miércoles, enero 11, 2006

Instantes

Miro hacia arriba mientras paseo por un jardín y la hoja de un plátano de Indias desciende girando sobre sí misma con tal gracilidad que por un momento me niego a pensar que Dios no exista.

Inspiro el aire frío y noto como mis pulmones se inundan de frío y vida y cuando miro un poco más allá, veo un niño hablando muy serio con un árbol, mostrando así al mundo que lo único que hacemos en la vida es olvidar lo que ya sabíamos.

Veo una hilera de hormigas afanadas en transportar trozos de comida. A la pobre cigarra se la comerán cuando, aterida, no pueda ni siquiera moverse, pero un gorrión se está dando un festín con ellas. Y sonrío.

Y sin embargo, la recuerdo, y todo se desdibuja, todo se detiene, todo se vacía, todo retumba.

Todo duele.

6 comentarios:

Ernesto dijo...

Te he "descubierto" a través de un comentario en la casa de Rosa ("la donna è mobile"). He leído enterito tu blog. Me gustan todas las ideas y los fragmentos que veo. Me gusta cómo escribes. Y me gustan las referencias, los "guiños" para lectores de tus mismas lecturas, para sensibilidades del grosor de tu piel, para compañeros de pupitre de una cierta educación sentimental. Por eso, sé que ya siempre estaré volviendo a tu casa, leyéndote.

Xavie dijo...

Muchas gracias.
Realmente me dejas sin palabras.

Considera ésta tu casa y vuelve cuando quieras.

Lo mejor que tiene escribir en un blog, es poder ponerte en contacto con gente que sintoniza la luz en la misma longitud de onda que tú.

Un saludo,
Xavie

La donna è mobile dijo...

¿Qué tiene que ver la caída de una hoja de plátano con Dios? ¿Crees que no tiene responsabilidades mayores de las que ocuparse? ¿Qué haría entonces impulsando a la hoja contra el suelo, ensanchar tu alma, mostrarte la belleza de la caída, su cadencia? ¿Crees que esa es una tarea a la que Él se entrega con dedicación aleatoria, constante?

Cuando has dicho lo del niño, he recordado una conversación que tuve con mi hijo mayor el otro día mientras caminábamos juntos por la ciudad, pasando por la puerta de una discoteca:

- Mamá, ¿eso es una discoteca?
- Sí. Y ahora está cerrada porque es de día. Sólo abren de noche.
- Yo quiero entrar en una.
- Cariño, las discotecas son para mayores. Hay mucho humo, la música está muy alta, se toma alcohol.
- Qué rollo ser pequeño, yo quiero ir.
- Pero si ahora estás en la mejor edad, vida mía, te pasas el día jugando y no tienes que preocuparte de nada, ¿ves?
- Ya.
- ¿Entonces?
- Pues que de jugar también me canso.

En fin, creo que en casa todos somos algo inconformistas, :-)

Xavie dijo...

Hola Donna,
Quería decir que el momento de la caída fue uno de esos momentos en los que te ves dentro de la belleza del mundo. De ahí lo de pensar en Dios; todo era demasiado armonioso para ser producto del azar.

Que, en realidad, es lo único que nos ha permitido llegar hasta aquí.

Y sí, los niños a veces dan miedo porque participan de la magia de las cosas. Muy divertidos, pero a veces, muy raros.

A sus pies, Donna

Portorosa dijo...

Me ha gustado mucho, Xavie.
No sé si esto es cierto y hay quien, al faltarte, te causa dolor. Pero si eres capaz de apreciar todo eso es que ya se ve luz al final del tunel.
Un abrazo.

Xavie dijo...

Gracias Portorosa,
La infinita complejidad y belleza del mundo siempre es un consuelo.

Un saludo,
Xavie