martes, junio 27, 2006

Ámbar

Seguía el rastro químico de las exploradoras de la colonia moviendo coordinadamente las seis patas, una pequeña mota sobre aquellas troncos de helecho, metros y metros de arbustos húmedos. Pero a la vuelta de una hoja, una araña había tendido su trampa y se vio atrapada en ella.
Se dio cuenta de que iba a morir allí y aunque no le importara mucho, se debatió con aquel hilo pegajoso. El cerebro siempre intenta permanecer, por insignificante que sea su tamaño.
Sin embargo, aquel esfuerzo final sólo consiguió enredarla más en el hilo y alertar a la araña, que se puso en camino descolgándose desde un poco más arriba. Ahora sí que había llegado el fin, pero qué más daba: ni todas las arañas de aquel bosque podrían acabar con sus seis millones de hermanas.

Y entonces una gota de resina cayó del árbol en el que se encontraba y las atrapó a ambas, que murieron de asfixia.

A partir de aquel momento, el tiempo hizo lo que sabe hacer como nadie: pasar. El tiempo convirtió esa gota de resina en un fósil, acabó con los helechos y con los grandes árboles de la zona, movió de sitio los continentes, hizo avanzar el hielo, hizo avanzar el desierto, hizo que una especie de monos se pusiera de pie, que más tarde esos monos, ya sin pelo, crearan ciudades e imperios y que descubrieran muchas de aquellas gotas de resina, duras y quebradizas. Una civilización que había surgido a orillas del Mar Egeo le puso el nombre de élektron, otra que nació en los desiertos de Arabia le puso el de ámbar, lo que flota en el mar.

Y ahora, esa gota, con la araña y la hormiga en la misma posición en la que quedaron después de intentar librarse de aquella sustancia pegajosa 100 millones de años atrás, unida a una cadena de plata, está tocando la garganta de una mujer.

Lo que, teniendo en cuenta los apenas 80 o 90 años de paréntesis de la vida humana, no deja de tener su gracia.

4 comentarios:

Portorosa dijo...

Estupendo, una vez más, Xavie.

Xavie dijo...

Gracias, Porto

Una vez mas,

Xavie

Olvido dijo...

Increible, cuando he acabado tu relato me he quitado mi pendiente de ámbar y me he quedado embelesada. Muy bueno.

Xavie dijo...

Gracias, olvido

Ya te he dado la bienvenida en otro comentario, pero la reitero.

Un saludo,

Xavie