martes, febrero 17, 2009

Generación

Los retratos generacionales no tienen ninguna gracia, en serio, son todos iguales, cambian muy pocos detalles. Mira el mío: chico de familia trabajadora pero de clase media, estudia en un instituto público en barrio malo, azotado por la heroína en los ochenta y comprende a los catorce años que debe tener cuidado con ciertas cosas, entiende el valor de la amistad, se emborracha, se desvirga, estudia, trabaja, sigue emborrachándose (ahora más), se droga un poco, sale con chicas, lee, estudia, se deja el pelo largo, se hace heavy y después grunge (que es lo mismo pero con más mala leche) y después se va a otra ciudad, conoce a la que será su mujer, se van a vivir juntos, disfrutan de una década de felicidad, se acaba el amor, se sufre, se escribe, se lee, se mejora, se perdona. Hasta hoy. Ya está. Ea.
Ahora un poco de color para las descripciones: un banco de piedra, una litrona en la mano, un cigarrillo en la otra, quince años y conversaciones sobre el amor, la música, el pop británico. Con dieciséis conversaciones nuevas: filosofía. Bloques de apartamentos construidos en los setenta, cristales rotos de cervezas de litro, el sol poniéndose tras la ropa tendida en los balcones diminutos y traspasando las sábanas blancas de algodón, bares donde faltar a clase y tomar café fumando tabaco negro, música y más música, viva el mal, viva el capital, que decía la bruja Avería. Más cosas: rejas verdes, institutos de ladrillo visto, el colegio privado a doscientos metros donde iban los que tenía pretensiones y pretendían estudiar económicas, olor a hachís y orines, perros pulgosos, diversión, libertad, salir a fumar entre clases, profesoras que recomiendan lecturas interesantes y a quienes parecíamos algo más que imbéciles con granos. ¿Quieres más? La universidad, el trabajo duro, la carrera, las fiestas, que tus padres comiencen a tratarte como un adulto, la primera beca, el primer trabajo, el primer dinero y la primera casa, la segunda decepción amorosa. ¿Más? Granada y amigos nuevos y trabajo y pagar las facturas y aprender inglés y una cola en un aeropuerto en mi primer viaje. El rostro de mi ex, mirándome arrobada, esa es la palabra, arrobada. ¿Más? Pantera sonando atronadora mientras estudio Teoría de la complejidad, ¿más? Madrid, trabajo, prisas, trajes, y el blues sonando cansado mientras estudio latín. Leer, leer, leer. El Quijote, varias veces.

¿Y bien?

12 comentarios:

Lara dijo...

si de pronto me has contado más que en todas las cañas que nos hemos tomado juntos

(bueno, distinto)

podríamos hacer lo mismo todos y luego jugar a Busca la diferencia

igual encontrábamos algunas

pero irrelevantes

un abrazo!

Mega dijo...

Las rutinas nos igualan, cierto; y sin embargo cada uno de nosotros es diferente...

Un abrazo
PS: La prueba más evidente: la enorme diferencia que se da siempre entre hermanos, aun cuando hayan compartido techo, padres (genes), y educación.

ETDN dijo...

Yo (también) creo que no da igual.

No importa el asunto, sino la mirada. Es eso lo que interesa, en realidad. Y eso no da igual.

bss

NáN dijo...

Me has nombrado la bicha.
- Todo da igual
- Todos son iguales
- Me da lo mismo ocho que ochenta

Oigo esas cosas y enfurezco, porque incluso la más pequeña diferencia sutil marca el límite entre lo que amamos y lo que aborrecemos.

Por ejemplo, haber leído El Quijote varias veces.

Anónimo dijo...

Estimado X,
he recibido tus saludos (espero que tú también los míos).

Ah! Y suscribo las palabras de NáN.

Un bico.

Luna dijo...

Pues no sé.
La curiosidad es enorme.
Por pitos o por flautas no hay forma.

Saludos

Xavie dijo...

Hola a todos,
Quizá lleven razón y los retratos generacionales sí que tengan algo de interesante. :-)

O no. No sé. Estoy confuso. :-)

(para empezar ni siquiera sé si soy el mismo que ha hablado de su vida... ;-)

Lara,
Pues igual debíamos tomarlo como tema para el taller.

Mega,
No estoy de acuerdo contigo. Todos somos básicamente iguales y tenemos los mismos miedos. Pasamos por etapas parecidas, morimos y el mundo nos olvida. Y está bien que así sea. Creo.

Pero a la vez sí estoy de acuerdo contigo. Porque todos somos productos irrepetibles del azar y lo que creemos que es nuestra identidad son nuestros recuerdos puestos en una línea temporal. Y nadie sabe por qué recuerda unas cosas y olvida otras. :-)

ETDN,
De acuerdo. :-)

Nán,
Creo que lo has intepretado mal. No hablaba de que todo diera igual sino más bien de que todos somos iguales. Creo que ahora el final es más adecuado.

Anónimo,
Un saludo y un bico

Luna,
No, no hay manera. Pero no se fíe de lo que cuenta Xavie. Lo más seguro es que se lo haya inventado todo.

Besos y abrazos a todos,
X.

Luna dijo...

Por eso, por eso...
si hay algo que me gusta, son los personajes.

¿Me puede contestar a algo? donde nuestro común amigo, me da algo de corte
¿Hubo flores o no hubo flores?

Xavie dijo...

No, no hubo flores...

:-)

Un beso,
X.

María J. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
María dijo...

Es cierto, desde una perspectiva macro todos somos básicamente iguales, pero si profundizamos, si miramos más de cerca, si nos fijamos en los detalles, todos somos diferentes, y eso es lo realmente asombroso. Tantas y tantas personas, y no hay dos iguales. A mi eso me parece fascinante (tal vez lo que despierte la curiosidad sea precisamente eso, el juego de las diferencias).

Besos.

(La entrada anterior era exactamente esta, pero con la identidad de Google. Creí que borraría todo, pero deja constancia de la entrada. Perdona por dejar un poco de basura en tu post)

JC dijo...

Me suena conocido....