viernes, noviembre 17, 2006

Caravaggio

Lena, se llamaba Lena, y si no hubiera sido por los caprichos de la historia nadie recordaría a aquella puta romana. En una época en la que el Vaticano era una de las ciudades más viciosas de Europa, no tenía mucha importancia una puta más que menos. Pero Caravaggio se encaprichó de ella y según dicen los documentos de la época, se la llevó a vivir con él y la utilizó como modelo en algunos de sus cuadros más famosos. Así inmortalizó a una prostituta anónima que todavía hoy nos mira desde algunas de sus pinturas.

Apasionado y pendenciero, duelista y frecuentador de los bajos fondos, el pintor no llegó a viejo. Pero, ¿qué más da? Cuatrocientos años después, su rostro nos mira desde el “David vencedor”, desde la cabeza cercenada de Goliat. Un pintor que se retrata como el gigante vencido por el pequeño David (que tampoco es que luchara con limpieza, las cosas como son) es alguien que cuenta con todas mis simpatías. Pero alguien capaz de utilizar a la puta con la que convivía como modelo para el rostro de la Virgen y a los raterillos y chaperos adolescentes con los que se desfogaba para pintar seráficos personajes bíblicos es mucho más. Alguien así es un artista de la subversión.

Y además un pintor maravilloso.

2 comentarios:

Olvido dijo...

Sin duda Xavie, pero sus cuadros oscuros también ocultan su carácter violento, pendenciero y autodestructivo.
Realmente fue un pintor genial.
Un saludo.

Xavie dijo...

Un saludo Olvido,

Claro que era un pintor oscuro, pero las historias que más me interesan del arte son las protagonizadas por tipos oscuros. Tengo debilidad por los outsiders.