miércoles, agosto 05, 2015

Planes



La chica hablaba de sus planes de futuro, atropellada, como si las ideas se amontonaran contra el cielo de la boca y salieran de cualquier manera en cuanto la abría. Él sabía que era efecto de las drogas, pero suponía que para ella no sería más que su forma normal de hablar. Su forma normal de pasar las noches. Un discurso a ratos fragmentado, a ratos coherente, ráfagas de lucidez mezcladas con idioteces y obviedades. 

Pensaba para sí que la gente que vive al límite —la gente que si la legalidad fuera la línea que dibuja un electrocardiograma, a veces serían el infarto y a veces solo la arritmia— tenía algo duro y brillante dentro, algo esencial, que siempre le había llamado mucho la atención. Era la desesperación del que no tiene nada que perder, pero no. La valentía del inconsciente, pero tampoco. El aura trágica, tal vez. 

Había que estar atento a la atmósfera de los sitios como aquel. Lugares en los que lo inesperado podía hacer su aparición en cualquier momento, un coche de policía parado en la puerta, una pelea, una conversación destacando entre las demás como un trozo de botella de Cocacola suavizado y brillante entre la arena de la playa, una felación en el cuarto de baño, el próximo golpe. Cualquier cosa. Y nada de lo que podía ocurrir era precisamente aleccionador. En sitios así siempre hay cierta tensión en el ambiente, como el recuerdo de un acorde muy grave de bajo. Algo latente y poderoso. 

No son como nosotros, le decía a su amigo, por mucho que hables con ellos, por mucho que te cuenten anécdotas. Nosotros no tenemos abogado. ¿Para qué queremos un abogado? Pero ellos sí. Nosotros nos lo haríamos encima si la policía aporreara nuestro local a las dos de la mañana, pero ellos no. Ellos presumen de no haber hecho caso, de haberlos dejado allí a la intemperie intentando hacerse oír y molestando a los vecinos. Presumen de haberles callado la boca con los papeles del local y haberles dicho después ahora qué, ahora me vas a tener que pedir disculpas, madero, ¿no te parece?

Dignos de cierto tipo de admiración, pero solo hasta cierto punto, porque esto que hacemos tú y yo, esto que hacemos de observar lo que pasa en este local, de observar a la gente que habla en la barra con desapego, ellos no pueden hacerlo. Entiéndeme, no es que considere que somos mejores que ellos, ni mucho menos. Simplemente, no han vivido nunca fuera de su mundo de escualos. 

A veces dan miedo y, a veces, pena. Pero siempre son fuente de buenas historias si tienes buen oído.

4 comentarios:

Aroa Moreno dijo...

Te leemos desde el km 253 de la A-5, con la
voz algo afectada por lecturas anteriores ;) David dice: "pues me ha gustado". "A mi también", digo yo. Los dos decimos que vuelvas a las letras, que tu barba ya está repoblada.

Rama Mo dijo...

Muy bueno me ha gustado da que pensar, no dejes de escribir los demás tenemos la necesidad de leerte.

Portorosa dijo...

Pues yo no lo he entendido bien. Lo siento...

Volviendo de Cádiz, nosotros. En Cáceres.

Pero escribe. Un abrazo.

Xavie dijo...

Hola,
No hay mucho que entender, es más bien un ambiente y poco más. Intentaré seguir escribiendo, claro.
Pero como decía en FB, yo no he dejado la escritura, ha sido ella la que me ha dejado a mí (ay, la falta de tiempo...)