martes, mayo 29, 2007

Secreto

Hay personas que tienen una piedra ardiendo en su interior. Les quema, les provoca un dolor sordo, inaudible, que les agota y les consume. A veces tienen una sonrisa resignada y sólo puede verse el dolor en sus ojos, pero en otros casos toda la cara se les ha convertido en la máscara griega de la tragedia; tanta expresión apesadumbrada ha acabado por conferir a sus arrugas la categoría de marco fotográfico. Y lo que se ve en la foto es la pena que tienen.

Hay otras que teniendo la misma piedra (porque todos tenemos una que va creciendo con el tiempo y las pérdidas: es inevitable) tienen una expresión dulce. Entran por la mañana en el trabajo, alegres de verdad y dando los buenos días. Siempre tienen una palabra amable y saben diferenciar lo importante de lo que no lo es. Sufren como todo el mundo, pero consiguen que las arrugas sean en esta ocasión las comillas que enmarcan su sonrisa.

Si alguien supiera decirme el secreto, ruego se dignen dejar algún comentario.

Gracias.

viernes, mayo 25, 2007

Inmenso

Decía el periódico el otro día que un albatros, especie que vive una media de 70 años, lleva 40 años perdido en las Islas Británicas buscando una pareja inexistente, pues los albatros son monógamos y allí sólo hay alcatraces. El albatros ha intentado aparearse con los alcatraces pero estos lo rechazan una y otra vez. El albatros no se da cuenta de que él no es un alcatraz. El albatros siempre ha pensado que lo rechazan por ser demasiado alto.

Tan lejos del Cono Sur... Pobre pájaro inmenso suspendido en el aire.

miércoles, mayo 23, 2007

Funeral

Las encinas empiezan a florecer en marzo. En esa época les brotan flores que son machos y flores que son hembras, que el viento encadena como si fuera una casamentera. Como en el caso de las mujeres, si el embarazo va bien, las flores hembra se transforman hasta convertirse en otra cosa: de su cuerpo surge una bellota que, después del período de gestación, acaba por caer blandamente a los pies del árbol. Las bellotas permanecen cerca hasta que se convierten en arbusto, una costumbre habitual entre las crías. Y un mes de marzo cualquiera el arbusto florecerá y entonces la familia que lo rodea comenzará a tratarlo como un adulto.

Cuando una encina se dispone a morir, toda su descendencia lo presiente y la arropa en su último viaje. Una pequeña vibración recorre todo el encinar, esponjándolo, pasando de un vástago a otro, de generación en generación, hasta que toda la familia agita levemente las hojas en señal de despedida. La encina contempla a sus cientos de hijos, algunos centenarios y otros apenas adolescentes, y piensa que es bueno tener una familia tan numerosa. Y entonces muere satisfecha. Si la encina es muy mayor y tiene mucha familia, el luto (un color verde más oscuro del normal) puede durar casi dos semanas.

El rito funerario está siendo investigado por los biólogos porque no acaban de entender esa última señal de despedida. Yo, sin embargo, no sé qué es lo que no entienden. Como si no estuviera claro.

viernes, mayo 18, 2007

Maternidad

Nunca quiso que sucediera de esa manera. No quiso ser secuestrada y llevada a la selva. No quiso despertarse bajo el cielo con picaduras de insectos en el cuerpo. Ni perder el contacto con su mundo. Ni curar las llagas de su pies después de tantas jornadas de marcha, agotadoras. Ni vivir con miedo a un disparo por la espalda.

Pero así han sucedido las cosas. Su vida entró en un injusto paréntesis y aunque durante meses se levantó maldiciendo su suerte, su vida y su país, un día vio el brillo en los ojos de Juan, quien siempre la había tratado bien. Algunos lo llamarán síndrome de Estocolmo, pero ella cree que fue amor.

Ahora su hijo la mira mientras mama. La selva se refleja en sus ojos.

Qué extraño oficio el de vivir.

miércoles, mayo 16, 2007

Remordimiento

Tómense los siguientes ingredientes:


re-.
(Del lat. re-).
1. pref. Significa 'repetición'. Reconstruir.
2. pref. Significa 'movimiento hacia atrás'. Refluir.
3. pref. Denota 'intensificación'. Recargar.
4. pref. Indica 'oposición' o 'resistencia'. Rechazar. Repugnar. Significa 'negación' o 'inversión del significado simple'. Reprobar. Con adjetivos o adverbios, puede reforzarse el valor de intensificación añadiendo a re- las sílabas -te o -quete. Retebueno. Requetebién.

morder.
(Del lat. mordēre).
1.
tr. Clavar los dientes en algo.
2.
tr. Picar como mordiendo.
3.
tr. Dicho de una cosa: Asir a otra, haciendo presa en ella.
4.
tr. Gastar insensiblemente, o poco a poco, quitando partes muy pequeñas, como hace la lima.
5.
tr. Dicho del agua fuerte: Corroer la parte dibujada de la plancha o lámina que se somete a la acción de ella.
6.
tr. Murmurar o satirizar, hiriendo y ofendiendo en la fama o crédito.
7.
tr. coloq. Dicho de una persona: Manifestar de algún modo su ira o enojo extremos. Juan Está que muerde.
8.
tr. Impr. Impedir con uno o más bordes de la frasqueta que se efectúe la impresión, por cubrir una parte del molde o interponerse entre este y el papel que se ha de imprimir.
9.
tr. coloq. Cuba. estafar (ǁ pedir o sacar dinero con engaños).

-miento.
(Del lat. -mentum).
1.
suf. En los sustantivos verbales, suele significar 'acción y efecto'. Toma las formas -amiento e -imiento. Debilitamiento, levantamiento. Atrevimiento, florecimiento.


Mézclense estrictamente en ese orden a fuego muy lento (de 15 siglos o así) hasta obtener la palabra remordimiento: Re-mord(i)-miento.

Y ahora imaginemos a un gusano que muerde y remuerde nuestro estómago, tal y como imaginaban en la Edad Media a la conciencia y admírese qué hermosa es la lengua en funcionamiento, pues sus engranajes han venido a hacer que esa palabra signifique: Inquietud, pesar interno que queda después de ejecutada una mala acción.

lunes, mayo 14, 2007

Radio

Estaba en su casa. Escuchando la radio como solía hacer. Le gustaba y le hacía compañía. Y era mucho más amable que la televisión. Menos invasora. No se metía en tu salón un señor con corbata. Pulsó el botón para avanzar de emisora y, de repente, comenzó a sonar una conversación a través de los altavoces. Sucedía de vez en cuando.

En la radio una mujer preguntaba: “¿Lo has hecho?” y un hombre contestaba: “”; entonces ella decía: “Supongo que sangró como un cerdo” y un hombre diferente respondía: “No, la que va a sangrar como un ternera abierta en canal vas a ser tú. Puta”.

Pensó que seguramente se trataría de algún serial radiofónico y también pensó que era una pena que la radio se llenara de basura como la tele. Así que decidió cambiar de canal.

domingo, mayo 13, 2007

Bola

Creo que durante la noche, alguno de mis sueños estaba habitado por un animal que ha dejado la cama cubierta de pelos. Pelos como pequeñas lombrices translúcidas que, poco a poco, han ascendido por mi cuerpo hasta alcanzar mi boca.

De ahí al esófago han tardado poco tiempo. Allí se han enredado unas con otras formando una bola que está impidiendo que el olor del sol llegue a mis pulmones.

Así que he decidido abrir una botella de vino tinto y beber un vaso. Porque me consta que la bola es soluble en alcohol.

miércoles, mayo 09, 2007

Aprensión

Aquel cangrejo rojo estaba justo en mitad de su cuarto de baño. Era grande y tenía un aspecto imponente. Recordó que en Centroamérica existe una especie de cangrejos que caminan kilómetros y kilómetros para desovar en el mar, cangrejos que cuando llega la temporada caminan tozudos siguiendo la misma ruta año tras año. Este cangrejo se parecía a esos. Mucho más rojo y con las patas mucho más largas y peludas que los que podemos encontrar en las marisquerías.

Fue a la cocina y cogió la escoba. No le apetecía nada que el bicho le pellizcara con las pinzas. La escoba sería suficiente para acabar con él. Cuando entró de nuevo en el cuarto de baño, el cangrejo ya no estaba, a pesar de que no podía haber tardado más de treinta segundos en ir a la cocina y recoger la escoba. Tampoco se oía nada. Supuso que se habría escondido y empezó a buscarlo.

Después de un rato lo encontró justo debajo del retrete, en ese hueco que deja la forma de la loza cuando se une con el suelo. Lo empujó con el palo de la escoba y el cangrejo salió disparado a una velocidad sorprendente, pasando por debajo de sus piernas y llegando al pasillo en un instante. Lo persiguió y, en mitad del pasillo, le dio alcance. Allí descargó el golpe fatal con la escoba. El cangrejo dejó de moverse.

En el suelo no había quedado ninguna mancha de sangre o de lo que quiera que los cangrejos tengan dentro. Con aprensión, le dio unos toquecitos con la escoba para comprobar que estuviera realmente muerto. Siguió sin moverse.

Un poco asqueado, recogió el cadáver para tirarlo a la basura y entonces reparó en el letrero. Made in Taiwan, decía.

martes, mayo 08, 2007

Contra la seriedad

Haciendo un ejercicio de imaginación, imaginemos. Creamos por un momento que alguien está escribiendo el Quijote hoy en día. Y que lo hace desde la parte del mundo que más se parece a los Siglos de Oro españoles: Latinoamérica.

Y en su historia esto es lo que pasa. En su historia, un loco con el seso seco por los libros de conspiraciones, de esos que hablan de sectas secretas que han gobernado el mundo desde el tiempo de los templarios, decide descubrir los trapos sucios de la Iglesia Católica brasileña. Se echa al monte como el subcomandante Marcos pero, después de unos cuantos episodios cómicos en un meublé de mala muerte guatemalteco, en la selva mexicana acaba trabajando de bufón para un coronel del ejército metido en temas de narcotráfico, que vive como un marqués. Más tarde, y una vez que ha asistido a una nacionalización en Venezuela en la que todo el mundo alzaba el puño y cantaba emocionado el himno nacional, acaba probando la ayahuasca en el Amazonas, algo que contribuye definitivamente a la pérdida absoluta de su sentido de la realidad y a que todo lo relacione con una conspiración que lo persigue para evitar que desvele los grandes misterios que ha aprendido. Por el camino es maltratado por los guerrilleros y los paramilitares colombianos, por los mercenarios recién llegados de Irak de las multinacionales norteamericanas, por los miembros de las maras, sobre todo la SalvaTrucha, y por la DEA estadounidense. De regreso en su casa en la frontera mexicana, recupera su lucidez y muere renegando de esos libros, engendros del demonio. Y para añadir un toque de realidad al relato, el protagonista podría además, ser de rasgos indígenas o mestizo.

Este relato, escrito con el estilo desatado y lleno de términos fronterizos de la literatura de McOndo y el Crack y publicado en una editorial tejana preocupada por las nuevas voces narrativas tex-mex, se convertiría inmediatamente en un éxito de ventas.

Y al cabo del tiempo (sigamos imaginando) cuando hubieran pasado un par de décadas, las universidades norteamericanas crearían cursos semestrales que pretenderían analizar la novela como el epítome de la voz del excluido y del loco, como el producto de las corrientes culturales de la frontera, como un ejemplo de la labor predatoria de las empresas en la selva, como el advenimiento del mestizaje globalizado a la literatura chicana. Un departamento especializado en “gender studies” se encargaría de diseccionar aquellos pasajes de la novela en los que el erotismo y la sexualidad estuvieran más presentes. Y alguien conseguiría un doctorado escribiendo sobre “El palimpsesto posmoderno: técnicas fragmentadas de discurso en la estructura de la novela chicana contemporánea” utilizando el libro en cuestión.

Y el autor, que sólo pretendía divertirse, que sólo pretendía contar una historia lisérgica con narcocorridos y persecuciones por las carreteras latinoamericanas, alguien que, al fin y al cabo, escribía sobre la literatura pop y sobre la influencia de la Tribu de los Brady en la falta de orgullo latino, no podría creer que realmente fuera su cara la que apareciera en televisión cuando, vestido con ropas que hace doscientos años ya eran antiguas, recogiera su título de Doctor Honoris Causa en la Universidad Autónoma de México

Y después de recoger el título, se vería con sus amigos del barrio y se tomaría dos botellas de tequila a la salud de todos los envarados doctores que se creen que la seriedad y la literatura están hechas del mismo material.

Que creo que es lo que hizo Cervantes cuando consiguió acabar su obra con una sola mano. Sólo que en lugar de tequila, se las bebió de vino. Y en lugar de dos, fueron cuatro.

Que se me da un ardite, que diría el nuestro. O no mames, güey, que diría el suyo.

jueves, mayo 03, 2007

Humor

Nuestro estado de ánimo siempre está en equilibrio inestable. Basta un comentario, una apreciación, un gesto, para que lo que nosotros creíamos la mera salud bombeando en nuestro pecho se cubra de células cancerígenas. Entonces, cuando eso sucede, te preguntas cómo es posible que el buen humor, que a la luz de los primeros rayos de sol creíamos indestructible, se pueda deshacer así sin más, cayendo la ceniza desde la coronilla y cubriéndonos con una capa gris de desperdicios.

Y no sabes encontrarle una explicación. Quizá sea la acumulación de lecturas tristes y películas tristes o el extrañamiento propio de este buen tiempo (buen tiempo fuera y buen tiempo dentro parece demasiado para esta sociedad católica que tenemos; ya sabemos que todo acaba por pagarse), pero la verdad es que todo ese gozo (el mero gozo de estar vivo y tener dos piernas y ser capaz de disfrutar del humo y de la tranquilidad de saber que vas a poder pagar las facturas) se acaba de desmoronar como lo hicieron los centenares de miles de árboles en Vietnam bajo el fuego amigo del napalm.

Pero ahora que ya te vas conociendo algo más (algo, tampoco mucho, vaya a ser que lo que encontremos nos deje el pelo blanco en un sólo segundo) sabes que lo que tienes que hacer es prestar atención a lo que decía Marco Aurelio de aguantar las embestidas como un soldado y no ejecutar gráciles pasos como un bailarín e intentas combatir ese estado de ánimo. Y lo haces y entonces parece abrirse un hueco, un minúsculo punto de luz, como el punto de luz del experimento que nos enseñaron en secundaria para poder ver el arco iris sin tener que esperar a un día lluvioso y soleado; un punto que progresivamente se hace más grande y por el que va entrando el buen tiempo, las fresas con sabor a fresa, las sopas frías, los cuerpos calientes, el sol quemando dulcemente las capas más externas de la epidermis, la serenidad de después del sexo y el saber que has actuado como tenías que hacerlo, tal y como tenías que hacerlo. Lo has conseguido.

Hasta que tengas que volver a fajarte la próxima vez.

domingo, abril 29, 2007

Ruina

Estoy aquí, en un hotel y miro el estampado de flores del papel de la pared. He tomado una decisión irrevocable. Me voy a matar. Estoy mezclando el cianuro que he comprado con el whisky que he pedido en recepción. He elegido el cianuro y el whisky porque me parece una mezcla con estilo.

Supongo que estarán interesados en mis motivos. Todo el mundo pregunta por los motivos de las acciones. No creo que tengan mucha importancia. Pero supongo que siempre están ahí. En mi caso, el motivo es bastante vulgar: la ruina.

Invertí todos mis fondos en los valores equivocados. El café se desplomó y ahora, en lugar de millones sólo tengo papel mojado. Mi vida es complicada. Tengo muchos gastos: dos exmujeres a las que debo pasar una pensión, dos hijos en colegios británicos, una amante que me sale muy cara y muchas cuentas pendientes con el sastre.

Sé que algunos de ustedes, bienintencionados, se estarán diciendo que todo se puede superar. Y quizá lleven razón. El dinero sólo es dinero.

Pero no soporto a mis exmujeres. Ni tampoco a mis hijos. Es inútil engañarse a estas alturas. Y, afortunadamente, las deudas también se heredan en este país.

miércoles, abril 25, 2007

Arabesco

Tal y como dice Cortázar ahora es una palabra absurda y evanescente. Cómo va a existir un ahora que no se consuma en el mismo momento de pensarla, de decirla. Ahora ya no es ahora sino hace un momento. Y es imposible detener la narración (que tiene su propio tiempo) en un momento concreto, aunque ese momento sea ahora.
Ahora hay una estampa fija e inmóvil, como una fotografía hecha de evocaciones, la imagen de un niño que come un helado con cara de satisfacción, en pantalones cortos y con manchas en la camiseta de algodón, con unas zapatillas de deporte de marca y con los rasgos de una niñez que se pierde a marchas forzadas, una niñez que en un año se volverá contra sí misma o en dos. Ahora.
Y ahora la estela blanca de un motor de avión en el aire y las nubes atravesadas por esa nube intrusa y artificial y el cielo es rosáceo y azul y poco verde también. Ahora la estructura de cuatro rascacielos se recorta en el horizonte y ahora el ritmo de las olas rompiendo contra la playa de guijarros moja con agua turquesa (transparente) mis pies y ahora una minúscula araña ha tejido un hilo invisible en una esquina de la habitación y cuelga del aire como un santón budista y ahora una lágrima cae suavemente por la mejilla de mi compañera de asiento en el avión. Ahora.
Y ahora los taxis parecen combatir por los recién desembarcados y entro en un coche que no es blanco sino de otro color y llego a una ciudad que no es la mía sino la de otros y me alojo en una casa en la que no he estado antes y ahora ya no es ahora sino después, justo el momento en el que estás después de haber leído este fragmento. Ahora.
Y tal y como dice Cortázar ahora es una palabra absurda y evanescente. Cómo va a existir un ahora que no se consuma en el mismo momento de pensarla, de decirla.

martes, abril 24, 2007

Signos

Si fueras un signo de puntuación, serías unos puntos suspensivos entre paréntesis. Todos lo seríamos. Qué es la vida sino unos puntos suspensivos entre paréntesis. Tres puntos suspensivos (¿recuerdas el enigma de la esfinge?) entre paréntesis.

Nada por aquí (...) nada por allÁ.

lunes, abril 23, 2007

Vecino

Por fin, tras demasiados años de alquiler, había podido comprar su primera casa. La había comprado sobre plano, había ahorrado durante algunos años para poder pagar las cuotas que la constructora pedía para así construir sin arriesgar dinero y ahora, después de tanta espera, tenía las llaves en su poder.

Cuando pasaron los meses de visitas a las tiendas de muebles y de fiestas de inauguración pudo comprobar que los tabiques que separaban su apartamento del contiguo eran tan finos que podía escuchar las conversaciones de su vecina sin dificultad. Descubrió (ahora que ya era tarde, ahora que ya sabía que acabaría de pagar aquel piso cuando tuviera setenta y cinco años) que podía oír cómo su vecina hablaba por teléfono, cómo se encendía y apagaba su ordenador, cómo le gustaba gritar durante el sexo. Cada día, al abrir la puerta de su casa, sabía los ruidos que se enredarían con su rutina pulcra y solitaria.

Su vecina era una mujer en la treintena a quien sus frecuentes fracasos amorosos convertían en un animalillo penoso y llorón que hablaba (o más bien hipaba) al teléfono más o menos una semana de cada tres o cuatro meses. En los días siguientes a esa llamada desesperada, la vecina se amoldaba a una rutina que la mantenía alejada de la calle durante un par de semanas. La televisión funcionaba sin descanso, una película tras otra, durante todo el día; y si no era la televisión se trataba de la radio. Hasta que una tarde se la escuchaba tararear y taconear con prisa y cerrar la puerta con más fuerza de la necesaria. Entonces volvía a comenzar el ciclo del tarareo, la música, las palabras susurradas y las sesiones de gritos nocturnos.

Lo soportó cuanto pudo. Al principio, lo comentaba a sus amigos como un detalle curioso pero poco a poco aquellos altibajos habían podido con él. Oírla arrastrar los pies por la casa y llorar calladamente era algo que lo sacaba de sus casillas (¿cómo podía una persona no acorazarse un poco con cada fracaso?), pero el alegre taconeo no mejoraba mucho su humor (¿cómo podía una persona ilusionarse siempre tan ciegamente?). Y lo que más le molestaba de todo era la periodicidad con la que se repetían los ciclos: tres o cuatro meses, una semana, dos semanas, tres o cuatro meses, una semana, y de nuevo dos semanas. Y así. Sin descanso.

Durante dos años ahorró el dinero necesario para insonorizar su vivienda. Los obreros fueron eficaces y consiguieron acabar el trabajo en un mes, un período de tiempo que tuvo que pasar en casa de su familia. El día que volvió a su casa pensó que tantas molestias habían merecido la pena: ni un susurro le llegaba de la casa contigua, ni un sonido metálico en la cocina, ni la cantinela del ordenador y, lo más importante, se acabaron los hipidos y los gritos para siempre.
Reconfortado, estiró las piernas en el sofá, puso música en el equipo al nivel mínimo y pensó que merecía la pena pagar un poco más por un trabajo bien hecho.

Tres meses después se descubrió acercando el oído a la pared del salón.

Vonnegut (Homenaje)

Las cenizas se desperdigan, impulsadas por un viento caliente. Proceden de edificios que se construyeron para que duraran mil años y que han acabado durando sólo diez. El fuego ha arrasado la ciudad (Dresde, era su nombre, antes de la lluvia de fuego). Hay un olor extraño en el aire, viscoso y repugnante, como a carne asada.

¿Era necesario?, después de todo lo que ha pasado en los últimos cinco años, ¿era necesario?

Mientras tanto, el humo que sigue saliendo de muchos barrios parece haber formado en el aire las palabras: "So it goes."

lunes, abril 16, 2007

Domingo

Cuando llegué a casa, no necesité abrir la puerta con cuidado para no despertar a nadie porque nadie duerme en mi casa cuando yo no estoy. Entré y me senté en el sillón; me tomé un trozo de chocolate y miré un publirreportaje de esos en los que el público aúlla cuando sale al plató un actor venido a menos completamente desconocido en España. El mundo es un lugar extraño, escribí en mi cuaderno. El anuncio presentaba un aparato que servía para endurecer la musculatura de la barriga. Miré mi barriga. Descarté que aquel aparato me sirviera de algo. Cambié de canal y descubrí que era muy tarde: tan tarde que incluso las cadenas locales que emiten pornografía ocho horas al día habían cambiado de programación y empezaban de nuevo con los videntes. Al mirar por la ventana distinguí una línea luminosa detrás de los edificios. Estaba amaneciendo.

Me lavé los dientes y decidí no acostarme. Bajé a la calle y caminé diez minutos hasta llegar al quiosco que vende prensa las veinticuatro horas al día. Compré dos periódicos y les eché un vistazo. Nada digno de mención. Pensé que las noticias de una semana se reciclan en la siguiente, como si Dios o el azar fuera un ordenador que ha entrado en un bucle del que no sabe salir. Bah. Es muy tarde, no hagas caso. Llamé por teléfono y me contestó una máquina. Pulsé el uno y luego el tres y la voz de una mujer sonó al otro lado. Acordamos el precio y me senté a esperar. Cuando la mujer llegó, yo estaba dormido. A pesar del café que me había preparado y de los periódicos, no conseguí mantener los ojos abiertos. Abrí la puerta recién despierto y una mujer de piernas largas y pechos pequeños me sonrió. La hice pasar.

Ella se desnudó y se puso delante de mí un conjunto de ropa interior negro y lleno de encajes que realzaba su figura. Tal y como hacía siempre que la llamaba. Yo también me desnudé. Nos metimos en la cama. La besé con cariño y le acaricié la nuca y los lóbulos de las orejas y, como casi siempre, me quedé dormido mientras me acariciaba el pelo. El dinero, algo que habíamos acordado tiempo atrás, estaba encima de la mesilla de noche. Bien visible.

Cuando me despertó su beso pude notar el olor del café recién hecho. Me senté en la mesa y admiré el mantel perfectamente puesto, los huevos revueltos en su punto y las tostadas doradas. Los periódicos estaban doblados y crujientes a un lado. Había flores frescas en un jarrón en el centro de la mesa.

Iliana me dijo hasta la próxima cariño, me besó en la frente, abrió la puerta y se marchó.

viernes, abril 13, 2007

Primavera

Ayer llegó la primavera a mi casa. Las patatas rancias de la alacena parecían querer escapar de la cesta desplegando filamentos como dedos vegetales, una mosca gorda y perezosa comía de una fresa olvidada y un rayo de sol entró oblicuamente de la calle durante un segundo haciendo brillar el color de la tarima. Creo que no es necesario decir más.

O quizás sí: la mujer de la foto en la pared, que normalmente es una compañía muy tranquila, me miró de forma insinuante durante un instante y aunque se tratara de algo muy rápido y casi imperceptible, me di perfecta cuenta de sus intenciones.

No hice caso y Octavio Paz siguió diciendo voy por tu cuerpo como voy por el mundo y que bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío.

Pero cuando esta mañana he contemplado mi imagen desnuda en el espejo, he encontrado una marca en mi pecho que tenía la forma de unos labios.

Tal vez sea la primavera. No lo niego.

lunes, abril 09, 2007

Paisaje con flor de cerezo

La flor del cerezo tiembla aterida por la nevada inesperada. Sabe que sus horas están contadas.

Pero, afortunadamente, los escritores japoneses capturaron su belleza hace ya mucho tiempo:

El niño ciego
guiado por su madre
frente al cerezo en flor.

-----

Noche de otoño
Y en el jardín de los cerezos
la soledad duerme.


Una belleza fugaz. E inútil.
Como todas.

miércoles, abril 04, 2007

Dudas

Los chirridos del somier en la planta de arriba no cesaron en toda la noche. A pesar del sueño acumulado y del ruido que no me dejaba dormir, no pude evitar sentir admiración por esa pareja capaz de follar durante todo aquel tiempo, con mínimos descansos de 5 minutos entre las sesiones de sexo.

Aquellos sonidos rítmicos me trajeron a la cabeza una noche especial en la que yo también había pasado mucho tiempo sin dormir, en la piel de otra persona y sin saber como salir. El recuerdo me calentó pero masturbarme me pareció algo demasiado obsceno: me cruzaba con los vecinos a diario y aquello no estaría bien. No me apetecía sentir vergüenza cada vez que me los encontrara en las escaleras.

Y sin embargo, a partir de entonces, cada vez que los veía notaba como mi cara intentaba volverse roja. Como si yo fuera una niña de 14 años que no pudiera controlar sus propias emociones ante el chico más guapo del instituto, o un primerizo aterrado en su primera visita a un burdel.

Aquella noche de sexo se había quedado conmigo y no me abandonaba. El almizcle, el sudor y la saliva se habían propagado como un niebla de metano por el bloque de apartamentos y, desde entonces, no hago otra cosa que pensar en ella. Y en mí.

Escuchar a Antonio y a Manuel practicar el sexo ha removido algo que no sabía que se encontrara en mi interior.

domingo, abril 01, 2007

Obsesión

El hombre que se miraba al espejo estaba obsesionado y lo sabía. El motivo de su obsesión, además, le daba vergüenza. Como si fuera culpa suya y no algo que estuviera en sus genes, algo que se había presentado de improviso sin su intervención. Así que trataba de ser discreto y no dar pistas. Nunca hablaba de ello con sus amigos ni con sus compañeros de trabajo. No había nadie en el mundo que lo supiera. Nadie. Y era mucho mejor que siguiera sin haberlo.

A veces se sentía tan vencido que pensaba en dejarse llevar. Que el viento se lo llevara todo por delante. Que las cosas acabaran de una maldita vez. Porque sabía que, tarde o temprano, a pesar de la voz interior que luchaba contra aquella idea, aquello sucedería. Daría lo que fuera por evitarlo (lo que fuera) pero la verdad es que hacía mucho tiempo que, en su interior, había aceptado la derrota.

Recordaba muy bien cuando lo supo con seguridad. No había sentido nada. Se había quedado mirando los árboles en la ventana un buen rato, inmóvil, sin pensar en nada, sin sentir nada. Como si lo que le acababan de comunicar (allí en aquella letra de molde tan elegante, en aquel papel de cartas grueso y de color crema) no tuviera ninguna importancia. Había pasado casi una hora mirando los árboles sin verlos, o viéndolos sin mirarlos, lo mismo daba una cosa que otra. Y después había pensado que quizá sucediera, que eso no lo negaba, pero que la existencia de una posibilidad, por remota que fuera, era suficiente para él.

Ahora sin embargo, después de todo el tratamiento, la evidencia se le apareció más cruda que nunca.

Ya tenía coronilla. La calvicie estaba a la vuelta de la esquina.