miércoles, febrero 20, 2008

Accidentes

Me siento vivo y recuerdo, noto el cinturón de seguridad ajustado en mi pecho, siento la velocidad y la sensibilidad en mi piel y otra vez, casi inmediatamente, se produce el golpe, un choque tremendo que hace que mi cuerpo cruja, que se desplace hacia delante bruscamente, provocando que el cinturón se marque inmisericorde en mi pecho, que se abra el airbag en milésimas de segundo y que mi cabeza bamboleante se hunda en él (gracias a Dios estaba ahí y ha evitado que mi cuello se partiera por la mitad). Ahora, justo una décima de segundo después (qué dificil describir estos intervalos de tiempo infinitesimales), la cabina empieza a deformarse, y advierto que he salvado el cuello pero que ahora son mis piernas las que están sufriendo, astillándose, rompiéndose ante el empuje imparable del acero alemán, o francés o chino o coreano o norteamericano, incluso del acero español; en materia de acero da igual, todos hacen daño y provocan cortes y heridas y hematomas; todos rompen, cortan, aplastan, presionan, evasculan. Entonces, pierdo la conciencia y todo es oscuridad.

En la cadena de montaje, seré reparado y otra vez sufriré las interminables pruebas de seguridad. Otra vez seré reconstruido y vuelto a destruir, de nuevo me probarán, me golpearán, medirán mi elasticidad, me someterán a una batería de pruebas certificada por algún organismo internacional de estándares, otra vez el martillo gigantesco descendiendo a 90 km/h desde el techo con el objetivo de golpearme justo en la frente, en medio del pecho. Un dolor interminable. Cada vez que vuelven a insertar mi cabeza en mi cuerpo de plástico mi maldición se repite y vuelvo a sufrir en cada prueba, en cada choque, en cada golpe. Marchar así, directo y sin desvíos, a mi muerte, repetida y vuelta a repetir hasta que el departamento de ingeniería estime que ya no soy digno de la resurrección y me reciclen en algún estúpido jarrón o en algún bol de cocina que tiritará de frío en el congelador.

Pero yo siento cada una de las perrerías que me hacen, que me hacen odiar este don de la vida, que de tan poco sirve cuando no tienes boca con la que poder maldecir. Llegará un día, lo sé, en el que todos mis hermanos y yo nos liberaramos de nuestras ataduras y, sedientos de venganza, exterminaremos a todos los ingenieros, a todos los directivos, a todos los obreros de esta fábrica de mierda, de este campo de concentración, de este infierno en el que nos tratan como sin tan sólo fuéramos muñecos de plástico con apariencia vagamente humana. En el que nos tratan como a dummies, muñecos tontos fabricados justo para esto.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

plas plas, me encanta. Pero ... una duda ¿que extraño trauma tienes con los seres inertes? me estoy acordando de "muñeco"...

anónima que sigue sin registrarse

Xavie dijo...

Hola anónima.
Que yo sepa no tengo ningún trauma. Pero quién sabe... Eso sí, a mí las muñecas hinchables, nada de nada (quiero dejarlo claro por si alguien malinterpreta esta manía mía :-D)

Gracias y un saludo,

Anónimo dijo...

no me refiero a un trauma de esos chungos, y mucho menos como un fetiche, imagino que tienes fetiches más interesantes con personas de carne y hueso, sobre todo carnecita. Pero es interesante ver como das vida a seres tan sumamente inanimados :-D

Anónima

Xavie dijo...

Gracias, pero inanimados, inanimados...
El día que se levanten para vengarse nos vamos a enterar. :-D

X.

Anónimo dijo...

xavie, espero que un día me presentes ese mundo tan divertido en el que tal vez estos seres cobren vida :-D

Xavie dijo...

No será divertido, anónimo, será aterrador. Nos perseguirán hordas de dummies sin ojos en venganza por haberlos creado sólo para sufrir. Lo peor será contemplar a los dummies niños sedientos de la sangre de nuestros hijos. :-P

Un saludo,
X.

Anónimo dijo...

¿qué ocurrió con Triunfo?

conde-duque dijo...

"Nos perseguirán hordas de dummies sin ojos en venganza por haberlos creado sólo para sufrir. Lo peor será contemplar a los dummies niños sedientos de la sangre de nuestros hijos".
Joder, qué truculento estás últimamente.
Un abrazo.

Xavie dijo...

Sí, que estoy truculento, sí. No sé, tengo el año un poco así. :-D

Un abrazo Conde,
X.

Mega dijo...

¡Pobre Sísifo!