domingo, abril 01, 2007

Obsesión

El hombre que se miraba al espejo estaba obsesionado y lo sabía. El motivo de su obsesión, además, le daba vergüenza. Como si fuera culpa suya y no algo que estuviera en sus genes, algo que se había presentado de improviso sin su intervención. Así que trataba de ser discreto y no dar pistas. Nunca hablaba de ello con sus amigos ni con sus compañeros de trabajo. No había nadie en el mundo que lo supiera. Nadie. Y era mucho mejor que siguiera sin haberlo.

A veces se sentía tan vencido que pensaba en dejarse llevar. Que el viento se lo llevara todo por delante. Que las cosas acabaran de una maldita vez. Porque sabía que, tarde o temprano, a pesar de la voz interior que luchaba contra aquella idea, aquello sucedería. Daría lo que fuera por evitarlo (lo que fuera) pero la verdad es que hacía mucho tiempo que, en su interior, había aceptado la derrota.

Recordaba muy bien cuando lo supo con seguridad. No había sentido nada. Se había quedado mirando los árboles en la ventana un buen rato, inmóvil, sin pensar en nada, sin sentir nada. Como si lo que le acababan de comunicar (allí en aquella letra de molde tan elegante, en aquel papel de cartas grueso y de color crema) no tuviera ninguna importancia. Había pasado casi una hora mirando los árboles sin verlos, o viéndolos sin mirarlos, lo mismo daba una cosa que otra. Y después había pensado que quizá sucediera, que eso no lo negaba, pero que la existencia de una posibilidad, por remota que fuera, era suficiente para él.

Ahora sin embargo, después de todo el tratamiento, la evidencia se le apareció más cruda que nunca.

Ya tenía coronilla. La calvicie estaba a la vuelta de la esquina.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Las manías tambien son sexistas. Las mujeres, obsesas con los kilos, los hombres con la calvicie.

Es una forma rara de entretenrse, pero allá cada cual.

La esperanza (de melenas, incluso) es lo último que se pierde antes de quedarse interesantemente calvo.

Beso.

conde-duque dijo...

Lo comprendo perfectamente. La calvicie es lo más duro de ser hombre...

princesadehojalata dijo...

Bueno, ahora existe el medicamento ese Proscar, para la próstata, que a dosis menores (1/4 de pastilla al día concretamente)previene la calvicie (dicen)...
Besos Xavié, algún día editarás estos cuentos?

La independiente dijo...

Hola a todos,
El relato estaba pensado desde la ironía, pero no sé si se ha entendido así.
Quería que diera la impresión de algo mucho más grave que acaba en (casi) nada pero ya digo que no sé si lo he conseguido. Se agradecerían comentarios.

Princesa, eso depende de que una editorial me dijera que son lo suficientemente buenos (algo que, sinceramente, no sé). Pero claro que me gustaría.

Saludos y beso a todos,

Portarosa dijo...

Sí, yo creo sí se entiende. Parece que hablas de una enfermedad grave, o mejor dicho de la enfermedad grave por excelencia, la (al menos aquí) innombrable.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Claro que se entiende, y está conseguido el objetivo. Nos llevas desde la preocupación más seria, a la más exagerada obsesión masculina.

Beso.

La independiente dijo...

Gracias por la aclaración a los dos. A veces no sabemos lo que provocan las palabras que escribimos.

Un abrazo,

Anónimo dijo...

cada vez mejores relatos
cada vez más intrigantes cuentos
mejor mejor mejor
cada vez mejor

Arriba y abajo son términos que en si mismos crean el propio equilibrio.

Huir no es el mejor camino, solo una salida elegante ante una avalancha de incertidumbres.
Sin acritud

La independiente dijo...

Anónimo,
Si lo que parecen versos, va por mí, muchas gracias.
Aunque lo de huir y la acritud no acabo de pillarlo :-D

Un saludo,