martes, abril 07, 2009

Mentiras III

Hace bastante tiempo una mujer me dejó por carta. En ella, según me aclaró después al teléfono, me explicaba que había conocido a otro y que llevaba unos dos meses durmiendo con él a diario. Yo no entendí la carta, por mucho que ella insistiera en que estaba clara. Estaba claro que me dejaba pero no estaba claro por qué. Eso me lo contó luego al teléfono, como he dicho. Como recuerdo de aquel dolor me puse un arito de oro en la oreja izquierda. Tantas ganas tenía de llevar aquel recordatorio que cuando una amiga y yo comprobamos que no había cubitos de hielo para dormirme la oreja y que ella pudiera traspasarla con una aguja, utilicé dos croquetas congeladas para hacerlo. Es una gran anécdota y la cuento siempre porque me parece divertida. Diez años estuvo en mi oreja aquel pendiente.

Doce años después, en otra ciudad, al abrir mi casa la encontré medio vacía porque, tal y como habíamos acordado civilizadamente, la mitad de los muebles se los había llevado mi ex mujer. Por toda la casa podían verse recuadros más claros en la pared. Uno de ellos destacaba especialmente, un rectángulo alargado de más de un metro y medio de longitud que parecía mirar las grandes pelusas que recorrían el pasillo. Donde antes estaba el sofá y la mesa de centro había un espacio vacío, cubierto de polvo, con dos grandes cojines tirados en el suelo. Saqué el móvil y fotografié el estado de la casa. Las fotos me acompañan desde hace tiempo.

Cuando tengo un mal día siempre recuerdo que las cosas pueden empeorar. Entonces, me acaricio la oreja y noto el agujero que aún está ahí y observo los detalles de las fotos de mi móvil.

3 comentarios:

Divina nena dijo...

Buen retrato cotidiano... ¿quién no han sentido ese vacío de cuadros que otros se llevaron?
Respecto al final, siempre pueden mejorar, ¿para qué empeorar? :-)
Besos Sr.X

Anónimo dijo...

Supongo que, para evitar esa imagen, fue por lo que yo escogí llevarme los cuadros y dejarle las pelusas a él ;-)

Un bico.

Xavie dijo...

Gracias, Divina.
Supongo que será algo bastante común, sí.

Hola ¿anónima?,
Pues también está bien haber sido capaz de barrer esas pelusas, de haber pintado y haberse quedado allí. Te hace sentir orgulloso. :-)

Besos,
X.