lunes, abril 23, 2007
Vonnegut (Homenaje)
¿Era necesario?, después de todo lo que ha pasado en los últimos cinco años, ¿era necesario?
Mientras tanto, el humo que sigue saliendo de muchos barrios parece haber formado en el aire las palabras: "So it goes."
lunes, abril 16, 2007
Domingo
Cuando llegué a casa, no necesité abrir la puerta con cuidado para no despertar a nadie porque nadie duerme en mi casa cuando yo no estoy. Entré y me senté en el sillón; me tomé un trozo de chocolate y miré un publirreportaje de esos en los que el público aúlla cuando sale al plató un actor venido a menos completamente desconocido en España. El mundo es un lugar extraño, escribí en mi cuaderno. El anuncio presentaba un aparato que servía para endurecer la musculatura de la barriga. Miré mi barriga. Descarté que aquel aparato me sirviera de algo. Cambié de canal y descubrí que era muy tarde: tan tarde que incluso las cadenas locales que emiten pornografía ocho horas al día habían cambiado de programación y empezaban de nuevo con los videntes. Al mirar por la ventana distinguí una línea luminosa detrás de los edificios. Estaba amaneciendo.
Me lavé los dientes y decidí no acostarme. Bajé a la calle y caminé diez minutos hasta llegar al quiosco que vende prensa las veinticuatro horas al día. Compré dos periódicos y les eché un vistazo. Nada digno de mención. Pensé que las noticias de una semana se reciclan en la siguiente, como si Dios o el azar fuera un ordenador que ha entrado en un bucle del que no sabe salir. Bah. Es muy tarde, no hagas caso. Llamé por teléfono y me contestó una máquina. Pulsé el uno y luego el tres y la voz de una mujer sonó al otro lado. Acordamos el precio y me senté a esperar. Cuando la mujer llegó, yo estaba dormido. A pesar del café que me había preparado y de los periódicos, no conseguí mantener los ojos abiertos. Abrí la puerta recién despierto y una mujer de piernas largas y pechos pequeños me sonrió. La hice pasar.
Ella se desnudó y se puso delante de mí un conjunto de ropa interior negro y lleno de encajes que realzaba su figura. Tal y como hacía siempre que la llamaba. Yo también me desnudé. Nos metimos en la cama. La besé con cariño y le acaricié la nuca y los lóbulos de las orejas y, como casi siempre, me quedé dormido mientras me acariciaba el pelo. El dinero, algo que habíamos acordado tiempo atrás, estaba encima de la mesilla de noche. Bien visible.
Cuando me despertó su beso pude notar el olor del café recién hecho. Me senté en la mesa y admiré el mantel perfectamente puesto, los huevos revueltos en su punto y las tostadas doradas. Los periódicos estaban doblados y crujientes a un lado. Había flores frescas en un jarrón en el centro de la mesa.
Iliana me dijo hasta la próxima cariño, me besó en la frente, abrió la puerta y se marchó.
viernes, abril 13, 2007
Primavera
Ayer llegó la primavera a mi casa. Las patatas rancias de la alacena parecían querer escapar de la cesta desplegando filamentos como dedos vegetales, una mosca gorda y perezosa comía de una fresa olvidada y un rayo de sol entró oblicuamente de la calle durante un segundo haciendo brillar el color de la tarima. Creo que no es necesario decir más.
O quizás sí: la mujer de la foto en la pared, que normalmente es una compañía muy tranquila, me miró de forma insinuante durante un instante y aunque se tratara de algo muy rápido y casi imperceptible, me di perfecta cuenta de sus intenciones.
No hice caso y Octavio Paz siguió diciendo voy por tu cuerpo como voy por el mundo y que bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío.
Pero cuando esta mañana he contemplado mi imagen desnuda en el espejo, he encontrado una marca en mi pecho que tenía la forma de unos labios.
Tal vez sea la primavera. No lo niego.
lunes, abril 09, 2007
Paisaje con flor de cerezo
Pero, afortunadamente, los escritores japoneses capturaron su belleza hace ya mucho tiempo:
guiado por su madre
frente al cerezo en flor.
Y en el jardín de los cerezos
la soledad duerme.
Una belleza fugaz. E inútil.
Como todas.
miércoles, abril 04, 2007
Dudas
Los chirridos del somier en la planta de arriba no cesaron en toda la noche. A pesar del sueño acumulado y del ruido que no me dejaba dormir, no pude evitar sentir admiración por esa pareja capaz de follar durante todo aquel tiempo, con mínimos descansos de 5 minutos entre las sesiones de sexo.
Aquellos sonidos rítmicos me trajeron a la cabeza una noche especial en la que yo también había pasado mucho tiempo sin dormir, en la piel de otra persona y sin saber como salir. El recuerdo me calentó pero masturbarme me pareció algo demasiado obsceno: me cruzaba con los vecinos a diario y aquello no estaría bien. No me apetecía sentir vergüenza cada vez que me los encontrara en las escaleras.
Y sin embargo, a partir de entonces, cada vez que los veía notaba como mi cara intentaba volverse roja. Como si yo fuera una niña de 14 años que no pudiera controlar sus propias emociones ante el chico más guapo del instituto, o un primerizo aterrado en su primera visita a un burdel.
Aquella noche de sexo se había quedado conmigo y no me abandonaba. El almizcle, el sudor y la saliva se habían propagado como un niebla de metano por el bloque de apartamentos y, desde entonces, no hago otra cosa que pensar en ella. Y en mí.
Escuchar a Antonio y a Manuel practicar el sexo ha removido algo que no sabía que se encontrara en mi interior.
domingo, abril 01, 2007
Obsesión
A veces se sentía tan vencido que pensaba en dejarse llevar. Que el viento se lo llevara todo por delante. Que las cosas acabaran de una maldita vez. Porque sabía que, tarde o temprano, a pesar de la voz interior que luchaba contra aquella idea, aquello sucedería. Daría lo que fuera por evitarlo (lo que fuera) pero la verdad es que hacía mucho tiempo que, en su interior, había aceptado la derrota.
Recordaba muy bien cuando lo supo con seguridad. No había sentido nada. Se había quedado mirando los árboles en la ventana un buen rato, inmóvil, sin pensar en nada, sin sentir nada. Como si lo que le acababan de comunicar (allí en aquella letra de molde tan elegante, en aquel papel de cartas grueso y de color crema) no tuviera ninguna importancia. Había pasado casi una hora mirando los árboles sin verlos, o viéndolos sin mirarlos, lo mismo daba una cosa que otra. Y después había pensado que quizá sucediera, que eso no lo negaba, pero que la existencia de una posibilidad, por remota que fuera, era suficiente para él.
Ahora sin embargo, después de todo el tratamiento, la evidencia se le apareció más cruda que nunca.
Ya tenía coronilla. La calvicie estaba a la vuelta de la esquina.
miércoles, marzo 28, 2007
Piedra
Soy una piedra y no soy inmutable. Sólo inmóvil. El agua maldita me moja, se hiela y me hace daño. El agua es nuestro gran enemigo. El fuego no. El fuego nos transforma y nos modela, nos hace cambiar. Pero el agua arranca nuestros pequeños pedazos y los esparce por ahí como si pensara que no los vamos a echar de menos.
He tenido mala suerte. No he hecho nada malo para acabar formando parte de este planeta absurdo y lleno de vida verde. Pero aquí estoy.
Ojalá hubiera nacido en la Luna.
lunes, marzo 26, 2007
Negro
Alguien le había dicho hacía tiempo que con los tontos no se discute, que hay que huir de ellos, porque lo único que se puede conseguir es que se te pegue la tontería. Así que cuando notaba el racismo en un grupo, siempre se retiraba de ellos con aprensión.
Sin embargo, un día (por esas extrañas casualidades que se producen de vez en cuando), Andrés se despertó y lo primero que vio fue el color marrón del dorso de su mano. Pensó que probablemente siguiera durmiendo; no es posible cambiar de color durante la noche.
Pero a medida que pasaban los minutos, los contornos del mundo se hacían cada vez más nítidos y, sin embargo, aquel color permanecía. Cuando corrió hasta el espejo para comprobar su aspecto, descubrió que había despertado con los rasgos africanos de su amigo.
Y lo único que se le ocurrió pensar fue: Dios, me he convertido en un negro.
Un negro.
jueves, marzo 22, 2007
Irse
Antes solía pensar que irse de este mundo sin memoria era una broma cruel y funesta, que pasar toda la vida aprendiendo cosas para acabar olvidándolas era un sin sentido, que el olvido era algo que, de alguna manera, oscurecía aún más esta cápsula de incomprensión que rodea al mundo.
Ahora, sin embargo, pienso que recordar más vívidamente las cosas que sucedieron hace setenta años que las que sucedieron hace una semana es una manera de triunfar sobre el tiempo, que pasar los días durmiendo dulcemente en el sillón es un privilegio, que ir desaprendiendo las cosas aprendidas y acabar comportándose como un niño no es mala manera de irse.
Irse así es disolverse, difuminarse. En el blanco.
lunes, marzo 19, 2007
Tenis
Se levantaba cada día a las 6.00 de la mañana, desayunaba, hacía una hora de deporte y se marchaba al trabajo en el banco. Allí entraba con el coche en el aparcamiento y se dirigía a la planta décima del edificio, donde se encontraba la dirección. Era un buen gestor y estaba reconocido en el trabajo. Le pagaban muy bien y la gente se levantaba cuando entraba a las reuniones.
Cuando el departamento de personal organizó aquel campeonato de tenis, pensó que sería una buena oportunidad para conocer algo mejor a sus colaboradores habituales así que se apuntó sin dudarlo. Jugaría los martes y los jueves al tenis con su gente durante dos meses, lo que, sin duda, mejoraría el ambiente laboral.
Cuando acabó el último del campeonato sin haber ganado ni un solo set, intentó no darle mucha importancia. Aceptaba ser el peor jugador de tenis del trabajo, por eso no había problema.
No obstante, despidió a todos sus subordinados y continuó con las clases de tenis.
miércoles, marzo 14, 2007
Memoria
Despertó e inmediatamente advirtió que no recordaba nada concreto de su vida. Sólo conseguía acordarse de cosas generales y vagas: que su país era España; que vivía en el centro de una ciudad del norte. Poco más.
Como no sabía si tenía que acudir al trabajo ni si tenía alguna obligación con la que cumplir, dedicó un par de horas a revisar su propia casa. Una casa pequeña, con un par de habitaciones: un dormitorio y lo que parecía un estudio con mesa de trabajo, ordenador y algunos libros, decorada con buen gusto y que parecía cómoda. Registró el estudio por encima buscando detalles personales pero no encontró facturas ni fotos. A continuación, echó un vistazo a los libros de la estantería del salón, más que nada para descubrir qué tipo de literatura le gustaba. Los libros eran bastante buenos.
Por la ventana podía ver un jardín bastante bien cuidado; su casa parecía un sitio agradable y bonito; le iba bien. Continuando con su inspección fue al cuarto de baño para revisar el tocador y por primera vez se preguntó si viviría con alguien. Aquellos productos de belleza femeninos no parecían propios de un hombre. También encontró parches de nicotina. Quizá fuera fumador y no lo recordara. Como no perdía nada por probar, después de asegurarse de que las llaves que había encontrado eran las de la casa, bajó a la calle y compró tabaco, pero el humo no le gustó nada y le produjo una tos bastante violenta. No parecía que los parches fueran suyos.
Abrió el ordenador con la intención de seguir reconstruyendo su propia vida pero sólo contenía el sistema operativo y algunos programas, como si estuviera recién comprado. Se preguntó si los discos que había encontrado en el salón, y que incluían música rock y algunos clásicos del jazz, serían suyos o de su mujer. Pero la verdad es que no supo responderse.
Sentado en la cama, mientras hojeaba los libros apilados en la mesilla, reparó en lo que parecía un diario. Un marcador de páginas sobresalía dividiendo el libro por la mitad, así que lo tomó entre las manos y lo abrió.
Era el diario de una mujer llamada María. La última anotación decía: "14 de Marzo. Creo que no voy a volver a verlo. Últimamente me da un poco de miedo".
martes, marzo 13, 2007
Magdalena
Al tirar de ese recuerdo petrificado (con ese aspecto de tronco calcáreo, de árbol de cueva), sin darse cuenta, había roto la base con la que se aferraba a su cabeza. Y por ese hueco habían salido muchos otros con los que ahora no sabía qué hacer.
Así que mientras lo decidía, y como les tenía cariño, los había cogido con cuidado (veinte años de inmovilidad atrofian la musculatura) y los había tendido aquí en esta página para que se fueran recuperando.
miércoles, marzo 07, 2007
Risas
Y se echaba a reír con una risa socarrona y grave.
Y yo también. Y ustedes.
Confiésenlo.
martes, marzo 06, 2007
Tildes
Se levantó y se fue.
Llevar los acentos mal puestos en una lectura poética no tiene arreglo.
sábado, marzo 03, 2007
Cita
De hecho, lo dice mucho mejor Wallace Stevens en Adagia: "Las citas tienen un especial interés, ya que uno es incapaz de decir algo que no sean sus propias palabras, quienquiera que las haya escrito".
Y lo que más me gusta de ésta es que el hecho de utilizarla, la confirma.
miércoles, febrero 28, 2007
Deditos
Yo, que estoy aquí y me rasco con placer la rodilla, que noto como los tendones de mi espalda están tensos y enredados y como los huesecillos de mi mano han tenido hoy demasiado trabajo al teclado, que recuerdo un verso o un culo, estoy aquí a este lado escribiendo este texto. Justo en este momento, el impulso de mis dedos está convirtiéndose en señales eléctricas que hacen entender al ordenador cómo poner las palabras así en fila, una detrás de otra, como en un desfile en el que yo fuera la majorette y el músico o un general cualquiera con un montón de galones.
Con estos deditos.
No sé. A veces la tecnología me asusta. Y a veces, también.
lunes, febrero 26, 2007
Huida (con cariño)
Así que hizo lo que solía hacer cuando le sucedía aquello. Se fue sin decir adiós.
Fue duro y le costó acostumbrarse a la nueva ciudad y al nuevo trabajo pero un buen día pudo decirse que ya lo había superado.
Así que se asustó mucho cuando aquel día empezó a presentir que algo iba a cambiar en su vida de forma irreversible.
miércoles, febrero 21, 2007
Augusto
Se llamaba Augusto y a pesar de su nombre, era un tipo ridículo, bajito, con mal aliento y gafas de culo de botella. Sin embargo, era el mejor experto en sellos del siglo XIX que había en todo el país y era tan conocido en el ambiente numismático que los que se ganaban la vida con los sellos le consultaban antes de comprar nada. Vestía el mismo traje ajado desde que tengo memoria. Lo recuerdo hace muchos años con su bigote manchado de nicotina, a la puerta de su negocio, fumando un cigarrillo y mirando burlonamente cuando alguien se detenía a mirar su minúsculo escaparate.
Pero un buen día su negocio permaneció cerrado durante una semana completa y en el bar me contaron que no sabían qué había sido de él. Y la verdad es que me preocupé. Sobre todo porque no hago nada más que darle vueltas a la cabeza pensado en cómo puede escapar de su destino un personaje imaginario. Y acabar muriendo en el tercer párrafo en lugar de en el segundo. Enfisema, claro.
El maldito se ha burlado de mí.
martes, febrero 20, 2007
Invierno
Es un decir, claro. Yo es que soy bastante reflexivo, la verdad, y se me ocurren esas cosas absurdas. El caso es que hace frío y está a punto de llover y es febrero y la gente no se cansa de decir que menos mal que al fin el invierno parece estar ahí y que el verano va a ser terrible y que este año no ha hecho apenas frío.
A mí no me convence lo que dice la gente. Yo con el invierno me hablo poco porque me parece intratable con esa furia y esos remolinos de nieve girando. Lo ves y te dices, pero cómo se va a poder hablar con alguien así que, a la mínima, se empeña en matar mendigos y en arruinar cosechas.
Pero, bueno, a veces no tenemos más remedio que hablar con vecinos intratables para hacer la convivencia más pacífica así que sí que le he dicho algo. Le he dicho que me haga el favor de perdonarme por esta vez. Que no le hago ningún daño. Que estoy aquí en mi rincón sin molestar a nadie y que esta piedra que está a mi izquierda me protege un poco.
Que no se ensañe con el parque de las afueras en el que a mí, pobre inconsciente, me dio por florecer a mitad del mes de enero.
Y eso que mi madre siempre me insistía en que los almendros debemos esperar a principios de abril.
jueves, febrero 15, 2007
Llegar
La barca en la que venía se movía tanto que he pensado mucho en la muerte durante el viaje. Pero al final lo hemos conseguido.
Había mucha gente en bañador. Algunos de ellos se han dirigido hacia nosotros en cuanto nos han visto y han remolcado la barca hasta la arena.
Me han pinchado una aguja en el dorso de la mano y me he dejado caer, postrado por el agotamiento, sobre una toalla que alguien ha puesto debajo de mí.
Nunca olvidaré a la chica blanca en bikini que me ha hecho entrar en calor arropándome con una manta.
He conseguido llegar.
lunes, febrero 05, 2007
Ustedes
Si los husos horarios son realmente arbitrarios porque el planeta no gira sobre sí mismo de hora en hora sino de forma continua, realmente aquí no es exactamente la misma hora que en Burgos. Cada uno de nosotros vive, si extendemos el razonamiento, en una hora ligeramente diferente a la de los demás, porque, aunque la distancia de un metro que nos separa de nuestros semejantes es despreciable respecto al diámetro de la tierra, el tiempo, al igual que el movimiento del planeta, es analógico y se puede dividir hasta el infinito. Así que cada uno de nosotros no comparte, stricto sensu, el tiempo con nadie. Más bien tiene un tiempo en exclusiva para él solo.
Si, por otro lado, pensamos en que el contacto es físicamente imposible, pues lo que nosotros identificamos como contacto, en realidad son estímulos físicos de nuestros nervios cuando los campos eléctricos de los átomos de ambos cuerpos se acercan. Y que, por tanto, lo que nosotros consideramos una caricia, el contacto inmejorable, es una red de campos electromagnéticos entrelazándose.
Pues podemos pensar en que todos estamos muy solos, cada uno en su propia cápsula.
O podemos pensar en el mundo como en un lugar cruzado de trillones de reacciones eléctricas simultáneas. Un mundo de estrellas.
Ustedes deciden.
miércoles, enero 31, 2007
Agua
Cuando llegó a la conclusión de que su cabeza estaba llena de agua hasta la mitad, no necesitó consultar con un médico para saber que sería sano dejarla salir.
Ahora está decidiendo la estrategia para combatir esa inundación que deja todas sus ideas mojadas y deformes. No sabe si va a acabar prefiriendo hablar o llorar.
Traición
Esa novela acumuló polvo durante casi veinte años en las editoriales españolas hasta que Marisol Arbués, Mercè Burrel, Marc Parayre, Hermes Salceda y Regina Vega se sentaron alrededor de una mesa, se juramentaron y después de mucho tiempo de trabajo, trasladaron esa novela al español, llamándola El secuestro y sin utilizar la letra a, la más común en nuestro idioma. En una época en la que los traductores literarios deben hacer todo tipo de trabajos para sobrevivir, ellos también prefirieron jugar.
Un hurra alborozado por Arbués, Burrel, Parayre, Salceda y Vega, eterno ejemplo para los jóvenes aspirantes a traidores.
domingo, enero 28, 2007
Folleto
Cuando caminamos, no prestamos atención al hecho de caminar. Nuestro cerebro automatiza los comportamientos habituales. Pero hay que tener cuidado. Cuidado de no dejar que vivir se convierta en eso, en un comportamiento automatizado.
lunes, enero 22, 2007
Inferencia
los filólogos leen con un lápiz en la mano,
ergo todos los filólogos son judíos.
Yo leo con un lápiz en la mano,
yo no soy ni judío ni filológo,
ergo ¿seré Steiner?
No sé, a veces me confundo. No sé. La niebla nubla mi entendimiento, ¿me estaré volviendo tonto, judío y filólogo todo a la vez?
Para ser Steiner estoy un poco espeso. Vamos, digo yo.
Tacto
Yo dije: "Glub".
Y él continuó: "Debes elegir el sentido que deseas perder. Ya sabes: vista, oido, olfato, gusto y tacto. Debes elegir el que después de este encuentro ya no podrás disfrutar. Piénsalo bien. Esto no es ni un sueño ni una broma. No te despertarás pensando qué tontería... Así que piénsalo bien". Y luego dijo: "Me encanta ser un genio verde. Se os queda una cara..."
Y yo, después de un rato meditándolo, pensé que podría muy bien prescindir del tacto porque, a fin de cuentas, si conservaba la vista no le encontraba yo mucha utilidad. Así que le contesté: "¿Puedo usar el comodín del público?" pero no pareció hacerle mucha gracia y claro, pensé que igual los genios de cuatro metros de altura a los que no queda más remedio que vestir como en las películas de cinemascope no tenían mucho sentido del humor, así que dije: "Prefiero perder el tacto. El tacto, si lo pienso, no me sirve para casi nada."
Y Él dijo: "Pues vale. Desde este momento, no tendrás el sentido del tacto. Ja."
Dos años después decidí entrar en un monasterio. La vida contemplativa es la única opción que te queda cuando el sexo desaparece de tu vida. Todavía se estará riendo el cabrón del genio. Mal rayo verde lo parta.
lunes, enero 15, 2007
Síndrome
-Aunque le parezca raro, se llama síndrome de Cotard y aunque no se han documentado más de cien casos en la literatura médica, es algo que tiene su explicación y que en casos como el suyo, en los que ha existido un traumatismo grave del cráneo, se deben a una causa física. No se está volviendo usted loco.
-Pero es que me miro al espejo y veo que me estoy pudriendo, que poco a poco mi cara se va desencarnando, que debería estar enterrado. Tengo mucho miedo, doctor.
-Se puede tratar. Eso es lo más importante. La medicación que le receté hará que esa sensación se atenúe. Pero, sobre todo, lo más importante es que usted luche contra esa sensación, que racionalmente sepa que es imposible que esté usted muerto. Los muertos no vienen a la consulta del psiquiatra.
-Ya doctor. En eso lleva usted razón. Pero es una sensación demasiado fuerte. Incluso me pregunto si usted no será también uno de ellos, alguien que pretende engañarme, que pretende mantenerme aquí a este lado.
-Debe usted relajarse. Este síndrome también está acompañado de tendencias suicidas, por lo que, si no quiere usted estar muerto realmente, es muy importante que tome la medicación tal y como le prescribí.
-Si le digo la verdad ya me tomé los tranquilizantes. Pero no parecen haberme causado ningún efecto. Yo sigo pensando que estoy muerto. Y eso que me los tomé todos de una sola vez.
viernes, enero 12, 2007
Meme
1.- Cuando era pequeño, en realidad, yo era una niña. Fue al llegar a la pubertad cuando el médico me dijo que mis genes en realidad correspondían al sexo masculino y que la falta de pene se debía a una alteración congénita. Podría haber seguido siendo una niña (para siempre andrógina) y acabar convirtiéndome en una mujer atraída por otras mujeres o podía elegir convertirme en un hombre con un extraño apéndice entre las piernas. Elegí lo último.
2.- Mi primera mujer me engañó durante mucho tiempo. Yo creía que era abogada: tenía amigos abogados, hablaba de casos del juzgado, consultaba a menudo el Aranzadi pero la policía me descubrió que la que yo veía como una perfecta letrada era, en realidad, la pieza clave de una trama de narcotráfico que introducía éxtasis en España procedente de Holanda. Y nunca me dio ni una mísera pastilla.
3.- Durante un tiempo, me aficioné a las órdenes militares y acabé por especializarme en la que supone la encarnación de los ideales caballerescos más elevados. Ahora, sigo el camino del samurai y me muevo como un viento funesto sin que apenas se me pueda ver entre la niebla.
4.- Soy un especialista en pulp americano de los años 50, por lo que estoy habituado a las escenas subidas de tono en las que lúbricas rubias hacen el amor con extraterrestres con forma humana, que sólo pretenden concebir un híbrido para llevarlo a su planeta y someterlo a interminables análisis médicos.
5.- A pesar de mi fascinación por la cultura pop, soy un intelectual sesudo y aburrido que siempre saca temas de conversación a destiempo, como cuando alguien me cuenta que ha estado en Tailandia y hablo de los efectos de la crisis asiática del 93 en la economía occidental. Por ejemplo.
Pero, por esta vez, aquí morirá la cadena. Nada de pasar la proposición a otras cinco personas, entre otras cosas, porque estoy seguro de que las cinco personas que yo eligiera ya han recibido la propuesta por otras vías.
miércoles, enero 10, 2007
Bruno
Era alguien signo de los tiempos: lo quería todo, lo quería ya, y lo quería porque, no nos engañemos, se lo merecía.
Así que cuando decidió acabar con la vida de algunos de sus compañeros de trabajo con una escopeta de caza que tenía desde los catorce años, su primera víctima fue su jefe, ese mediocre que se resistía a reconocer todo lo que le debía. En segundo lugar, mató a Amalia, porque no conseguía olvidar aquella noche en la que ella lo rechazó alegando tener pareja. Y por último, pues siempre acababa lo que había empezado, contempló con curiosidad los ojos negros del arma, respiró hondo y tiró del gatillo.
No llegó a oír el ruido del disparo, claro. Aunque sí que notó su cabeza golpeando contra el suelo a la vez que pensaba que hasta en eso, en la despedida, había marcado una época en aquella empresa de mierda.
jueves, enero 04, 2007
Autobús
Estaba seguro de haber soñado algo agradable porque al despertar, respondiendo a un impulso que no se acababa de explicar y que siempre le hacía abrir los ojos en la parada justa, se dio cuenta de que estaba sonriendo. Lástima no recordar exactamente en qué había consistido. No solía hacerlo, y echaba de menos poder rememorar esa atmósfera extraña de los sueños, con el tiempo convertido en algo elástico y pegajoso.
Con la sonrisa en los labios, pudo comprobar que estaba en el autobús, pero que no había nadie dentro de él y que, además, la parada en la que se encontraba no le resultaba familiar. Algo inusitado porque, hasta ahora, ese despertador inconsciente que llevaba en su cabeza no le había fallado nunca. Se dijo que, probablemente debido a la falta de sueño de la última semana, se encontraba más cansado de lo habitual y que era eso lo que había hecho que no abriera los ojos al aproximarse a la avenida en la que solía bajar para dirigirse al trabajo.
La parada estaba rodeada de una zona de obras y, aunque no supusiera una sorpresa en su ciudad, siempre agujereada por la maquinaria pesada, no conseguía situarla. Conocía el nombre en el que acababa la línea de autobús, pero nunca había estado allí (¿para qué ir a los suburbios sin necesidad?), pero lo que no sabía era la manera de regresar al centro. De huir de aquel socavón.
También le había sorprendido no hallar al conductor del autobús dentro del vehículo ni fumando un cigarrillo en los alrededores (¿dónde estaría?). Veía las grandes máquinas amarillas, veía los coches pasando a toda velocidad y veía los bloques de apartamentos con antenas como coronas de hojalata, pero no veía dónde estaba el conductor del autobús.
Un ligero sentimiento de incomodidad empezó a extenderse desde su zona lumbar hacia arriba. Había algo allí que no cuadraba del todo, pensó, a la vez que advertía que la zona estaba demasiado silenciosa para ser una zona de obras. Si las máquinas alemanas estaban violentando la naturaleza y arrancando toneladas de tierra y lombrices, no tenía sentido que no hubiera un tremendo ruido, de esos que dejan la mente en blanco porque el cerebro parece incapaz de ocuparse de otra cosa que no sea protegerse. Así que decidió bajar del autobús y preguntar.
Las puertas del autobús estaban abiertas, como si todo el mundo hubiera escapado corriendo, así que se levantó y se dispuso a bajar. Sin embargo el suelo del autobús parecía hecho de piel de pescado y resbaló. Estuvo a punto de caer, pero consiguió evitarlo poniendo una mano sobre él. Desde aquella postura, pudo comprobar que lo que le había parecido piel de pescado, era, efectivamente, piel de pescado: escamosa y con dibujos geométricos, con un olor ligeramente putrefacto.
En aquel momento, su mente comprendió que en realidad no se había despertado, que seguía durmiendo en el sitio que había encontrado (por subirse al autobús al principio de la línea), por lo que intentó abrir los ojos a pesar del engaño de su mente, que le estaba diciendo que el autobús y el socavón y la maquinaria alemana eran reales. Pero no lo conseguía. No conseguía abrir los ojos porque su mente le decía que ya los tenía abiertos, que aquello que podía ver era lo que realmente existía más allá de los cristales sucios del autobús.
Combatir un sueño desde dentro es difícil. Hay que ser fuerte. Y hay que ser capaz de superar el extrañamiento, hay que ser capaz de recordar qué es la realidad, por qué es imposible que un autobús tenga el suelo hecho de piel de pescado. Pero, después de un gran esfuerzo, en el que se sintió como si hubiera visto el final de una carrera en directo antes de que se diera el pistoletazo de salida, lo consiguió.
Estaba seguro de haber soñado algo agradable porque al despertar, respondiendo a un impulso que no se acababa de explicar y que siempre le hacía abrir los ojos en la parada justa, se dio cuenta de que estaba sonriendo. Lástima no recordar exactamente en qué había consistido. No solía hacerlo, y echaba de menos poder rememorar esa atmósfera extraña de los sueños, con el tiempo convertido en algo elástico y pegajoso.
martes, enero 02, 2007
Feliz año nuevo
Cuando una excavadora contratada por el ayuntamiento ha abierto un boquete por el que intentar rescatar a los habitantes de la primera casa de la urbanización más cara de toda la ciudad, sólo han hallado ceniza en suspensión y luciérnagas.
Las luciérnagas han huido por el hueco recién abierto, por lo que no se ha podido comprobar que formaran el letrero: “Feliz año nuevo”, tal y como afirmaba una y otra vez el obrero que pasó por el hueco en primer lugar.
Que además, insiste en decir que, por mucho que se lave, la ceniza no se le va del cabello.
viernes, diciembre 22, 2006
Feliz Navidad
Va cayendo la lluvia cansada de las horas sobre nuestra cabeza y esa lluvia va lavando con mucha paciencia los restos de piel muerta que impiden respirar a nuestro cuerpo. Llueven los segundos, y los minutos de forma imperceptible sobre nosotros y se deslizan por nuestra piel, dejando marcas imperceptibles que como las escorrentías que el agua prefiere cuando baja de la montaña, cada vez se hacen más profundas. Nuestras arrugas no son sino cauces por los que el tiempo ha corrido.
Por eso nos gustan los momentos en los que parece detenerse un instante para luego seguir con su burbujeo tranquilo. Por eso nos gustan las celebraciones anuales y las cuentas atrás del último día del año.
Feliz Navidad a todos.
jueves, diciembre 21, 2006
Microrrelato navideño
Incluso allí, en su ciudad de toda la vida, en Buenos Aires.
miércoles, diciembre 20, 2006
Gorrión
Este que escribe, y que soy yo pero no soy yo, como siempre que se juntan palabras en un papel, normalmente piensa en lo segundo, piensa en la fragilidad despojada de las cosas, en lo extraño que resulta estar aquí, así que escribiría algo como: “Encontré un gorrión. Tenía frío y estaba herido. Parecía hinchado porque había ahuecado las plumas. Podía sentir su calor, un pequeño foco de calor entre mis manos heladas, pero para alguien como yo, ese calor era el símbolo de lo que nunca podría tener. Al aplastarlo crujió entre mis manos como las astillas bajo el martillo.”
Pero en realidad, este que escribe, y que sigue siendo yo pero sigue sin serlo, querría más bien contar: “Encontré un gorrión herido y me lo llevé a casa. No sé qué me impulsó a cuidarlo y a alimentarlo con pan y leche. No parecía tener nada roto porque al cabo de una semana sus pequeños chillidos me recibían al llegar. Hasta que uno de aquellos días se fue. Yo siempre le dejaba la ventana abierta para que volara cuando le apeteciera. Y eso hizo. Ahora, siempre que miro al cielo hay un pequeño pájaro que me mira. Tengo la impresión de que se preocupa por mí. Me hace sentir mucho mejor: acompañado. Ya no estoy tan solo, y si hubiera sabido que aquel gesto mínimo era suficiente para notar esta calidez en el pecho, hubiera hecho algo así mucho antes. Es algo mágico, la verdad. No tengo otra manera de describirlo”.
Creo que debería psicoanalizarme.
Cuando consiga averiguar cuál de los dos tiene que ir a la consulta, claro.
jueves, diciembre 14, 2006
Trauma
Creo que el médico llevaba razón y estoy mejorando. Fantasear con algo que nunca pudiste hacer en la vida real es una manera de conjurarlo, una catarsis en su sentido original, tal y como decía Aristóteles.
Por eso la semana pasada maté a mi profesor de catequesis. Apreté su cuello hasta que dejó de respirar, como si no importara tener doce años y las manos pequeñas y frágiles, como si de repente hubieran crecido, se hubieran endurecido y llenado de callos, las manos rasposas de un hombre habituado al trabajo físico anudándose alrededor del cuello blanco y algo flácido de aquel cabrón melifluo y delicado. Me gustaba apretar y notar como la sangre dejaba de latir bajo mi fuerza, notar como aquel hombre dejaba de debatirse contra lo inevitable y ver sus ojos inyectados de sangre horrorizados por una muerte sin confesión (ya inservible el comodín del arrepentimiento católico) ahora que comprendía que no habría una segunda oportunidad, ahora que comprendía que aquello que nos había hecho no iba a quedar sin castigo.
Dejó de debatirse en cinco minutos. Los mejores cinco minutos de mi vida.
Creo que el médico llevaba razón y estoy mejorando.
lunes, diciembre 11, 2006
Citas
Pero, al final, ahí escondida, encuentro una cita que me gusta tanto como para traerla aquí, una cita que parece contradecir el sentido de lo que acabo de leer.
"Yo no tengo personalidad, solo soy un hombre nervioso".
Joseph Brodsky.
El humor me desarma. No puedo evitarlo.
domingo, diciembre 10, 2006
Necrológica III. Chile (por fin)
No sé si alegrarse de la muerte de un hijo de puta me convierte en alguien sin corazón. Pero me alegro y me da igual. Un hijo de puta menos en el mundo.
Ahora, señora enlutada, a por los demás. No será por falta de trabajo, no.
jueves, noviembre 30, 2006
Clara
Con un protagonista escondido en un apartamento, justo debajo de la pensión maloliente donde vegetan los adictos más tirados del barrio, que se dedicara a hacer fotos en secreto a los transeúntes. Enganchado, tanto como los heroinómanos a lo suyo, a la suciedad, a lo más oscuro del alma humana y capaz de alquilar aquel sucio lugar sólo para poder mirar por la ventana y fotografiar aquel paisaje de venas y temblores.
Y, por supuesto, con un final digno del relato. Con este amigo revelando una de sus fotografías y quedando para siempre afectado por la imagen de su novia del instituto, tan dulce y tan educada en aquellos años, con la tez del color de la cera, con cercos de color violeta debajo de los ojos y con una jeringuilla todavía en el brazo, muerta, muerta, muerta y, además, muerta, que se pregunta cómo es que no se dio cuenta en la tira de revelado que aquella pobre yonqui muerta era Clara, su primer amor, aquella chica encantadora de tan buena familia.
¿No?
jueves, noviembre 23, 2006
Futuro
Ya el teclado se ha convertido en una extensión natural de nuestros cuerpos, cumpliendo así uno de los preceptos que todos los escritores de ciencia ficción respetan: la fusión de la carne y la máquina. Ya estamos caminando por el futuro y ni siquiera lo advertimos. Cuando queramos darnos cuenta todas las distopías se habrán entrelazado de tal forma en el mundo que nos resultará realmente difícil distinguir dónde acaba el control absoluto del estado (fueron a por los fumadores, ahora van a por los gordos y pronto se encargarán de los feos), dónde la manipulación genética (por ahora no es necesario crear una raza de esclavos, ya empeñan ellos sus ganancias de años para cruzar el mar jugándose la vida y así poder trabajar para nosotros por algo más que la comida y la cama –cama por turnos, compartida de seis en seis horas-) y dónde la estupidez ha empezado a quemar libros (ya estamos dejando de entender los libros sin imágenes).
Y un día miraremos hacia atrás y comprobaremos que no hemos cruzado por el vado adecuado y que la inundación del futuro nos ha arrastrado, pillándonos por sorpresa cuando pensábamos estar a resguardo.
Silencio
El silencio es imposible. Salvo en la palabra "silencio".
Encajar
Después, el médico le sutura la ceja rota, le endereza el puente de la nariz y sigue entrenándose para el siguiente combate. Como Muhammad Alí en el combate del siglo contra Foreman: casi todo el combate encajando, su cerebro retumbando contra su cráneo camino del Parkinson y aguantando hasta conseguir colocar un gancho que derribara a su contrincante.
Tal vez encajar sea algo que a lo que todos nosotros deberíamos aprender. A cosernos los puntos mirándonos al espejo, a notar la sangre en la boca, con ese sabor metálico y salobre. A derrumbarnos y ser capaces de apoyar las manos en el suelo, contraer los músculos y volver a levantarnos aunque sea tan sólo para volver a caernos, cegados por la hinchazón de los ojos.
Para que así, cuando suene la campana en el asalto final, poder decirnos que hicimos todo lo que pudimos, que lo intentamos de corazón, que nos cubrimos y tiramos muchos golpes, que mantuvimos el juego de piernas, que nunca perdimos la cara, que fuimos valientes, pero que el contricante era, a pesar de ser un hombre delgado y pálido, demasiado fuerte y estaba muy bien entrenado.
Y además nunca jamás había perdido un combate. Ni jamás lo hará.
viernes, noviembre 17, 2006
Caravaggio
Apasionado y pendenciero, duelista y frecuentador de los bajos fondos, el pintor no llegó a viejo. Pero, ¿qué más da? Cuatrocientos años después, su rostro nos mira desde el “David vencedor”, desde la cabeza cercenada de Goliat. Un pintor que se retrata como el gigante vencido por el pequeño David (que tampoco es que luchara con limpieza, las cosas como son) es alguien que cuenta con todas mis simpatías. Pero alguien capaz de utilizar a la puta con la que convivía como modelo para el rostro de la Virgen y a los raterillos y chaperos adolescentes con los que se desfogaba para pintar seráficos personajes bíblicos es mucho más. Alguien así es un artista de la subversión.
Y además un pintor maravilloso.
lunes, noviembre 13, 2006
Paisaje con trenes
Me fijo sobre todo en los vagones de reparación, capaces de adosarse a la maquinaria y prestarle atenciones de médico. En su dignidad de máquinas desechadas.
Allí están, impasibles, viendo como sus hermanos, más modernos y mayores, más rápidos y más redondeados, pasan a toda velocidad por las vías. Pero eso no les importa. Están más que acostumbrados a sentir como el sol y los cambios de temperatura van cuarteando lentamente su pintura, cómo el acero reluciente de otros tiempos se transforma en algo quebradizo; a apreciar como el color anaranjado del atardecer va cambiando imperceptiblemente cada día.
Y en ese rato mínimo en el que he estado observando los trenes, me he sentido tan bien allí, calentado por el sol, que no me ha importado estar seguro de que la misma oxidación que recubre el metal de esos vagones acabará conmigo tarde o temprano.
viernes, noviembre 10, 2006
Cambios
¿Cómo es posible que haya llegado a esto?, ¿en qué momento se fue todo a la mierda? Uno se limita a levantarse a diario, a ponerse con cuidado los calcetines y la ropa interior, a sorber (sip en inglés, una palabra que le parecía más exacta) rápidamente un té templado, a salir con la música puesta y a intentar llegar a casa a una hora razonable. Pero llega un día en que mira hacia atrás y ve una línea, una trayectoria que no había advertido cuando transitaba por ella, a la manera de un camino forestal que no se diferencia de cualquier otro camino entre los árboles y en el que aparecieran las señales una vez que se ha pasado por él. Y esa línea estaba ahora entre dos aguas, justo en una cresta entre valles.
Así era su vida ahora. Una vida con una extraña falta de responsabilidad, que se veía asaltada por recuerdos, por imágenes, por sabores y olores de otro tiempo, de un tiempo en el que había alguien ahí para recoger sus pedazos cuando, debido a la fragilidad de su carácter (siempre había sido un tipo apocado) se hacía añicos por alguna minucia.
Y fíjate ahora. Solo. Solo y acorazado. Con una cubierta de acero que encerraba un corazón de cristal, como si su cuerpo fuera un experimento del siglo XVIII.
Ya no era el mismo, había cambiado como producto de la necesidad, había mutado, se había transformado en otro. Alguien preparado para afrontar los sinsabores. Pero, eso sí, alguien que, recordando los versos de Rosales, a menudo se bañaba con la tristeza propia de un suicida, porque todo es igual y tú lo sabes.
Por eso, porque aunque pretendiera no estar afectado por esa tristeza difusa que se había condensando en su habitación, en su comedor y en su estómago, había acabado por decidir cambiar de casa, de país y de idioma. Y, por supuesto, de plano.
Había decidido irse a vivir a la realidad. Estaba harto de vivir en este relato triste de abandono. Estaba seguro de que la realidad ofrecería otras perspectivas. Incluso, de vez en cuando, podría tener algún buen día, de esos con alegría y carcajadas. ¿Quién sabe? De lo que estaba seguro es que no soportaba vivir ni un segundo más en estas 526 palabras.
miércoles, noviembre 08, 2006
Detalles
Como cuando vas caminando bajo la superficie entre cientos de personas sin prestar atención, dejando el gobierno de tu cuerpo al cerebelo, y de repente un olor a bollos recien hechos te despierta o cuando, entre tantos olores desagradables, descubres a una mujer a quien le sienta especialmente bien el perfume que se ha puesto ese día.
Oir carcajadas sin venir a cuento, ver que dos personas mantienen una conversación sin hablar, observar como un gorrión levanta un trozo de manzana del suelo para disfrutar de un menú completo: hormigas y postre.
O disfrutar de una tarde sin teléfono dentro de un libro de esos que se olvidan a la vez que se acaban.
Detalles.
martes, noviembre 07, 2006
Tiempo
Eso le hacía sentirse un poco decepcionado con su cerebro porque, a fin de cuentas, que un órgano en el que, de alguna manera, había cristalizado el azar después de un par de miles de millones de años (los organismos unicelulares y los pluricelulares y la complejidad de la vida y el sexo y todas esas cosas, así a grandes rasgos), después de tanta vaina y tantos cadáveres y tanta adaptación y tanta lucha por la vida y tal, fuera un estúpido que no se diera cuenta de que el tiempo no transcurre, de que el tiempo es, le parecía un timo. Daban ganas de pedir explicaciones, la verdad. Pero así era la cosa.
La ventaja, eso sí, era que, después de leer aquello, se había conformado inmediatamente. Se había conformado de todas todas, así que los signos de envejecimiento (sus canas tiesas y más largas que los demás pelos de su barba, sus venas marcadas en las manos, sus arrugas en las comisuras de los labios y en los alrededores de los ojos, sus rodillas doloridas, su vista cansada y sus frecuentes lumbalgias) ya no le importaban en absoluto porque ahora sabía que todos aquellos síntomas solo eran una cuestión de percepción. La verdad teórica, el funcionamiento de la realidad era muy otro. Así era la cosa.
Y por supuesto, pasar casi tres horas diarias en el transporte público yendo de un sitio a otro en una ciudad congelada por la indiferencia, tampoco tenía ninguna importancia. Ni la más mínima.
Así que le había dado por pensar, en uno de esos interminables viajes en metro, que definitivamente la física era mucho mejor que la autoayuda.
Dónde va a parar.
viernes, noviembre 03, 2006
Nódulos
Tiempos de lodo y fango. Tiempos oscuros en los que no es posible ver bajo el agua, apreciar la claridad de la corriente, del mainstream (que diría un norteamericano).
Tiempos de duda, de turbiedad, de confusión, de mezcla. Tiempos en los que el tiempo libre y el de trabajo, la amistad y la desatención, la sequía y las inundaciones se enredan como una bola de pelo que se quedara atorada en el desagüe.
Nódulos, cúmulos, embrollos, tumores, mutaciones, conejos modificados genéticamente para ser fluorescentes, vocales y acentos que se van por la alcantarilla al comunicarnos con los demás, avisos sonoros, la lenta e implacable música de las horas (los ordenadores latiendo dos mil millones de veces por segundo), ingenios difusos que nos analizan a través de lentes de aumento, inteligencia distribuida, imágenes, sexo, violencia y la lluvia ácida corroyendo con parsimonia las fachadas oxidadas de los edificios más nuevos.
Pero todavía hay veces en los que el temblor de la carne caliente nos conforta, todavía hay veces en las que el resplandor de una palabra o de una pincelada nos conmueve, todavía hay veces en las que
el curso de esta tarde tan alejada y lenta,
sin afanes y solo,
esta tarde tranquila en la que amar
lo gris, lo no tan brusco ni glorioso:
perderme en mi interior sin ambiciones,
asumir la penumbra y deslizarme.
Reflexiono en mi cuarto
mientras llueve, parece innecesaria
cualquier exaltación.
Las cosas, lo que exigen.
martes, octubre 31, 2006
Vendedores (refutación a Bryce)
Quizá el término asaltar no fuera el más adecuado para aquel primer párrafo que había quedado ahí arriba justo antes del punto, porque aquellos vendedores no eran más agresivos que los vendedores de seguros que merodean por las urbanizaciones del extrarradio, pero es el que se le había pasado por la cabeza cuando había recordado como se comportaban. Así que ahí se quedaba.
Los vendedores se aproximaban a los coches con decisión pero, como en cualquier otro comercio ilegal, para ofrecer su mercancía tenían que saber las preferencias de los conductores. Los efectos de la heroína y los del éxtasis no tienen nada que ver y un camello que se precie no puede confundir a un habitual de una sustancia con un consumidor de la otra porque los efectos para el negocio pueden ser terribles. Enseguida se convertiría en un dealer poco fiable, en alguien a quien nadie, ni siquiera a las ocho de la mañana del domingo más canalla del año, buscaría para comprarle una dosis. Por eso, porque en el fondo eran personas responsables, los vendedores siempre preguntaban en primer lugar: ¿libro técnico?, ¿literatura?, y a estas preguntas seguían otras, ¿ficción?, ¿no ficción?, y a cada bifurcación otra más, ¿historia?, ¿política?, hasta que por fin, el vendedor que te hubiera tocado en suerte en aquel semáforo decidía que tenía suficiente información para proponerte, en medio de complicados arabescos retóricos, un título. El título. El que estabas buscando desde aquella remota época en la que aprendiste a leer y a disfrutar de un cuento que nadie te contaba, sino que te contabas a ti mismo dentro de tu cabeza.
Y si había acabado pensando que aquel contrabando era en realidad una riqueza, más propia de un país nórdico que del suyo, fue porque en uno de aquellos semáforos, en uno de aquellos puntos de raedura de la realidad, compró una antología norteamericana de cuento y descubrió el que iba para siempre a ser su personaje favorito: Bartleby.
lunes, octubre 30, 2006
Niebla
Pero ésta, a medida que pasaban las horas, pareció espesarse y hacerse más densa, como si quisiera envolverlo todo de invisibilidad.
Después de una semana en la que las predicciones meteorológicas dejaron de tener sentido, se fue por donde había venido.
Las autoridades, sin embargo, no pudieron ofrecer una explicación satisfactoria a la repentina desaparición de todos los gatos de la ciudad. A pesar de la búsqueda no se pudo encontrar ni un solo cadáver.
La segunda vez que vino la niebla, un año exacto después de la llegada de la primera, se llevó a los perros.
Al siguiente año, todos los habitantes de aquella ciudad se llevaron lejos a sus hijos, por si acaso. Una semana antes del aniversario ya no quedaba un solo niño en la ciudad. El día señalado, la niebla llegó puntual a su cita anual y cubrió la ciudad con una capa blanquecina y espesa. Durante toda la semana, la ciudad esperó colapsada y aguantando el aliento.
Ese año, sin embargo, la niebla se llevó a los mendigos así que la mayoría de los asustados habitantes dio por buena la desaparición de perros y gatos a cambio de tener una ciudad más limpia.
Cosas de la vida urbana.
Einstein
Con esta frase trataba de rechazar la realidad cuántica, en la que no se puede conocer el estado de una partícula sino tan sólo la probabilidad de que dicha partícula se encuentre en ese estado. Trataba de rechazar la realidad en la que la observación puede modificar el estado observado. La realidad en la que dos partículas pueden estar entrelazadas y encontrarse siempre en el mismo estado, sin que exista ninguna fuerza que las una, tan sólo porque las cosas son así.
Quizá, señor Alberto, sólo se trate de que los dados son, en realidad, el único Dios que existe.
viernes, octubre 27, 2006
Inédita
Cuando la termine, la envolverá con cuidado con papel encerado y la dejará en su armario, justo encima de las otras dos.
Porque la gracia, tal y como decía aquel poeta que escribía los versos en papel de fumar e inmediatamente se liaba un cigarrillo con ellos, está en escribir.
Y lo demás no importa.
miércoles, octubre 25, 2006
Bautizos
Siempre he sido buena cristiana y el buen Dios me ha recompensado. Pero, aunque la ira es el azote del mundo, no pienso consentir que una secta de advenedizos que se hace llamar de los Santos de los Últimos Días, archive mi nombre para bautizarme y, según ellos, permitirme entrar en alguno de sus tres paraísos. Yo estoy bien en el mío y exijo a quien corresponda que pare esta sangría en el Cielo.
Ya he perdido a tres amigas, y estoy empezando a hartarme de no saber si voy a poder volver a conversar con mis seres más queridos aquí arriba.
Si encima de que cada vez venía menos gente nueva empezamos a perder a los antiguos, esto va a parecer un páramo. Un páramo desolado.
Aunque siga estando Él.
Lluvia
Y como todo es imaginario y no está sujeto a las aburridas leyes de la realidad, me elevo sin esfuerzo y contemplo la ciudad a quinientos metros de altura. A esa altura, las calles aparecen limpias y el mundo parece un lugar mejor. Desde ahí, la vista quita el aliento.
Y desde ahí arriba pienso que, de vez en cuando, es necesario dejarse mojar por la lluvia porque sólo ella es capaz de limpiar ciertas impurezas.
lunes, octubre 23, 2006
Miembro fantasma
Lo que nadie le explicó es que, años después de perderla, iba a seguir sintiéndola. Nunca había pensado que algo que había desaparecido pudiera doler.
Aunque, ahora que pensaba sobre ello, quizá que te duela algo que ya no está sea tan común como, en un día lluvioso, observar los caminos del agua en el cristal de la ventana.
miércoles, octubre 18, 2006
Eiffel
Además, que la electricidad siga llevándose de un sitio a otro de esa manera ha conseguido que Eiffel se sienta tan orgulloso de sus creaciones metálicas que ya no echa de menos el cielo cristiano. Dios le condenó por positivista, por pensar en el mundo como una gran maquinaria sin alma pero no imaginó que allá donde le mandó iba a estar en la gloria.
Allá en su paraíso de engranajes y tornillos.
Procesión
Así que allí se dedican a la conversación intrascendente y la palabra respiro dice “ya tengo pies” y entonces la palabra de dice “un respiro” (será mejor no esperar grandes revelaciones pues, a fin de cuentas, son sólo palabras y después de todo el día caminando y parando en las tabernas con azulejos a beber el vino de la casa están un poco borrachas y no dan para más).
De todas maneras, la conversación no se extiende mucho pues tienen que volver pronto a un libro de literatura realista de los años cincuenta que, por casualidad, un visitante ha llevado con él y ha dejado abandonado en la mesilla. El muy inconsciente.
lunes, octubre 16, 2006
Jardín
Allí había visto su primer zorro, había montado por primera vez una tienda de campaña y había calzado por primera vez unas botas de montaña. Estaba seguro que el territorio tenía kilómetros de extensión. Una mancha virgen muy cerca de la capital de provincia donde se había criado.
Pero ahora descubría la verdad: de aquel mítico rincón sólo quedaba un jardincito de mierda entre urbanizaciones. No podía creelo. Sencillamente, no podía creer que las autoridades dejaran que ocurrieran estas cosas. ¿Para esto pagaba sus impuestos?, ¿para esto siempre había respetado la ley?, ¿para esto? No. Para esto no. Ni mucho menos.
Según escribió Juan Antúnez en el periódico local, el cabo de la Guardia Civil, Ernesto Garaitz, en cumplimiento de su deber, acabó con la vida del ya famoso habitante de la zona conocida como la "dehesa" el 10 de Octubre de 2008. Según el informe oficial, un hombre con la ropa muy deteriorada, con barba de meses y ojos de alucinado le había salido al paso gritando "por mis tierras no pasa nadie", derribándole de la moto con una gran estaca. El cabo se vio obligado a disparar su arma reglamentaria dos veces, alcanzándolo en el pecho. El servicio de emergencias sólo pudo certificar su muerte cuando acudió al lugar de los hechos. El suceso está siendo investigado aunque, debido a que ninguno de los habitantes del pueblo cercano ha podido aportar la más mínima pista, habrá que esperar a las pruebas de ADN para identificar a la víctima.
martes, octubre 10, 2006
Tedio
El tedio no está mal como problema pero como síntoma es terrible. Porque quizá lo que el tedio nos hace preguntarnos es algo que no queremos preguntarnos, es algo como si estamos contentos con quienes somos, con la vida que llevamos, con la compañía con la que viajamos o con la falta de compañía. El tedio parece sólo aburrimiento pero en realidad nos engaña con esa capa superficial que no tiene importancia, nos engaña con esa minúscula película que lo recubre y que creemos poder borrar con actividades y nuevas rutinas, con nuevos cursos de enología y nuevas lecturas, con deporte y actividades, con un nuevo baile de salón aprendido, con un nuevo viaje que nos haga durante un tiempo no preguntarnos más allá de lo que vemos, de lo que fotografiamos, de lo que pensamos cuando conseguimos salir de la rutina y creemos engañarlo.
Pero el tedio no se deja engañar y sigue ahí escondido agazapado esperando que la rutina que hemos conseguido crear a nuestro alrededor para hacernos sentir más seguros, para hacernos sentir parte de algo, para hacernos sentir útiles salte por los aires cualquier día de otoño en el que el cielo se ha vuelto blanco y parece que alguien detrás de nosotros nos contemplara con indiferencia. Como si hacer las cosas que ocupan nuestras horas tuviera más sentido que mirar al techo sin pensar en nada mientras acariciamos dulcemente el lomo de un libro sin atrevernos a abrirlo porque sabemos en el fondo que ésa no es la manera de engañarlo. Al muy hijoputa.
Orden
El mundo, tal y como repite todos los años uno de mis profesores, se ordena bajo el hechizo de la música. Las cosas más tristes y sórdidas pueden ser destellos dentro de una canción. El cielo gris sobre las cabezas de los mendigos, que arrastran carritos de supermercado llenos de restos inservibles; las pobres prostitutas tiritando con su ropa mínima bajo el abrigo; las volutas de humo de los coches; las carreteras brillantes como si fueran espejos; las luces de los semáforos detrás de la cortina de lluvia. Todo parece tener un significado oculto dentro de una canción.
Todo parece puesto ahí justo para encandilarnos, para asombrarnos.
Si alguien puede conseguir esa sensación sin música es que es poeta.
lunes, octubre 09, 2006
Doble
Ayer, mientras curioseaba en unos grandes almacenes, a Andrés le pareció ver a su abuela entre la multitud.
Aquello no tenía nada de particular, pues su abuela vivía en su ciudad y todavía era una mujer vital que quizá estuviera buscando un regalo para alguno de sus hijos o nietos. Su abuela era joven para ser la abuela de alguien en plena madurez. Él era el mayor de sus nietos y su madre lo había tenido muy joven, a los diecinueve años.
Sin saber exactamente por qué, no la saludó; en su lugar la siguió disimuladamente, con cuidado de que no le descubriera. Tampoco se explicaba aquel impulso repentino y ahora daría lo que fuera por olvidar lo que vio.
Sin embargo ya es demasiado tarde. Lo que vio le ha perseguido desde entonces pero tampoco se ha atrevido a preguntar, le ha hecho perder el sueño en más de una ocasión, pero es difícil hablar de ello. La vio besar a alguien que no era su abuelo. No sabía por qué ese estúpido impulso había permanecido en él. No sabía por qué había insistido en seguirla a pesar de que parecía caminar furtivamente, fijándose con demasiado interés en la gente con la que se cruzaba, volviendo la cabeza de vez en cuando.
Intentaba pensar en la historia de forma amable, intentaba felicitarse por ella, que en la vejez había conseguido a alguien con quien compartir sus últimos años pero no lo conseguía, era demasiado para él. No. La verdad es que no lo aprobaba y eso le resultaba aún más extraño. ¿Quién era él para opinar sobre la vida de su abuela? ¿Acaso no sabía por propia experiencia que algunas veces uno no se comporta de forma racional? ¿Que la atracción se puede presentar de forma inesperada?
jueves, octubre 05, 2006
Hugo (homenaje)
Días antes, su abuela le ha hablado de sus ancestros. Su sangre tiene parte inglesa y francesa, parte sefardí y parte turca. Entre sus antiguos parientes se cuentan miembros de sectas secretas y magos y eso le hace sentirse un poco más cerca del sueño que siempre ha acariciado: haber sido descendiente directo del Corsario Negro o de Sir Francis Drake.
En Abisinia, este niño vivirá durante ocho años y en África se hará adulto. Por eso quizá los libros de Conrad, de Melville o de London serán tan importantes para él. Los barcos a vapor que recorren los ríos sudamericanos infestados de insectos, el honor y la dignidad, los viajes y los indios formarán parte de su vida, y, en gran parte, debido precisamente a las historias de esos libros. Pero él aún no lo sabe.
Un buen día, mirará un ejemplar de Spirit, el tebeo de Will Eisner, donde un héroe con ropa de detective de cine negro y con un antifaz, se dedica a ayudar a los débiles y a hacer que triunfe la justicia y sus ojos brillarán con emoción mientras lee sus aventuras. Ese descubrimiento será definitivo porque marcará el camino que seguirá para ganarse la vida: será dibujante.
Un dibujante que acabará por crear un personaje que llevará gorra y un gran arete de oro en la oreja izquierda, con largas patillas negras, muy pobladas; con una gorra de marinero y que se habrá hecho con una navaja una nueva línea de la fortuna porque la que tenía de nacimiento no le gustaba. Que tendrá amigos que serán antiguos presidiarios, magos, sacerdotes de vudú, anticuarios obsesionados con las viejas leyendas o catedráticos alcohólicos a quienes se limitará a rescatar de la cárcel sin hacerles un solo reproche. Ese personaje será un aventurero que se llamará Corto Maltés.
Pero eso será después de muchos años. Ahora, ese niño mira el parpadeo blanquinegro de la pantalla y disfruta. Él aún no sabe que será el gran Hugo Pratt.
lunes, octubre 02, 2006
Walser
Así que comprendo cada vez mejor la obsesión de Robert Walser, tal y como describe Vila-Matas en una de sus novelas (de la que ya no recuerdo el título pues Vila-Matas siempre escribe el mismo libro) por enmudecer, por desaparecer, por difuminarse.
Por eso sus microgramas, su testamento literario (526 hojas ilegibles, todas de diferente formato y cubiertas de una letra minúscula, escritas durante parte de su estancia en un manicomio), tuvieron que ser rescatadas y editadas pacientemente durante quince años. Werner Morlang y Bernhard Echte, según parece, fueron los que se encargaron de esta labor. Y así, editando los microgramas de Walser, acabaron contradiciendo para siempre su espíritu.
Claro que en el momento en el que Robert Walser advirtió desde el más allá (aún con cara de sorpresa por haberlo encontrado al fin) que estaban recuperando su nombre para las historias de la literatura, no pudo evitar convertirse en el fantasma familiar de las casas de sus amables benefactores.
Que, desde entonces, no durmieron nada bien.
sábado, septiembre 30, 2006
Centro
El centro de Madrid es ese sitio donde puedes ver a hombres minúsculos que llevan bicicletas para niños de tres años pero que te miran ceñudos y desafiantes, ese sitio donde hay gente que se gana la vida disfrazándose y quedándose quieta para que les tomen fotos, ese sitio donde los adictos también se quedan quietos pero no consiguen que nadie quiera hacerse fotos con ellos, ese sitio donde decenas de niños de colores juegan al fútbol.
lunes, septiembre 25, 2006
Músculo
Si el sordo retumbar contra las rocas (sístole) que muere, mínimo al fin, contra la playa (diástole), tiene algo que ver con nuestro corazón: ese músculo quebradizo por tanto cambio de temperatura.
Perspectiva
No obstante, prefiero imaginar el deslumbramiento y la emoción del científico, tan parecidos a la belleza, cuando consiguió descifrar ese alfabeto porque, aunque la ciencia nos deja solos y nos dice que no somos más que materia altamente organizada, se nos ha convertido en la única religión posible.
Cuestión de perspectiva.
jueves, septiembre 21, 2006
Cadena
Creo que hablar de mejor o peor no tiene sentido, pero sí que tengo algún preferido: Éste y éste.
Me siguen gustando y ha pasado mucho tiempo, lo que supongo que algo querrá decir. O no. O quizá quiera decir exactamente eso. Que me siguen gustando. Y ya.
Ah, la vanidad.
Como es una cadena (se me había pasado, la verdad) les he pasado el encargo a Danae y a Princesa (que ya sabemos todos que si una cadena se rompe se convocan todo tipo de males)
martes, septiembre 19, 2006
Atardecer
Estar allí es como estar en cualquier otro sitio. En un aeropuerto, la nacionalidad casi no se nota.
Pero sobre todo, me gusta estar en el aeropuerto a esa hora porque es el preludio del vuelo al atardecer.
Un atardecer eterno en la ventanilla. Con todos esos naranjas y azules.
Eterno.
lunes, septiembre 18, 2006
Cubos
Excepto en casos excepcionales, las líneas rectas no existen en la naturaleza. Son sólo construcciones mentales de esta especie de monos a la que pertenecemos.
Los perfectos cubos de cristal en los que se desarrollan nuestras vidas laborales son, por tanto, la muestra perfecta del dominio que hemos conseguido ejercer sobre el medio natural, por eso cuando los contemplamos, nos sentimos extrañamente orgullosos. Somos, sin duda, los reyes de la creación.
Y además tienen preciosas vistas a subestaciones eléctricas de alta tensión.
No creo que se pueda pedir más.
miércoles, septiembre 13, 2006
Opatja
Este hotel croata, donde lo más significados miembros de la nomenklatura yugoslava venían con sus mujeres o con sus queridas, se cerró en 1989 con la caída del muro, sólo que los clientes que estaban dentro no lo advirtieron. Todos los clientes pasan la sesentena y parecen funcionarios estatales de vacaciones, su ropa ajada y sus sandalias de cuero hablan de otro tiempo; la recepcionista no ha advertido que su pelo rubio está entreverado de canas y que cada vez es más fino; la música occidental de principios de los ochenta suena en el hilo musical y, lo más triste de todo, parecen disfrutar unas vacaciones eternas.
Ya es mala suerte haber llegado a la ciudad de noche justo en el aniversario de la caída del régimen yugoslavo. La única noche que abren.
Piscina
Entonces noté el viento cuando sacaba la cabeza del agua para respirar. Un viento de verano agradable pero intenso. Cada vez mayor. Incluso dentro del agua, podía notar el rumor sordo de los árboles. Como en una fotografía, noté como las hojas caían en la piscina. Una imagen extraña: la piscina convirtiéndose en un estanque y llenándose de restos vegetales. Noté también como el aire se cargaba de electricidad y como, cada vez más, era mucho más placentero estar dentro que fuera, mis brazos tensos y mis piernas duras. Sentí el sabor eléctrico del aire en la boca. Las ramas flotando a medio metro de profundidad me provocaron una ensoñación, flotaba en un lago como una heroína prerrafaelita. Y de repente sucedió. Cayó un rayo a la piscina y sentí la descarga. Un frío intenso que se convirtió en un instante en un calor abrasador que se movía desde mi interior, como si fueran mis órganos los que estuvieran produciendo la electricidad. Después vino el dolor y después la oscuridad blanca. Así sucedió.
Por eso te digo que nunca puedo dejar de venir en verano. Estoy atado al sitio de mi muerte.
viernes, septiembre 01, 2006
Tarde
Y esa leve nostalgia de otra tarde que pasa. Otra tarde que el sol mira.
Igual que la anterior y diferente.
lunes, agosto 28, 2006
Zagreb
Es como una oruga que se haya quedado a medias en el cambio: un ala y varias patas fuera pero casi todo el cuerpo dentro del capullo.
Curiosa ciudad.
jueves, agosto 24, 2006
Trigo
Sólo se oye, a lo lejos, el rumor sordo de los camiones que bajan por la carretera principal, a un par de kilómetros.
Todo empieza en otoño con la siembra. Él lo sabe bien. La tierra es roja y las sembradoras la rastrillan depositando los granos. Luego, poco a poco se cubre de verde. Ese es el color del campo en invierno en el pueblo. Aquí no aprieta de verdad el frío. Los tallos crecen y maduran y se vuelven amarillos. Él mira madurar las espigas desde esta silla desde hace ya tiempo. Le gusta hacerlo.
Hace un mes, las cosechadoras amarillas, después de todo el invierno en reposo, delineaban el terreno. Es un bonito espectáculo verlas moviéndose hacia arriba y hacia abajo. El grano tarda meses en estar listo para ese momento pero las máquinas van a lo suyo. Supone que es normal, las máquinas son máquinas.
Desde su silla tiene una buena perspectiva. Le gusta estar ahí sentado y mirar el mar de trigo. Lo hace todos los años desde que volvió al pueblo. Estar sentado y mirar el campo.
Lo echaba mucho de menos en la ciudad.
miércoles, agosto 23, 2006
Alivio
La nieve en la televisión (la nieve es producto de las interferencias sobre la señal, que a su vez se deben a múltiples factores, como la existencia de tormentas o la aparición de inconstantes campos eléctricos, factores que no se pueden predecir).
El ruido electrónico de los altavoces del ordenador al conectarse a Internet (la información circula en Internet troceada en pequeños paquetes que viajan por caminos diferentes, cada uno de ellos seleccionado en función de información dinámica que cambia al instante, por lo que no se puede predecir el camino exacto que seguirán los paquetes ni, por tanto, el sonido que aparecerá en los altavoces).
El contorno de las manchas de humedad en la pared (las manchas se deben al filtrado del agua a través de diferentes materiales y, al igual que no se puede prever el momento exacto en el que caerá la próxima gota de un grifo, no se puede predecir el camino que seguirá el agua.)
La forma de las ruinas (el deterioro provocado por el tiempo actúa de forma no predecible, aunque la arrogancia del arquitecto de Hitler, Albert Speer, le llevara a dibujar, junto con los planos de un edificio gigantesco que no llegó a construirse, los planos de las ruinas del edificio, mil años después).
La forma de los huracanes y las tormentas. El color exacto del atardecer contaminado de Los Ángeles. El itinerario que un corcho arrojado al mar seguiría para encontrar la costa. Tantas cosas al azar.
Pero lo que más le sorprendía era que, atendiendo al funcionamiento de ese azar, nada hacía imposible que la nieve de la televisión mostrara la cara de un niño, que el ruido electrónico se pareciera a la novena de Beethoven, que las manchas de humedad dibujaran a la virgen o que la forma imaginada de las ruinas coincidiera con las de la zona cero de Nueva York antes de la reconstrucción. Nada. Todo era extremadamente improbable. Pero no imposible.
Y también se preguntó si sería posible, aún sabiendo lo que sabía, evitar el pensamiento mágico si sucediera alguna de esas cosas. Y supo que no. Entonces supo también que el mundo es un lugar incomprensible.
Y la verdad, de alguna extraña manera, se sintió aliviado.
lunes, agosto 21, 2006
Creatividad
Algo extraño porque siempre tomo nota del autor de las citas que me interesan. Así que deduzco que, si aparece sin firma, igual se me ha ocurrido a mí. Y como me sigue gustando, y aún sabiendo que hay que ser muy tonto o muy arrogante para pensar haber tenido una idea original (Nihil novum sub sole y esas cosas), me la apropio.
El caso es que, si la cita es cierta, ahora este texto ya no satisfará a nadie. Ni siquiera a mí. Pero aunque la cita no sea cierta, de algo habrá servido. Habrá servido para hacerla mía. Aunque no lo fuera.
jueves, agosto 17, 2006
Flaquezas
Y si no, que le pregunten a Günter Grass.
Necrológica II. Paraguay
No sé si alegrarse de la muerte de un hijo de puta nazi me convierte en alguien sin corazón. Pero me alegro y me da igual. Un hijo de puta menos en el mundo.
Ahora, señora enlutada, a por los demás. No será por falta de trabajo, no.
viernes, agosto 11, 2006
Días
Son esos días en los que nada puede haber mejor que observar a una pareja de amantes que se despiden con un beso carnoso a primera hora de la mañana en el andén del metro.
Pero hay otros días en los que te levantas ya intuyendo que sería mejor no apoyar el pie en la tarima a primera hora de la mañana, en los que en el bar te ponen el café aguado, como si no se dieran cuenta de nada, en los que, al final, te humillan públicamente y tienes que tragarte el nudo de rabia que se forma en tu garganta como si se tratara de una pastilla que se queda a medio camino, en los que piensas que el empate que consigues a veces está tan lejos como la pereza de las vacaciones, en los que sabes que te van a ganar cinco a cero y que el último gol lo va a meter la estrella del equipo contrario después de sentar en el suelo al portero, en los que te van a joder, chaval, así que buena cara y gracias señor por ser tan amable, en los que se templa tu aguante, por lo que recuerdas que Marco Aurelio decía que la vida no es para los bailarines que ejecutan gráciles pasos sino para el soldado que es capaz de aguantar las embestidas sin moverse.
Son esos días en los que nada puede haber peor que ver caer las lágrimas de un desconocido que llora en silencio y que se ha sentado justo enfrente de ti en cualquier sitio.
Hay días y hay días.
miércoles, agosto 09, 2006
Lisboa
Pero a veces se avergüenza de esas arrugas, cede a la vanidad y se esconde entre la bruma marina. Como una estrella de cine decadente, cuando exige filtros en las cámaras de televisión. Y eso también está bien.
Y las cuestas. Y el paso de los tranvías. Y los relieves manuelinos. Y las caras de los gitanos portugueses. Y el café. Y los pasteles de nata.
Pero lo mejor de todo es ir con un libro bajo el brazo a conversar con Bernardo Soares. Dicen que su conversación está llena de frases rotundas, de efecto retardado. No sé, yo lo he intentado y a pesar de estar siempre en el mismo sitio, delante del café A Brasileira, nunca dice nada. Al ser de bronce, debería hablarnos con voz de cúpula, pero inexplicablemente no lo hace. Quizá se trate de un rasgo propio de los lisboetas. El silencio propio de la saudade.
Sin embargo, yo no pierdo la esperanza. Cada vez que voy, le pregunto: Señor Soares, ¿qué tal el café negro esta mañana?
martes, agosto 08, 2006
Enfermedad I
Para explicar por qué nos sucede se está experimentando con un grupo muy especial, personas con una especie de dejà vu crónico. Viven el presente, teniendo siempre la sensación de haberlo vivido antes. Siempre.
Sabemos que, en realidad, el tiempo no transcurre. Es nuestra percepción la que lo hace fluir. Así que, poniéndonos escolásticos, estas personas viven en el futuro. No hace falta decir que me gustaría conocer a alguien con esa disfunción cerebral.
Más que nada para saber la cara que tuvo el oráculo de Delfos. Y para que me cuente qué ve cuando me mira. Y de qué me conocía antes.
viernes, agosto 04, 2006
Caida
La Ilíada.
Un guerrero muere. La coraza horadada por una lanza. Y ya descoyuntado, cae al suelo sin vida. Una flor vencida por el peso del agua. Belleza oriental en los alrededores de Troya.
miércoles, agosto 02, 2006
Camelo
Ahora soy el único que lleva tanto tiempo aquí como para acordarse de cuando esta oficina era un lugar bullicioso. Recuerdo que lo era. Pero las restricciones de personal han hecho que cada vez quede menos gente trabajando aquí. El silencio me gusta, así que yo la prefiero ahora. El silencio me acompaña y me hace sentir protegido.
El único problema es que con tan poca gente, muchas veces tengo que hacer horas extras y llevo ya bastante tiempo, no recuerdo exactamente cuánto, sin vacaciones ni días libres. Trabajando todos los días en esta oficina casi vacía.
Pero ya digo que la muerte no es nada.
Y el infierno: un camelo.
martes, agosto 01, 2006
Jano
Me dijo que la humanidad era como él. Principios y finales. Puertas que se abren todo el tiempo hacia caminos que no conocemos. Encrucijadas. Cadenas de azares. El universo desgajándose todo el tiempo en infinitos universos, cada uno de ellos una posibilidad diferente.
Lo noté triste.
Yo le dije que lo sentía, que llevaba razón, que deberíamos haber seguido conservando el culto. Que era triste que los antiguos dioses murieran en silencio. Pero que no había nada que hacer. Que lo sentía, pero que no había nada que hacer.
Las horas que están limando los días. Los días que están royendo los años.