viernes, mayo 14, 2010

Casavella 2.0

Podríamos afirmar que una paradoja es la brillante forma de la inquietud, la expresión de una dificultad insuperable para el pensamiento racional. O la permanencia del carácter ambiguo de los seres humanos, de su relación y de las situaciones grandes y pequeñas, graves o ligeras, que generan esas relaciones ambiguas entre seres humanos ambiguos en un mundo al que, si no queremos trivial, se nos mostrará áspero y caótico. Paradoja es también el esfuerzo del individuo por captar la verdadera esencia de las cosas, su misterio, y la duda continua ante la formación poliédrica de esas mismas cosas, representadas en su memoria por el sentido múltiple y variable de un tiempo pasado que pensaba como propio. El novelista es un cazador de paradojas que luego teje y modela con intención arquitectónica hasta construir pequeños hoteles a la orilla del mar, o sólidos edificios urbanos, o inmensas catedrales orientadas a Jerusalén (o a Atenas).

(...)

Por muy agradable que sea rememorar el pasado, uno acaba por volver siempre a los más refinados tópicos de la moralidad. El maestro que todos llevamos dentro cobra vida, analiza los hechos de la Historia y los corrige a resultas del examen. No todas las correcciones tienen por qué ser desfavorables. Algunos acontecimientos, como el Risorgimento, obtienen una calificación de sobresaliente por sí mismos, en tanto que otros, como el carácter de la reina Isabel, acaban siendo calificados de sobresaliente a la larga. Tampoco deben calificarse los acontecimientos por su valor real. ¿Por qué acertó Drake cuando al enterarse de que la Armada Invencible se aproximaba se puso a jugar a los bolos, y erró Carlos II por ponerse a cazar polillas al llegar a sus oídos la entrada de la flota holandesa en el Medway? La respuesta es: «Porque Drake venció». ¿Por qué acertó Alejandro Magno arrojando las reservas de agua al ver cómo era aniquilado su ejército, en tanto María Antonieta se equivocó al decir «que coman pasteles»? La respuesta es: «Porque María Antonieta murió ejecutada». Las respuestas son muy parecidas tanto en uno como en otro caso. Debemos analizar el pasado desde un prisma más amplio que el presente, porque al examinar el presente no podemos estar nunca seguros de lo que va a suceder.
El escrito de Forster es de 1920. ¿Seguiría el autor inglés pensado que el Risorgimento merecía la calificación de sobresaliente en 1922, cuando Mussolini subió al poder? ¿Qué calificación merecía la Restauración de Cánovas en 1890, en 1900, en 1910? ¿Y la Segunda República? Podríamos estar jugando a eso todo el día. Pero nuestro pretendido análisis no sería más que eso, un juego. Durante el período que va de 1975 a 1995, actos bienintencionados acabaron en la gloria y en el fracaso, lo mismo que las mezquindades, que los inteligentes maquiavelismos, que la compraventa de éticas y voluntades, que las manipulaciones, que las entregas generosas.
De todos modos, a título individual, la feria se recuerda siempre según el resultado, insisto, y, para algunos, y no han sido sólo los eternos resentidos o los perpetuos comerciantes del espíritu de la contradicción, la nueva democracia culminó con la llegada al poder de una gente empeñada en ocuparlo que, lamentablemente, no sabía que hacer con él, hasta que, lamentablemente, aprendió, y de qué modo, para después cederlo, no sin escándalo, a quienes, lamentablemente, utilizaban esos mecanismos del poder desde siempre.

(…)

Yo busco una vía de conocimiento a través de la ficción para reflejar después esa búsqueda en un lenguaje que se pretende elástico, duro y hermoso. Intento así preservar esas mismas ficciones de la ficción general y ese mismo lenguaje del lenguaje general.
Entretanto, les ruego que se sigan preguntando qué ocurrió en realidad en El Día del Watusi y decidan si los dioses han muerto o no, o si les susurran aún al oído «El Dios Pan sigue vivo» o «Dioniso sigue vivo», durante el tiempo que comparten conmigo la experiencia. Hagan caso de ese guía mestizo que les habla en paradojas y desvaría con la presencia de antiguos dioses. O no le hagan caso, puede estar rotundamente equivocado.

Guías mestizos, dioses antiguos y novelitas inútiles. Francisco Casavella. 2004

Amen. Te alabamos, Señor.

4 comentarios:

NáN dijo...

Ando yo con"Lo que sabemos de los vampiros". Me parece que fue una buena idea empezar por el resultado genial del Watusi, para poder disfrutar ahora de la otra obra de este señor.

Aroa dijo...

grrrrrrrrrrrrrr

Xavie dijo...

También creo yo que fue una buena idea leer El Watusi antes, Nan.

Pero dejemos de alabar en público a este señor, a este genio, a este profeta de la verdad revelada.

Mas que nada porque Aroa nos gruñe.

Ya lo haremos en privado.

:-D
X.

Portorosa dijo...

Hola.
Pues, como os decía, lo tengo.
Me lo regaló M., ante la avalancha de elogios.

Un abrazo.
Voy a por tus posts pendientes...