jueves, octubre 09, 2008

Kawabata

Takako se acerca a mirar a través de la cerca de los vecinos ausentes y ve un macizo de flores, un poco agreste y desordenado. Y entonces, aparece esta frase en el relato: “Parecía un milagro que, estando ausentes tanto Chiba como Ichiko, su esposa, todas esas flores permanecieran así, tan silenciosas en ese día de otoño”. Y yo me quedo maravillado, pensando en cómo hacer tanto con tan poco, envidiando profundamente al autor: Yasunari Kawabata, Nobel en 1968, y también, cómo no, a su traductor: Jaime Barrera Parra. Hay que ser un maestro para convocar con 24 palabras el silencio, el otoño, las hojas moviéndose gracias al viento en el porche de la casa vacía y la belleza de las flores, esos órganos sexuales de las plantas que los japoneses convierten en poesía.

Y en la primera página está escrito:

Yasunari Kawabata

Primera nieve
en el monte Fuji


Traducción directa del japonés de Jaime Barrera Parra

11 comentarios:

carmen moreno dijo...

Me fascina Kawabata, es uno de mis autores de referencia, pero no he leído esta novela, así que gracias, Xavi, tendré que hacerme con ella.

Xavie dijo...

Hola, Carmen.
Es un libro de relatos, no una novela. Yo no conocía al autor y la compré por casualidad.

¿Me puedes recomendar alguna novela suya?

Un beso,
X.

Anónimo dijo...

La casa de las bellas durmientes es una maravilla.
García Márquez hablaba de esa novela en un cuentito. Y lo hacía de manera que era difícil no ir a buscarlo.
de lo triste y lo bello creo que era otro...

Te propongo: ve a Japón, alójate en un Riokan, y leelos allí.

Beso,
Carla.

Predicador dijo...

Hola Javié,

Perdona que me "cuele" de esta manera tan cutrona en tu blog, pero es que te quería pedir un favor (a ti o a tus amables lectores). Ya sé que es triste pedir, pero más triste es robar.

Pongo un ejemplo para que me entendáis bien: en algunos blogs se leen frases del tipo "en un artículo publicado en el ABC..." y la palabra "artículo" va subrayada y en otro color y, pinchando encima, se accede directamente al artículo en cuestión.

Mi pregunta es la siguiente: como carajo se hace eso?

Para no invadirle aún más el blog al compañero Xavié, os pido que me contestéis (es cuestión de vida o muerte, os lo juro!!!) a mi dirección privada: miaulet@hotmail.com

Que Dios os lo pague con un/a buen/a novio/a (o las dos cosas).

Abrazotes y perdón por la interrupción

Luna dijo...

Es una delicadeza y una preciosidad de texto.

Nosotros tenemos un amigo japonés muy nacionalista y belicoso y fiel a sus costumbres y cuando nos escribe, sea en papel o electrónicamente, no parece la misma persona, tiene una delicadeza, una exquisitez a la hora de escrbir, alucinante.

Saludos

Xavie dijo...

Carla,
Muchas gracias por la sugerencia. Y en cuenta a lo de ir a Japón, no creas que no lo estoy pensando. A ver si lo consigo este verano.

Gran Pablit,
Lee tu correo. Te he enviado una explicación. :D

Luna,
¿No es posible ser una persona sensible y delicada y a la vez nacionalista y belicoso? :-D

Creo recordar que Goebbels y compañia se emocionaban profundamente con la música clásica y la filosofía. Sin paralelismos con tu amigo, por supuesto... (era sólo un ejemplo)

En cualquier caso, a mí me fascina la cultura japonesa. Me parece que es una cultura que ha ido refinándose hasta llegar a unos extremos inconcebibles para un occidental. Vamos, que a su lado, somos unos bárbaros... :-)

Besos y abrazo(tes)

X.

Portorosa dijo...

Como apuntáis, a su lado somos unos bárbaros en unas cosas, pero a cambio ellos pueden ser bastante obtusos en otras, ¿no?

La frase es una maravilla, desde luego.

Un abrazo.

Luna dijo...

Desde mi punto de vista no lo creo.

Cuando digo muy nacionalista, es que es demasiado. A Hitoshi, no le importaría usar la katana, ni llegado el caso, meterse el cuchillito por el ombligo.
A mi me gusta una parte de la cultura japonesa, hay otra terrible que no me gusta nada.

Xavie dijo...

Yo creo que una cosa no es incompatible con la otra. De hecho, creo que mientras más refinada es una cultura, más cruel puede llegar a ser. Sólo hay que observar lo que hicieron los japoneses en la segunda guerra mundial para advertirlo.

Un saludo,
X.

Luna dijo...

¿No?

Anónimo dijo...
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