sábado, abril 26, 2008

Electricidad

A mí, como a los antiguos griegos, la electricidad siempre me ha fascinado.

Se genera en presas, centrales térmicas de ciclo combinado y centrales nucleares donde se transforma cualquier otra energía en energía eléctrica. En una suerte de alquimia del siglo XX.

Se lleva a través de cables (de alta, baja y media tensión) a lugares donde se encamina mediante otros cables. Recorre el mundo circulando por una red de tuberías aéreas.

No se puede almacenar en grandes cantidades y debe consumirse a medida que se produce, por eso su producción se ajusta a voluntad y su distribución hacia un lugar u otro también. Y por eso los sistemas que las controlan son complejos y bellos, como el mundo.

Si se produce de más, se envía a otra parte el caudal sobrante mientras los ingenieros miran las lecturas de las gigantescas pantallas del centro de control, como congelados en una película catastrofista en la que se hubiera desencadenado la tercera guerra mundial.

Si se produce de menos, se acude a otras redes a tomar la que se necesita pero sólo se puede tomar de aquellas redes con las que haya conexión y las conexiones entre las redes de empresas eléctricas dependen además de las inestables leyes del mercado. Las empresas son máquinas engrasadas para aumentar el valor de sus acciones.

Cuando la demanda supera la producción nos quedamos a oscuras, paralizados, mirando como idiotas las pantallas vacías de nuestros ordenadores. Cuando la producción supera a la demanda y no se libera, nos quedamos a oscuras, paralizados, mirando como idiotas las pantallas reventadas de nuestros ordenadores.

Vivimos siempre al filo del apagón, del silencio definitivo de nuestras máquinas, de la muerte de los electrodomésticos y no somos conscientes de ese equilibrio titilante, inestable, a un segundo del caos que nos permite vivir como lo hacemos, rodeados de aparatos eléctricos, atravesados por un constante flujo de electrones. Si, como algunos pájaros y peces, pudiéramos ver los campos electromagnéticos, nos dejaría sin aliento contemplar desde el espacio nuestro planeta, una bola de luz girando toda velocidad brillando intensa contra el negro del cielo.

Ya digo que a mí, como a los antiguos griegos, la electricidad siempre me ha fascinado.

8 comentarios:

NáN dijo...

Como a mí este texto, casi un canto al pensamiento budista del camino del medio o el equilibrio.

La independiente dijo...

Gracias, nán,
Pero si te digo la verdad no acaba de convencerme el texto. Igual acababa mutando.

Un saludo,
X.

Divina nena dijo...

Me gustan mucho los tres párrafos del medio. Por un lado puede ser como dice nán una forma de narrar la búsqueda del equilibrio, en cambio a mi me parece incluso un poco desasosegante. Supongo que es importante que un texto te transmita algún tipo de sensación, y parece que éste lo consigue, a pesar de su apariencia fría.

Estaremos pendientes de la mutación. Buen día

Anónimo dijo...

"después a naufragar en un apartamento/ a confirmar nuestra soledad entre aparatos eléctricos"

A esos versos me ha recordado tu texto.
Esta vez, y sin que sirva de precedente, me gustaría ver aquí la mutación...

(dice blogger que no deje el comentario, pero yo estoy empeñada)

La independiente dijo...

Gracias Divina y vega,
A ver si ahora que el texto ha mutado (creo que el tono didáctico de los primeros párrafos no funcionaba del todo) os gusta más.

Saludos,
X.

Divina nena dijo...

Ahora el texto tiene un tono más narrativo, es más fácil de digerir. Aunque antes el tono didáctico le daba un toque especial, supongo que este persigue de mejor forma tu pretensión al escribirlo...
Termino el café y sigo estudiando que no son horas de comentar :-D

Anónimo dijo...

me gusta más ahora, sí, se ve más la fascinación en todos los párrafos sin perder eso de "equilibrio zen" que decía Nán.
Pero el último (o anteúltimo) párrafo (que antes eran dos) sigue siendo desequilibradamente arrollador.

(Divina, tampoco son horas de estudiar... tómate otro café, mujer)

Portarosa dijo...

También a mí me gusta. Sobre todo los párrafos 5, 6 y 7.

Un abrazo.