martes, febrero 08, 2011

Trenes

Todos estamos sobrepasados de información y lo sabemos aunque no hagamos nada por solucionarlo. Todos empleamos demasiado tiempo pulsando repetidamente el enlace a nuestra bandeja de entrada, refrescando la página de FB, tuiteando como imbéciles naderías de 140 caracteres. Mientras tanto, nuestro cerebro cambia y a pesar de tener la impresión de hacer muchas cosas a la vez, lo cierto es que perdemos el tiempo de forma clamorosa (pulsa y pulsa y pulsa el enlace que lleva a tu bandeja de entrada y vuelve a pulsarlo a ver si alguien te ha escrito en el intervalo de cinco minutos entre una pulsación y otra). Refresca tu página de FB. Proclama al mundo tu estado de ánimo. Únete a causas justas con un solo clic. Mientras tanto cada vez somos más incapaces de prestar atención continuada a algo que requiera concentración. Mientras tanto ponemos a la misma altura intelectual al grupo y al fan que lo sigue, a la alta literatura y al cómic, a la página de tendencias y al filósofo de la ciencia. Mientras tanto, los diez minutos de fama de los años sesenta se han convertido en segundos de popularidad gigantesca en una red inaprensible que, sin embargo, nos tiene a todos agarrados por el cuello. Estamos cambiando nuestra manera de pensar, nos estamos convirtiendo en seres capaces de atender superficialmente muchas cosas (la mayoría de ellas inútiles), seres superfluos, incapaces de penetrar la costra que las grandes compañías segregan poco a poco sobre la realidad, haciéndola más poderosa, más elástica, más flexible. La cosa en sí, que decía el filósofo. La cosa es sí está ahogada por esa costra que no es más que una tela de araña que lo envuelve todo de nailon indestructible. Estamos cambiando y ni siquiera nos damos cuenta. No tiene que ser necesariamente malo, es cierto. Los humanos tenemos una capacidad de adaptación sorprendente y también nos mareábamos cuando probamos por primera vez viajar en tren a 80 kilómetros por hora y nuestros ojos eran incapaces de enfocar el paisaje (cambiando a cuatro o cinco velocidades según fijemos nuestra vista más cerca o más lejos del borde del camino). Lo hicimos y ahora podemos circular a doscientos kilómetros por hora sin detenernos a pensarlo demasiado. Tampoco estábamos preparados para subir los 14 ocho miles, que diría Vegas, y ahí están todos esos héroes amputados que lo han conseguido sin oxígeno. Los humanos (el virus que acabará con el planeta, agente Smith dixit) somos sorprendentes. Y, últimamente, ligeros como la espuma de zanahoria.

En las últimas semanas imagino gráficos vectoriales en verde fluorescente que representan mis ideas, pienso en el universo de los conceptos como una esfera compacta y veo la inteligencia humana extendiéndose por su superficie en ondas, olas de inferencias que recubren poco a poco ese planeta ajeno y oscuro pero que no consiguen penetrar en su interior, pues apenas aspiramos a explotar una minería de conclusiones en la superficie, a cielo abierto. Cosas así, imágenes en movimiento que apenas arañan la capa más externa de lo que quiero decir.
Imaginen por un momento un instante de la red, imaginen los centenares de millones de comentarios a los blogs más famosos, las decenas de millones de conversaciones de vídeo, los miles de millones de imágenes. Imagínenlo todo de forma simultánea, como un flash, como un pico de información capaz de desbordar los más potentes ordenadores, una vibración en el aire, un nota disonante en la melodía del mundo.

Ahora, respiren profundamente, dejen su mente en blanco y lean:

Luna, reloj de arena:
la noche se vacía,
la hora se ilumina.

Octavio Paz
HAIKÚS
Árbol adentro, 1987

5 comentarios:

S.G. dijo...

A S.G. le gusta que haya vuelto :)

S.G. dijo...

por cierto... que me gusta a mi esta entrada.
beso

Portorosa dijo...

Genial. Me ha encantado.

Estoy leyendo "Crónicas marcianas", y a veces me recuerda bastante a ti.

Un abrazo.

La independiente dijo...

Gracias S.G., es usted una incondicional. :-)

Joder, Porto, Bradbury, ahí es nada. Su halago me esponja como si fuera una señora inglesa con rulos a la que le hubieran dicho que hace los mejores pasteles del mundo. :-P

Besos,
X.

Portorosa dijo...

Pues sí. Esa mezcla de ciencia y literartura, esas imágenes como de puestas de sol metálicas, y cosas así. Muy en tu estilo, creo yo, aunque él no hablase de bits.

Un abrazo.