jueves, enero 08, 2009

El amor

(para Aroa :-)


Todos los días a la misma hora miraba por la ventana para ver pasar a la señora. Pasaba con tanta regularidad que hubiera sido posible poner el reloj en hora cuando se la veía caminar apresurada arrastrando el carrito de la compra. Una mujer de costumbres. Eso le gustaba. La miraba pasar y se fijaba en la arruga del entrecejo que le dividía la frente por la mitad. Entonces la compadecía porque pensaba que debía de tener muchas preocupaciones. Una vida azarosa y difícil, con un marido cabrón que la había abandonado por una más joven, dejándole la carga de los niños y la familia, que un buen día la había mirado y le había dicho lo siento Juana, hay otra mujer, hay otra mujer de la que me he enamorado y quiero darme la oportunidad de ser feliz ahora que empiezo a hacerme mayor y no quedan demasiadas, hacía tanto tiempo que no sentía esta ligereza que he decidido irme de casa. Imaginaba también la cara de ella, vacía, sin expresión, como la cara de alguien que ha perdido el impulso vital, como si le hubieran arrancado algo, como si le hubieran clavado una espada en el pecho. Y su tremendo combate contra la soledad, la depresión, la falta de autoestima. Porque estaba seguro de que su marido la habría dejado por otra más joven, aunque dudaba mucho de que más guapa, eso lo dudaba mucho.
Imaginaba la vida de ella en el breve trayecto diario de la mujer bajo su ventana y cada día añadía un detalle nuevo: una beca de estudios en el extranjero, libros en francés, un amante parisino al que había abandonado para volver a la felicidad de su novio de toda la vida, el mismo que luego la había abandonado de cualquier manera, una amiga íntima dedicada al cine, cualquier cosa.
La vida que inventaba para su vecina adquiría más y más consistencia, se hacía real a sus ojos a medida que los días iban pasando y la veía caminar uno tras otro bajo la ventana. Tanto que empezaba a desear salir a la calle, después de tanto tiempo, solo para hablar con ella aunque, a la vez, reconociera que le daba miedo comprobar la diferencia que podría haber entre la vida que le había imaginado y la real. Le aterrorizaba pensar que cuando la conociera, tal vez tuviera que tomar un café con cara de circunstancias en una casa triste, con la atmósfera cargada por la pena. Que el vestido que ella eligiera para salir a cenar con él estuviera pasado de moda y un poco ajado en los codos, que el sexo fuera solo correcto, algo que hay que hacer porque es lo que hacen los adultos después de una cita en la que se han divertido aunque el deseo no aparezca por ningún sitio. Le daba miedo que la realidad no cumpliera sus expectativas. Sin embargo, cada día se le hacía más insufrible verla pasar por debajo de su ventana, caminando con ese bamboleo de caderas que tanto le gustaba y no atreverse a hablar con ella. Cada día estaba más lejos de atreverse a conocer a la mujer real y más cerca de estar enamorado de la mujer enigmática que había construido para sí.

Pero un día sonó el timbre de su puerta y cuando abrió, esperando que se tratara de un mensajero con un paquete que debía llegar aquel día, era la mujer la que estaba en el umbral. Ella le dijo: sé que, desde hace más de un año, me observas todos los días cuando paso. Te he inventado una vida que estoy segura de que no coincidirá en nada con la vida que habrás llevado en realidad. Pero ha llegado el momento de salir de dudas. El preguntó: ¿estás divorciada?, a lo que ella respondió: sí, dejé a mi marido por un imbécil que no merecía la pena, pero las decisiones que uno toma en la vida hay que asumirlas, ¿no te parece? ¿y tú? No, yo nunca llegué a casarme aunque técnicamente se podría decir que sí, que lo estoy; hace ya tres años, respondió él. ¿Tienes hijos?, preguntó ella, no, dijo él. ¿Tomamos un café? Claro, estoy deseándolo.

8 comentarios:

María dijo...

Qué chulo! Este sí que es un comienzo de año optimista.

Y no es que "Estampas" no me gustase, no es eso, es que me produjo cierto desasosiego. Este relato en cambio me pone una sonrisa.

Un beso X.

Xavie dijo...

Me alegro de que te guste, María.

Esa era la idea, algo optimista (y de amor) para empezar el año.

Un beso,
X.

Portorosa dijo...

Me ha gustado mucho, X., y no sólo por el qué, sino por el cómo. Mucho.

Un abrazo.

(Ah, de "Estampas" el que más me gustó fue el párrafo de la hija.)

aroa dijo...

presuponer cosas del otro que no tienen por qué existir
dejándonos la sorpresa de que mejoren las expectativas o no las cubran...

buen movimiento de cámara, gran escena

y bien cubierta tu espalda (que no falten tus personajes) con ese principio imaginario en los personajes solitarios para luego no

un final optimista
y abierto como el amor

y... y... so majo!

Xavie dijo...

Hola Porto,
Me alegro de que te haya gustado el texto. No me convence mucho el de Estampas pero es que, últimamente, no tengo demasiadas ideas para el blog... :-)

Aroa,
Me alegra que te guste. Con esa intención está escrito. Para que veas que Xavié también tiene su corazoncito. :-P

Abrazo y beso,
X.

Xavie dijo...

Ah, se me olvidaba. Tal y como dice Lector mal-herido, con los buenos sentimientos no se hace buena literatura. :-P

Tal vez eso tenga algo que vez con el tono sombrío de los textos de Xavie.

Divina nena dijo...

Diferente, pero bueno, si, realmente es cortito, pero engancha, y ahí está el estilo del Sr.X, que es lo que a mi personalmente me gusta, y busco al leerte.

ETDN dijo...

¡Ains!

Me gustó, sí.

Las vidas imaginadas no dejan de ser reales para el que las imagina.

Quizá el final sea un poco de película, pero de vez en cuando es bonito soñar...