jueves, mayo 26, 2011

Evolución

Existen varias ideas que se repiten dentro de mí desde hace tiempo y que siento como ciertas. Aquí utilizo siento con pleno conocimiento de su significado, lo que quiero decir es que, de forma intuitiva, sin explicación racional, las creo verdaderas.
Una de ellas es que el funcionamiento del mundo debe de estar regido por muy pocas leyes muy básicas, tal vez una única ley. Esta idea se ha ido decantando dentro de mí a lo largo de los años, la he ido extrayendo poco a poco de aquí y de allá, del estudio de la gramática realizado por Chomsky, por ejemplo, en el que su teoría minimalista no es sólo más elegante y más avanzada que su teoría original sino que, de alguna manera, más verdadera (otra vez la intuición) o de las opiniones de investigadores (recuerdo un par de entrevistas con físicos teóricos) en las que afirmaban que, cuanto más conocimiento acumulaban, más advertían que las leyes más simples son las que son capaces de explicar más cosas. Ya digo que de aquí y de allá, no pretendo ser sistemático. Solo se trata de intuición.
La otra idea tiene que ver con esta primera y consiste en que esa ley fundamentalmente simple que explica el mundo, o que lo explica en la medida en que los humanos podemos entenderlo, tiene que ver con la cantidad. Creo que el aumento de la cantidad cambia la cualidad. Me explico. Creo que existe un límite numérico a partir del cual, la combinación de elementos iguales genera algo nuevo. Por ejemplo, creo que a partir de un número de reacciones químicas entre elementos surge la materia que se autoorganiza y se replica, es decir, la vida, y que, a partir de la combinación de elementos vivos, en algún momento surge la inteligencia y a partir de la inteligencia, la conciencia de ser inteligentes, el yo, por así decir. Creo que, simplemente, el mundo se comporta así, es cuestión de aumentar la cantidad.
No es que tenga la menor importancia todo esto, la verdad, pero esas ideas se repiten dentro de mí de una manera extraña. He vuelto a recordarlas observando a alguien que se sienta cerca en el trabajo. Me sorprende y me fascina la capacidad de algunos de no plantearse nada profundo, nada que les lleve a contemplar, siquiera un instante, las dos eternidades que flanquean nuestra vida, ese breve paréntesis. Nada que les haga reflexionar sobre el tejido de la realidad, sobre la trama del mundo. Seres ligeros, de conciencia alada, que pasan por la vida sin entender nada y, lo que es mejor, sin necesitarlo. Personas de risa fácil a menudo, de ánimo liviano, personas que se sobreponen con más facilidad que los demás a las desgracias. Hombres y mujeres más preparados para el futuro, más evolucionados.
Si la evolución de la humanidad fue primero física y más tarde cultural, si existen los genes y los memes, si, en realidad, la historia del ser humano es la historia de un aumento progresivo de la complejidad de nuestro conocimiento, un conocimiento que a su vez cambia la propia esencia de esa humanidad (de nuevo esa idea: la cantidad cambia la cualidad), a veces me pregunto si la curiosidad y la necesidad de conocimiento no son en realidad sino una tara genética. Si los dos primeros párrafos no son la prueba de mi absoluta incapacidad para evolucionar como humano en la dirección hacia la que humanidad parece encaminarse. Si, en realidad, el futuro de la humanidad es la estupidez.

A fin de cuentas, todos tenemos derecho a ser felices.

5 comentarios:

Portorosa dijo...

¡Brillante!

¿Pero en las dos últimas frases no falta un "no"?

a veces me pregunto si la curiosidad y la necesidad de conocimiento no son en realidad sino una tara genética. Si los dos primeros párrafos NO son la prueba de mi absoluta incapacidad para evolucionar como humano en la dirección hacia la que humanidad parece encaminarse. Si, en realidad, el futuro de la humanidad NO es la estupidez.

En cualquier caso, brillante.

La independiente dijo...

Sí, sí que falta.
Gracias. Lo corrijo.

Y gracias por el adjetivo.

Abrazote,
X.

Anónimo dijo...

Se borro pero te decia (por cierto bastante) si quieres decir, TarEa genetica.

E igualmente me parecio "tu tesis mucho mas que interesante y peculiar al comprender que lo "comun tambien puede ser "extraordinario y el humano mas que "tu peor enemigo, debe ser "lo que no ves y "eso o "El ser mucho mas "complicado al "liquidarte de un bocado asi por "las buenas mas que alguien "de carne y hueso.


Beso u Abrazo!!

NáN dijo...

Uuuyyy, en español las partículas negativas son muy jodidas. Viniendo de un oración que empieza por "si...", la presencia o ausencia de la partícula "NO" no cambia el significado. En alguien cansado de comer pollo la mayoría de los domingos, "me pregunto si comeremos pollo" y "me pregunto si no comeremos pollo" tienen el mismo significado. En todo caso, la frase con NO enfatiza el miedo a que el plato sea pollo.

Como a Porto, me parece brillante, llegar a la conclusión de que nuestra manía de pensar las cosas y sus relaciones sea, ya, una "tara" genética. En ese caso, estaríamos empezando a ser los villanos de esta nueva fase de la humanidad. Y me entran unas ganas enormes de actuar como villanos y tratar de joderles a esos seres nuevos, felices, en el que el pensamiento de las cosas no deja huella.

Portorosa dijo...

Claro, lo que ocurría aquí, en mi opinión, eran dos cosas:

...me pregunto si la curiosidad y la necesidad de conocimiento no son en realidad sino una tara genética. Si los dos primeros párrafos no son la prueba de mi absoluta incapacidad para evolucionar como humano en la dirección hacia la que humanidad parece encaminarse. Si, en realidad, el futuro de la humanidad es la estupidez.

Por un lado, si empieza con "...no son en realidad", debe seguir con los noes hasta el final (de hecho, X., en la última frase para mí debería haber otro). Por otro, NáN, es lo que tú dices: el temor a que efectivamente ocurra todo eso queda mucho más claro, y eso todo parece mucho más probable, si se pone en negativa, ¿no?

Abrazos.