martes, marzo 23, 2010

Metafísica

Todo es brillante y la niebla lo llena todo de una extraña luminosidad sobrenatural. Estamos muertos y Dios está ahí arriba y todos nos sentimos invadidos por el amor, llenos de amor, atravesados por él, como si los rayos de amor con los que el Espíritu Santo se coronaba penetraran en nuestro interior como una espada, como muchas espadas afiladas. Todo tiene ahora significado, como si la muerte no fuera nada más que disfrutar y seguir disfrutando de ese momento que otra veces conseguíamos gracias a los estupefacientes: sí, aquel momento epifánico, justo ese. Todo es cómico y trágico a la vez, todo está ahí, sin estar mediatizado por los pensamientos de nadie, sin que tengamos ningún apego a las cosas materiales ni a los pensamientos ni a nosotros mismos. El eterno círculo de la existencia gira sin parar en nuestro estómago mientras Dios sigue ahí, atravesándonos con sus rayos como espadas. Todo es brillante. Y doloroso. Pura felicidad.

5 comentarios:

Aroa dijo...

dios mío

ETDN dijo...

Ay, qué místico y poético estás últimamente.

¿será la primavera?

Portorosa dijo...

Xavie, tío, esa mierda te está matando...

:P

Xavie dijo...

Hola a todos,
Aroa, si el cielo existiera, debería ser algo parecido, ¿no?

ETDN,
Será, será...

Porto,
Esa mierda no es exactamente la que tú piensas. :-)

Besos,
X.

NáN dijo...

Pues ya me dirás qué. Bueno, yo me he sentido así después de meditaciones zen de 2 horas. Hay modos.