miércoles, septiembre 05, 2007
Llaga (homenaje)
A veces alguna mujer me ha besado. A veces he notado la humedad de una boca próxima. No muchas veces, eso es cierto, pero sí de vez en cuando. Hasta él, con toda esa misantropía que tenía, tuvo a alguien que lo acompañó a la hora de morir. Hasta él tuvo cuatro mujeres en su vida, cuatro mujeres que le tomaron la mano y a quienes no les importó el tamaño de sus orejas ni su cara de infelicidad.
Generalmente, estoy bastante reseca debido a su costumbre de frotarme mientras piensa en el mejor modo de acabar un frase pero no me importa porque esa manía me hace sentirme un poco responsable de su obra. De algún modo, puedo considerarme una ayuda para su inspiración. Me acaricia suavemente en círculos una y otra vez y, a continuación escribe. Creo que, de un forma inconsciente, si no estuviera ahí me echaría de menos.
Me hubiera gustado ser una de las llagas de Cristo o, al menos, la llaga purulenta de algún mártir que hubiera sufrido alguna tortura imaginativa pero me he tenido que conformar con esto. Yo creo que no está mal. A mí El proceso me gusta bastante.
lunes, septiembre 03, 2007
Aldana
en la lucha de amor juntos, trabados,
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando
y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y sospirar de cuando en cuando?
Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también, tan fuerte
que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.
Francisco de Aldana, el divino capitán, a mediados del siglo XVI.
viernes, agosto 31, 2007
Examen (homenaje)
Todos los días cuando llega a casa, se sienta en la oscuridad en su sillón preferido, pone música muy bajita e imitando las antiguas enseñanzas de los jesuitas que animaban a realizar un examen de conciencia a diario a la hora de dormir, piensa muy concentrado en si ha conseguido pasar otro día sin ser un traidor, un cabrón, un despreciable hijo de puta, un mentiroso, un arrogante o un mal amigo.
A veces piensa que sí y a veces piensa que no pero lo que más desconcertante le resulta es que ha advertido que últimamente, en muchas ocasiones, no sabe decidirse por una cosa o por otra. Es más, últimamente tampoco se atreve a cuestionar demasiado el comportamiento de los demás porque piensa que quizá él no es mejor que muchos, que quizá en las mismas circunstancias el (¿quién sabe?) hubiera hecho lo mismo que lo que los demás critican, que quizá (que seguramente) él no sea ningún modelo a seguir, que recordar a los demás sus flaquezas se parece bastante al pavoneo, que la vanidad es pecado.
Últimamente pronuncia las palabras mágicas: Ego te absolvo sin sentirse seguro de que sirvan para nada y eso lo tortura. Dios ha desaparecido de su vida en silencio y a menudo duda de que haya llegado a estar ahí en algún momento.
martes, agosto 28, 2007
Concurso
Tal y como decían en un programa infantil de hace décadas: "solo no puedes, con amigos sí".
Os pido ayuda porque estoy buscando una palabra que no encuentro. Una palabra que guarde con el olfato la misma relación que chapoteo con el oído y tibio y húmedo con el tacto. Y que además describa la sensación de asfixia que uno tiene en la selva tropical donde el calor y la humedad apenas dejan respirar.
Gracias.
jueves, agosto 23, 2007
Momento de sol
Recordaba con claridad un solitario rayo de sol entrando oblicuo por un agujero de la ventana, las partículas de polvo flotando ingrávidas en el haz de luz. Recordaba haber mirado hacia su rincón preferido de aquella casa: una esquina con una estantería de madera envejecida cubierta de libros y recuerdos y haber pensado que sería la última vez que miraría su propia casa de ese modo.
A ella los recuerdos le funcionaban de esa manera, como si en un momento trascendental de la vida, no pudiera ocuparse más que de los detalles, los estúpidos detalles. Una y otra vez veía aquel rayo de sol, con las partículas doradas en su interior avanzando desde la ventana en línea recta e iluminado un minúsculo polígono irregular en el suelo.
No era posible lo que estaba pasando, no era posible que su vida se vaporizara con esa facilidad, como si sus esperanzas y su futuro fueran tan poco reales como el dinero de la bolsa, un dinero que desaparecía sin que nadie supiera donde iba cuando todo el mundo se ponía de acuerdo en tener un ataque de pánico y vendía y vendía y vendía hasta que las acciones no valían nada. ¿Adónde iba todo ese dinero? Miles de millones de euros volatilizados en un momento. Nunca lo había entendido, sabía cómo funcionaba la bolsa –por algo se dedicaba a ello– pero si lo pensaba de verdad, no lo comprendía. Suponía que se trataría de algo parecido a las matemáticas o a la física de partículas. Sus estudiosos podrían proponer modelos que explicaran de alguna manera el comportamiento de esos sistemas, pero ¿qué eran? ¿qué eran en sí?
Otra vez el rayo de sol y otra vez el polvo y otra vez esta sensación de que en cualquier momento voy a desaparecer engullida por el suelo y atravesaré todas las plantas de la casa una tras otra hasta destrozar mis huesos con el suelo, pobres huesos fragmentados y astillados, clavados a mi cuerpo, fuera de su sitio.
Y lo imagino moviendo la boca y explicándolo todo, explicándolo como si fuera posible ofrecer una justificación a esta sacudida. ¿Qué dice? ¿de qué habla? No lo sé, no lo entiendo. No sé de qué habla, yo sólo sé que a partir de este momento todo ha cambiado y en que ya estaba organizando las vacaciones de verano y ahora esto. No entiendo nada. No entiendo de qué habla. Unas vacaciones fantásticas con playas de arena blanca y el mar turquesa y palmeras con cocoteros y un hotel para descansar de verdad sin tener que preocuparse lo más mínimo por nada, sólo la pereza de estar en una playa y disfrutar del sol en la piel y del sexo a mediodía. De qué coño está hablando.
Y el rayo de luz sigue entrando por la ventana, sigue su trayectoria recta, sigue bruñendo el suelo de madera gastada. ¿De qué está hablando?
miércoles, agosto 22, 2007
Matemáticas
En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas (todas las personas debían ser afeitadas por el barbero o por ellas mismas). Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:
- -- En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería de afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero si por el contrario, no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar ¡pero yo soy el único barbero de allí!
El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió por siempre feliz.
Lo que viene a afirmar el matemático es que la presunción de que las matemáticas conseguirían demostrarlo todo, tan común en el siglo anterior, es falsa. Es más, lo que viene a decir es que si como humanos inventáramos otro sistema formal mejor que las matemáticas, ese nuevo sistema tampoco lo conseguiría.
Además, las últimas investigaciones sobre el comportamiento del cerebro animal ante los grupos de cosas (el instinto de numerosidad tal y como lo llama Javier Sampedro en uno de sus artículos sobre ciencia de este verano) han comprobado que ese instinto existe en monos, delfines, leones, perros y muchos tipos de pájaros. En todos estos animales existen zonas de la corteza cerebral cuya actividad aumenta de forma proporcional al número de cosas que contemplan. Es decir, todos estos animales cuentan de forma instintiva hasta 30 (el umbral a partir del cual ya no se puede estimar con exactitud el número a simple vista). Los humanos somos animales con un instinto numérico mejorado con la evolución.
La realidad, algo que ya afirmaba Kant y confirmaba Schopenhauer, no es conocible en sí misma; la materia visible del universo es sólo el 4% de todo lo existente; la pregunta ¿qué había antes del Big Bang? no tiene sentido porque el tiempo surge en el mismo momento de la explosión; cuando contemplamos con un telecospio a gran distancia estamos contemplando cosas que sucedieron hace mucho tiempo...
Mamáaaaaa.
lunes, agosto 20, 2007
Comprobaciones
A continuación se sienta en el ordenador y pulsa repetidamente el botón "Revisar correo" de su correo web pero nunca hay nada salvo cuando encuentra un anuncio de alargamiento de pene o de viagra falsa. A veces también aparecen los correos automáticos que los servidores envían a los que están suscritos a una lista.
Cuando se cansa de que el ordenador parezca reirse de él, mira el móvil esperando que el pequeño icono con un sobrecito que indica que tiene un mensaje se ilumine, pero cuando suena el mensaje y se ilusiona (siempre se ilusiona) resulta ser publicidad de la compañía de móviles con la que tiene contrato.
Entonces abre el messenger y espera un rato que alguno de sus contactos se conecte. No es normal que todos aparezcan siempre desconectados y que no consiga hablar nunca con ninguno de ellos. Con todo el tiempo que pasa en Internet no es normal, no.
Menos mal que es miércoles y esta noche dan su serie favorita en televisión. De todas maneras, casi es mejor no hablar con nadie porque tiene que trabajar. Mañana esperan una de sus famosas hojas de cálculo llena de cifras y gráficos dinámicos. Como analista de datos, es uno de los mejores. Cincuenta compañeros en el departamento y él es el único que ha conseguido la felicitación del coordinador dos veces en un mismo año.
viernes, agosto 17, 2007
Maldición
Según Montemayor, la historia del primero se narra en el Himno a Afrodita, uno de los más bellos poemas del compendio conocido como Himnos Homéricos. Ahí Afrodita ilustra con el amor de
Ovidio narró la historia de
jueves, agosto 16, 2007
Tacones
Pero sus tacones resonaron en mi tienda un día y sus caderas se convirtieron en mi única obsesión. Sus caderas, sus piernas, su piel y su cuerpo. Sólo quiero morder su nuca. Sólo quiero bebérmela. Todos los días que me quedan seré suyo y podrá hacer conmigo lo que quiera: utilizarme, despreciarme, traicionarme y abofetearme si le apetece. Yo sólo quiero tener el privilegio de poder ofrendarle mi cuerpo y mi sangre. Desde que la olí, sé cuál es mi destino y mi misión en la vida: ser su esclavo.
martes, agosto 14, 2007
Casualidad
Imagínate que caminas por la calle tranquilamente, esquivando mierdas de perro y coches, sorteando a parejas de ancianos, porque vas a una librería: uno de tus sitios preferidos para dejar pasar el tiempo. Y allí descubres el relato de un autor con un título sorprendentemente parecido al tuyo, como, por ejemplo, no sé... La extraña sonrisa fúnebre y claro, no te queda más remedio que comprobar si, de alguna extraña manera, tiene algo que ver con el cuento que has escrito, el cuento que ha conseguido hacerte sentir como un escritor, aunque seas un escritor que solo acierte una vez. Es irresistible la tentación de leer de qué va el libro en la contraportada, y entonces es cuando descubres que el volumen que tienes entre las manos es una recopilación de cuentos escritos por el autor en diferentes momentos de su vida y que La extraña sonrisa fúnebre es el título de un relato corto, casi un microrrelato, que se publicó en New Yorker y que consiguió que el autor empezara a ser reconocido en los ambientes literarios de la ciudad. Después de eso, no te queda más remedio que leer el relato, no existe la posibilidad de no hacerlo, es algo ajeno a tu voluntad; podrías olvidarlo, podrías pensar que es una casualidad, que la vida está llena de casualidades, que realmente no tienes por qué pararte allí en medio de la librería y leerlo con prisa, pero sabes que la decisión está tomada de antemano. No hay posibilidad de huir de él. Si lo haces, te perseguirá para siempre, sin descanso; será una idea que nunca te dejará tranquilo, se convertirá en una obsesión. No puedes evitarlo.
Y poco a poco, la sorpresa por el descubrimiento de un relato con un título tan parecido al que has escrito da paso a la incredulidad y a la preocupación cuando descubres que el relato que acabas de encontrar, y que pertenece a un escritor norteamericano semidesconocido, musa de malditos y marginales, es tan parecido al tuyo que estás seguro de que un juez siempre dictaría a favor del autor en caso de que un muerto, encontrado en una cuneta con una sobredosis, pudiera denunciarte por plagio. Y piensas que quizá él no pueda hacerlo, pero que los que en ese momento sean sus herederos, siempre que un autor yonki y maldito los hubiera tenido, o la editorial que posea los derechos, sí que lo harán. Sin dudarlo y sin compasión. Con las cosas de comer no se juega.
Y ahora imagínate la cara que se te quedaría intentando convencer a alguien de que tú no conocías al autor, que nunca habías oído hablar de él, que ha sido una puñetera casualidad escribir un relato que en realidad es una necrológica sarcástica, una necrológica preñada de humor negro en la que el supuesto personaje que estaba siendo ensalzado acaba convertido en alguien sin escrúpulos, en alguien sin alma, alguien reflejo de la sociedad materialista y sin conciencia en la que vivimos.
Imaginas todo eso y comprendes, cuando piensas en la cara del juez escuchándote, que tu carrera literaria ha acabado antes de empezar y que nunca serás el escritor que sueñas. La casualidad te ha jodido la vida, qué le vamos a hacer.
lunes, agosto 13, 2007
Películas
Se ha repetido tanto que se ha convertido en un lugar común pero no por eso es menos cierto: es la imaginación la que crea la memoria. Es imposible mantener un recuerdo sin modificaciones a lo largo del tiempo.
Los recuerdos no son películas en technicolor inmutables capaces de deslumbrar en el estreno con sus colores brillantes y su puesta en escena(todos los espectadores con la boca abierta mietras se abren con elegancia las cortinas que cubren la pantalla de ese cine añejo) sino más bien como pequeñas películas de super ocho, rodadas con la cámara al hombro de las que siempre estamos reescribiendo el guión. Siempre. Cassavetes contra Mankiewicz. Revisamos el texto una y otra vez, eliminamos tomas, encuadramos mejor otras, añadimos monólogos interiores, cambiamos el decorado, intentamos fijar las caras que parecen esfumarse (primero el contorno exacto de la cara, después la expresión, lo último nuestros sentimientos frente a los que llevaban aquellas caras) y volvemos a filmar una y otra vez sin descanso utilizando colores fríos o cálidos dependiendo de nuestro estado de ánimo.Muchas de esas películas están desvaneciéndose dulcemente en la filmoteca de nuestro cerebro hasta que una canción, un olor o un sabor mandan al conserje al almacén y después a la sala de proyección, previo paso por la sala donde los guionistas retocan la historia. Muchas cosas se habrán desvanecido. Otras, detalles más bien, aparecerán por primera vez.
Y a lo largo de nuestra vida, unimos esas pequeñas películas cambiantes (películas que se emiten sin descanso en los multicines de las afueras de nuestro cerebro), las clasificamos, las ordenamos temporalmente, les ponemos un título, las antologamos y las convertimos en parte de un proyecto mucho mayor que los estudios se niegan a financiar por exceso de metraje y falta de interés, un proyecto que siempre se denomina "Yo, una vida cualquiera". Siempre le tenemos un cariño especial a esa película pero a veces no nos queda más remedio que reconocer que sí, que igual tienen razón los estudios cuando se niegan a financiarla.
Por cierto, hoy en día casi nadie ve películas mudas, pero el director clásico que inventó el fundido en negro fue D.W. Griffith.
Por si no sabían quién inventó el final de todas las películas.
jueves, agosto 09, 2007
Espina
Y duele.
martes, agosto 07, 2007
Plumas
Es posible que un gato se canse de su dueño y que, al abandonarlo, ni siquiera se moleste en volver la vista. El mío me miró con aires de superioridad una buena mañana en la que yo no estaba seguro de querer seguir ocupándome de él y no lo he vuelto a ver. Sin embargo, de vez en cuando, entra en casa por las noches y escupe una bola de plumas y de pelo que me deja a los pies de la cama.
Yo también sigo queriéndolo.
viernes, agosto 03, 2007
Caligrama
En el centro de la ciudad últimamente aparecen extraños grafitis en forma de caligramas latinos. Tienen forma de espiral, como un antiguo disco de vinilo en el que los microsurcos fueran las palabras. Todos los dibujos contienen la palabra nihil en su centro.
Una provocación así no podía quedar sin respuesta, por lo que he recorrido incansable los diez kilómetros cuadrados de la ciudad que se pueden considerar casco histórico y he tomado fotos de alta definición de todas las pintadas. El grafitero sabe que estoy tras sus pasos porque, como en el cuento de Cortázar, siempre dejo una marca característica en la pared, para que sepa que lo estoy vigilando. Todos los miembros del departamento hacemos lo mismo. Es una especie de código entre los infractores y nosotros.
Persigo al grafitero para hacerle entender que las paredes de la ciudad no son un buen lugar para dibujar pensamientos poéticos en una lengua muerta, para hacerle entender que si persevera en sus caligramas, estará excitando la curiosidad de la gente. Y eso no es lo que queremos. En esta ciudad de cinco millones de personas, cualquier muestra de originalidad está penada. La originalidad suele ser un síntoma de algo mucho peor: el pensamiento. Y todos estamos de acuerdo en que ese no es el camino.
martes, julio 24, 2007
Rayos X
El hombre con rayos X en los ojos nunca había visto nada parecido. Aquella mujer no sólo tenía varios tornillos de titanio uniendo sus dos caderas e inmovilizando tres de sus vértebras lumbares sino que su mandíbula también era de metal. A sus ojos, más que una mujer, era una constelación brillante.
Ante aquel hallazgo todas sus obligaciones dejaron de tener importacia, así que la siguió y al ver como entraba en un minúsculo piso, se decidió a esperar con disimulo al otro lado de la calle. Cuando volvió a salir con una bolsa deportiva en el brazo, tuvo cuidado de que no se diera cuenta de su presencia en la acera de enfrente. Los tornillos se movían de una forma armónica, como si las operaciones no hubieran borrado del todo su elegancia natural, como si incluso el titanio hubiera tenido que acomodarse a la gracia que mostraba al caminar.
Esa fue la primera de las tardes que el hombre con rayos X en los ojos pasó observando emocionado a la mujer de titanio, viendo desde lejos como sus articulaciones artificiales se bamboleaban al caminar, una encantadora inclinación de los tornillos hacia la izquierda y más tarde a la derecha.
Cuando al fin se decidió a hablarle, ella se sorprendió mucho. Desde el accidente no la miraban demasiado, quizá por la cicatriz, pero se había acostumbrado a su vida y había dejado de necesitar las miradas de los demás. Pero ahora aquel hombre con aquellas gafas tan raras no sólo hablaba con ella sino que la traspasaba con los ojos y además, parecía extrañamente azorado. A la media hora de aceptar tomar con él un café, ya había decidido volver a verlo.
El sexo fue fantástico desde el principio. Al hombre con rayos X en los ojos le gustaba que ella se pusiera sus antiguos apoyos ortopédicos para las piernas a la hora de hacerlo. También le gustaba su corselete con refuerzos metálicos. A los seis meses, se casaron. Son felices. El amor no se presenta muy a menudo.viernes, julio 20, 2007
Plagio
No sé si me sorprende más el desconocimiento de un clásico por parte de los profesionales (poco, me sorprende poco) o bien la absurda vanidad del especialista, empeñado en demostrar que no es que su novela no tenga calidad sino más bien que la incompetencia de las editoriales la ha condenado al silencio.
En cualquier caso, creo que cada literatura pertenece a su propio tiempo y no creo que escribir como en el siglo XIX le ofrezca a nadie la posibilidad de publicar. Aunque fuera Jane Austen. O Clarín.
lunes, julio 02, 2007
Vacaciones
Escribiré desde allí (suponiendo que aún tenga algo que decir, claro; suponiendo que no lo haya dicho todo y mejor que yo Fernández Mallo en Nocilla Dream, el maldito)
Un abrazo a todos.
Me consta que aguantarán sin mí.
martes, junio 26, 2007
Contra la literatura
Sus amigos hace tiempo que están muertos o nunca estuvieron vivos. Su única preocupación es a quién dejar la biblioteca cuando él también se vaya. Se considera un tipo feliz aunque siga siendo virgen a los veintiocho años.
miércoles, junio 20, 2007
Pasión
quien tiene piloto automático a la muerte.
Construcción. Vicente Luís Mora.
miércoles, junio 13, 2007
Juan Ramón
Juan Ramón Jiménez. “Sueño”. De los manuscritos sin editar del Archivo Histórico Nacional.
“Oxidaciones, vejetaciones, gusaneras, jardines”: la vida abriéndose paso en las ruinas y la oxidación como prueba final de la inutilidad de nuestra arrogancia.
Fantástico mundo este en el que no existe el tiempo y puedes identificarte con las palabras escritas por un poeta muerto a finales de los cincuenta.
domingo, junio 10, 2007
Niño
Y aquí el niño se detiene inquieto. Porque todo el barrio sabe que en esa casa justo de ahí enfrente vive un señor bastante raro que está siempre en calzoncillos y bata y que no se afeita nunca. Cuando una vez Pedrín (su madre insiste en llamarle así pero todos nosotros nos reímos de él), envió el balón a su cerca, todos los demás nos quedamos paralizados. A nadie le apetecía lo más mínimo que el viejo gruñón le diera un grito y además, había sido Pedrín el que había enviado la pelota a su casa, que se buscara la vida, así que Pedrín fue para aquella casa y el viejo en bata le dio la pelota y le echó una maldición en un idioma muy raro, que sonaba fatal. Pero hoy hay un coche muy grande y negro, que está esperando en su puerta, y parece un coche de esos que salen en las pelis o en los vídeos musicales que son largos y cabe mucha gente dentro y de repente el viejo sale afeitado y llevando uno de esos trajes que lleva la gente importante en los bailes, un esmoquin me parece que se llama, y entonces el hombre que espera en la puerta del coche con un traje oscuro dice: “Pase, por favor, señor Ferlosio”.
viernes, junio 08, 2007
Sobre el tamaño
¿Es cierto lo que dice Marías de que le parece normal que los relatos cortos hayan florecido porque "claro, cuestan tan poco..."?
domingo, junio 03, 2007
Radio
En la radio una mujer preguntaba: “¿Lo has hecho?” y un hombre contestaba: “Sí”; entonces ella decía: “Supongo que sangró como un cerdo” y un hombre diferente respondía: “No, la que va a sangrar como un ternera abierta en canal vas a ser tú. Puta”.
Al principio se alarmó. Pero más tarde pensó que seguramente se trataría de algún serial radiofónico.Era una pena que la radio se llenara de basura como la tele. Al final iba a tener que apagarla.
martes, mayo 29, 2007
Secreto
Hay personas que tienen una piedra ardiendo en su interior. Les quema, les provoca un dolor sordo, inaudible, que les agota y les consume. A veces tienen una sonrisa resignada y sólo puede verse el dolor en sus ojos, pero en otros casos toda la cara se les ha convertido en la máscara griega de la tragedia; tanta expresión apesadumbrada ha acabado por conferir a sus arrugas la categoría de marco fotográfico. Y lo que se ve en la foto es la pena que tienen.
Hay otras que teniendo la misma piedra (porque todos tenemos una que va creciendo con el tiempo y las pérdidas: es inevitable) tienen una expresión dulce. Entran por la mañana en el trabajo, alegres de verdad y dando los buenos días. Siempre tienen una palabra amable y saben diferenciar lo importante de lo que no lo es. Sufren como todo el mundo, pero consiguen que las arrugas sean en esta ocasión las comillas que enmarcan su sonrisa.
Si alguien supiera decirme el secreto, ruego se dignen dejar algún comentario.
Gracias.
viernes, mayo 25, 2007
Inmenso
Decía el periódico el otro día que un albatros, especie que vive una media de 70 años, lleva 40 años perdido en las Islas Británicas buscando una pareja inexistente, pues los albatros son monógamos y allí sólo hay alcatraces. El albatros ha intentado aparearse con los alcatraces pero estos lo rechazan una y otra vez. El albatros no se da cuenta de que él no es un alcatraz. El albatros siempre ha pensado que lo rechazan por ser demasiado alto.
Tan lejos del Cono Sur... Pobre pájaro inmenso suspendido en el aire.
miércoles, mayo 23, 2007
Funeral
Las encinas empiezan a florecer en marzo. En esa época les brotan flores que son machos y flores que son hembras, que el viento encadena como si fuera una casamentera. Como en el caso de las mujeres, si el embarazo va bien, las flores hembra se transforman hasta convertirse en otra cosa: de su cuerpo surge una bellota que, después del período de gestación, acaba por caer blandamente a los pies del árbol. Las bellotas permanecen cerca hasta que se convierten en arbusto, una costumbre habitual entre las crías. Y un mes de marzo cualquiera el arbusto florecerá y entonces la familia que lo rodea comenzará a tratarlo como un adulto.
Cuando una encina se dispone a morir, toda su descendencia lo presiente y la arropa en su último viaje. Una pequeña vibración recorre todo el encinar, esponjándolo, pasando de un vástago a otro, de generación en generación, hasta que toda la familia agita levemente las hojas en señal de despedida. La encina contempla a sus cientos de hijos, algunos centenarios y otros apenas adolescentes, y piensa que es bueno tener una familia tan numerosa. Y entonces muere satisfecha. Si la encina es muy mayor y tiene mucha familia, el luto (un color verde más oscuro del normal) puede durar casi dos semanas.
viernes, mayo 18, 2007
Maternidad
Pero así han sucedido las cosas. Su vida entró en un injusto paréntesis y aunque durante meses se levantó maldiciendo su suerte, su vida y su país, un día vio el brillo en los ojos de Juan, quien siempre la había tratado bien. Algunos lo llamarán síndrome de Estocolmo, pero ella cree que fue amor.
Ahora su hijo la mira mientras mama. La selva se refleja en sus ojos.
Qué extraño oficio el de vivir.
miércoles, mayo 16, 2007
Remordimiento
Tómense los siguientes ingredientes:
re-.
(Del lat. re-).
1. pref. Significa 'repetición'. Reconstruir.
2. pref. Significa 'movimiento hacia atrás'. Refluir.
3. pref. Denota 'intensificación'. Recargar.
4. pref. Indica 'oposición' o 'resistencia'. Rechazar. Repugnar. Significa 'negación' o 'inversión del significado simple'. Reprobar. Con adjetivos o adverbios, puede reforzarse el valor de intensificación añadiendo a re- las sílabas -te o -quete. Retebueno. Requetebién.
morder.
(Del lat. mordēre).
1. tr. Clavar los dientes en algo.
2. tr. Picar como mordiendo.
3. tr. Dicho de una cosa: Asir a otra, haciendo presa en ella.
4. tr. Gastar insensiblemente, o poco a poco, quitando partes muy pequeñas, como hace la lima.
5. tr. Dicho del agua fuerte: Corroer la parte dibujada de la plancha o lámina que se somete a la acción de ella.
6. tr. Murmurar o satirizar, hiriendo y ofendiendo en la fama o crédito.
7. tr. coloq. Dicho de una persona: Manifestar de algún modo su ira o enojo extremos. Juan Está que muerde.
8. tr. Impr. Impedir con uno o más bordes de la frasqueta que se efectúe la impresión, por cubrir una parte del molde o interponerse entre este y el papel que se ha de imprimir.
9. tr. coloq. Cuba. estafar (ǁ pedir o sacar dinero con engaños).
-miento.
(Del lat. -mentum).
1. suf. En los sustantivos verbales, suele significar 'acción y efecto'. Toma las formas -amiento e -imiento. Debilitamiento, levantamiento. Atrevimiento, florecimiento.
Mézclense estrictamente en ese orden a fuego muy lento (de 15 siglos o así) hasta obtener la palabra remordimiento: Re-mord(i)-miento.
Y ahora imaginemos a un gusano que muerde y remuerde nuestro estómago, tal y como imaginaban en
lunes, mayo 14, 2007
Radio
En la radio una mujer preguntaba: “¿Lo has hecho?” y un hombre contestaba: “Sí”; entonces ella decía: “Supongo que sangró como un cerdo” y un hombre diferente respondía: “No, la que va a sangrar como un ternera abierta en canal vas a ser tú. Puta”.
Pensó que seguramente se trataría de algún serial radiofónico y también pensó que era una pena que la radio se llenara de basura como la tele. Así que decidió cambiar de canal.domingo, mayo 13, 2007
Bola
De ahí al esófago han tardado poco tiempo. Allí se han enredado unas con otras formando una bola que está impidiendo que el olor del sol llegue a mis pulmones.
Así que he decidido abrir una botella de vino tinto y beber un vaso. Porque me consta que la bola es soluble en alcohol.
miércoles, mayo 09, 2007
Aprensión
Fue a la cocina y cogió la escoba. No le apetecía nada que el bicho le pellizcara con las pinzas. La escoba sería suficiente para acabar con él. Cuando entró de nuevo en el cuarto de baño, el cangrejo ya no estaba, a pesar de que no podía haber tardado más de treinta segundos en ir a la cocina y recoger la escoba. Tampoco se oía nada. Supuso que se habría escondido y empezó a buscarlo.
Después de un rato lo encontró justo debajo del retrete, en ese hueco que deja la forma de la loza cuando se une con el suelo. Lo empujó con el palo de la escoba y el cangrejo salió disparado a una velocidad sorprendente, pasando por debajo de sus piernas y llegando al pasillo en un instante. Lo persiguió y, en mitad del pasillo, le dio alcance. Allí descargó el golpe fatal con la escoba. El cangrejo dejó de moverse.
En el suelo no había quedado ninguna mancha de sangre o de lo que quiera que los cangrejos tengan dentro. Con aprensión, le dio unos toquecitos con la escoba para comprobar que estuviera realmente muerto. Siguió sin moverse.
Un poco asqueado, recogió el cadáver para tirarlo a la basura y entonces reparó en el letrero. Made in Taiwan, decía.
martes, mayo 08, 2007
Contra la seriedad
Haciendo un ejercicio de imaginación, imaginemos. Creamos por un momento que alguien está escribiendo el Quijote hoy en día. Y que lo hace desde la parte del mundo que más se parece a los Siglos de Oro españoles: Latinoamérica.
Y en su historia esto es lo que pasa. En su historia, un loco con el seso seco por los libros de conspiraciones, de esos que hablan de sectas secretas que han gobernado el mundo desde el tiempo de los templarios, decide descubrir los trapos sucios de la Iglesia Católica brasileña. Se echa al monte como el subcomandante Marcos pero, después de unos cuantos episodios cómicos en un meublé de mala muerte guatemalteco, en la selva mexicana acaba trabajando de bufón para un coronel del ejército metido en temas de narcotráfico, que vive como un marqués. Más tarde, y una vez que ha asistido a una nacionalización en Venezuela en la que todo el mundo alzaba el puño y cantaba emocionado el himno nacional, acaba probando la ayahuasca en el Amazonas, algo que contribuye definitivamente a la pérdida absoluta de su sentido de la realidad y a que todo lo relacione con una conspiración que lo persigue para evitar que desvele los grandes misterios que ha aprendido. Por el camino es maltratado por los guerrilleros y los paramilitares colombianos, por los mercenarios recién llegados de Irak de las multinacionales norteamericanas, por los miembros de las maras, sobre todo la SalvaTrucha, y por la DEA estadounidense. De regreso en su casa en la frontera mexicana, recupera su lucidez y muere renegando de esos libros, engendros del demonio. Y para añadir un toque de realidad al relato, el protagonista podría además, ser de rasgos indígenas o mestizo.
Este relato, escrito con el estilo desatado y lleno de términos fronterizos de la literatura de McOndo y el Crack y publicado en una editorial tejana preocupada por las nuevas voces narrativas tex-mex, se convertiría inmediatamente en un éxito de ventas.
Y al cabo del tiempo (sigamos imaginando) cuando hubieran pasado un par de décadas, las universidades norteamericanas crearían cursos semestrales que pretenderían analizar la novela como el epítome de la voz del excluido y del loco, como el producto de las corrientes culturales de la frontera, como un ejemplo de la labor predatoria de las empresas en la selva, como el advenimiento del mestizaje globalizado a la literatura chicana. Un departamento especializado en “gender studies” se encargaría de diseccionar aquellos pasajes de la novela en los que el erotismo y la sexualidad estuvieran más presentes. Y alguien conseguiría un doctorado escribiendo sobre “El palimpsesto posmoderno: técnicas fragmentadas de discurso en la estructura de la novela chicana contemporánea” utilizando el libro en cuestión.
Y el autor, que sólo pretendía divertirse, que sólo pretendía contar una historia lisérgica con narcocorridos y persecuciones por las carreteras latinoamericanas, alguien que, al fin y al cabo, escribía sobre la literatura pop y sobre la influencia de
Y después de recoger el título, se vería con sus amigos del barrio y se tomaría dos botellas de tequila a la salud de todos los envarados doctores que se creen que la seriedad y la literatura están hechas del mismo material.
Que creo que es lo que hizo Cervantes cuando consiguió acabar su obra con una sola mano. Sólo que en lugar de tequila, se las bebió de vino. Y en lugar de dos, fueron cuatro.
Que se me da un ardite, que diría el nuestro. O no mames, güey, que diría el suyo.
jueves, mayo 03, 2007
Humor
Nuestro estado de ánimo siempre está en equilibrio inestable. Basta un comentario, una apreciación, un gesto, para que lo que nosotros creíamos la mera salud bombeando en nuestro pecho se cubra de células cancerígenas. Entonces, cuando eso sucede, te preguntas cómo es posible que el buen humor, que a la luz de los primeros rayos de sol creíamos indestructible, se pueda deshacer así sin más, cayendo la ceniza desde la coronilla y cubriéndonos con una capa gris de desperdicios.
Y no sabes encontrarle una explicación. Quizá sea la acumulación de lecturas tristes y películas tristes o el extrañamiento propio de este buen tiempo (buen tiempo fuera y buen tiempo dentro parece demasiado para esta sociedad católica que tenemos; ya sabemos que todo acaba por pagarse), pero la verdad es que todo ese gozo (el mero gozo de estar vivo y tener dos piernas y ser capaz de disfrutar del humo y de la tranquilidad de saber que vas a poder pagar las facturas) se acaba de desmoronar como lo hicieron los centenares de miles de árboles en Vietnam bajo el fuego amigo del napalm.
Pero ahora que ya te vas conociendo algo más (algo, tampoco mucho, vaya a ser que lo que encontremos nos deje el pelo blanco en un sólo segundo) sabes que lo que tienes que hacer es prestar atención a lo que decía Marco Aurelio de aguantar las embestidas como un soldado y no ejecutar gráciles pasos como un bailarín e intentas combatir ese estado de ánimo. Y lo haces y entonces parece abrirse un hueco, un minúsculo punto de luz, como el punto de luz del experimento que nos enseñaron en secundaria para poder ver el arco iris sin tener que esperar a un día lluvioso y soleado; un punto que progresivamente se hace más grande y por el que va entrando el buen tiempo, las fresas con sabor a fresa, las sopas frías, los cuerpos calientes, el sol quemando dulcemente las capas más externas de la epidermis, la serenidad de después del sexo y el saber que has actuado como tenías que hacerlo, tal y como tenías que hacerlo. Lo has conseguido.
domingo, abril 29, 2007
Ruina
Estoy aquí, en un hotel y miro el estampado de flores del papel de la pared. He tomado una decisión irrevocable. Me voy a matar. Estoy mezclando el cianuro que he comprado con el whisky que he pedido en recepción. He elegido el cianuro y el whisky porque me parece una mezcla con estilo.
Supongo que estarán interesados en mis motivos. Todo el mundo pregunta por los motivos de las acciones. No creo que tengan mucha importancia. Pero supongo que siempre están ahí. En mi caso, el motivo es bastante vulgar: la ruina.
Invertí todos mis fondos en los valores equivocados. El café se desplomó y ahora, en lugar de millones sólo tengo papel mojado. Mi vida es complicada. Tengo muchos gastos: dos exmujeres a las que debo pasar una pensión, dos hijos en colegios británicos, una amante que me sale muy cara y muchas cuentas pendientes con el sastre.
Sé que algunos de ustedes, bienintencionados, se estarán diciendo que todo se puede superar. Y quizá lleven razón. El dinero sólo es dinero.
Pero no soporto a mis exmujeres. Ni tampoco a mis hijos. Es inútil engañarse a estas alturas. Y, afortunadamente, las deudas también se heredan en este país.
miércoles, abril 25, 2007
Arabesco
Ahora hay una estampa fija e inmóvil, como una fotografía hecha de evocaciones, la imagen de un niño que come un helado con cara de satisfacción, en pantalones cortos y con manchas en la camiseta de algodón, con unas zapatillas de deporte de marca y con los rasgos de una niñez que se pierde a marchas forzadas, una niñez que en un año se volverá contra sí misma o en dos. Ahora.
Y ahora la estela blanca de un motor de avión en el aire y las nubes atravesadas por esa nube intrusa y artificial y el cielo es rosáceo y azul y poco verde también. Ahora la estructura de cuatro rascacielos se recorta en el horizonte y ahora el ritmo de las olas rompiendo contra la playa de guijarros moja con agua turquesa (transparente) mis pies y ahora una minúscula araña ha tejido un hilo invisible en una esquina de la habitación y cuelga del aire como un santón budista y ahora una lágrima cae suavemente por la mejilla de mi compañera de asiento en el avión. Ahora.
Y ahora los taxis parecen combatir por los recién desembarcados y entro en un coche que no es blanco sino de otro color y llego a una ciudad que no es la mía sino la de otros y me alojo en una casa en la que no he estado antes y ahora ya no es ahora sino después, justo el momento en el que estás después de haber leído este fragmento. Ahora.
Y tal y como dice Cortázar ahora es una palabra absurda y evanescente. Cómo va a existir un ahora que no se consuma en el mismo momento de pensarla, de decirla.
martes, abril 24, 2007
Signos
Nada por aquí (...) nada por allÁ.
lunes, abril 23, 2007
Vecino
Cuando pasaron los meses de visitas a las tiendas de muebles y de fiestas de inauguración pudo comprobar que los tabiques que separaban su apartamento del contiguo eran tan finos que podía escuchar las conversaciones de su vecina sin dificultad. Descubrió (ahora que ya era tarde, ahora que ya sabía que acabaría de pagar aquel piso cuando tuviera setenta y cinco años) que podía oír cómo su vecina hablaba por teléfono, cómo se encendía y apagaba su ordenador, cómo le gustaba gritar durante el sexo. Cada día, al abrir la puerta de su casa, sabía los ruidos que se enredarían con su rutina pulcra y solitaria.
Su vecina era una mujer en la treintena a quien sus frecuentes fracasos amorosos convertían en un animalillo penoso y llorón que hablaba (o más bien hipaba) al teléfono más o menos una semana de cada tres o cuatro meses. En los días siguientes a esa llamada desesperada, la vecina se amoldaba a una rutina que la mantenía alejada de la calle durante un par de semanas. La televisión funcionaba sin descanso, una película tras otra, durante todo el día; y si no era la televisión se trataba de la radio. Hasta que una tarde se la escuchaba tararear y taconear con prisa y cerrar la puerta con más fuerza de la necesaria. Entonces volvía a comenzar el ciclo del tarareo, la música, las palabras susurradas y las sesiones de gritos nocturnos.
Lo soportó cuanto pudo. Al principio, lo comentaba a sus amigos como un detalle curioso pero poco a poco aquellos altibajos habían podido con él. Oírla arrastrar los pies por la casa y llorar calladamente era algo que lo sacaba de sus casillas (¿cómo podía una persona no acorazarse un poco con cada fracaso?), pero el alegre taconeo no mejoraba mucho su humor (¿cómo podía una persona ilusionarse siempre tan ciegamente?). Y lo que más le molestaba de todo era la periodicidad con la que se repetían los ciclos: tres o cuatro meses, una semana, dos semanas, tres o cuatro meses, una semana, y de nuevo dos semanas. Y así. Sin descanso.
Durante dos años ahorró el dinero necesario para insonorizar su vivienda. Los obreros fueron eficaces y consiguieron acabar el trabajo en un mes, un período de tiempo que tuvo que pasar en casa de su familia. El día que volvió a su casa pensó que tantas molestias habían merecido la pena: ni un susurro le llegaba de la casa contigua, ni un sonido metálico en la cocina, ni la cantinela del ordenador y, lo más importante, se acabaron los hipidos y los gritos para siempre.
Reconfortado, estiró las piernas en el sofá, puso música en el equipo al nivel mínimo y pensó que merecía la pena pagar un poco más por un trabajo bien hecho.
Tres meses después se descubrió acercando el oído a la pared del salón.
Vonnegut (Homenaje)
¿Era necesario?, después de todo lo que ha pasado en los últimos cinco años, ¿era necesario?
Mientras tanto, el humo que sigue saliendo de muchos barrios parece haber formado en el aire las palabras: "So it goes."
lunes, abril 16, 2007
Domingo
Cuando llegué a casa, no necesité abrir la puerta con cuidado para no despertar a nadie porque nadie duerme en mi casa cuando yo no estoy. Entré y me senté en el sillón; me tomé un trozo de chocolate y miré un publirreportaje de esos en los que el público aúlla cuando sale al plató un actor venido a menos completamente desconocido en España. El mundo es un lugar extraño, escribí en mi cuaderno. El anuncio presentaba un aparato que servía para endurecer la musculatura de la barriga. Miré mi barriga. Descarté que aquel aparato me sirviera de algo. Cambié de canal y descubrí que era muy tarde: tan tarde que incluso las cadenas locales que emiten pornografía ocho horas al día habían cambiado de programación y empezaban de nuevo con los videntes. Al mirar por la ventana distinguí una línea luminosa detrás de los edificios. Estaba amaneciendo.
Me lavé los dientes y decidí no acostarme. Bajé a la calle y caminé diez minutos hasta llegar al quiosco que vende prensa las veinticuatro horas al día. Compré dos periódicos y les eché un vistazo. Nada digno de mención. Pensé que las noticias de una semana se reciclan en la siguiente, como si Dios o el azar fuera un ordenador que ha entrado en un bucle del que no sabe salir. Bah. Es muy tarde, no hagas caso. Llamé por teléfono y me contestó una máquina. Pulsé el uno y luego el tres y la voz de una mujer sonó al otro lado. Acordamos el precio y me senté a esperar. Cuando la mujer llegó, yo estaba dormido. A pesar del café que me había preparado y de los periódicos, no conseguí mantener los ojos abiertos. Abrí la puerta recién despierto y una mujer de piernas largas y pechos pequeños me sonrió. La hice pasar.
Ella se desnudó y se puso delante de mí un conjunto de ropa interior negro y lleno de encajes que realzaba su figura. Tal y como hacía siempre que la llamaba. Yo también me desnudé. Nos metimos en la cama. La besé con cariño y le acaricié la nuca y los lóbulos de las orejas y, como casi siempre, me quedé dormido mientras me acariciaba el pelo. El dinero, algo que habíamos acordado tiempo atrás, estaba encima de la mesilla de noche. Bien visible.
Cuando me despertó su beso pude notar el olor del café recién hecho. Me senté en la mesa y admiré el mantel perfectamente puesto, los huevos revueltos en su punto y las tostadas doradas. Los periódicos estaban doblados y crujientes a un lado. Había flores frescas en un jarrón en el centro de la mesa.
Iliana me dijo hasta la próxima cariño, me besó en la frente, abrió la puerta y se marchó.
viernes, abril 13, 2007
Primavera
Ayer llegó la primavera a mi casa. Las patatas rancias de la alacena parecían querer escapar de la cesta desplegando filamentos como dedos vegetales, una mosca gorda y perezosa comía de una fresa olvidada y un rayo de sol entró oblicuamente de la calle durante un segundo haciendo brillar el color de la tarima. Creo que no es necesario decir más.
O quizás sí: la mujer de la foto en la pared, que normalmente es una compañía muy tranquila, me miró de forma insinuante durante un instante y aunque se tratara de algo muy rápido y casi imperceptible, me di perfecta cuenta de sus intenciones.
No hice caso y Octavio Paz siguió diciendo voy por tu cuerpo como voy por el mundo y que bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío.
Pero cuando esta mañana he contemplado mi imagen desnuda en el espejo, he encontrado una marca en mi pecho que tenía la forma de unos labios.
Tal vez sea la primavera. No lo niego.
lunes, abril 09, 2007
Paisaje con flor de cerezo
Pero, afortunadamente, los escritores japoneses capturaron su belleza hace ya mucho tiempo:
guiado por su madre
frente al cerezo en flor.
Y en el jardín de los cerezos
la soledad duerme.
Una belleza fugaz. E inútil.
Como todas.
miércoles, abril 04, 2007
Dudas
Los chirridos del somier en la planta de arriba no cesaron en toda la noche. A pesar del sueño acumulado y del ruido que no me dejaba dormir, no pude evitar sentir admiración por esa pareja capaz de follar durante todo aquel tiempo, con mínimos descansos de 5 minutos entre las sesiones de sexo.
Aquellos sonidos rítmicos me trajeron a la cabeza una noche especial en la que yo también había pasado mucho tiempo sin dormir, en la piel de otra persona y sin saber como salir. El recuerdo me calentó pero masturbarme me pareció algo demasiado obsceno: me cruzaba con los vecinos a diario y aquello no estaría bien. No me apetecía sentir vergüenza cada vez que me los encontrara en las escaleras.
Y sin embargo, a partir de entonces, cada vez que los veía notaba como mi cara intentaba volverse roja. Como si yo fuera una niña de 14 años que no pudiera controlar sus propias emociones ante el chico más guapo del instituto, o un primerizo aterrado en su primera visita a un burdel.
Aquella noche de sexo se había quedado conmigo y no me abandonaba. El almizcle, el sudor y la saliva se habían propagado como un niebla de metano por el bloque de apartamentos y, desde entonces, no hago otra cosa que pensar en ella. Y en mí.
Escuchar a Antonio y a Manuel practicar el sexo ha removido algo que no sabía que se encontrara en mi interior.
domingo, abril 01, 2007
Obsesión
A veces se sentía tan vencido que pensaba en dejarse llevar. Que el viento se lo llevara todo por delante. Que las cosas acabaran de una maldita vez. Porque sabía que, tarde o temprano, a pesar de la voz interior que luchaba contra aquella idea, aquello sucedería. Daría lo que fuera por evitarlo (lo que fuera) pero la verdad es que hacía mucho tiempo que, en su interior, había aceptado la derrota.
Recordaba muy bien cuando lo supo con seguridad. No había sentido nada. Se había quedado mirando los árboles en la ventana un buen rato, inmóvil, sin pensar en nada, sin sentir nada. Como si lo que le acababan de comunicar (allí en aquella letra de molde tan elegante, en aquel papel de cartas grueso y de color crema) no tuviera ninguna importancia. Había pasado casi una hora mirando los árboles sin verlos, o viéndolos sin mirarlos, lo mismo daba una cosa que otra. Y después había pensado que quizá sucediera, que eso no lo negaba, pero que la existencia de una posibilidad, por remota que fuera, era suficiente para él.
Ahora sin embargo, después de todo el tratamiento, la evidencia se le apareció más cruda que nunca.
Ya tenía coronilla. La calvicie estaba a la vuelta de la esquina.
miércoles, marzo 28, 2007
Piedra
Soy una piedra y no soy inmutable. Sólo inmóvil. El agua maldita me moja, se hiela y me hace daño. El agua es nuestro gran enemigo. El fuego no. El fuego nos transforma y nos modela, nos hace cambiar. Pero el agua arranca nuestros pequeños pedazos y los esparce por ahí como si pensara que no los vamos a echar de menos.
He tenido mala suerte. No he hecho nada malo para acabar formando parte de este planeta absurdo y lleno de vida verde. Pero aquí estoy.
Ojalá hubiera nacido en la Luna.
lunes, marzo 26, 2007
Negro
Alguien le había dicho hacía tiempo que con los tontos no se discute, que hay que huir de ellos, porque lo único que se puede conseguir es que se te pegue la tontería. Así que cuando notaba el racismo en un grupo, siempre se retiraba de ellos con aprensión.
Sin embargo, un día (por esas extrañas casualidades que se producen de vez en cuando), Andrés se despertó y lo primero que vio fue el color marrón del dorso de su mano. Pensó que probablemente siguiera durmiendo; no es posible cambiar de color durante la noche.
Pero a medida que pasaban los minutos, los contornos del mundo se hacían cada vez más nítidos y, sin embargo, aquel color permanecía. Cuando corrió hasta el espejo para comprobar su aspecto, descubrió que había despertado con los rasgos africanos de su amigo.
Y lo único que se le ocurrió pensar fue: Dios, me he convertido en un negro.
Un negro.
jueves, marzo 22, 2007
Irse
Antes solía pensar que irse de este mundo sin memoria era una broma cruel y funesta, que pasar toda la vida aprendiendo cosas para acabar olvidándolas era un sin sentido, que el olvido era algo que, de alguna manera, oscurecía aún más esta cápsula de incomprensión que rodea al mundo.
Ahora, sin embargo, pienso que recordar más vívidamente las cosas que sucedieron hace setenta años que las que sucedieron hace una semana es una manera de triunfar sobre el tiempo, que pasar los días durmiendo dulcemente en el sillón es un privilegio, que ir desaprendiendo las cosas aprendidas y acabar comportándose como un niño no es mala manera de irse.
Irse así es disolverse, difuminarse. En el blanco.
lunes, marzo 19, 2007
Tenis
Se levantaba cada día a las 6.00 de la mañana, desayunaba, hacía una hora de deporte y se marchaba al trabajo en el banco. Allí entraba con el coche en el aparcamiento y se dirigía a la planta décima del edificio, donde se encontraba la dirección. Era un buen gestor y estaba reconocido en el trabajo. Le pagaban muy bien y la gente se levantaba cuando entraba a las reuniones.
Cuando el departamento de personal organizó aquel campeonato de tenis, pensó que sería una buena oportunidad para conocer algo mejor a sus colaboradores habituales así que se apuntó sin dudarlo. Jugaría los martes y los jueves al tenis con su gente durante dos meses, lo que, sin duda, mejoraría el ambiente laboral.
Cuando acabó el último del campeonato sin haber ganado ni un solo set, intentó no darle mucha importancia. Aceptaba ser el peor jugador de tenis del trabajo, por eso no había problema.
No obstante, despidió a todos sus subordinados y continuó con las clases de tenis.
miércoles, marzo 14, 2007
Memoria
Despertó e inmediatamente advirtió que no recordaba nada concreto de su vida. Sólo conseguía acordarse de cosas generales y vagas: que su país era España; que vivía en el centro de una ciudad del norte. Poco más.
Como no sabía si tenía que acudir al trabajo ni si tenía alguna obligación con la que cumplir, dedicó un par de horas a revisar su propia casa. Una casa pequeña, con un par de habitaciones: un dormitorio y lo que parecía un estudio con mesa de trabajo, ordenador y algunos libros, decorada con buen gusto y que parecía cómoda. Registró el estudio por encima buscando detalles personales pero no encontró facturas ni fotos. A continuación, echó un vistazo a los libros de la estantería del salón, más que nada para descubrir qué tipo de literatura le gustaba. Los libros eran bastante buenos.
Por la ventana podía ver un jardín bastante bien cuidado; su casa parecía un sitio agradable y bonito; le iba bien. Continuando con su inspección fue al cuarto de baño para revisar el tocador y por primera vez se preguntó si viviría con alguien. Aquellos productos de belleza femeninos no parecían propios de un hombre. También encontró parches de nicotina. Quizá fuera fumador y no lo recordara. Como no perdía nada por probar, después de asegurarse de que las llaves que había encontrado eran las de la casa, bajó a la calle y compró tabaco, pero el humo no le gustó nada y le produjo una tos bastante violenta. No parecía que los parches fueran suyos.
Abrió el ordenador con la intención de seguir reconstruyendo su propia vida pero sólo contenía el sistema operativo y algunos programas, como si estuviera recién comprado. Se preguntó si los discos que había encontrado en el salón, y que incluían música rock y algunos clásicos del jazz, serían suyos o de su mujer. Pero la verdad es que no supo responderse.
Sentado en la cama, mientras hojeaba los libros apilados en la mesilla, reparó en lo que parecía un diario. Un marcador de páginas sobresalía dividiendo el libro por la mitad, así que lo tomó entre las manos y lo abrió.
Era el diario de una mujer llamada María. La última anotación decía: "14 de Marzo. Creo que no voy a volver a verlo. Últimamente me da un poco de miedo".
martes, marzo 13, 2007
Magdalena
Al tirar de ese recuerdo petrificado (con ese aspecto de tronco calcáreo, de árbol de cueva), sin darse cuenta, había roto la base con la que se aferraba a su cabeza. Y por ese hueco habían salido muchos otros con los que ahora no sabía qué hacer.
Así que mientras lo decidía, y como les tenía cariño, los había cogido con cuidado (veinte años de inmovilidad atrofian la musculatura) y los había tendido aquí en esta página para que se fueran recuperando.
miércoles, marzo 07, 2007
Risas
Y se echaba a reír con una risa socarrona y grave.
Y yo también. Y ustedes.
Confiésenlo.
martes, marzo 06, 2007
Tildes
Se levantó y se fue.
Llevar los acentos mal puestos en una lectura poética no tiene arreglo.
sábado, marzo 03, 2007
Cita
De hecho, lo dice mucho mejor Wallace Stevens en Adagia: "Las citas tienen un especial interés, ya que uno es incapaz de decir algo que no sean sus propias palabras, quienquiera que las haya escrito".
Y lo que más me gusta de ésta es que el hecho de utilizarla, la confirma.
miércoles, febrero 28, 2007
Deditos
Yo, que estoy aquí y me rasco con placer la rodilla, que noto como los tendones de mi espalda están tensos y enredados y como los huesecillos de mi mano han tenido hoy demasiado trabajo al teclado, que recuerdo un verso o un culo, estoy aquí a este lado escribiendo este texto. Justo en este momento, el impulso de mis dedos está convirtiéndose en señales eléctricas que hacen entender al ordenador cómo poner las palabras así en fila, una detrás de otra, como en un desfile en el que yo fuera la majorette y el músico o un general cualquiera con un montón de galones.
Con estos deditos.
No sé. A veces la tecnología me asusta. Y a veces, también.
lunes, febrero 26, 2007
Huida (con cariño)
Así que hizo lo que solía hacer cuando le sucedía aquello. Se fue sin decir adiós.
Fue duro y le costó acostumbrarse a la nueva ciudad y al nuevo trabajo pero un buen día pudo decirse que ya lo había superado.
Así que se asustó mucho cuando aquel día empezó a presentir que algo iba a cambiar en su vida de forma irreversible.
miércoles, febrero 21, 2007
Augusto
Se llamaba Augusto y a pesar de su nombre, era un tipo ridículo, bajito, con mal aliento y gafas de culo de botella. Sin embargo, era el mejor experto en sellos del siglo XIX que había en todo el país y era tan conocido en el ambiente numismático que los que se ganaban la vida con los sellos le consultaban antes de comprar nada. Vestía el mismo traje ajado desde que tengo memoria. Lo recuerdo hace muchos años con su bigote manchado de nicotina, a la puerta de su negocio, fumando un cigarrillo y mirando burlonamente cuando alguien se detenía a mirar su minúsculo escaparate.
Pero un buen día su negocio permaneció cerrado durante una semana completa y en el bar me contaron que no sabían qué había sido de él. Y la verdad es que me preocupé. Sobre todo porque no hago nada más que darle vueltas a la cabeza pensado en cómo puede escapar de su destino un personaje imaginario. Y acabar muriendo en el tercer párrafo en lugar de en el segundo. Enfisema, claro.
El maldito se ha burlado de mí.
martes, febrero 20, 2007
Invierno
Es un decir, claro. Yo es que soy bastante reflexivo, la verdad, y se me ocurren esas cosas absurdas. El caso es que hace frío y está a punto de llover y es febrero y la gente no se cansa de decir que menos mal que al fin el invierno parece estar ahí y que el verano va a ser terrible y que este año no ha hecho apenas frío.
A mí no me convence lo que dice la gente. Yo con el invierno me hablo poco porque me parece intratable con esa furia y esos remolinos de nieve girando. Lo ves y te dices, pero cómo se va a poder hablar con alguien así que, a la mínima, se empeña en matar mendigos y en arruinar cosechas.
Pero, bueno, a veces no tenemos más remedio que hablar con vecinos intratables para hacer la convivencia más pacífica así que sí que le he dicho algo. Le he dicho que me haga el favor de perdonarme por esta vez. Que no le hago ningún daño. Que estoy aquí en mi rincón sin molestar a nadie y que esta piedra que está a mi izquierda me protege un poco.
Que no se ensañe con el parque de las afueras en el que a mí, pobre inconsciente, me dio por florecer a mitad del mes de enero.
Y eso que mi madre siempre me insistía en que los almendros debemos esperar a principios de abril.
jueves, febrero 15, 2007
Llegar
La barca en la que venía se movía tanto que he pensado mucho en la muerte durante el viaje. Pero al final lo hemos conseguido.
Había mucha gente en bañador. Algunos de ellos se han dirigido hacia nosotros en cuanto nos han visto y han remolcado la barca hasta la arena.
Me han pinchado una aguja en el dorso de la mano y me he dejado caer, postrado por el agotamiento, sobre una toalla que alguien ha puesto debajo de mí.
Nunca olvidaré a la chica blanca en bikini que me ha hecho entrar en calor arropándome con una manta.
He conseguido llegar.
lunes, febrero 05, 2007
Ustedes
Si los husos horarios son realmente arbitrarios porque el planeta no gira sobre sí mismo de hora en hora sino de forma continua, realmente aquí no es exactamente la misma hora que en Burgos. Cada uno de nosotros vive, si extendemos el razonamiento, en una hora ligeramente diferente a la de los demás, porque, aunque la distancia de un metro que nos separa de nuestros semejantes es despreciable respecto al diámetro de la tierra, el tiempo, al igual que el movimiento del planeta, es analógico y se puede dividir hasta el infinito. Así que cada uno de nosotros no comparte, stricto sensu, el tiempo con nadie. Más bien tiene un tiempo en exclusiva para él solo.
Si, por otro lado, pensamos en que el contacto es físicamente imposible, pues lo que nosotros identificamos como contacto, en realidad son estímulos físicos de nuestros nervios cuando los campos eléctricos de los átomos de ambos cuerpos se acercan. Y que, por tanto, lo que nosotros consideramos una caricia, el contacto inmejorable, es una red de campos electromagnéticos entrelazándose.
Pues podemos pensar en que todos estamos muy solos, cada uno en su propia cápsula.
O podemos pensar en el mundo como en un lugar cruzado de trillones de reacciones eléctricas simultáneas. Un mundo de estrellas.
Ustedes deciden.
miércoles, enero 31, 2007
Agua
Cuando llegó a la conclusión de que su cabeza estaba llena de agua hasta la mitad, no necesitó consultar con un médico para saber que sería sano dejarla salir.
Ahora está decidiendo la estrategia para combatir esa inundación que deja todas sus ideas mojadas y deformes. No sabe si va a acabar prefiriendo hablar o llorar.
Traición
Esa novela acumuló polvo durante casi veinte años en las editoriales españolas hasta que Marisol Arbués, Mercè Burrel, Marc Parayre, Hermes Salceda y Regina Vega se sentaron alrededor de una mesa, se juramentaron y después de mucho tiempo de trabajo, trasladaron esa novela al español, llamándola El secuestro y sin utilizar la letra a, la más común en nuestro idioma. En una época en la que los traductores literarios deben hacer todo tipo de trabajos para sobrevivir, ellos también prefirieron jugar.
Un hurra alborozado por Arbués, Burrel, Parayre, Salceda y Vega, eterno ejemplo para los jóvenes aspirantes a traidores.
domingo, enero 28, 2007
Folleto
Cuando caminamos, no prestamos atención al hecho de caminar. Nuestro cerebro automatiza los comportamientos habituales. Pero hay que tener cuidado. Cuidado de no dejar que vivir se convierta en eso, en un comportamiento automatizado.
lunes, enero 22, 2007
Inferencia
los filólogos leen con un lápiz en la mano,
ergo todos los filólogos son judíos.
Yo leo con un lápiz en la mano,
yo no soy ni judío ni filológo,
ergo ¿seré Steiner?
No sé, a veces me confundo. No sé. La niebla nubla mi entendimiento, ¿me estaré volviendo tonto, judío y filólogo todo a la vez?
Para ser Steiner estoy un poco espeso. Vamos, digo yo.
Tacto
Yo dije: "Glub".
Y él continuó: "Debes elegir el sentido que deseas perder. Ya sabes: vista, oido, olfato, gusto y tacto. Debes elegir el que después de este encuentro ya no podrás disfrutar. Piénsalo bien. Esto no es ni un sueño ni una broma. No te despertarás pensando qué tontería... Así que piénsalo bien". Y luego dijo: "Me encanta ser un genio verde. Se os queda una cara..."
Y yo, después de un rato meditándolo, pensé que podría muy bien prescindir del tacto porque, a fin de cuentas, si conservaba la vista no le encontraba yo mucha utilidad. Así que le contesté: "¿Puedo usar el comodín del público?" pero no pareció hacerle mucha gracia y claro, pensé que igual los genios de cuatro metros de altura a los que no queda más remedio que vestir como en las películas de cinemascope no tenían mucho sentido del humor, así que dije: "Prefiero perder el tacto. El tacto, si lo pienso, no me sirve para casi nada."
Y Él dijo: "Pues vale. Desde este momento, no tendrás el sentido del tacto. Ja."
Dos años después decidí entrar en un monasterio. La vida contemplativa es la única opción que te queda cuando el sexo desaparece de tu vida. Todavía se estará riendo el cabrón del genio. Mal rayo verde lo parta.
lunes, enero 15, 2007
Síndrome
-Aunque le parezca raro, se llama síndrome de Cotard y aunque no se han documentado más de cien casos en la literatura médica, es algo que tiene su explicación y que en casos como el suyo, en los que ha existido un traumatismo grave del cráneo, se deben a una causa física. No se está volviendo usted loco.
-Pero es que me miro al espejo y veo que me estoy pudriendo, que poco a poco mi cara se va desencarnando, que debería estar enterrado. Tengo mucho miedo, doctor.
-Se puede tratar. Eso es lo más importante. La medicación que le receté hará que esa sensación se atenúe. Pero, sobre todo, lo más importante es que usted luche contra esa sensación, que racionalmente sepa que es imposible que esté usted muerto. Los muertos no vienen a la consulta del psiquiatra.
-Ya doctor. En eso lleva usted razón. Pero es una sensación demasiado fuerte. Incluso me pregunto si usted no será también uno de ellos, alguien que pretende engañarme, que pretende mantenerme aquí a este lado.
-Debe usted relajarse. Este síndrome también está acompañado de tendencias suicidas, por lo que, si no quiere usted estar muerto realmente, es muy importante que tome la medicación tal y como le prescribí.
-Si le digo la verdad ya me tomé los tranquilizantes. Pero no parecen haberme causado ningún efecto. Yo sigo pensando que estoy muerto. Y eso que me los tomé todos de una sola vez.
viernes, enero 12, 2007
Meme
1.- Cuando era pequeño, en realidad, yo era una niña. Fue al llegar a la pubertad cuando el médico me dijo que mis genes en realidad correspondían al sexo masculino y que la falta de pene se debía a una alteración congénita. Podría haber seguido siendo una niña (para siempre andrógina) y acabar convirtiéndome en una mujer atraída por otras mujeres o podía elegir convertirme en un hombre con un extraño apéndice entre las piernas. Elegí lo último.
2.- Mi primera mujer me engañó durante mucho tiempo. Yo creía que era abogada: tenía amigos abogados, hablaba de casos del juzgado, consultaba a menudo el Aranzadi pero la policía me descubrió que la que yo veía como una perfecta letrada era, en realidad, la pieza clave de una trama de narcotráfico que introducía éxtasis en España procedente de Holanda. Y nunca me dio ni una mísera pastilla.
3.- Durante un tiempo, me aficioné a las órdenes militares y acabé por especializarme en la que supone la encarnación de los ideales caballerescos más elevados. Ahora, sigo el camino del samurai y me muevo como un viento funesto sin que apenas se me pueda ver entre la niebla.
4.- Soy un especialista en pulp americano de los años 50, por lo que estoy habituado a las escenas subidas de tono en las que lúbricas rubias hacen el amor con extraterrestres con forma humana, que sólo pretenden concebir un híbrido para llevarlo a su planeta y someterlo a interminables análisis médicos.
5.- A pesar de mi fascinación por la cultura pop, soy un intelectual sesudo y aburrido que siempre saca temas de conversación a destiempo, como cuando alguien me cuenta que ha estado en Tailandia y hablo de los efectos de la crisis asiática del 93 en la economía occidental. Por ejemplo.
Pero, por esta vez, aquí morirá la cadena. Nada de pasar la proposición a otras cinco personas, entre otras cosas, porque estoy seguro de que las cinco personas que yo eligiera ya han recibido la propuesta por otras vías.
miércoles, enero 10, 2007
Bruno
Era alguien signo de los tiempos: lo quería todo, lo quería ya, y lo quería porque, no nos engañemos, se lo merecía.
Así que cuando decidió acabar con la vida de algunos de sus compañeros de trabajo con una escopeta de caza que tenía desde los catorce años, su primera víctima fue su jefe, ese mediocre que se resistía a reconocer todo lo que le debía. En segundo lugar, mató a Amalia, porque no conseguía olvidar aquella noche en la que ella lo rechazó alegando tener pareja. Y por último, pues siempre acababa lo que había empezado, contempló con curiosidad los ojos negros del arma, respiró hondo y tiró del gatillo.
No llegó a oír el ruido del disparo, claro. Aunque sí que notó su cabeza golpeando contra el suelo a la vez que pensaba que hasta en eso, en la despedida, había marcado una época en aquella empresa de mierda.
jueves, enero 04, 2007
Autobús
Estaba seguro de haber soñado algo agradable porque al despertar, respondiendo a un impulso que no se acababa de explicar y que siempre le hacía abrir los ojos en la parada justa, se dio cuenta de que estaba sonriendo. Lástima no recordar exactamente en qué había consistido. No solía hacerlo, y echaba de menos poder rememorar esa atmósfera extraña de los sueños, con el tiempo convertido en algo elástico y pegajoso.
Con la sonrisa en los labios, pudo comprobar que estaba en el autobús, pero que no había nadie dentro de él y que, además, la parada en la que se encontraba no le resultaba familiar. Algo inusitado porque, hasta ahora, ese despertador inconsciente que llevaba en su cabeza no le había fallado nunca. Se dijo que, probablemente debido a la falta de sueño de la última semana, se encontraba más cansado de lo habitual y que era eso lo que había hecho que no abriera los ojos al aproximarse a la avenida en la que solía bajar para dirigirse al trabajo.
La parada estaba rodeada de una zona de obras y, aunque no supusiera una sorpresa en su ciudad, siempre agujereada por la maquinaria pesada, no conseguía situarla. Conocía el nombre en el que acababa la línea de autobús, pero nunca había estado allí (¿para qué ir a los suburbios sin necesidad?), pero lo que no sabía era la manera de regresar al centro. De huir de aquel socavón.
También le había sorprendido no hallar al conductor del autobús dentro del vehículo ni fumando un cigarrillo en los alrededores (¿dónde estaría?). Veía las grandes máquinas amarillas, veía los coches pasando a toda velocidad y veía los bloques de apartamentos con antenas como coronas de hojalata, pero no veía dónde estaba el conductor del autobús.
Un ligero sentimiento de incomodidad empezó a extenderse desde su zona lumbar hacia arriba. Había algo allí que no cuadraba del todo, pensó, a la vez que advertía que la zona estaba demasiado silenciosa para ser una zona de obras. Si las máquinas alemanas estaban violentando la naturaleza y arrancando toneladas de tierra y lombrices, no tenía sentido que no hubiera un tremendo ruido, de esos que dejan la mente en blanco porque el cerebro parece incapaz de ocuparse de otra cosa que no sea protegerse. Así que decidió bajar del autobús y preguntar.
Las puertas del autobús estaban abiertas, como si todo el mundo hubiera escapado corriendo, así que se levantó y se dispuso a bajar. Sin embargo el suelo del autobús parecía hecho de piel de pescado y resbaló. Estuvo a punto de caer, pero consiguió evitarlo poniendo una mano sobre él. Desde aquella postura, pudo comprobar que lo que le había parecido piel de pescado, era, efectivamente, piel de pescado: escamosa y con dibujos geométricos, con un olor ligeramente putrefacto.
En aquel momento, su mente comprendió que en realidad no se había despertado, que seguía durmiendo en el sitio que había encontrado (por subirse al autobús al principio de la línea), por lo que intentó abrir los ojos a pesar del engaño de su mente, que le estaba diciendo que el autobús y el socavón y la maquinaria alemana eran reales. Pero no lo conseguía. No conseguía abrir los ojos porque su mente le decía que ya los tenía abiertos, que aquello que podía ver era lo que realmente existía más allá de los cristales sucios del autobús.
Combatir un sueño desde dentro es difícil. Hay que ser fuerte. Y hay que ser capaz de superar el extrañamiento, hay que ser capaz de recordar qué es la realidad, por qué es imposible que un autobús tenga el suelo hecho de piel de pescado. Pero, después de un gran esfuerzo, en el que se sintió como si hubiera visto el final de una carrera en directo antes de que se diera el pistoletazo de salida, lo consiguió.
Estaba seguro de haber soñado algo agradable porque al despertar, respondiendo a un impulso que no se acababa de explicar y que siempre le hacía abrir los ojos en la parada justa, se dio cuenta de que estaba sonriendo. Lástima no recordar exactamente en qué había consistido. No solía hacerlo, y echaba de menos poder rememorar esa atmósfera extraña de los sueños, con el tiempo convertido en algo elástico y pegajoso.
martes, enero 02, 2007
Feliz año nuevo
Cuando una excavadora contratada por el ayuntamiento ha abierto un boquete por el que intentar rescatar a los habitantes de la primera casa de la urbanización más cara de toda la ciudad, sólo han hallado ceniza en suspensión y luciérnagas.
Las luciérnagas han huido por el hueco recién abierto, por lo que no se ha podido comprobar que formaran el letrero: “Feliz año nuevo”, tal y como afirmaba una y otra vez el obrero que pasó por el hueco en primer lugar.
Que además, insiste en decir que, por mucho que se lave, la ceniza no se le va del cabello.