viernes, junio 24, 2005

Lobo

Lobo Antunes. Interesante personaje. Una vez leí una entrevista que le hicieron, en la que decía que organizaba su vida como un adicto, pero que su adicción era la escritura. Que escribía de 14 a 16 horas al día, que todo giraba en torno a su funesta manía de plasmar pensamientos en un papel. Que vivía una existencia vicaria, puesto que no podía evitar ver los acontecimientos de la vida con los ojos del escritor, lo que le alejaba fatalmente del dolor y la alegría y lo distanciaba de su propia vida. Siempre intentando sacar partido para afinar un poco más su ciencia.

“El libro tiene que ser una máquina implacable que se mueve triturándolo todo. Una frase bonita no puede entorpecer su eficacia. Las frases bonitas no pertenecen normalmente al libro, pertenecen a tu vanidad”. Exacto. Diáfano. Perfecto.

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