domingo, marzo 02, 2008

Tics

El día en que su estribo izquierdo, el pequeño huesecillo del oído interno, dejó de vibrar, todo se le complicó. A partir de ese día, su vida se hizo muy difícil. Como no oía por la oreja izquierda, comenzó a girar bruscamente la cabeza cuando alguien le hablaba por ese lado, algo que solía sobresaltar al interlocutor. Pero eso no fue todo. En unos meses, a la falta de oído se le había añadido una desconcertante falta de equilibrio. Estaba de pie y, cuando cerraba los ojos, se desplomaba. Sólo cerraba los ojos si se encontraba tumbado y podía, de alguna manera, contrarrestar el mareo. Pero como tampoco resultaba agradable dormir siempre con la impresión de estar borracho, se hizo adicto a los estimulantes, que conseguían eliminar en parte esa sensación. El único problema era que se le quedaba la boca tan seca que la costumbre de pasarse los dedos por las comisuras de los labios para eliminar esa saliva blanquecina se añadió a su colección de gestos. Además hablaba tan bajito (para que le escucharan, decía) que había que prestarle mucha atención para saber lo que decía.

Se convirtió en un tipo extraño con la vista extrañamente fija, alguien que apenas parpadeaba y que giraba la cabeza como un poseso cuando cualquiera le decía algo a su oreja equivocada, que hablaba muy bajito y que se limpiaba constantemente la saliva de las comisuras de los labios. Alguien con una conversación demasiado rápida, nervioso, que pasaba constantemente de un tema de conversación a otro, que se aturullaba. Un hombre al que el cerebro le funcionaba (excitado por el río de fármacos) a mucha más velocidad que la boca. Se convirtió en un tipo raro. En la empresa, en su barrio, en los bares que frecuentaba, todo el mundo lo conocía. Aunque no supieran su nombre, bastaba hablar de alguno de sus tics para que cualquiera lo recordara al instante. La gente hablaba con él. Tenía amigos por primera vez.

Cuando el maldito estribo izquierdo volvió a funcionar, no se lo dijo absolutamente a nadie.

5 comentarios:

Portorosa dijo...

Joder, qué giro (como los de su cabeza). Lo veía todo negativo, y fíjate...

Me gusta mucho la descripción del tío y de sus gestos.

Un abrazo.

Xavie dijo...

Gracias porto,
Y eso que ya estaba un poco harto del final sorpresivo...
Pero, a veces, es lo que hay.

:-D

Un abrazo,
X.

Anónimo dijo...

Joder,joder con xavie! este es el estilo que me gusta de usted, por textos como estos es que le sigo. Genial, fabuloso, me encanta, me encanta...

Anónima perezosa de registrarse, muchos datos hay que dar :-D

Xavie dijo...

Gracias anónima,
Me alegro de que le guste.

Un saludo,
X.

Mega dijo...

Las carencias, las debilidades nos humanizan, cierto.

¿Es eso bueno? Depende de los antecedentes. Depende, también, de las motivaciones de los otros. Como en el caso del personaje de tu relato.