domingo, junio 01, 2008

Samurái

El Camino del Samurai está en la muerte. Es necesario meditar cada día sobre la muerte inevitable. Tener cada día, el cuerpo y el espíritu en paz. Hay que meditar sobre la muerte: rasgado por flechas, piedras, lanzas y espadas. Cogido por grandes olas, precipitado al corazón de un gran fuego, golpeado por el relámpago, aplastado por un gran terremoto, cayendo de una roca, morir por una enfermedad o cometer un 'seppuku' en la muerte de su maestro. Cada día sin excepción, hay que considerarse muerto. Esta es la sustancia del Camino del Samurai.

(Forrest Whitaker en Ghost Dog de Jim Jarmush, recitando las enseñanzas del Bushido.)

El despertador suena a las seis y media de la mañana y vuelvo a pensar, como todos los días, que debería acostarme antes de las once. Pasan diez minutos en los que, ya despierto, trato de abrir los ojos. Suena el despertador por segunda vez. Me levanto y voy hacia el baño. Me afeito, me lavo los dientes, me enjuago la boca con colutorio, me meto en la ducha. El agua caliente me sienta bien. Al llegar a la oficina, leeré el correo, bajaré a tomar el primer café de la mañana con un libro, subiré y me sentaré delante del ordenador. Si hay algo urgente que hacer, lo haré y si ese no es el caso, ojearé el periódico y trabajaré en algún proyecto pendiente.
Los días pasan de forma casi imperceptible, acumulándose sobre mi espalda sin esfuerzo. Estoy algo triste pero no le doy importancia, he aprendido que ese sentimiento pasará y que basta con aguantar un par de días para volver a la rutina. Casi diez años trabajando en esta oficina. A veces pienso que mi vida se ha detenido y que no consigo encontrar el interruptor para volver a ponerla en marcha. A veces pienso que el problema es la dirección. Que lo que no consigo encontrar es el volante. Pero la mayoría del tiempo no pienso demasiado sobre ello. Vivo solo y me he acostumbrado a no hablar con nadie al llegar a casa. Me he acostumbrado a leer a autores muertos. A ver películas antiguas. Me he acostumbrado a abstenerme. Ese es el camino.

Un día sonará el teléfono y tendré que cumplir una misión. El trabajo que soy. Ese día, me encaminaré a la sección de personal y pediré un par de días libres. Casi nunca lo hago, así que me los darán. Llamaré a mi agente de viajes para el billete de avión. En casa, prepararé una mochila de viaje. Pondré el despertador mucho antes, me prepararé. Llamaré un taxi, que me llevará al aeropuerto. Volaré y llegaré a cualquier ciudad del continente. Tomaré otro taxi que me conducirá a mi hotel, siempre discreto y de categoría media. Me tomaré dos tragos de ginebra. Me ducharé. Buscaré la dirección que me han proporcionado. Arrancaré una vida y lo haré con respeto. Matar es importante pero no es lo más importante. No soy un carnicero. Puede que a la gente que me paga no le importe. A mí sí. Volveré al hotel. Me ducharé de nuevo, haré la maleta, revisaré la habitación con cuidado. Me despediré en el hotel con una sonrisa. Volveré a casa. Sentado y en silencio, meditaré profundamente. Daré gracias por poder servir a mi señor, presentaré mis respetos a mi enemigo, al que habré puesto en brazos de la muerte. Pensaré en mi honor, en si se ha mantenido limpio, analizaré mi proceder y decidiré si ha sido digno. Me sentiré en paz porque habré podido cumplir mi objetivo una vez más y, más tarde, prepararé la corbata del día siguiente.

El camino del samurái.

8 comentarios:

en tierra de nadie dijo...

(pensamientos encadenados tras leer el relato):

Ser asesino a sueldo es un trabajo tan digno como otro cualquiera. Sobre todo si el asesinado merece morir. Hay rendiciones peores.

+++

Los asesinos viven entre nosotros. Y son seres educados, afables y ordenados, con trabajos rutinarios y pensamientos como los que todos tenemos a veces.

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Debería estar pensando en el relato que tengo que escribir y en alguna profesión chula en vez de estar golfeando por los blogs.

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Buen relato, Xavie. Bueno y breve.

bss

ETDN

Virginia Barbancho dijo...

Lo sabía!

(ya decía yo que no parecías asturiano...)

Muy buen relato, Javi, muy conseguida esa sobriedad de samurai (demasiado conseguida, de hecho...)

Xavie dijo...

Hola ETDN,
No creo que el trabajo de asesino sea muy digno, pero sí que están entre nosotros y que no es tan fácil distinguirlos como las películas se empeñan en hacernos creer. Gracias por el comentario.

Vicki,
No, si asturiano, asturiano... :-D
¿Te parece forzado el estilo (lo pregunto por lo de "demasiado conseguida")? ¿Crees que debería hacerlo más natural?


Besos,
X.

aroa dijo...

que bien escribes joven! xavie

despiertas en mí, mi envidia

aun recuerdo la conversación en La Buena el viernes, sobre prosa y poesía y escucharte una de las distinciones más coherentes... no es el mismo deporte!

Xavie dijo...

Gracias señorita Aroa,
Y no solo por lo de joven, claro. Aunque por eso también.

Como te dije el viernes, efectivamente, ambas cosas no tienen las mismas reglas, ni sus jugadores disputan el mismo título, ni nada. Simplemente, comparten el material de trabajo :-).

Un beso,
X.

NáN dijo...

La larga cita es algo más que una cita: forma parte del escrito. De un muy buen escrito. Me gusta esta fusión.

Xavie dijo...

Gracias Nan,
Creo que ya he desvelado la profesión que he elegido. Esta noche, más. Más largo y más detalles. :-)

Un abrazo,
X.

Mega dijo...

Te ha salido un cuento de terror, -istas....

Muy bueno.