sábado, mayo 09, 2009

Lisboa

(con cariño)

Y nada más lejano que el mar en un sitio donde el mar se intuye, pero no está allí, allí hay un delta (qué palabra, los sedimentros se disponen con forma de letra griega, lo recuerdo aún de mis libros escolares, sí) y el mar no está tan cerca y el elevador de Eiffel me gusta más que su torre por su modestia, medio escondido entre las calles de la Baixa. Y la luz dota a los edificios de una suerte de solidez que no sabes tampoco qué significa exactamente. Pero sigues caminando y subiendo cuestas muy empinadas, muchas de ellas con escalones (escandinha, se dice escalera en portugués) hasta llegar al Castelo y entonces contemplas la ciudad y la bruma que la cubre, el puerto, los barcos, las grandes plazas a lo lejos, los desniveles, el mirador de Bairro Alto, el ir y venir de los lisboetas, el rastro de espuma que deja el mejor café del mundo, mejor que el italiano, las curvas de las aceras, los coches batallando con la orografía de la ciudad, los amplios jardines y las casas con las fachadas de azulejo. Y alquilas una vespa y la conduces con cuidado, subiendo y bajando, divertidos ambos, qué cuestas más empinadas que tiene esta ciudad y qué complicado conducir por el empedrado.

Y entonces te dices que el mundo puede clasificarse en dos clases de personas: las que aman Lisboa y las que no, las que piensan que la decadencia en las antiguas ciudades imperiales las dota de una atmósfera especial y las que solo son capaces de ver la suciedad y la desorganización y el caos del tráfico.

Y ambos pertenecemos a la primera categoría, claro. Como si hiciera falta decirlo.

5 comentarios:

NáN dijo...

Ya somos tres!
Fui nada más ver "La ciudad Blanca" (sácala de un viedoclub de esots de autores).

Pero posiblemente habría ido ahora al leer tu texto.

ETDN dijo...

Ay, qué ganas de volver a Lisboa.

Precioso texto, me ha transportado allí por un rato.

bss

Xavie dijo...

Nan, parece que ahora somos cuatro :-)

ETDN, sí que es una ciudad fantástica, sí.

Abrazo y beso,
X.

princesadehojalata dijo...

Cinco, somos cinco.

Un beso.

Portorosa dijo...

Seis, que nadie lo dude.