jueves, octubre 30, 2008

Llorar

Cuando una de las tías de la familia se echa a llorar, los demás ríen para quitarle hierro al asunto y, sobre todo, porque la tía siempre ha tenido la costumbre de derramar lágrimas por cualquier nimiedad y es famosa entre sus hermanos por eso. De hecho, comentan con una sonrisa que ahora lo hace todas las tardes, que cuando menos lo esperan la miran a la cara y tiene los ojos rojos y se los está secando con un pañuelo.

Todos los hermanos bromean sobre las manías de la abuela (porque todo es risible, porque todos somos dignos de misericordia, pobres humanos resignados ante nuestro destino), una señora siempre acostumbrada a controlar el devenir de la familia y ahora relegada, por necesidad, en las decisiones relativas a su propia vida. Todos se quejan de su tozudez, de su empecinamiento en ser partícipe de acontecimientos a los que ya no puede asistir por sus problemas en las piernas y su falta de movilidad. Todos se hacen gestos de inteligencia entre ellos cuando la abuela llama por décimotercera vez a uno de sus seis hijos protestando por tener que esperar en casa el resultado de la operación de uno de ellos. Y comentan sus últimas ocurrencias, su resistencia a ser ayudada por una señora ("yo no soy una vieja chocha". dice), sus manías de anciana acostumbrada a la rutina, aferrada a ella un día tras otro, sus lapsus de memoria que la llevan a preguntar ya por la noche, tras un día en el que ha realizado más de veinte llamadas, qué ha pasado esa tarde para no haber recibido la visita de ninguno de sus hijos. Y cuando le cuentan de nuevo que uno de ellos se ha operado y que por eso no ha recibido las visitas habituales, entonces comienza otra vez con una cantinela de protestas, una sarta de lamentaciones. Hasta que vuelve a olvidarlo.

No es que los motivos que la tía tiene para llorar no sean importantes, no es que ver a la abuela perder la cabeza y no recordar el día anterior sea agradable (cuando sin embargo recuerda nítidamente, como en un programa nostálgico de televisión, escenas de un par de décadas atrás). No. Simplemente es que ver a alguien de casi noventa años difuminarse lentamente es muy triste pero también algo que forma parte de la vida, algo normal, es irse yendo poco a poco con dulzura, como en un arabesco de tiempo, como desvivir las horas, desleirlas en agua, hacer que todo alcance el lugar exacto que le corresponde respecto al eje de simetría que fueron sus 87 años, el momento a partir del cual su vida comenzó a ir hacia atrás. Algo triste pero perfecto a su manera, la primera etapa de un viaje que concluye en el mismo lugar del que partió, en el mero mirar y saborear, en el mero deslumbramiento ante los colores y las sensaciones del cuerpo sin la ayuda de un cerebro que moldee esa información o la clasifique en categorías.

Eso es acabar como se empieza, como un niño que, en lugar ir llenando la cabeza de cosas, se fuera desprendiendo de las que ya no le son necesarias. Eso sí, hacia atrás, desandando el camino, haciendo el viaje inverso.

10 comentarios:

Luna dijo...

Buenos días...
Si nos conociéramos,diría que es parte de alguna conversación mantenida al respecto. Justamente ayer pensaba en todo ello en el cumpleaños de mi hija.
Recordaba a mi madre, me veía a mi y a ese posible futuro.

Gracias

Xavie dijo...

Hola luna,
Me alegro de que el comentario te haya gustado. Todos vemos a los viejos empezar a irse yendo poco a poco.

Un saludo,
X.

Divina nena dijo...

Acertada esta visión de la vejez, si Sr. sin dramatismos, con la realidad de frente y observándola como el retorno al estado en que vinimos. Y bueno, llegaremos también nosotros ahora que nos creemos dueños del tiempo, sabios, apasionados... llegaremos.

Besos ;-)

ETDN dijo...

Igual me retiras el saludo después de lo que voy a escribir, pero es lo único que me sale:

"poeta"

El texto rezuma sensibilidad, pero no dramatismo. Y eso, cuando se tratan ciertos temas, es difícil (como escribir de amor sin resultar cursi, etc...).

Repito (aun jugándomne la amistad ;P):

"poeta"

besos ;)

Xavie dijo...

ETDN,
Supongo que lo de poeta es un halago (además, por duplicado) y como la intención es lo que cuenta, te lo agradezco.

Ya en serio, gracias. Supongo que todos los que escribimos queremos ser, en el fondo, aunque sea muy en el fondo, poetas.

Un beso,
X.

Leo dijo...

Me ha encantado. Has logrado que me sienta parte de la historia ¬¬

Xavie dijo...

Hola Leo,
Supongo que si he conseguido que te sientas parte de la historia es que está bien escrita, ¿no? ;-)

Un beso,
X.

Portorosa dijo...

A mí esto me parece tan triste, coño...

Un abrazo.

Xavie dijo...

Y lo es Porto, y lo es.
Pero con todo lo triste que es, creo que forma parte de la vida, que es algo que hay que aceptar.

Un abrazo,
X.

Portorosa dijo...

TODO forma parte de la vida. ¿Qué no?

:)