jueves, agosto 23, 2007

Momento de sol

Ana recordaba perfectamente la tarde en la que una llamada telefónica le había cambiado la vida. En aquel momento pensó que nunca olvidaría aquellos instantes, que nunca olvidaría la sensación que se le anudó en el estómago, el vértigo que siente el que de repente se queda sin suelo bajo los pies y no sabe donde va a acabar por caer.
Recordaba con claridad un solitario rayo de sol entrando oblicuo por un agujero de la ventana, las partículas de polvo flotando ingrávidas en el haz de luz. Recordaba haber mirado hacia su rincón preferido de aquella casa: una esquina con una estantería de madera envejecida cubierta de libros y recuerdos y haber pensado que sería la última vez que miraría su propia casa de ese modo.
A ella los recuerdos le funcionaban de esa manera, como si en un momento trascendental de la vida, no pudiera ocuparse más que de los detalles, los estúpidos detalles. Una y otra vez veía aquel rayo de sol, con las partículas doradas en su interior avanzando desde la ventana en línea recta e iluminado un minúsculo polígono irregular en el suelo.
No era posible lo que estaba pasando, no era posible que su vida se vaporizara con esa facilidad, como si sus esperanzas y su futuro fueran tan poco reales como el dinero de la bolsa, un dinero que desaparecía sin que nadie supiera donde iba cuando todo el mundo se ponía de acuerdo en tener un ataque de pánico y vendía y vendía y vendía hasta que las acciones no valían nada. ¿Adónde iba todo ese dinero? Miles de millones de euros volatilizados en un momento. Nunca lo había entendido, sabía cómo funcionaba la bolsa –por algo se dedicaba a ello– pero si lo pensaba de verdad, no lo comprendía. Suponía que se trataría de algo parecido a las matemáticas o a la física de partículas. Sus estudiosos podrían proponer modelos que explicaran de alguna manera el comportamiento de esos sistemas, pero ¿qué eran? ¿qué eran en sí?
Otra vez el rayo de sol y otra vez el polvo y otra vez esta sensación de que en cualquier momento voy a desaparecer engullida por el suelo y atravesaré todas las plantas de la casa una tras otra hasta destrozar mis huesos con el suelo, pobres huesos fragmentados y astillados, clavados a mi cuerpo, fuera de su sitio.
Y lo imagino moviendo la boca y explicándolo todo, explicándolo como si fuera posible ofrecer una justificación a esta sacudida. ¿Qué dice? ¿de qué habla? No lo sé, no lo entiendo. No sé de qué habla, yo sólo sé que a partir de este momento todo ha cambiado y en que ya estaba organizando las vacaciones de verano y ahora esto. No entiendo nada. No entiendo de qué habla. Unas vacaciones fantásticas con playas de arena blanca y el mar turquesa y palmeras con cocoteros y un hotel para descansar de verdad sin tener que preocuparse lo más mínimo por nada, sólo la pereza de estar en una playa y disfrutar del sol en la piel y del sexo a mediodía. De qué coño está hablando.
Y el rayo de luz sigue entrando por la ventana, sigue su trayectoria recta, sigue bruñendo el suelo de madera gastada. ¿De qué está hablando?

5 comentarios:

Sebastián Puig dijo...

Desolador...

Si me permite Vd. el atrevimiento, yo no repetiría la palabra "vida" en el siguiente fragmento:

"no era posible que su vida se vaporizara con esa facilidad, como si sus esperanzas y su vida futura fueran tan poco reales..."

Puedes poner perfectamente "futuro" en lugar de "vida futura". Pero bueno, es una chorradilla de tiquismiquis, puesto que el texto es bueno de verdad...

Un abrazo.

La independiente dijo...

Gracias, rythmduel por el comentario. Estoy de acuerdo contigo. Lo cambio sobre la marcha.

Un abrazo,

Portarosa dijo...

La verdad es que debo de estar un poco atontado, porque me ha costado entenderlo.

Al final... buf.

Un abrazo.

La independiente dijo...

Hola Porto,
Pero, ¿al final lo has conseguido? :-D

Un abrazo,

Portarosa dijo...

Sí. Por eso resoplo :)