, magos, sacerdotes de vudú, anticuarios obsesionados con las viejas leyendas o catedráticos alcohólicos a quienes se limitará a rescatar de la cárcel sin hacerles un solo reproche. Ese personaje será un aventurero que se llamará Corto Maltés.

Pero eso será después de muchos años. Ahora, ese niño mira el parpadeo blanquinegro de la pantalla y disfruta. Él aún no sabe que será el gran Hugo Pratt.

lunes, octubre 02, 2006

Walser

Ya hemos aprendido (trabajosamente, pues aún vivimos desolados por la pérdida) que, al final, de todo queda más o menos lo mismo: cenizas al viento.

Así que comprendo cada vez mejor la obsesión de Robert Walser, tal y como describe Vila-Matas en una de sus novelas (de la que ya no recuerdo el título pues Vila-Matas siempre escribe el mismo libro) por enmudecer, por desaparecer, por difuminarse.

Por eso sus microgramas, su testamento literario (526 hojas ilegibles, todas de diferente formato y cubiertas de una letra minúscula, escritas durante parte de su estancia en un manicomio), tuvieron que ser rescatadas y editadas pacientemente durante quince años. Werner Morlang y Bernhard Echte, según parece, fueron los que se encargaron de esta labor. Y así, editando los microgramas de Walser, acabaron contradiciendo para siempre su espíritu.

Claro que en el momento en el que Robert Walser advirtió desde el más allá (aún con cara de sorpresa por haberlo encontrado al fin) que estaban recuperando su nombre para las historias de la literatura, no pudo evitar convertirse en el fantasma familiar de las casas de sus amables benefactores.

Que, desde entonces, no durmieron nada bien.

sábado, septiembre 30, 2006

Centro

El centro de Madrid es ese sitio donde puedes ver a hombres minúsculos que llevan bicicletas para niños de tres años pero que te miran ceñudos y desafiantes, ese sitio donde hay gente que se gana la vida disfrazándose y quedándose quieta para que les tomen fotos, ese sitio donde los adictos también se quedan quietos pero no consiguen que nadie quiera hacerse fotos con ellos, ese sitio donde decenas de niños de colores juegan al fútbol.

El centro de Madrid es ese sitio donde los coches oficiales aparcan a pocos metros de mendigos con malformaciones que piden dinero a gritos, ese sitio en el que hay riadas de personas andando de un sitio a otro con prisa, ese sitio donde los turistas compran bocadillos de calamares en bares con el suelo cubierto de servilletas, ese sitio lleno de teatros y restaurantes refinados con cartas de vinos inacabables.

El centro de Madrid es un lugar para alquilar un balcón tan sólo para tener un sitio donde sentarse y ver pasar a la gente.

lunes, septiembre 25, 2006

Músculo

Me pregunto si en la costa nuestro ritmo sanguíneo se acompasa al latir del mar contra la arena.

Si el sordo retumbar contra las rocas (sístole) que muere, mínimo al fin, contra la playa (diástole), tiene algo que ver con nuestro corazón: ese músculo quebradizo por tanto cambio de temperatura.

Perspectiva

Una de las fuentes más importantes para los estudiosos de la religión etrusca es un texto escrito sobre el sudario que envuelve el cuerpo de una momia. No me resisto a imaginar que las palabras sagradas acompañaron de esa manera al muerto y tendieron un puente efímero entre la tierra y el cielo. La religión siempre ofrece consuelos poéticos.

No obstante, prefiero imaginar el deslumbramiento y la emoción del científico, tan parecidos a la belleza, cuando consiguió descifrar ese alfabeto porque, aunque la ciencia nos deja solos y nos dice que no somos más que materia altamente organizada, se nos ha convertido en la única religión posible.

Cuestión de perspectiva.

jueves, septiembre 21, 2006

Cadena

No lo he hecho nunca, así que he decidido responder al reto de Portorosa, que aquí me propone que elija el texto que me gusta más de lo que llevo publicado.

Creo que hablar de mejor o peor no tiene sentido, pero sí que tengo algún preferido: Éste y éste.

Me siguen gustando y ha pasado mucho tiempo, lo que supongo que algo querrá decir. O no. O quizá quiera decir exactamente eso. Que me siguen gustando. Y ya.

Ah, la vanidad.

Como es una cadena (se me había pasado, la verdad) les he pasado el encargo a Danae y a Princesa (que ya sabemos todos que si una cadena se rompe se convocan todo tipo de males)

martes, septiembre 19, 2006

Atardecer

Me gusta coger los aviones a media tarde: tener el equipaje preparado e irme al aeropuerto después de comer a hacer cola para todo; que me hagan quitarme los zapatos y deshacerme del gel de baño que llevo siempre en el equipaje de mano; el pitido del arco detector que siempre te deja cara de culpable; las parejas que se besan a la vez que lloran; las tiendas de delicias y las de chocolate; los caballeros atareados con sus blackberrys.
Estar allí es como estar en cualquier otro sitio. En un aeropuerto, la nacionalidad casi no se nota.

Pero sobre todo, me gusta estar en el aeropuerto a esa hora porque es el preludio del vuelo al atardecer.

Un atardecer eterno en la ventanilla. Con todos esos naranjas y azules.

Eterno.

lunes, septiembre 18, 2006

Cubos

Excepto en casos excepcionales, las líneas rectas no existen en la naturaleza. Son sólo construcciones mentales de esta especie de monos a la que pertenecemos.

Los perfectos cubos de cristal en los que se desarrollan nuestras vidas laborales son, por tanto, la muestra perfecta del dominio que hemos conseguido ejercer sobre el medio natural, por eso cuando los contemplamos, nos sentimos extrañamente orgullosos. Somos, sin duda, los reyes de la creación.

Y además tienen preciosas vistas a subestaciones eléctricas de alta tensión.

No creo que se pueda pedir más.

miércoles, septiembre 13, 2006

Opatja

Sé que no voy a conseguir salir de aquí. Lo sé. Anoche no había suficiente luz para notar nada raro, sólo las señales de abandono propias de un hotel venido a menos. Pero hoy lo sé.

Este hotel croata, donde lo más significados miembros de la nomenklatura yugoslava venían con sus mujeres o con sus queridas, se cerró en 1989 con la caída del muro, sólo que los clientes que estaban dentro no lo advirtieron. Todos los clientes pasan la sesentena y parecen funcionarios estatales de vacaciones, su ropa ajada y sus sandalias de cuero hablan de otro tiempo; la recepcionista no ha advertido que su pelo rubio está entreverado de canas y que cada vez es más fino; la música occidental de principios de los ochenta suena en el hilo musical y, lo más triste de todo, parecen disfrutar unas vacaciones eternas.

Ya es mala suerte haber llegado a la ciudad de noche justo en el aniversario de la caída del régimen yugoslavo. La única noche que abren.

Piscina

Al principio, apenas podía pensar en nada que no fuera mi cuerpo, sólo en mis músculos y mis tendones latiendo, estirándose. Al principio sólo podía sentir la máquina desperezándose, calentándose. Después me olvidé, como siempre, y empecé a sentir el deslizamiento cuando las endorfinas comenzaron a recorrer mi cuerpo.
Entonces noté el viento cuando sacaba la cabeza del agua para respirar. Un viento de verano agradable pero intenso. Cada vez mayor. Incluso dentro del agua, podía notar el rumor sordo de los árboles. Como en una fotografía, noté como las hojas caían en la piscina. Una imagen extraña: la piscina convirtiéndose en un estanque y llenándose de restos vegetales. Noté también como el aire se cargaba de electricidad y como, cada vez más, era mucho más placentero estar dentro que fuera, mis brazos tensos y mis piernas duras. Sentí el sabor eléctrico del aire en la boca. Las ramas flotando a medio metro de profundidad me provocaron una ensoñación, flotaba en un lago como una heroína prerrafaelita. Y de repente sucedió. Cayó un rayo a la piscina y sentí la descarga. Un frío intenso que se convirtió en un instante en un calor abrasador que se movía desde mi interior, como si fueran mis órganos los que estuvieran produciendo la electricidad. Después vino el dolor y después la oscuridad blanca. Así sucedió.

Por eso te digo que nunca puedo dejar de venir en verano. Estoy atado al sitio de mi muerte.

viernes, septiembre 01, 2006

Tarde

Prefiero la tarde en la playa. Las cosas ya maduras y el brillo diferente del sol. La sal en los cuerpos y el gusto del licor en la garganta.

Y esa leve nostalgia de otra tarde que pasa. Otra tarde que el sol mira.

Igual que la anterior y diferente.

lunes, agosto 28, 2006

Zagreb

Zagreb es un sitio donde pueden verse chocar dos tiempos diferentes. Los ochenta del comunismo, justo antes de la guerra, y el ahora.

Es como una oruga que se haya quedado a medias en el cambio: un ala y varias patas fuera pero casi todo el cuerpo dentro del capullo.

Curiosa ciudad.

jueves, agosto 24, 2006

Vacaciones

Ahora sí. Me voy. Ja.

Escribiré desde allí.

Trigo

Mira la carretera sentado a la puerta de un bar, como casi siempre. Fija su vista en el mar de trigo del otro lado. Ahora, a principios de verano, sólo quedan los tallos, que servirán para alimentar al ganado. Balas de paja, regularmente depositadas en la tierra.
Sólo se oye, a lo lejos, el rumor sordo de los camiones que bajan por la carretera principal, a un par de kilómetros.

Todo empieza en otoño con la siembra. Él lo sabe bien. La tierra es roja y las sembradoras la rastrillan depositando los granos. Luego, poco a poco se cubre de verde. Ese es el color del campo en invierno en el pueblo. Aquí no aprieta de verdad el frío. Los tallos crecen y maduran y se vuelven amarillos. Él mira madurar las espigas desde esta silla desde hace ya tiempo. Le gusta hacerlo.

Hace un mes, las cosechadoras amarillas, después de todo el invierno en reposo, delineaban el terreno. Es un bonito espectáculo verlas moviéndose hacia arriba y hacia abajo. El grano tarda meses en estar listo para ese momento pero las máquinas van a lo suyo. Supone que es normal, las máquinas son máquinas.

Desde su silla tiene una buena perspectiva. Le gusta estar ahí sentado y mirar el mar de trigo. Lo hace todos los años desde que volvió al pueblo. Estar sentado y mirar el campo.

Lo echaba mucho de menos en la ciudad.

miércoles, agosto 23, 2006

Alivio

Andrés había estado reflexionando (si es que se le puede llamar reflexionar a dejarse conquistar por las imágenes que siempre inundaban su cabeza en el preludio del sueño) sobre el azar. Concretamente, sobre las manifestaciones del azar.

La nieve en la televisión (la nieve es producto de las interferencias sobre la señal, que a su vez se deben a múltiples factores, como la existencia de tormentas o la aparición de inconstantes campos eléctricos, factores que no se pueden predecir).

El ruido electrónico de los altavoces del ordenador al conectarse a Internet (la información circula en Internet troceada en pequeños paquetes que viajan por caminos diferentes, cada uno de ellos seleccionado en función de información dinámica que cambia al instante, por lo que no se puede predecir el camino exacto que seguirán los paquetes ni, por tanto, el sonido que aparecerá en los altavoces).

El contorno de las manchas de humedad en la pared (las manchas se deben al filtrado del agua a través de diferentes materiales y, al igual que no se puede prever el momento exacto en el que caerá la próxima gota de un grifo, no se puede predecir el camino que seguirá el agua.)

La forma de las ruinas (el deterioro provocado por el tiempo actúa de forma no predecible, aunque la arrogancia del arquitecto de Hitler, Albert Speer, le llevara a dibujar, junto con los planos de un edificio gigantesco que no llegó a construirse, los planos de las ruinas del edificio, mil años después).

La forma de los huracanes y las tormentas. El color exacto del atardecer contaminado de Los Ángeles. El itinerario que un corcho arrojado al mar seguiría para encontrar la costa. Tantas cosas al azar.

Pero lo que más le sorprendía era que, atendiendo al funcionamiento de ese azar, nada hacía imposible que la nieve de la televisión mostrara la cara de un niño, que el ruido electrónico se pareciera a la novena de Beethoven, que las manchas de humedad dibujaran a la virgen o que la forma imaginada de las ruinas coincidiera con las de la zona cero de Nueva York antes de la reconstrucción. Nada. Todo era extremadamente improbable. Pero no imposible.

Y también se preguntó si sería posible, aún sabiendo lo que sabía, evitar el pensamiento mágico si sucediera alguna de esas cosas. Y supo que no. Entonces supo también que el mundo es un lugar incomprensible.

Y la verdad, de alguna extraña manera, se sintió aliviado.

lunes, agosto 21, 2006

Creatividad

Releyendo algunos de los textos y notas que tengo en el ordenador, encuentro la siguiente cita: “Creatividad es la capacidad de perder el tiempo con algo que, una vez acabado, ya no satisface a nadie”. Y la encuentro sin firma.

Algo extraño porque siempre tomo nota del autor de las citas que me interesan. Así que deduzco que, si aparece sin firma, igual se me ha ocurrido a mí. Y como me sigue gustando, y aún sabiendo que hay que ser muy tonto o muy arrogante para pensar haber tenido una idea original (Nihil novum sub sole y esas cosas), me la apropio.

El caso es que, si la cita es cierta, ahora este texto ya no satisfará a nadie. Ni siquiera a mí. Pero aunque la cita no sea cierta, de algo habrá servido. Habrá servido para hacerla mía. Aunque no lo fuera.

jueves, agosto 17, 2006

Flaquezas

Todos somos humanos. Lo sabemos. A todos, en ocasiones, nos puede el miedo y la vergüenza. Todos hemos sido peores personas de lo que nos gusta recordar y por eso, aún inconscientemente, embellecemos nuestros recuerdos y así podemos evocarnos mejores de lo que fuimos. Todos tenemos flaquezas y hábitos malsanos. Todos somos agua y aceite, buenos y malos, ahora y siempre. Todo el rato.

Y si no, que le pregunten a Günter Grass.

Necrológica II. Paraguay

El dictador paraguayo, Alfredo Stroessner, ha muerto. Fue responsable, entre otros, de la operación Cóndor, la siniestra alianza entre dictaduras latinoamericanas que provocó la muerte de 50.000 personas y la desaparición de otras 30.000, por lo que en Paraguay se ha abierto una nueva sima, que conduce directamente al infierno y que está empedrada de cráneos.

No sé si alegrarse de la muerte de un hijo de puta nazi me convierte en alguien sin corazón. Pero me alegro y me da igual. Un hijo de puta menos en el mundo.

Ahora, señora enlutada, a por los demás. No será por falta de trabajo, no.

viernes, agosto 11, 2006

Días

Hay días en los todo parece parte de algo armónico y feliz que vibra como un diapasón que da un tono muy bajo, justo en el umbral que no podemos distinguir, algo que notas en los huesos pero que no consigues oír, en los que un niño que no te conoce te mira con curiosidad y te gusta y aunque te sientes un poco estúpido y sentimental, piensas que no está tan mal sentirse estúpido y sentimental, en los que durante un largo rato no querrías estar en ningún otro sitio más que donde estás en ese justo momento, en los que el centímetro de espuma que cubre la cerveza tiene la densidad justa, en los que la textura metálica de la capa de aire contaminado que cubre la ciudad permite atardeceres tan afilados y azules que quitan el aliento, en los que una mujer con todos los huesos en su sitio exacto te sonríe, en los que por un momento te sientes hasta capaz de perdonar la estupidez de los demás.

Son esos días en los que nada puede haber mejor que observar a una pareja de amantes que se despiden con un beso carnoso a primera hora de la mañana en el andén del metro.

Pero hay otros días en los que te levantas ya intuyendo que sería mejor no apoyar el pie en la tarima a primera hora de la mañana, en los que en el bar te ponen el café aguado, como si no se dieran cuenta de nada, en los que, al final, te humillan públicamente y tienes que tragarte el nudo de rabia que se forma en tu garganta como si se tratara de una pastilla que se queda a medio camino, en los que piensas que el empate que consigues a veces está tan lejos como la pereza de las vacaciones, en los que sabes que te van a ganar cinco a cero y que el último gol lo va a meter la estrella del equipo contrario después de sentar en el suelo al portero, en los que te van a joder, chaval, así que buena cara y gracias señor por ser tan amable, en los que se templa tu aguante, por lo que recuerdas que Marco Aurelio decía que la vida no es para los bailarines que ejecutan gráciles pasos sino para el soldado que es capaz de aguantar las embestidas sin moverse.

Son esos días en los que nada puede haber peor que ver caer las lágrimas de un desconocido que llora en silencio y que se ha sentado justo enfrente de ti en cualquier sitio.

Hay días y hay días.

miércoles, agosto 09, 2006

Lisboa

Cada una de las piedras de las aceras de Lisboa se coloca a mano. Las aceras, como resultado, son irregulares y están llenas de pequeños montículos. Podríamos decir que la piel de la ciudad tiene arrugas. Y eso está bien.

Pero a veces se avergüenza de esas arrugas, cede a la vanidad y se esconde entre la bruma marina. Como una estrella de cine decadente, cuando exige filtros en las cámaras de televisión. Y eso también está bien.

Y las cuestas. Y el paso de los tranvías. Y los relieves manuelinos. Y las caras de los gitanos portugueses. Y el café. Y los pasteles de nata.

Pero lo mejor de todo es ir con un libro bajo el brazo a conversar con Bernardo Soares. Dicen que su conversación está llena de frases rotundas, de efecto retardado. No sé, yo lo he intentado y a pesar de estar siempre en el mismo sitio, delante del café A Brasileira, nunca dice nada. Al ser de bronce, debería hablarnos con voz de cúpula, pero inexplicablemente no lo hace. Quizá se trate de un rasgo propio de los lisboetas. El silencio propio de la saudade.

Sin embargo, yo no pierdo la esperanza. Cada vez que voy, le pregunto: Señor Soares, ¿qué tal el café negro esta mañana?

martes, agosto 08, 2006

Enfermedad I

Casi todo el mundo sabe lo que es un dèja vu. La sensación de vivir un instante ya vivido. Un instante de, digamos, presciencia: por un momento nos sentimos como si fuéramos capaces de adivinar lo que va a suceder.

Para explicar por qué nos sucede se está experimentando con un grupo muy especial, personas con una especie de dejà vu crónico. Viven el presente, teniendo siempre la sensación de haberlo vivido antes. Siempre.

Sabemos que, en realidad, el tiempo no transcurre. Es nuestra percepción la que lo hace fluir. Así que, poniéndonos escolásticos, estas personas viven en el futuro. No hace falta decir que me gustaría conocer a alguien con esa disfunción cerebral.

Más que nada para saber la cara que tuvo el oráculo de Delfos. Y para que me cuente qué ve cuando me mira. Y de qué me conocía antes.

viernes, agosto 04, 2006

Caida

Como en un jardín inclina la amapola su tallo, combándose al peso del fruto o de los aguaceros primaverales, de semejante modo inclinó el guerrero la cabeza que el casco hacía ponderosa.

La Ilíada.

Un guerrero muere. La coraza horadada por una lanza. Y ya descoyuntado, cae al suelo sin vida. Una flor vencida por el peso del agua. Belleza oriental en los alrededores de Troya.

miércoles, agosto 02, 2006

Camelo

La muerte no es nada, apenas un escalofrío aterciopelado y blanco. Lo sé porque a mí me sucedió y no fue para tanto. Lo que pasó después fue que simplemente desperté en mi cama de siempre, en mi apartamento de siempre y seguí haciendo la vida de siempre. Como aún sigo haciendo. Me levanto, desayuno, me afeito, me ducho, maldigo el trabajo que me hace madrugar, sueño con las vacaciones, cojo un metro atestado de gente, llego a la oficina y me pongo a rellenar los informes que pagan mi nómina. No es un trabajo complicado y, además, llevo tanto tiempo haciéndolo que se me da bastante bien.

Ahora soy el único que lleva tanto tiempo aquí como para acordarse de cuando esta oficina era un lugar bullicioso. Recuerdo que lo era. Pero las restricciones de personal han hecho que cada vez quede menos gente trabajando aquí. El silencio me gusta, así que yo la prefiero ahora. El silencio me acompaña y me hace sentir protegido.

El único problema es que con tan poca gente, muchas veces tengo que hacer horas extras y llevo ya bastante tiempo, no recuerdo exactamente cuánto, sin vacaciones ni días libres. Trabajando todos los días en esta oficina casi vacía.

Pero ya digo que la muerte no es nada.

Y el infierno: un camelo.

martes, agosto 01, 2006

Jano

Jano, el dios romano, sin equivalente en la mitología griega, el dios que dio nombre a nuestro mes de enero, el dios de las puertas, de los comienzos y los finales, el dios bifronte, el dios de las dos caras, me habló el otro día y me dijo que no entendía como lo habíamos olvidado.

Me dijo que la humanidad era como él. Principios y finales. Puertas que se abren todo el tiempo hacia caminos que no conocemos. Encrucijadas. Cadenas de azares. El universo desgajándose todo el tiempo en infinitos universos, cada uno de ellos una posibilidad diferente.

Lo noté triste.

Yo le dije que lo sentía, que llevaba razón, que deberíamos haber seguido conservando el culto. Que era triste que los antiguos dioses murieran en silencio. Pero que no había nada que hacer. Que lo sentía, pero que no había nada que hacer.

Las horas que están limando los días. Los días que están royendo los años.

viernes, julio 28, 2006

Muñones

Cuando Andrés descubrió que los clásicos de aventuras que había creído leer en su niñez eran versiones especiales, simples adaptaciones para niños, ya era demasiado tarde. Se le había pasado la edad de disfrutar con los libros de aventuras. Todavía ahora se siente traicionado.

Pero qué grande fue leer de un tirón La Isla Misteriosa de Julio Verne.

A pesar de estar leyendo un libro mutilado, no se cansó en toda la tarde de acariciar aquellos muñones.

jueves, julio 27, 2006

Duelo

Una de las escenas de duelo más emocionantes que recuerdo haber visto en una pantalla sucede en "De aquí a la eternidad" de Fred Zinnemann, esa película que narra las vidas de unos soldados en Hawaii justo en los meses anteriores al ataque a Pearl Harbor.

En ella, el personaje que interpreta Frank Sinatra muere debido a las palizas del sargento encargado de su custodia en la cárcel militar y Monty Clift toca silencio con la corneta en memoria del amigo muerto.

A quien no se le erice el vello cuando vea esa escena, debería buscarse el pulso. Igual está muerto y no se ha dado cuenta.

Pasa mucho.

miércoles, julio 26, 2006

Pacto

Hice un pacto con el diablo. Un buen día se me apareció en un sueño y me prometió fama y fortuna si yo le dejaba mi alma en un depósito a largo plazo que pudiera cobrar cuando me muriera. Y acepté.

Ahora estoy enfermo y aunque ya no recuerdo exactamente las condiciones del contrato, seguro que encuentro algún resquicio para evitar cumplir mi parte. No es agradable reconocer que no se es un hombre de palabra, pero mucho peor es condenarse para toda la eternidad.

Para algo soy secretario del colegio de notarios de Soria.

lunes, julio 24, 2006

Baena

¿La belleza está perdiendo su sitio?

R. La belleza es la vida, con toda su complejidad. Hasta los basureros con las gaviotas pueden ser bellos. Esa terrible imagen de las gaviotas... Antes eran unos seres que se identificaban con la belleza del mar y ahora se han desplazado hasta la basura. Puede cambiar el sentido que teníamos de la belleza, pero hay hermosura en cualquier cosa, por humilde que sea.

De una entrevista en El País a Pablo García Baena.


(...)

Pero sí, soy mayor
y amo aun lo que apenas si recuerdo:
la madrugada alta y su ginebra,
la nuca que termina en rizo último
entre mis dientes,
despertar con el alba y con el miedo
de no saber quién duerme entre las sábanas,
la ola blanca y fría dejándome en el cuerpo
la escarcha de los christmas,
su ventura augural del año nuevo.
Y a la mañana al sol, junto a la barca,
leer el mismo libro de mis días.

Edad. Pablo García Baena


Las gaviotas sobre el vertedero. El rizo entre los dientes. Dos imágenes y un homenaje mínimo a un viejo. García Baena. 83 años.

Ya me gustaría, ya.

viernes, julio 21, 2006

Necrológica I. Camboya

El líder del movimiento Jemer Rojo, Ta Mok, ha muerto. Fue responsable de la muerte de casi dos millones de personas durante los años 70, por lo que en Camboya se ha abierto una nueva sima, que conduce directamente al infierno y que está empedrada de cráneos.

No sé si alegrarse de la muerte de un hijo de puta me convierte en alguien sin corazón. Pero me alegro y me da igual. Un hijo de puta menos en el mundo.

Ahora, señora enlutada, a por los demás.

No será por falta de trabajo, no.

jueves, julio 20, 2006

Suicidio II

Hace falta valor para ser contrario a los nazis en la Hungría de la II Guerra Mundial y contrario a los comunistas en esa misma Hungría después de ser liberada por los soldados rusos. Hace falta valor para amar a la misma mujer, Lola, durante sesenta años. Valor para hacer los bártulos con casi cincuenta años e irse a Estados Unidos: un país infantil para alguien que se había criado en la refinada cultura centroeuropea de entreguerras.

Y sobre todo, hace falta mucho valor para pegarse un tiro con 89 años. Mucho valor porque los viejos se aferran a la vida con pasión. Hay que estar hecho de una pasta especial para irse elegantemente cuando se sabe que, después de una vida plena, la enfermedad te confina al hospital y a la dependencia. Parece fácil, pero no lo es. Supongo que muchos de los que estamos lejos de esa edad hemos pensado alguna vez que haríamos algo así si nos enteráramos de que tenemos una enfermedad incurable. Pero una cosa es pensarlo y otra hacerlo. Y con un tiro, además. Nada de barbitúricos. Coger una pistola, cargarla, apoyarla contra la cabeza y despedirse del mundo con estilo.

Pero creo que valor no le faltó nunca a Sándor Márai.

Ni talento literario tampoco.

lunes, julio 17, 2006

Steiner

Hay una especie de ventaja contradarwiniana en la multiplicidad de las lenguas: es la riqueza adaptativa de la humanidad. Asimismo, planteo la hipótesis de que ahí donde la vida material es muy pobre, las lenguas son de una riqueza prodigiosa, como la de los bosquimanos de África del Sur que cuenta con 25 subjuntivos (...)

George Steiner, de una entrevista en "El Cultural"

La pobreza material y la riqueza de la lengua en relación inversamente proporcional: una ventaja contradarwiniana. O sea, según el maestro, la evolución ha respondido en Suráfrica ofreciendo más herramientas para la imaginación que en otros sitios donde la realidad es más amable.

Curioso, ¿no?

sábado, julio 15, 2006

Crisis

Últimamente Andrés anda un poco descolocado con respecto al trabajo. Se preguntaba si tenía sentido lo que hacía. ¿Para qué servían todas estas horas delante de la pantalla del ordenador?. Y eso que siempre había conseguido no centrar su vida en el trabajo, ese lugar donde la envidia es el sano combustible que pone la maquinaria a funcionar.

Casi estaba seguro de estar pasando la crisis de los 30 (o la de los 40, ventajas de estar a medio camino). Así que empezó a darle vueltas a la idea de que quizá los libros de autoayuda fueran la solución. De hecho, tenía un amigo que después de leer la última novela de Paulo Coelho había conseguido una sonrisa beatífica exactamente igual que la de un subnormal que solía mirar mientras jugaban de pequeños.

Eso debía ser la felicidad.

jueves, julio 13, 2006

Digestión

“—Lo poético —dijo— es que las cosas salgan bien. Nuestra digestión, por ejemplo, que camina con una normalidad muda y sagrada: he ahí el fundamento de toda poesía.”

"El hombre que fue jueves". Chesterton

La digestión y la poesía, caminando de la mano con una normalidad muda y sagrada. Tiene gracia. Chesterton nos enseña una vez más que el humor y la literatura no sólo pueden ir juntos, sino que deben hacerlo, incluso a despecho de esos señores tan serios que sólo saben hablar de literatura como si fuera una penitencia. Bah.

martes, julio 11, 2006

Correo

Hace un tiempo recibí un correo electrónico con una foto de una chica rusa preciosa en el que, sin conocerme, se dirigía a mí en términos muy cariñosos. Como a mí este tipo de cosas no suelen sucederme, el correo me hizo mucha ilusión, la verdad, y durante días estuve dándole vueltas a la idea de contestarle. Aunque no soy imbécil y sabía que debía tratarse de una confusión, me resistía a dejar pasar la oportunidad. Al fin y al cabo, si el azar había puesto a mi alcance una preciosidad así, quizá fuera una estupidez dejarlo correr, así que, a pesar de pasar toda aquella semana con dudas, al final me decidí a escribirle un breve correo en el que le contaba un poco quién era yo y en el que me interesaba por ella, haciéndole preguntas sobre su vida. Pensaba que, como la gente tiende a estar más que dispuesta a hablar sobre ella misma, recibiría algún tipo de respuesta, pero durante días estuve esperando para nada.

Me decidí entonces a escribirle una segunda carta. Una segunda carta sin haber recibido respuesta a una primera es una jugada a vida o muerte. Si no consigues una respuesta en el segundo intento, puedes ir eliminando la dirección de correo, por lo que durante una semana completa no tuve otra cosa en la cabeza. El esfuerzo mereció la pena. Al final, todo hay que decirlo, me quedó bastante bien: una carta no demasiado larga, intensa y sincera.

Lo que pasó después fue que a partir del momento en el que pulsé el botón de envío, durante días no hice otra cosa que comprobar mi bandeja de entrada como un obseso. Pero es que aquella chica era realmente guapa. Seguro que al principio lo pasaría mal hasta acostumbrarse al clima y a estos horarios de locos, pero parecía tener una mirada inteligente, por lo que estaba seguro de que no tendría problemas de integración. Además, sabía español y seguro que siendo rusa, era ingeniera o algo así, algo que le permitiría ganarse bien la vida en España. Puede ser que Rusia hubiera sido un gran país en otros tiempos, pero ahora era un país miserable y tenía un clima horrible. España era, sin duda, la mejor opción: cualquiera en la situación de Nadia estaría encantada.

Por fin, un día la bandeja de entrada mostró el mensaje que esperaba: Bandeja de entrada (2), dos correos electrónicos sin leer. Seguro que, al fin, Nadia se había decidido a contestarme.
Pero, ahora, dos meses después, sé la verdad. En realidad, sólo fueron los primeros de los varios cientos que recibí y en los que se me ofrecía un aumento de pene.

Y de Nadia nunca volví a saber.

lunes, julio 10, 2006

Mister T (homenaje)

En las comunidades subterráneas las cosas son de otra manera. La falta de luz solar y los sedimentos de sobras han acabado por cambiar a la gente.
Así que emergen de vez en cuando, pálidos y con las venas azules transparentándoseles a través de la piel y toman una habitación en el hotel Chelsea o se dirigen a tiendas cercanas en las que, en lugar de comprar material de espeleología, tan práctico para mejorar sus condiciones de vida, se limitan a comprar loros por el mero placer de soltarlos y verlos volar, libres y verdes. Otra costumbre que tienen es celebrar sus cumpleaños en la superficie, siempre en el mismo sitio y con el mismo ritual hasta que se cumple la hora de marcharse. Me consta.

Estos habitantes sumergidos son esquivos y desaparecen con facilidad, aunque siempre se queden cuando pueden cazar una buena conversación; son extraños y líricos porque dicen cosas que no tienen sentido para nosotros como “la oscuridad es maternal” o “la esencia está debajo”; son subversivos y subterráneos y cargan sus baterías en las líneas de energía del metro. Son, en definitiva, los conocedores de una ciudad secreta que no podemos ni imaginar.

Pero de todos ellos, de todos los habitantes del subsuelo que conozco, el que más aprecio, al que le tengo más cariño, es, sin lugar a dudas, Mister T.

viernes, julio 07, 2006

Cabo

¿Cómo es posible que el desierto esté lleno de cantos rodados, que, como todos sabemos necesitan del agua (que los rueda) para convertirse en lo que son?
¿O que tenga ese atardecer rojo, que oscurece el ocre de la tierra y los arbustos y los cactos fortificados?. La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Arde la playa al sol del poniente (directamente desde mis recuerdos pop).

La pureza de las líneas convierte los paisajes en imágenes en una pantalla de alta definición. Y el mar, paciente y confiado, muriendo en su cama después de recibir los sacramentos, como un hidalgo cristiano y en paz, acabando su vida en la playa sin ruido ni alharacas. Como un señor. Como a mí me gustaría hacerlo.

Escarabajos y arena sembrada de restos de plantas marcianas. Calor. Construcciones blancas de bordes redondeados, casi incrustadas en el paisaje, con jardines de chumberas y pitas. Aljibes para la sequía. Montañas en ropa interior (arbustos y chumbos, pitas y palmitos).

Eso es el cabo.

miércoles, julio 05, 2006

Ansia

De todas las frases que había conseguido escribir ayer, sólo una había permanecido. Como un madero emergiendo en la playa después de un naufragio desastroso.

Cabalgar el ansia. Esa era la frase. Cabalgar el ansia.

Le daba vueltas y no conseguía imaginarse por qué se le había ocurrido ni tampoco por qué no conseguía olvidarla.

Ansia. Asian. Nasia. Sania. In-sania.
Cabalgar. Cab-algar. Rabal-cag.

Quizá, tal y como cree la cábala, el mundo encuentre su sentido en los anagramas y las permutaciones de letras. Quizá todo esto no sea más que la expansión del aliento de Dios, que continúa, aún hoy, diciendo las palabras seminales que crearon este laberinto.

Un sitio donde a veces, sin embargo, damos con una combinación de letras que ilumina temporalmente el paisaje con una intensidad rara. Como la de una subida de tensión de la compañía eléctrica, capaz de fundir los focos halógenos, y reventar las pantallas de los televisores.

lunes, julio 03, 2006

Estampas

En el terrario pudo ver por primera vez a aquellos insectos translúcidos. Se habían vuelto transparentes y ciegos en las cuevas en las que vivían. Habían perdido la capacidad de volar o de nadar y su tamaño había aumentado.
Aquellas escolopendras mutantes lucían un cuerpo en el que, con la luz adecuada, se podían apreciar los fluidos circulando de arriba a abajo. Como cápsulas de neón nocturno. Como en esas imágenes aceleradas de los coches circulando por la noche. Así que pensó que estaría bien que al final fuéramos todos como ellas: translúcidos.

En el vertedero las gaviotas sobrevolaban la montaña de desperdicios buscando algo comestible. Como nosotros, se habían equivocado cambiando de dieta: del pescado fresco a los restos de pizza industrial.
Pero allí, mientras contemplaba la basura, pudo ver como las gaviotas se cortejaban unas a otras aprovechando las corrientes de aire caliente producto de la descomposición. ¿Acaso era aquel menos amor por suceder en el vertedero?.

viernes, junio 30, 2006

Chino

En 1669 John Webb (An histórical essay endeavouring the probability that the language of the empire of China is the primitive language) avanza la idea de que Noé hubiera llegado con el Arca a China y se hubiera establecido allí después del Diluvio, de donde se deduciría la primacía de la lengua china. Los chinos no habrían participado en la construcción de la Torre de Babel, no se habrían visto afectados por la confusión y además habrían vivido durante siglos a salvo de las invasiones extranjeras, conservando de este modo su patrimonio lingüístico original.

La búsqueda de la lengua perfecta. Umberto Eco

Un texto la mar de sugestivo. El larguísimo título, tan propio de la época; la idea del chino como el idioma original de la humanidad, cedido por Dios a los hombres y la imagen del Arca de Noé reposando después del diluvio en una duna del desierto de Gobi no acaban de irse de mi cabeza.

Así que me he dicho: en lugar de en mi cabeza, lo voy a transcribir a mi memoria externa. Este blog, entre otras cosas.

martes, junio 27, 2006

Ámbar

Seguía el rastro químico de las exploradoras de la colonia moviendo coordinadamente las seis patas, una pequeña mota sobre aquellas troncos de helecho, metros y metros de arbustos húmedos. Pero a la vuelta de una hoja, una araña había tendido su trampa y se vio atrapada en ella.
Se dio cuenta de que iba a morir allí y aunque no le importara mucho, se debatió con aquel hilo pegajoso. El cerebro siempre intenta permanecer, por insignificante que sea su tamaño.
Sin embargo, aquel esfuerzo final sólo consiguió enredarla más en el hilo y alertar a la araña, que se puso en camino descolgándose desde un poco más arriba. Ahora sí que había llegado el fin, pero qué más daba: ni todas las arañas de aquel bosque podrían acabar con sus seis millones de hermanas.

Y entonces una gota de resina cayó del árbol en el que se encontraba y las atrapó a ambas, que murieron de asfixia.

A partir de aquel momento, el tiempo hizo lo que sabe hacer como nadie: pasar. El tiempo convirtió esa gota de resina en un fósil, acabó con los helechos y con los grandes árboles de la zona, movió de sitio los continentes, hizo avanzar el hielo, hizo avanzar el desierto, hizo que una especie de monos se pusiera de pie, que más tarde esos monos, ya sin pelo, crearan ciudades e imperios y que descubrieran muchas de aquellas gotas de resina, duras y quebradizas. Una civilización que había surgido a orillas del Mar Egeo le puso el nombre de élektron, otra que nació en los desiertos de Arabia le puso el de ámbar, lo que flota en el mar.

Y ahora, esa gota, con la araña y la hormiga en la misma posición en la que quedaron después de intentar librarse de aquella sustancia pegajosa 100 millones de años atrás, unida a una cadena de plata, está tocando la garganta de una mujer.

Lo que, teniendo en cuenta los apenas 80 o 90 años de paréntesis de la vida humana, no deja de tener su gracia.

viernes, junio 23, 2006

Arriba y abajo

Arriba
Vayamos a contemplar el espectáculo. Nos situaremos justo en el borde, con cuidado de no molestar que ya sabes que a él no le gusta nada que nos inmiscuyamos en sus funciones. Después de tanto tiempo esperando, creo que nos merecemos una entrada en primera fila, aunque eso suponga arriesgarnos a una reprimenda o a algo peor. Algún tipo de reconocimiento por todo el trabajo. Algo de gratitud, al menos, dijo A.

La resurrección de los muertos siempre ha sido lo más importante, estoy de acuerdo, el evento que lo justifica todo, pero la excitación de la función no debería hacernos olvidar lo que le pasó a Luzbel hace apenas algunos miles de millones de años, dijo B.


Abajo
Ya sé que los hombres vigilan a sus hijas para que no pueda conseguir lo que me propongo. Pero no se dan cuenta de que no es culpa mía, es mi naturaleza la que me empuja a hacer estas cosas. Justo para eso estoy en el mundo. En realidad, recuerdo cada hijo concebido con ellas, cada uno de sus rostros se me aparece en sueños. Pero no me creen porque soy un íncubo, aunque yo no tenga la culpa.

Quizá tenía que haber hecho caso a Gabriel, pero desde que aquel doctor Fausto consiguió engañarle, el jefe se ha vuelto muy suspicaz y no es nada fácil salir de aquí abajo.

jueves, junio 22, 2006

Intimidad

Intimidad: del latín intimus, -a, -um. Con significado etimológico “recóndito, que está en el fondo de algo, situado en lo más interno”.

Según parece, la intimidad es algo que está en el fondo de nosotros, tal y como ya sabían los latinos, por lo que para encontrar un yacimiento y explotarlo, los científicos recurren a las habituales técnicas de prospección: sondeos electromagnéticos, estudios sísmicos y mapas. Más tarde obtienen un registro geológico del corazón y después de un estudio minucioso de sus estratos, intentan predecir dónde encontrarla, algo que pueden hacer porque saben que es más probable hallarla en combinación con ciertos tipos específicos de sentimientos. Como cuando los rastros de petróleo indican la existencia de gas natural.

Según las publicaciones científicas del ramo, la intimidad suele presentarse entre la amistad y la comprensión, aunque a veces se puedan encontrar bolsas aisladas en otros lugares, como cuando la encontramos mezclada con el deseo. En cualquier caso es fácil de identificar porque responde a la prueba del silencio. Si dos desconocidos, después de aspirar una muestra, son capaces de estar en silencio durante más de cinco minutos, podemos pasar a la explotación del yacimiento.

Para explotar las reservas habrá que tener en cuenta que el principal problema de este gas es su extremada volatilidad, por lo que la técnica habitual es construir un conducto entre el corazón y las manos para consumirla a medida que se extrae. Las manos podrán acariciar o acompañar, abrazar o apoyar pero es recomendable hacer algo con ellas. En caso contrario, puede ocurrir que la concentración de intimidad acabe alcanzando las condiciones de presión y temperatura necesarias para provocar una implosión del corazón.

Que, como todos sabemos, a pesar de haber pasado las mismas pruebas de resistencia y seguridad que un reactor nuclear, no deja de ser una máquina falible en la que una mínima grieta puede acabar provocando un desastre.

martes, junio 20, 2006

Bukowsky

A veces leemos algo que sale de las tripas de un borracho apoyado en la barra de un bar de alterne, alguien que fuma y fuma y fuma, y bebe y bebe y bebe, y cuando pierde la lucidez necesaria para seguir escribiendo, para seguir poniendo una palabra detrás de otra, va al servicio, saca una papelina, se pone una raya sobre un espejito pequeño que siempre va con él, con cuidado de no tirarla, con la absurda concentración de los drogados, tan sólo para conseguir recuperar el control de sus propias manos y seguir así añadiendo capa de mierda tras capa de mierda sobre un papel en blanco, manchado de ceniza y whisky. Sí señor, con la dignidad de los destrozados y de los malheridos, de los que miran su propia autodestrucción como Nerón miraba Roma en el incendio, gente capaz de arder durante tres días seguidos si decidieran quemarse a lo bonzo. Jodidos pero poéticos en su caída.

Y cuando leemos eso que el borracho ha escrito, nos sentimos como si nos hubieramos estragado el estómago a base de ansiolíticos que se terminaron ayer y que no podemos reponer porque cuando intentamos pedir cita con el psiquiatra, el muy cabrón se ha largado a la playa con su secretaria veinte años más joven.

Así que nos decimos: recuérdate a ti mismo no volver a leer ni a Bukowsky ni a ninguno de esos mamones agazapados detrás de una máquina de escribir que sólo quieren exorcizarse en los tramos de lucidez que les dejan las drogas. Recuérdate que de un estómago así sólo puede surgir ácido clorhídrico.

Y aún así, vamos y los leemos y además nos gusta. Me pregunto si no será que en el fondo a todos nos fascina la contemplación del sufrimiento.

lunes, junio 19, 2006

Humor

—¿Todavía quieres ser escritor?
—Claro. ¿Y tú qué?
—También —contesté—, pero es bastante desesperanzador.
—¿Quieres decir que no eres lo suficientemente bueno?

—No, son ellos los que no son suficientemente buenos.

Bukowsky. En la senda del perdedor.


Todos los intelectuales hemos soñado con marcar un gol, pero no he conocido a ningún futbolista que sueñe con escribir el Ulises de James Joyce

Gonzalo Suárez.


Las citas le parecían divertidas. Claro que en el humor y en las perlas, las capas externas más brillantes tan sólo están ahí para recubrir una partícula muy densa y muy oscura.

Normalmente de mierda, claro.

viernes, junio 16, 2006

Análógico

Andrés llegó a la conclusión de que su cabeza funcionaba como una antigua televisión analógica. Se había decidido por las televisiones analógicas porque le parecían más humanas, con barriga y todo, y no como esos nuevos ingenios fríos que nos miran desde el centro del salón. Unos aparatos que no podían dejar de recordarle a esos ejecutivos, tan bien formados, con tanta educación y buenas maneras, que corrían todos los días 9 kilómetros sin fallar ni uno, delgados y con gafas de montura metálica pero que no movían una sola ceja al provocar una hambruna en Guatemala por un clic que hacía descender en picado el precio del café. Por ejemplo. Esos admirados contribuyentes a la cuenta de resultados.

Ese era uno de los motivos por el que se había decidido por la televisión analógica. Otro era el tubo de rayos catódicos y su haz de electrones a toda velocidad. El haz funcionaba de izquierda a derecha y de arriba abajo iluminando un punto cada vez, pero tan rápido que pensábamos estar viendo, digamos, a Mario Alberto Kempes gambeteando en una cancha argentina de fútbol del mundial 78 aunque en realidad esa imagen la compusiéramos nosotros en el cerebro, igual que hacemos con las de la realidad. Porque al ojo humano le pasa lo mismo: sólo es capaz de enfocar una pequeña ventanita del mundo, pero lo hace tan rápido que luego el cerebro se encarga del resto del trabajo.

Pero quizá el motivo más importante fueran las interferencias. ¿Quién no ha sentido más de una vez que el canal de nuestra memoria está mal sintonizado y que el ruido electrónico llena de nieve aquel momento que pensamos no olvidar nunca?

jueves, junio 15, 2006

Inyección

Hoy Andrés necesitaba una inyección. Cuando había pensado en ello, se había sentido un poco raro: como un diabético o un adicto y a nadie le gustaba sentirse así, pero la verdad es la verdad. Hoy necesitaba una inyección.

Así que ha subido a la cuarta planta del lugar donde se encontraba y se lo ha dicho a la gente que estaba allí con él y al rato estaba mucho mejor. Las nubes negras de su cabeza se habían esfumado. Concretamente, barridas por la alegría inducida que provocan las buenas inyecciones. Se había llenado de calma y de paz.

Pero lo mejor es que aquel género no tenía efectos secundarios, la inyección era sólo de ánimo.

Pero qué calidad, la del animo que había conseguido pillar.

lunes, junio 12, 2006

Frio

Cada noche, cuando llego a mi habitación, me desvisto con cuidado empezando por la parte superior del cuerpo: me despojo de la camisa o de la camiseta, a continuación me quito los zapatos y los calcetines y más tarde los pantalones. Entonces, desnudo, me meto en la cama, y cuando siento que me estoy durmiendo, me duermo.

A veces, sólo a veces, me acuerdo de pedir buenos sueños al señor que gobierna ese reino. A veces me los da y a veces me da algunos de los que no sabría decir si son buenos o malos.

En el de ayer todo estaba inundado de una luz muy clara de color azulado y mi cuerpo ya no estaba ahí. Mis brazos, mis piernas, mi nariz, todo había desaparecido, pero no me encontraba extraño; al revés, de alguna manera sentía que había vuelto al estado del que todos partimos. Me sentía duro, brillante, con aristas. Mineral. Me sentía poderoso. Y frío, también me sentía extrañamente frío.

Cuando había pasado algún tiempo, (o no, ¿quién sabe? el tiempo en los sueños es una cosa bastante extraña), conseguí escuchar:

-Me parece una idea preciosa, María.
-Sí, la verdad es que es mucho mejor que tenerlas metidas en una urna que luego no sabes dónde poner.
-Además es poético pensar que así lo llevas siempre cerca del corazón.
-Y bonito, además, es bonito. Y el joyero lo ha engastado en un collar tan delicado...
-¿Tienes la tarjeta de la empresa que te lo ha hecho?
-Sí, claro, ahora te la busco...
-Es que de verdad que me parece un idea preciosa convertir las cenizas de tu marido en un diamante.

Entonces desperté. Y tuvo que pasar un buen rato antes de volver a escuchar a mi corazón bombeando sangre y volver a tomar conciencia de mi cuerpo.

Creo que me gustó ser un diamante. Pero no lo recuerdo bien.

martes, junio 06, 2006

Trucos

Andrés recordaba bien la vez que había visto a aquel mago manco en televisión. Por su culpa, pasó interminables horas aprendiendo a cortar la baraja con una sola mano, algo que le llevó mucho tiempo porque nunca había sido especialmente hábil con las manos; una de esas cosas que solía envidiar en los demás. También recordaba los trucos de cartas, claro. El mago aquel los hacía con una lentitud exasperante. Decía: "No se puede hacer más lento". Y ponía su única mano a trabajar.

Además, siempre le había gustado la sensación de no estar pisando en firme cuando veía un buen truco, esa capacidad de los magos de hacernos dudar de la realidad.

Así que tenía que haber estado prevenido. Prevenido porque a veces acabamos por descubrir cosas que realmente hubiéramos preferido seguir ignorando. Y ya era tarde, claro.

Le había contado alguien que tenía un amigo mago que los que se dedican a eso se venden los trucos unos a otros.

Y que no descubrir el truco forma parte del contrato.

lunes, junio 05, 2006

Vanidad

Salió indignado de la habitación dando un portazo. Su mujer se había empeñado en arreglarse las tetas en el cirujano plástico y por mucho que intentaba convencerla, no conseguía hacerla cambiar de opinión. Le dijo que a él le gustaban tal y como estaban, le habló de la dictadura de la moda, incluso (siendo cruel, pues sabía lo aprensiva que era su esposa) le recordó el peligro que entrañaba una operación que, aunque menor, había que realizar con anestesia total.
Pero ella estaba empeñada en hacerlo. Para sentirse más atractiva, para escamotear cinco años más al tiempo. Si las reglas lo permitían, por qué no pedir una prórroga en el juego, la primera y la última, decía ella. Y por supuesto que le provocaban mucha aprensión las mujeres mayores sin arrugas, todas tan parecidas, con esas bocas recauchutadas de pescado muerto, faltaría mas. Qué te has creído que pretendo hacerme.

Aunque a él lo que realmente le había molestado, lo que le había hecho salir hecho una furia de casa fue que se atreviera a comparar la operación con su último libro. Cierto es que había tenido que pagar él la edición en una de esas empresas que editan a medida, y también lo era que no habían salido baratos aquellos 2.000 ejemplares que había encargado, pero él no tenía la culpa de que las editoriales hubieran dejado hace tiempo de interesarse por la buena literatura. Simplemente su estilo no era lo suficientemente comercial para el mal gusto generalizado. Pero él sabía que era un buen escritor, aunque las modas y el marketing se empeñaran en negárselo, así que se había gastado parte de los ahorros en editar su novela. ¿Qué había de malo en eso?, y además, ¿qué tenía que ver una cosa con la otra?

Cuando se levantó hecho una furia y dió el portazo, su mujer estaba diciendo no se qué de la vanidad.

Vanidad. Hay que joderse.

jueves, junio 01, 2006

Gamma

La naturaleza parece indicar que los acontecimientos simultáneos son imposibles. Por eso, nadie se acababa de explicar cómo era posible que, gracias al invierno templado y a la lluvia justa, en un atardecer cárdeno y pulido, en el que la propia naturaleza parecía contener la respiración, exactamente 586.023 crisálidas de mariposa gamma eclosionaran a la vez. La eclosión liberó un ejército de polillas que, envalentonado por su propia biomasa, luciendo con orgullo la letra gamma de sus alas, se atrevió a cruzar el estrecho de Gibraltar, sembrar de huevos todo el sur de la Península y colonizar Madrid.

Ahora revolotean en torno a la luz como los adictos revolotean alrededor de los camellos. Nadie entiende muy bien qué quieren o por qué están aquí, pero a mí me hace sentir mejor pensar que quizá la belleza sea un ejército espasmódico y volante de letras griegas.

lunes, mayo 29, 2006

Parásito

Hace tiempo que sé que mi estómago cría un parásito que se alimenta de libros. Cuando era joven y el parásito apenas tenía algún año, gustaba de las encuadernaciones en pasta dura y coloreada propias de los años setenta. Más tarde empezó a devorar novelas policíacas en ediciones baratas, clásicos del terror y el misterio y novelas fugazmente eróticas en las que me obligaba a marcar los pasajes más tórridos doblando la página. No sé por qué me obligaba a hacer aquello, la verdad, si el que acababa masturbándose con aquellas páginas llenas de encuentros mojados era yo. Pero el parásito siempre ha tenido vida propia y nunca me ha consultado las decisiones que ha tomado.

A medida que el tiempo fue pasando, el organismo, al igual que su anfitrión, se fue volviendo cada vez más sibarita. Cuestión de edad, supongo. Y así, de la misma manera que yo aprecio mucho más el foie de oca regado con vino blanco francés que el paté de cerdo, el parásito empezó a encontrar trucos en novelas que antes le habían parecido aceptables; la carne de vacuno argentina tuvo su correlato en la metaliteratura y en los clásicos; el vino de reserva en el ensayo y la crítica literaria; el whisky de malta en la poesía.

Ahora paso tanto tiempo mirando la sección de delicias del supermercado como espigando títulos en catálogos editoriales.

Definitivamente, todo era mucho más fácil antes.

Y más barato.

miércoles, mayo 24, 2006

Vejez de Lope

Una vez más, salió a contemplar el huerto. Aquel rayo había acabado con el manzano, la niña de sus ojos en el pequeño jardín de su casa. Parecía que el destino se estaba cebando en él. Ahora que (ya viejo y sin atractivo, con lo que había sido para las mujeres) su único consuelo era la jardinería y ver crecer las flores, ahora esto.

Recordaba una ristra de margaritas blancas enredadas en el pelo de Elena (Elena, siempre Elena, 50 años después, todavía Elena). ¿Cómo pudiste hacerme aquello?, ¿cómo pudiste abandonarme, dejarme por otro, a mí que sembré el mundo de versos en tu honor?. Maldita arpía sin corazón, bacante desalmada. Puta.

Pero cómo no acordarse de tu piel morena, de la sombra de bozo que oscurecía graciosamente tu labio superior, de tus ojos negros, de tu cuerpo flexible y delgado como un junco, de los huesos de tus caderas que dejaban aquel hueco donde me gustaba posar la lengua. De tus recovecos. De aquellas axilas y corvas que me gustaba besar sin prisa. ¿Cómo no hacerlo?. Ahora que todo ha pasado, ahora que hace tanto tiempo que todo ha pasado, recuerdo mejor tu cara que la de la última mujer que pasó por mi cama. Tu recuerdo permanece, Elena.

Igual tengo suerte y vuelvo a verte en la otra vida. Mi amor.

lunes, mayo 22, 2006

Pellejo

Andrés no sabía por qué hoy tenía encajados en la boca del estómago ciertos presentimientos funestos. Sería la astenia primaveral o el calor inesperado, se dijo. Sería lo que fuera, no lo sabía. Pero la sensación de no encontrarse a gusto en su pellejo le llevaba acompañando desde que se había levantado por la mañana. Le daba la impresión de que hoy le quedaba un poco grande.

Si fuera una serpiente, me daría exactamente lo mismo, reflexionó, se cambia de piel y fuera, pero es que voy a tener que aguantar con el mío y espero, además, aguantar durante mucho tiempo. Así que decidió ir a una clínica de cirugía estética para que le recortaran lo que sobraba.

Siempre sale más a cuenta modificar la cubierta de las cosas que andar trasteando en la maquinaria.

jueves, mayo 18, 2006

Felicidad

Dicen que la clave para pasar por el mundo con algo de conciencia (conciencia de que estamos pasando por él: la felicidad posible) es vivir el momento presente, disfrutarlo y sacarle el jugo como si se tratara de una naranja que te metes en la boca y de la que escupes los restos (la piel blanca y áspera, las pepitas, lo que sobra, lo demás) después de sacarle todo lo que puedes. Advertir esos momentos en los que no nos cambiaríamos por nadie.

Dicen también que la felicidad a la que podemos aspirar debe ser vacía y blanca, desnuda y despojada de apetitos. Serena. Nada pierde quien nada espera.

Qué raro que a ambas cosas se las pueda llamar de la misma manera, ¿no?

miércoles, mayo 17, 2006

Gusano

Según una de esas notas al pie que son la hojarasca de la historia: La imagen de la conciencia como un gusano que roía el interior del hombre era frecuente en los escritos religiosos de la segunda mitad del siglo XVI español.

Lo que no deja de ser curioso porque, según aprendimos (pobres y culpables niños educados en la cultura católica), era nuestra conciencia la que nos impedía ser como los animales. Y por lo visto era un gusano que nos devoraba.

No sé por qué, pero no me sorprende.

viernes, mayo 12, 2006

Flujo de conciencia

Qué bueno ser bueno y mirar con ojos de amor a todo el mundo, aunque los demás sean unos grandísimos hijos de la gran puta y en realidad estemos aquí, todos caminando ciegos sin vernos y todos seamos islas y tienes suerte si perteneces a un archipiélago y no eres una miserable y triste isla aislada, desforestada, sin vegetación y sin caza, en la que los indígenas han sido tan estúpidos como para emplear todas sus fuerzas en esculpir unas gigantescas y extrañas cabezas.

Quién comprende, además, la disociación del mundo, quién no aprecia este torbellino, esta gigantesca estructura, este sistema que llamamos realidad en el que acaban de descubrir una nebulosa que tiene forma de doble hélice de ADN, y qué me estáis contando: una inteligencia creadora capaz de atender a los pequeños detalles, que pensó hasta en la nebulosa con la estructura de la vida, debe ser fantástico ser Dios omnipotente y divertirse.

Y qué me dices de este procedimiento casi surrealista de dejar que fluyan las ideas sin ponerles cortapisas y escribirlas sin pensar en la corrección, ni en el estilo, sin introducir diálogos pretendidamente naturales y frescos, intentando lo único que podemos hacer: pensar que si pudiéramos escribir el relato secreto que lo controla todo realmente encontraríamos un sentido a este absurdo sitio, tan raro, tan lleno de ojos y personas y pendientes y árboles y millones y millones de bicicletas chinas.

Por ejemplo.

jueves, mayo 11, 2006

Gota

Ayer, después de levantarse, pensando en dormir más en el futuro, como hacía siempre, descubrió una mancha de sangre en la cama.
Buscó durante mucho tiempo el origen de la sangre. Sin resultado. Ninguna herida, ni siquiera un rasguño. Al llevar más de dos años sin acostarse con nadie, también descartó el motivo más obvio.
Se fue al trabajo pero no pudo quitarse de la cabeza la maldita mancha durante toda la mañana. Al pensar en su ridícula obsesión doméstica se había sentido inquieto, como cuando olvidamos en algún lugar de la casa algo que llevamos en las manos y que después, cuando realmente lo necesitamos, no conseguimos encontrar.
Más tarde, volvió casa y quitó las sábanas para lavarlas, y, como es lógico, la mancha seguía estando allí. Reseca y con los bordes más oscuros, pero allí.

Hoy son dos manchas. Ya no sabe que pensar.

miércoles, mayo 10, 2006

En construcción

Un buen día, Andrés llegó a la conclusión de que un nuevo candidato había ganado las últimas elecciones en su cabeza y había desalojado al anterior inquilino. Lo notaba en las cosas nuevas que pensaba, en las nuevas sensaciones. Eso sí, a veces, el anterior primer ministro volvía a ver como iba todo y se retiraba con la mirada preocupada moviendo pensativamente de un lado a otro la cabeza.

Andrés no sabía cuál de los dos candidatos le gustaba más. El de ahora le sorprendía y quizá eso fuera suficiente para desear que por ahora se mantuviera en el primer puesto del consejo de ministros (aquella república necesitaba una renovación, llevaba demasiado tiempo paralizada y funcionando por inercia), pero al otro le tenía el cariño propio de los años compartidos.

Toda la prensa especializada comentaba que, por ahora, el nuevo presidente encabezaba las encuestas, pero que el candidato vencido seguía ahí, maniobrando, tejiendo alianzas, levantando rumores, trabajando para volver a disfrutar de los privilegios propios de su antiguo cargo. Las próximas elecciones podían tener un resultado diferente.

A él, sin embargo, lo que le interesaba de verdad era vivir. Y al carajo la política neuronal.

martes, mayo 09, 2006

Antología mínima IV

[...]
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
[...]

Quevedo, "Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió"


Con diferencia tal, con gracia tanta
aquel ruiseñor llora, que sospecho
que tiene otros cien mil dentro del pecho
[...]

Góngora. Soneto 21. Mito de Filomena.


Y nada más. El silencio es el mejor recurso a veces.

domingo, mayo 07, 2006

Dumas

Leo en el periódico que, para escribir los tres mosqueteros, Alejandro Dumas, asesorado por un tal Auguste Maquet, se hizo con malas artes de un libro rarísimo escrito por Gateen Courtliz y que era una supuesta autobiografía de D'Artagnan.
La treta consistió en seducir a la hermana del bibliotecario donde estaba el libro en cuestión y en robarlo.

Todo un detalle de mosquetero, sí señor.

jueves, mayo 04, 2006

Roma

Roma es bella y, dependiendo de la calle que se recorra, decadente. Pero si vivir es aprender a perder con estilo, esta es la ciudad viva por excelencia. Para deteriorarse de esta manera hacen falta apenas tres milenios.

Pregunten, si no, a las mujeres romanas que pasan la cuarentena y a sus calles cubiertas de maleza en las esquinas. Aunque lo intenten, pocas ciudades pueden conseguirlo.

Ni por asomo.

domingo, abril 30, 2006

Ayer

Ayer, mientras apuraba un vaso de vino en un local lleno de humo, conocí a un escritor: un exiliado político que mantenía su confianza en el socialismo y en la utopía mientras miraba a las mujeres y esperaba que alguien le invitara a otra ronda. Fue una buena conversación pero la dialéctica estaba anticuada. El marxismo ya no es.

Pero me quedó la duda de si el libro que me recomendó (suyo, por cierto) será bueno. Extraños compañeros de conversación se hacen por el camino.

miércoles, abril 26, 2006

Reposo

A veces, los libros nos hablan directamente, como si se hubieran escrito pensando en nosotros, y sólo en nosotros. Ya hemos aprendido que un libro que no se ha leído es un libro que aún no se ha escrito, pero todavía nos sorprendemos cuando leemos algo que se ajusta como un mecanismo de relojería a nuestro estado de ánimo.

Sin buscarlo, encuentro que Pascal cree que toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer en reposo en un habitación y que Voltaire nos dice que tenemos que cultivar nuestro jardín.

Digo yo que habrá que hacerles caso.

Citas

"Ámame como el perro a su llaga"
"La vida no tiene más ideología que el olor"
"Amar es evadirse de la sintaxis"
"Sólo los cobardes aspiran a la felicidad"
"Sé sumamente piadoso con tus errores"
Aforismos. Vicente Núñez.


¿Cómo no sumergirse en el remanso
inabarcable de tus pies desnudos
si tienen el aroma de melones tardíos?
"Teselas para un mosaico". 1985. Vicente Núñez.


Un artista es aquel que está, en su interior, lleno de imágenes
Durero.


Una cosa después de otra. Una cosa después de otra.

lunes, abril 24, 2006

De la ficción

Cuando Mateo Alemán, el autor del Guzman de Alfarache, vio como su criatura corría por páginas que él no había escrito, no lo dudó. El autor de la segunda parte falsa, Mateo Luján, pagaría con su vida tal atrevimiento.

Así, en la segunda parte verdadera del Guzmán, Mateo Luján aparece como un personaje que después de robar al protagonista (ladrón), hace amistad con él (pícaro), y al embarcarse en Barcelona, enloquece (desequilibrado) y se arroja al mar (suicida).

Y así, a la vez que lo mató y lo condenó al infierno (en la ficción), le concedió la inmortalidad de la fama (en la realidad).

Paradojas de la literatura.

Reciclaje

Quizá el arte consista básicamente en el cambio en la naturaleza de las cosas. Un trozo de tela, o un trozo de mármol se transforman en el “El triunfo de la muerte” o en el “David”. Un neumático, un rollo de cartón o el mecanismo oxidado de un frigorífico se convierten en la materia prima de alguna escultura metálica. El reciclaje como una de las bellas artes.

Era cuestión de tiempo que el cambio y la transformación llegaran al mundo del arte digital.

I started with the idea that spam was becoming such an object of hate, and I thought maybe it could be made into something more enjoyable. I played with it for a while and thought that the best way to display it was with porn as the vehicle. It's kind of like the idea of taking shit and turning it to gold.
Adam Harvey. Artista digital.

La transformación de la mierda en oro, tal y como dice el propio artista. El reciclaje del spam a través del porno. Un script que construye imágenes sexuales con las frases de los mensajes de spam; que recoge aleatoriamente esas frases, las ajusta a una silueta y acaba recreando una imagen pornográfica que queda así mucho más estilizada, mucho más insinuante y mucho más bella que cuando se nos expone con toda su crudeza.

Curiosos tiempos estos.

miércoles, abril 19, 2006

Caronte

Caronte, el barquero de la laguna Estigia, solicitaba a los que querían cruzar (¿quién querría cruzar de grado por allí?) un óbolo, una moneda. Por eso era costumbre entre los antiguos poner una moneda en la boca de los muertos.

Para que no tuvieran problemas con el cambio.

Flamenco

Hacía mucho tiempo que una imagen no se quedaba rebotando en mi cabeza. Hasta que encontré esto:

Flamenco is thus very much like the jazz solo: it is both traditional and personal, but, above all, distilled—brief and heroic, like a speech by someone in the Iliad who is about to die.
Crítica de New Yorker a un espectáculo flamenco: “Modernismo

Comparar el flamenco con el parlamento en la Iliada de alguien a punto de morir probablemente sea algo atrevido, pero cualquiera que haya visto, digamos al Agujetas, con esa dentadura de oro, abriendo la boca en las soleás como si le fuera la vida en ello, convirtiendo el aire de sus pulmones en belleza, tendrá que estar de acuerdo en que Homero pensaba en gente como él cuando escribió sus famosas obras.

lunes, abril 17, 2006

Trinidad

La trinidad laica según Salvador Pániker:
  • Darwin mató a Dios.
  • Nietzsche firmó su esquela.
  • Saussure lo remató al señalar que el sentido no tiene su origen en ninguna esencia trascendental, sino en un mero sistema cerrado de signos.
Pero, ¿quién se sienta a la derecha de quién?, y lo que es peor, ¿dónde?. Lo malo de haber acabado con Dios es haber acabado también con la posibilidad de la inmortalidad.

Habrá mucha gente que crea que tenían que haberlo pensado antes un poco.

Yo no.

martes, abril 11, 2006

Biblioteca

Sabía, y lo sabía porque algunos de sus amigos la habían estudiado, que existía toda una ciencia dedicada a la clasificación del material destinado a las alacenas de las bibliotecas.

También sabía que en su mesa se acumulaban, escritas al reverso de las tarjetas de presentación, ciento treinta y dos listas de libros por comprar: demasiados libros para poder localizarlos en caso de necesidad.

Tenía que averiguar, por tanto, si existía alguna ciencia parecida que ayudara con la clasificación de las bibliotecas imaginadas.

Fin

Cuando se encontraron al final de la última página, la última palabra salida de la cabeza del escritor no pudo evitar mirar por encima del hombro a aquel “FIN”. A fin de cuentas, ésta no era una palabra de verdad, sino una palabra falsa, impostora, que había surgido automáticamente del estúpido cerebro de los ordenadores del departamento de maquetación. ¿Cómo se atrevía la advenediza a compartir página con una representante legítima del arte, con una vicaria del genio?.

La muy puta...

domingo, abril 09, 2006

Sartori

Enric González en El País, hace algún tiempo:

"Tras la Segunda Guerra Mundial, un grupo de actores italianos quiso resucitar la Comedia del Arte renacentista, pero faltaban las máscaras adecuadas. Acudieron a figurinistas y artesanos sin éxito, porque la técnica de construcción se había perdido, y al final contactaron a Amleto Sartori, profesor de escultura anatómica en la Facultad de Arte de Milán. Sartori aceptó el encargo y hasta su prematura muerte, a los 46 años, no hizo otra cosa que estudiar sobre máscaras y fabricarlas.

El hijo, Donato, heredó el oficio. Tiene talleres en Escandinavia, colaboradores en Japón y una colección impresionante, acumulada a fuerza de analizar bajorrelieves griegos o ruinas romanas, colaborar con facultades de Antropología y ensayar con materiales antiguos. Entre sus clientes se cuentan grupos teatrales como el español Els Comediants.
Donato Sartori, que se ocupa personalmente del museo-taller con su compañera Paola, deja que Dario Fo pruebe máscaras, compare sonoridades -una buena máscara da una voz distinta, más vibrante, a quien la usa- y disfrute un poco. Muestra dos piezas idénticas para demostrar en qué consiste su arte. Se trata de dos máscaras de arlequín, en cuero, como casi todas, una nueva y la otra utilizada durante años por Ferruccio Soleri, el 'arlequín más célebre de la actualidad'. La utilizada ha adquirido las facciones de Soleri y parece casi humana. 'A veces, cuando suda, Soleri se seca la frente sin recordar que aquello no es su piel, sino el cuero de la máscara', dice Sartori."

"A veces, cuando escribe, el lector que hay en mí lee textos sin recordar que aquello no es la realidad, sino palabras", digo yo.

Un hurra alborozado por Sartori. Por tener la delicadeza de seguir con el trabajo de su padre y contribuir a que el mundo sea un lugar más habitable.

miércoles, abril 05, 2006

Aeropuertos

Los aeropuertos son especiales porque siempre hay personas que se abrazan y lloran, pensó, por eso son sitios tan especiales, sitios que a pesar de no ser reconocibles por sí mismos, siguen teniendo un aura emocionante, pensé yo.

Las lágrimas de los amantes a punto de separarse se mezclan y acaban por filtrarse a las tuberías, pensó, por eso a veces, al beber agua, sentimos un regusto amargo en el paladar, pensé yo.

Pero el regusto es amargo porque nos recuerda la ausencia, pensó, y porque nos recuerda que no somos sino seres incompletos, pensé yo.

Yo ya no me siento así, pensó, yo tampoco, pensé yo.

Y después de mirarse, comprendieron al fin por qué eran capaces de crear sobre la marcha un relato inexistente.

martes, abril 04, 2006

Líquidos

No sabía por qué, pero le dio por pensar en los líquidos. Pensó que, según había leído, el estado líquido era uno los cinco estados de agregación de la materia y que la definición técnica afirmaba que un líquido era un fluido cuyo volumen era constante en condiciones de temperatura y presión constantes. Y que su forma estaba definida por su contenedor.

Lo de la forma y el contenedor le gustó tanto que, en consonancia, decidió que iba a convertirse en una molécula de mercurio, a licuarse, a adoptar la fabulosa liquidez de algunos de sus amigos, capaces de parecer más de uno por estar en varios lugares a la vez. Decidió que en ese momento de su vida, el estado líquido (forma, contenedor) era el que más le interesaba. Se había cansado de los sólidos porque le parecían aburridos: siempre iguales a sí mismos, con la jactancia orgullosa del que no pretende ser más que el que ha sido siempre. Menudo triunfo.

Bah. Él prefería, con mucho, cambiar de contenedor. Y claro, cambiar de forma.

lunes, abril 03, 2006

Candor

Según el diccionario de la RAE (ese cementerio tal y como decía Cortázar) la palabra candor tiene dos acepciones diferentes, por una parte significa sinceridad, sencillez, ingenuidad y pureza del ánimo y por otra suma blancura.

Es decir, suma blancura del ánimo, sencilla sinceridad, pura y blanca ingenuidad o suma pureza. Combínense libremente.

Hoy, el candor es una especie en extinción que sólo se conserva en ciertos ecosistemas. El más importante de todos ellos es la niñez y, según parece, al igual que la selva que rodea al Amazonas, se reduce de año en año. Este pequeño animal luminoso cada vez dispone de un territorio menor.

Por eso observarlo en libertad, provoca emociones contrapuestas: extrañeza, al ser conscientes de la rareza de los ejemplares en la vida adulta; ternura por todo el cariño y cuidado puesto en su conservación en un hábitat hostil; y pena porque acabará por desaparecer, con la columna vertebral quebrada, cuando alguno de sus depredadores naturales lo olfatee en el aire.

Pero mientras sucede lo inevitable, disfrutemos mirándolo. Tan blanco, tan puro, tan ingenuo, tan limpio.

Tan en peligro.

jueves, marzo 30, 2006

Hueco

La realidad tiene un hueco, según los últimos estudios, de un 96%.

Según había podido leer en una publicación científica, parece ser que sólo el 4% de la materia del universo (cuya cantidad han calculado los científicos a partir de mediciones fiables) corresponde a la materia que todos conocemos.

El 22% corresponde a la denominada materia oscura, llamada así porque no desprende luz (nuestra herramienta para intentar comprender el mundo). De esta materia oscura no se sabe prácticamente nada porque al no emitir radiaciones electromagnéticas, no se dispone de un método para poder saber su densidad, su composición, etc. No sabemos nada por ahora, e igual seguimos sin saber nada durante mucho tiempo. Nada.

El resto es lo que los científicos han llamado energía oscura. Es diferente por completo de la materia que conocemos y parece estar ayudando a la expansión del universo. Podían haberla llamado "hálito universal", y el nombre sería más o menos igual de exacto.

Así que ese cuatro le hizo pensar en las legiones de científicos que se dedican a estudiar la materia (¿el 4% de la realidad?) hasta sus últimos componentes (esas partículas subatómicas que se comportan como si ignoraran la armonía del universo de Newton y compañía). Infatigables y apasionados.

Sin que les importe ir perdiendo el partido por 96 a 4. Con un par.

martes, marzo 28, 2006

Paisaje con barcos muertos

Los barcos son inmensas estructuras de metal que, como todos los seres vivos, nacen, envejecen y mueren. Y van a morir a extensas playas de 6 kilómetros.
A los barcos les sucede como a los peces: se pueden considerar muertos en el momento que pierden el contacto con el agua y sus branquias dejan de filtrarla.

Todos sabemos que los peces tienen una memoria muy corta (tres segundos), pero de la memoria de los barcos, que yo sepa, aún no tenemos mucha idea. Lo que sí sabemos es que como en toda muerte, esa memoria, en caso de que existiera, se perdería irremisiblemente.

Pero, tengan o no tengan memoria, lo importante es el rito funerario. El rito consiste en desarmar pacientemente las tremendas moles de sus cuerpos: despiezar, cortar, desatornillar, aserrar, y más tarde, si es posible y el barco era donante de órganos, reutilizar.

No obstante, el esqueleto, como todo el mundo sabe, no sirve para los trasplantes, por lo que la caja torácica, los fémures y las falanges quedan allí, en el museo del salitre, en la extensa playa de 6 kilómetros, remojados por la brisa marina, como testimonio para futuros paleontólogos.

lunes, marzo 27, 2006

Exoesqueleto

Los artrópodos son invertebrados que tienen un exoesqueleto articulado de quitina. La bondad de este exoesqueleto, impermeable y articulado, que evita la desecación, es evidente, puesto que el 80% de todas las especies animales conocidas pertenece a los artrópodos. Un éxito evolutivo impresionante. La única pega es que como compensación, para crecer, deben mudar su dura piel.

En el caso de las personas, el exoesqueleto es algo más sutil, algo más delicado y fugaz. En ese caso la quitina no desempeña ningún papel; el exoesqueleto se segrega poco a poco, capa a capa y sin prisa; a causa de los desengaños y la soledad o de la lejanía y la tristeza. Como una respuesta evolutiva propia de los humanos. Al igual que en los artrópodos, el exoesqueleto humano, impermeable y articulado, evita la desecación. Y al igual que en los artrópodos, este fantástico recurso requiere como compensación que, para crecer, haya que mudar la piel.

Por lo que la ciencia recomienda que, en el caso humano y mientras dure el proceso de crecimiento en el que estamos sin él, mejor no exponer demasiado nuestro interior a la intemperie.

Por la desecación, más que nada.

viernes, marzo 24, 2006

San Michele

La gente suele pensar que los muertos se convierten en polvo, y es cierto. Pero se convierten en polvo tras largos años perdiendo el agua que eran. El 60% del peso de un cuerpo humano adulto es agua.

Un varón de constitución normal, de raza caucásica (sea lo que sea lo que quiera decir eso), con una envergadura normal, un varón moreno, guapo en su juventud, un varón que podría ser, digamos Joseph Brodsky, ese poeta ruso que acabó siendo norteamericano, podría pesar unos 75 kg., por ejemplo. Por lo que, resolviendo la mínima ecuación correspondiente, a su muerte, 45 litros de agua formaban parte de su cuerpo. La pregunta ahora es, ¿cómo 45 litros de agua pueden llegar a convertirse en polvo reseco, en ese polvo al que se supone estamos todos destinados?.

Por evaporación, claro, y por filtración.

Si además, el cadáver del varón caucásico, moreno y guapo en su juventud, digamos Joseph Brodsky, está enterrado en San Michele, la isla veneciana con cimientos de huesos, y cuando estaba vivo, escribió un verso como: (…) Yet until brown clay has been rammed down my larynx, (…), la filtración del líquido del cadáver tiene algo de poética.

Poética porque, dado que la materia ni se crea ni se destruye (en términos generales), la materia de ese poeta, licuada por la putrefacción, acabará confundiéndose con la de muchos otros poetas en el Gran Canal. Como con la de Ezra Pound.

Por ejemplo.

jueves, marzo 23, 2006

Arbus

Una exposición: “Revelaciones”. Diane Arbus. Ahora en 2006. Descubierta en un blog que suelo leer.

Una entrevista: En televisión. A la comisaria de la exposición de Arbus. Ayer. Habla de esa fotógrafa que retrataba monstruos y freaks, que siempre aparecieron dignos a sus ojos.

Un libro: “La velocidad de las cosas”. Rodrigo Fresán. 1998. Uno de los cuentos (¿capítulos?) que lo componen y que se llama “Historia con Monstruos” habla de un tipo que, después de un ataque al corazón, conoce a los personajes que aparecen en las fotos de Arbus, seres deformes y extraños.

Y una frase irónica del libro de Fresán: “(con los años aprendemos a entender que las casualidades no existen, que no son casualidades sino sutiles intersecciones que nos demuestran, si estamos suficientemente atentos, la innegable existencia y el particular sentido del humor de una inteligencia superior)

Clic. Clic.

miércoles, marzo 22, 2006

DNA11

DNA11 es una empresa que, a partir de la correspondiente muestra, crea arte único tomando como base el ADN de los clientes.

Para ello piden a los clientes que envíen una muestra de saliva en un tubo y, a partir de ella, obtienen una huella genética única para cada persona (el material genético en un grandísimo porcentaje es común a toda la especie). Esa huella, posteriormente, es insertada en un gel, con lo que consiguen separar las diferentes secuencias de ADN, propias de cada individuo, por tamaños. Más tarde las iluminan con rayos ultravioleta y esas secuencias (tú, yo, cualquiera), como reacción a la radiación, brillan y emiten luz fluorescente. Después de fotografiar ese extraño cuadro con un equipo sofisticado y de tratar la imagen correspondiente para mejorar el contraste y ajustar los brillos, se imprime la imagen digital a todo color y en gran formato. Y se envía al cliente.

El cliente llevará la lámina a enmarcar y la colgará con mucho cuidado en el salón de su casa, y de vez en cuando la mirará y se preguntará sobre los secretos encerrados en sus colores (la posibilidad de contraer cáncer o de morir de un infarto, la felicidad o la depresión, la falta de coagulación de los hemofílicos, los molestos granos en la cara en período menstrual).

Pero seguirá sin saber cuándo Átropos cortará el hilo que ha ido tejiendo Cloto desde su nacimiento, momento que, curiosamente y según los clásicos, coincidirá con su muerte.

martes, marzo 21, 2006

Hampton Fancher

Blade Runner es la cascada de imágenes más parecida al futuro que la humanidad ha conseguido crear. A pesar de ser una película de principios de los 80, sus gigantescos paneles de imágenes mojados por la constante lluvia ácida, el sushi, y el tocado tradicional chino mezclados con la ingeniería genética y los implantes robóticos, han construido un imaginario que ha influido definitivamente en la imagen real del mundo. Definitivamente.

La gente, cuando piensa en la película, recuerda a Philip K. Dick, ese escritor abrumador y psicótico, adicto a las anfetaminas, que acabó sus días paranoico y exaltado (el genio y la locura de la mano de las sustancias psicoactivas, una historia mil veces repetida) y que escribió la novela en la que se basó: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”

Y todo el mundo, también, recuerda estas frases, que Roy, el replicante, pronuncia cuando siente que se le acaba la vida y perdona la suya a Deckard, quizá conmovido por el misterio de la vida en sí: “He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...

Pero Philip K. Dick no escribió esas frases. Esas frases, con fondo de imágenes en movimiento y lluvia, y que destilan una tristeza líquida que pasa de la mano de Roy a la mano de Deckard, fueron escritas por el guionista de la película, y no por Dick, puesto que no aparecen en la novela.

Y yo, desde aquí, 12 años después de que aquí comenzara en la pantalla de un viejo ordenador y de haber visto esas frases de Roy reproducidas hasta el infinito, rindo un mínimo homenaje a ese hombre: Hampton Fancher.

Ese hombre se llamaba Hampton Fancher.

Paisaje con grúas

Paisaje con grúas en mitad de ninguna parte. Un destello: ahora se construyen primero las casas y después se llenan de gente. Miles y miles de viviendas en mitad de la nada. Ciudades fantasma a la ribera de la carretera.

El suelo de este país tiene una extraña propiedad: si se entierra un trozo de hierro en cualquier parte, a los dos días habrá crecido una grúa con su constructor, pequeño homúnculo que nace pegado a ella. Y después, un ejército de operarios construirá en un santiamén una fortaleza de bloques de apartamentos, erizada por fuera y blanda por dentro. En ninguna parte. En medio del páramo castellano, azotada por el viento pesado de La Mancha.

Y yo me pregunto qué sentirán los primeros habitantes de esas casas, colonizadores en un planeta ajeno, cuando miren el sol poniéndose sobre las montañas de escombros.

miércoles, marzo 15, 2006

Desconfianza

La desconfianza es un gato con los ojos abiertos. La desconfianza es algo que surge primero en el píloro y que después llega al bulbo raquídeo, se extiende por los ojos y la forma de la sonrisa y acaba en el corazón. La desconfianza es fea, pero más necesaria que nunca en estos tiempos de mierda en el que cualquiera que te sonría puede, en realidad, estar esperando que caigas fulminado para alimentarse de tu carroña. Por ejemplo.
Pero si esa persona, en realidad, está esperando que caigas fulminado para demostrarte un amor inmenso a través de un beso, boca a boca, que consiga agarrarte y asirte al suelo mugriento en el que mueves las piernas como un insecto, ¿qué?, ¿entonces qué?. Entonces lamentamos haber sido desconfiados, porque no nos hace mejores, sino que sumerge nuestro corazón en un perfecto cilindro relleno de nitrógeno líquido, como si debiéramos conservarlo para usarlo en el futuro. Y no ahora.

La desconfianza se disuelve en el amor, se disuelve.

La desconfianza se disuelve en la amistad como si fuera un medicamento blanco de los que se usan contra la resaca.

Y la decepción es la recompensa de aquellos que se atreven a combatirla.

lunes, marzo 13, 2006

Deseo

No estaban creando un suceso sino más bien tratando de mantenerse a la altura de algo sucedido, y cuando Nashe rodeó con sus brazos el cuerpo desnudo de Fiona, su deseo era tan intenso que rayaba ya en un sentimiento de pérdida, porque sabía que inevitablemente acabaría decepcionándola, que antes o después llegaría un momento en que desearía volver al coche.

"La música del azar". Paul Auster.

La negrita es mía. Las palabras, exactas y pulidas, habituales y extrañas a un tiempo, de Auster. Cómo no.

Entresacar

Cuando era un adolescente, a veces pasaba la tarde en la peluquería de un amigo. Recordaba un objeto: las tijeras de entresacar, unas tijeras con un peine en una de las hojas que se utilizaban para descargar el volumen de pelo sin marcar el corte. Entresacar era la palabra que usaban.

No sabía por qué esa palabra le había acompañado durante su vida adulta y se había unido a su recuerdo de aquella época, pero aún hoy le sigue pareciendo una palabra extraña, como envuelta en papel de estraza. Como entretelas. O entraña.

viernes, marzo 10, 2006

Antología mínima III

Sopla recio a mi espalda,
viento oscuro y tenaz del desarraigo,
confúndeme los pasos y sitúa mi norte
donde no halle el amparo de esta mansa morada.
[...]

Fragmento de "Oración Pagana". Vicente Gallego

[...]
Lo que al día le pido es ese sueño
que al rozarlo se parta en otros sueños
lo mismo que una bola de mercurio,
y que brille muy lejos de mis manos.
Lo que al día le pido empieza a ser
más dificil incluso de alcanzar
que los sueños cumplidos, porque exige
la fe antigua en los sueños.
Lo que al día le pido es solamente
un poco de esperanza, esa forma modesta
de la felicidad

Fragmento de "Lo que al día le pido". Vicente Gallego

jueves, marzo 09, 2006

Implantes

No doy crédito. Hace tiempo que tengo la convicción de que la ficción influye mucho más en la realidad de lo que estamos acostumbrados a pensar. Hace tiempo que pienso que las películas de ciencia ficción de serie B, los cómics y, en general la cultura popular han influido más en la imagen del mundo actual que muchas sesudas parrafadas de intelectuales que han acabado barridos por el tiempo. El Guggenheim y Flash Gordon, la Torre Agbar y Blade Runner.

Pero, a veces, sólo a veces, creo que la influencia es excesiva. La verdad, excesiva.

"Shannon Larratt says the next step is to make implants functional in some way. 'There's crossover with people doing RFID work -- there's a large number of people that want to build active implants.'"

Extraído de Wired, de un artículo en el que se habla de la modificación del cuerpo, de como existen personas que no se conforman con el tatuaje y pasan a la escarificación (decoración del cuerpo con cicatrices, como si no tuviéramos el alma llenas de ellas) y como los más apasionados del tema llegan un paso más allá. A la modificación corporal, a someterse a cirugía para implantarse prótesis de silicona esculpida: pequeños cuernos de diablo, orejas de Klingon.
En muchos casos estas prótesis no se pueden retirar. Son permanentes.

El párrafo que he copiado habla de la colaboración entre los maestros de la implantación y los maestros de la identificación por radiofrecuencia, una técnica utilizada en los supermercados para identificar los productos automáticamente en la caja a través de etiquetas de precio con pequeños emisores. Y la última frase, la última frase: "there's a large number or people that want to buid active implants" se ha quedado ahí. Y no se va.

Hay una gran cantidad de gente que quiere construir implantes activos.

Y yo me pregunto para qué. ¿Para qué?

La verdad, no es que no comprenda el mundo. Es que no sé si quiero.

PD: Mientras tanto, suena una soleá de Camarón

martes, marzo 07, 2006

Pereza

Ana abre los ojos, prematuramente despierta por los rayos de sol que entran en la casa pero decide sobre la marcha que es demasiado temprano para levantarse. Intenta dormir de nuevo, pero, como tantas veces le ocurre, su cerebro se resiste a ello. Aún así, Ana mantiene los ojos cerrados y lo intenta. Cuando descubre la inutilidad de su empeño, abre las ventanas para dejar que entre el día. Para que las cosas también adviertan que ya no es de noche.

Se despereza. Mirar al techo blanco, dejar la mente en blanco y no pensar en nada que no sea blanco es su pasatiempo favorito y se le da realmente bien; en su fuero interno, piensa que es la campeona de ese pasatiempo, que nadie en el mundo puede hacerlo con tanto estilo como ella. Además, le sirve para tomar conciencia de su propio cuerpo y convertirse sólo en eso, en un cuerpo: sangre, huesos huecos, nervios con los pelos de punta por la estática, una columna vertebral y una nariz.

La luz del exterior le está dando en la cara y le hace imposible evitar el color rojo, con los ojos cerrados, ve el rojo que lo invade todo. Cuando han pasado unos minutos, Ana abre los ojos y se revuelve en la cama; aunque prefiere dormir boca arriba, la pereza se saborea mejor al revés, con la cara hundida en la almohada.

De pronto recuerda lo que debía hacer hoy. Un compromiso ineludible que le da una pereza terrible, pero sabe que no puede faltar a la cita. No estaba muy segura de valer para aquel trabajo que le habían propuesto pero, con la falta de dinero que últimamente sufre, no le parece tan mal trabajar de acompañante de señores adinerados.

viernes, marzo 03, 2006

Rabia

Tenía que dejar salir la rabia a borbotones, de alguna manera, tenía que conseguir que saliera, como un torrente sin freno que todo lo arrasara, como una oleada de bilis que inundara su boca y su cabeza. Eso le habían dicho.
La rabia en estado puro, prístina y desasosegante, por lo que tiene de unión con lo animal que llevamos todos dentro. Rabia follando. Agarrarla de los pelos y penetrarla sin compasión, como vengándose de todas las malas putas que se habían cruzado en su vida, rabia que destruyera la perfecta capa de maquillaje bajo la cual somos todos putos animales babeantes. Rabia pura.
Rabia al coger la navaja y hacer un corte profundo en el muslo, rabia al desgarrar la carne y separarla, ya las dos orillas del mar rojo de su carne, inundada de sangre. Rabia al destrozar sus nudillos contra la pared, rabia al arrancar sus propios pelos de raíz, no conservando ya siquiera la mínima dosis de cordura. Puta rabia liberadora.
Rabia suficiente para levantar un muro de ojos inyectados en sangre que te miran y te miran y te miran. Rabia espumeante con vísceras anegadas en sangre, sexo, dolor y mierda.

Muy bien, dijo el psiquiatra del centro de reclusión, la terapia de hoy ha ido muy bien. Creo que vamos por el buen camino, es necesario seguir trabajando pero vamos por el buen camino. Necesitas sacar todas las emociones negativas que llevas dentro. Será mejor para todos.

jueves, marzo 02, 2006

Suicidio

Catecismo de la Iglesia Católica

El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.


Nota de suicidio de Stephan Zweig

Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma. Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.

A Stephan Zweig no le importó la doctrina de la Iglesia católica. Su sociedad familiar, nacional y humana había desaparecido mucho antes. Y además era judío. Y austriaco, perseguido, exiliado, expulsado, apátrida, brasileño y triste.

Y escritor, también era escritor.

miércoles, marzo 01, 2006

Desgracia

Todo el mundo tenía en aquel lugar una cara desgraciada. Eso era un hecho. Seguramente los motivos serían muy diferentes, tan diferentes como la señora formal con abrigo y la joven del pelo rosa a quien miraba con desprecio y preocupación. Pero el resultado era muy parecido. Caras de desgraciados.

A la desgracia le gustaban las grandes ciudades. Los agujeros en el subsuelo eran el sustrato ideal para su buen crecimiento. Probablemente, los túneles, pasadizos, tuberías, canalizaciones, aseos subterráneos y pequeñas tiendas mayoristas sin luz natural habían contribuido a airear la tierra, a oxigenar el terreno, a la manera de las lombrices con la tierra arcillosa. Y es por eso que crece tan lozana allí, tan segura de sí.

La perra.

Sueltos

Las cagadas de las moscas se mezclan con la celulosa en los libros. Ambos materiales se pudren juntos (cagadas y plantas muertas) y dan ese hermoso olor a las librerías de viejo.

Voy a sacar a pasear a mi diafragma, a ver si consigo expulsar las polillas que se han alojado entre él y mi estómago.

Un amigo, querido amigo, era tan poco dueño de su voluntad que esnifaba hasta los etcéteras.

Casi se podían oír sus pensamientos saliendo por sus orejas y cayendo hasta el suelo. Sería la demencia senil, pensó.

Se sentía enamorado y feliz. Lástima que tuviera que pagar a su mujer para poder verla a través de una cámara.

Los escritores hablan con las manos como los ciegos, pero también lo hacen los masajistas y no por ello se les envidia (ni a los masajistas ni a los ciegos).

Pero para qué esta puta costumbre de mierda, se preguntó el monje budista en plena meditación.