martes, junio 09, 2009

Senectute

Resulta extraño hoy en día, pero el buen morir —«Filosofar es preparar la llegada de la muerte» es el título de uno de los capítulos de los ensayos de Montaigne, un capítulo en el que a veces parecemos leer el código Bushido propio de los samuráis— era tan importante en los siglos de Oro que se escribían libros para enseñar a hacerlo. Los hombres debían preparar el instante postrero durante toda su vida, que podía verse malograda por fallar en el momento final.

La idea del buen morir no solo estaba en relación con la concepción religiosa del universo de la época, con el desprecio con la vida terrena, sino también con el decoro propio de de la vida del hombre, que exigía comportarse de acuerdo a la edad de cada uno. Así, la juventud era una edad alocada, propia del amor y las aventuras pasionales; la madurez debía ser tranquila y estable, la edad de ver crecer a los hijos e incrementar el patrimonio; y la vejez debía ser sabia y resignada ante la idea de la muerte.

Esta última edad —la edad del frío y la escarcha— era, además, la adecuada para intentar dejar una impronta en el mundo, para que la fama de nuestros hechos nos sobreviviera, para no convertirnos en muertos anónimos que, poco a poco, se fueran confundiendo con la tierra: la senectute debía servirnos para resignarnos ante la idea de la desaparición y para completar, en la medida de lo posible, el legado de toda una vida. De ahí que se condenaran comportamientos que se consideraban inadecuados para los viejos.

Quevedo, por ejemplo, un escritor bastante cruel, escribe un soneto en contra de los intentos de una vieja por aparecer más joven que tal vez sea uno de los sonetos más crueles de toda la literatura de esa época (y quizá de toda la literatura en español):

[Vieja verde, compuesta y afeitada]*
Vida fiambre, cuerpo de anascote
¿Cuando dirás al apetito?: Tate
Si cuando el "Parce mihi" te da mate
Te da por mirar por el virote

Juntas en tu frente y tu cogote
Moño y mortaja sobre seso orate
Pues siendo ya viviente disparate
Untas la calavera de almodrote

Vieja roñosa: pues te llevan, vete;
No vistas el gusano de confite
Pues eres ya varilla de cohete

Y pues hueles a cisco y alcrebite
Y la podre te sirve de pebete
Juega con tu pellejo al escondite.


Hoy, la esperanza de vida ha aumentado y las edades del hombre se han retrasado al menos diez años. Pero me gustaría saber lo que escribiría Quevedo sobre esas mujeres recauchutadas, con los pómulos y los labios llenos de botox, y sobre esos hombres, de músculos abultados y camisetas estrechas, todos por encima de los cuarenta, que parecen tener la intención de evitar la vejez y tal vez la muerte y que tanto parecen querer alejarse de la senectute.

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* Anascote es un tejido basto de lana que utilizaban las dueñas viejas de vida aburrida. Tate sinifica «es suficiente». Parce mihi, las primeras palabras del oficio de difuntos. Virote se refiere al miembro masculino. Almodrote era un tipo de afeite que utilizaban las mujeres para maquillarse. Confite era el azúcar con el que se cubrían los dulces. Cisco es carbón y alcrebite es azufre. Podre significa pus y pebete era una varilla cubierta de incienso o una mecha con pólvora para encender fuegos artificiales, algo delgado recubierto por una sustancia maloliente.

18 comentarios:

Portorosa dijo...

Lo veo y no lo creo.

Otro Xavie.

Sobre el tema, creo que todo (incluida la dignidad y hasta la elegancia) depende de la intención con que se hagan las cosas.

En cualquier caso, prometo dejarme ir cuesta abajo, todo este año, para alcanzar los cuarenta en perfecto mal estado físico :)

Un abrazo.

Xavie dijo...

Hola Porto,
¿Otro Xavie? No sé por qué dice usted eso... :-)

Con respecto a lo que dice de la intención, no sé si estoy de acuerdo. Yo lo que pretendía es hablar de esa tendencia de la sociedad de hoy en día de no aceptar las edades por las que tenemos que pasar. A rechazar el paso del tiempo como algo que no es natural, cuando, en realidad, es lo contrario. A negarse a pensar en ello porque conduce inevitablemente a pensar en la muerte. A desterrar los entierros al extrarradio.

(Me dirá usted ahora que no sabe de entierros, claro...)

En fin, pretendía hablar de que, hoy en día, morirse es casi culpa del muerto. :-P

Y ya está tardando usted en comenzar a fumar, a comer grasas y a ver teleseries sin moverse del sillón. Faltaría más.

Un abrazo, ;-)
X.

Portorosa dijo...

Estoy básicamente de acuerdo contigo. Pero, simplificando mucho, lo que pretendía matizar es que no es lo mismo no asumir la edad y caer en patetismos, que sencillamente dejarse llevar por cómo se siente uno, con independencia de si para los demás procede o no.

¿Se entiende?

Buen fin de semana, tío. Un abrazo.

Anónimo dijo...
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