domingo, diciembre 13, 2009

Complejidad

Leo un artículo sobre el cerebro y pienso en la complejidad de ese órgano en el que estamos contenidos y una cosa me lleva a otra, como tan a menudo parece suceder últimamente por aquí. Los sistemas complejos como nuestro cerebro se caracterizan por producir respuestas inesperadas ante entradas simples, respuestas inesperadas que surgen precisamente de su organización y de las conexiones que sus elementos presentan entre sí, lo que, a su vez, me lleva a pensar en la relación que existe entre simplicidad y complejidad.
Sé que muchas cosas en la naturaleza parten de un patrón simple que se repite una y otra vez, esto es, que muchas cosas como la línea de la costa o la forma de los árboles o el comportamiento de una tormenta, tienen naturaleza fractal, como si la simplicidad no fuera exactamente lo contrario de la complejidad, sino su base, su pilar, lo que queda tras apartar la hojarasca del número. Algo simple más algo simple se convierte en algo complejo cuando la combinación se produce un número muy elevado de veces. La complejidad y la simplicidad, por tanto, deben de estar conectadas mediante una ley muy simple, muy armónica, muy bella, que con una sola línea describa cómo realizar esa composición de cosas simples para convertirlas en algo capaz de la respuesta inesperada. El problema es que, al igual que ocurría en el relato de La carta robada de Allan Poe, de tan evidente como resulta, somos incapaces de encontrarla.
Pero si lo hiciéramos podríamos explicarnos muchas cosas, creo. Por ejemplo, pienso que la vida, tal y como la entendemos, es el último estadio de organización de la materia, una respuesta inesperada de un sistema complejo. Y que la conciencia de tener conciencia, tal y como definen los especialistas en el cerebro la diferencia entre nuestra especie y las demás, nuestra constante aunque escondida contemplación de la muerte como horizonte final, es el último estadio de organización de esa vida, otra respuesta inesperada de un sistema aún más complejo. Y que la aparición de las ideas que hoy nos hacen verdaderamente humanos, las ideas que, capa tras capa, han ido calando en nosotros, y que la filosofía, o la ciencia, o el arte han ido perfilando desde diferentes puntos de vista, es otra más de estas respuestas inesperadas: nuestra cultura ha añadido aún más complejidad a esa conciencia. Complejidad sobre complejidad sobre complejidad.
Y por todo esto pienso que tal vez para resolver los problemas verdaderamente humanos lo único que haya que hacer sea simplificar, es decir, apartar la hojarasca del número.

8 comentarios:

Portorosa dijo...

¿Pero cómo?

Pues nada, que estás en racha conmigo, porque me ha gustado mucho. Hablando de simpleza y complejidad, no diría yo que tu lenguaje, tu sintaxis y tu vocabulario, sean simples, pero sin embargo creo que escribes muy claro.

Un abrazo.

Xavie dijo...

Gracias Porto,
Es usted un gran lector de este blog. Todo lo que escribo le gusta. :-P

Abrazote,
X.

María a rayas dijo...

y yo sin embargo soy una lectora pichi picha...que ni había visto el último cambio del blog...esto ya parece otra cosa amigo Xavie...

un beso

Xavie dijo...

Gracias María,
Todavía tengo que ampliar la caja de texto y probablemente quitar los bordes redondeados pero todo se andará.

Beso,
X.

Aroa dijo...

Creo que Xavié se rebela mucho aquí. Fuera la hojarasca.

NáN dijo...

Lo has explicado de modo muy simple pero solo me he enterado del final: la hoja rasca.

En realidad, propones una involución, ¿no?. Hasta llegar al primer cero y el primer uno.

Pero yo creo que lo mismo que nos hemos hecho desde la complejidad, desaparecemos de complejos. Es tan simple que marea.

Xavie dijo...

Nano, pues sí, creo que has dado en el clavo, de tan simple marea...
:-D

A ver si nos vemos estos días en Madrid.

Un abrazo,
X.

Gemma dijo...

La simplicidad deviene en complejidad, apuntas, cuando a la primera se le añade otra distinta.

¿Y qué pasa, entonces, con el caos y el desorden? ¿Acaso son conceptos que no existen científicamente? A mí esa suma compleja de simplicidades se me antoja sólo posible dentro de un sistema armónico a modo de soporte o trasfondo...

Abrazos, Xavié