lunes, marzo 30, 2009

Oeste y Norte

Oeste
Su pequeño cuerpo es un síntoma más que otra cosa porque todo en él es pequeño, ínfimo, minúsculo. Sus aspiraciones, sus aficiones, su curiosidad, todo en él es fiel reflejo de esta época sin impulso, inercial, que se sigue moviendo (algunos piensan ingenuamente que hacia delante) no se sabe muy bien por qué. Llega con su pequeño cuerpo, rematado en una pequeña calvicie y pasa cinco minutos disponiendo toda suerte de objetos de trabajo en la mesa: una botella de agua, un par de cuadernos, un par de bolígrafos, el ordenador portátil. Antes ha abierto el armario que se encuentra a su espalda y ha guardado un bocadillo envuelto en papel de plata que llena la sección de la oficina de un olor a pechuga empanada incongruente con la frialdad de ese lugar de trabajo, de ese espacio de representación. Pasa las horas, esto es, la vida, mirando en Internet las características de nuevos teléfonos móviles, la potencia de coches que nunca comprará o bien estudiando al detalle los manuales de instrucciones de los objetos electrónicos que acaban de enviarle a casa. También participa de vez en cuando en subastas online. Es amable y simpático pero esa amabilidad es solo un caparazón para su inanidad. Se podría afirmar que, en el fondo, es bastante tonto. O demasiado listo para dejarse influenciar por los sucesos de este tiempo prestado, de este tiempo que nos pagan a cambio de asentir de vez en cuando y hacer labores de promoción del inmediato superior, de este tiempo laboral recompensado por una nómina al final de mes. Tiene perilla y su boca está adquiriendo con el tiempo una expresión algo torturada, como si tuviera que hacer un esfuerzo demasiado grande por entender las cosas. Nunca habla de su familia a pesar de que todos sabemos que tiene mujer y dos hijos. También es profesor de tai-chi en sus ratos libres y algo aficionado a las predicciones esotéricas y a las infusiones orientalizantes.

Norte
Es una matrona de casi cincuenta años que no ha advertido que las ropas ajustadas que lleva debieron salir de su vestuario hace mucho tiempo. Llega siempre tarde y protesta por todo aunque no lleve razón. Casi nunca trabaja. Como tantos otros que llevan mucho tiempo trabajando en el mismo sitio, piensa que se ha ganado el derecho a la nómina tan solo por acudir a la oficina (poco y tarde, todo hay que decirlo), pero no trabaja casi nunca. Para ella trabajar consiste en criticar a quien haga falta con el resto de compañeros. Da la impresión de ser una mujer airada, presta a saltar a combatir a cualquiera que se atreva a ofenderla, ya sea la ofensa verdadera o imaginaria. Me da un poco de miedo, la verdad. Procuro no hablar demasiado con ella para no provocar su ira, su animadversión, para no darle motivos, reales o imaginarios, por los que aparecer en su lista de personas non gratas. No quiero que, poco a poco, debido a su sospecha, mis compañeros comiencen a mirarme de manera diferente, sospechando algo, tal vez una vida secreta y vergonzosa. Por eso siempre la saludo y siempre contesto a sus buenos días porque, como todo el mundo sabe, no contestar a los buenos días es el primer escalón para la defenestración pública y para el linchamiento, la lapidación y el sambenito y, por ahora, me encuentro muy bien donde estoy, es decir, lejos de ella y de su cohorte de censores.

5 comentarios:

Divina nena dijo...

Me gusta, este tipo de relatos fotográficos de la realidad, de lo que hay al fin y al cabo, no más... muy buen retrato. Me gusta Sr. X.
Un saludo y besos mil

Xavie dijo...

Gracias Divina,
Últimamente no tengo muchos comentarios y ya sabe usted que la vanidad del bloguero es infinita. :-)

Un beso,
X.

Divina nena dijo...

Eso depende a veces de su energía, de lo que viva y transmita. A mi usted siempre me transmite, y a veces me provoca mis ya conocidas sonrisas de medio lado, eso es dificil cuando de escribir se trata. Un beso

Portorosa dijo...

Me han gustado mucho.

Ya sabes que a mí la realidad...

(No te sientas marginado por mí. Hace semanas que apenas leo blogs, querido...)

Xavie dijo...

Sí que me siento marginado, querido, sí que me siento.
Se acostumbra uno a los comentarios y luego sucede lo que sucede...

Un abrazo,
X.

Espero que estés utilizando tu tiempo en algo más provechoso. Como leer libros, por ejemplo.