jueves, agosto 06, 2009

Madrid III

El otro día, caminando por el centro de mi ciudad, una imagen me vino a la cabeza, la imagen de nosotros mismos en el centro de un ovillo, un ovillo de hilo que representa nuestras relaciones con los demás y que es mayor o menor dependiendo de su número. Caminamos siempre dejando un rastro de hilo, que se enreda en los ovillos de los otros, al igual que hacen los demás. También me dio por pensar, al pasar por un barrio muy antiguo, que si el tiempo no transcurriera (como, según parece, sucede en realidad), yo siempre estaría pasando por lugares que en los últimos quinientos años han estado ocupados en algún momento por otras personas, como si todos fuéramos elementos de algo mayor, partes de una amalgama. Y que si fuéramos capaces de abstraernos de ese tiempo que no existe y representar en una única imagen todos los movimientos a lo largo de su vida de todas las personas que han vivido aquí, cambiando el color para que los movimientos más modernos fueran azules, por ejemplo, y los más antiguos amarillos, tendríamos una gradación de colores preciosa, una estrella sobre el plano de la ciudad que únicamente allí, en ese barrio que recorría, contendría todos los verdes del mundo. Pensé además en que si esa estrella fuera dinámica y cambiara constantemente reflejando los trayectos de los peatones, de los coches, de los trenes y de los aviones, el mundo, en realidad, podría contemplarse como una pulsión o como un espasmo. Y al añadir a ese gráfico, como otra variable, el tamaño de los ovillos de la gente, pude ver que Quevedo conocía a menos gente que yo y que había visitado a menos gente que yo y que no había viajado tanto como yo, y vi su estrella amarilla y su pequeño ovillo cojeando por la Cava baja, camino de la Plaza Mayor. Y más tarde imaginé la ciudad a dos mil metros de altura, como una ciudad de Lego, como una mala copia de un plano de Google Earth, extendiendo sus tentáculos en dirección a la Mancha, a Navacerrada, a Guadalajara, a Toledo y pude sentir su latido, pude sentirla como un gigantesco organismo, tan ajeno a nuestros deseos como lo fue con los de nuestros antepasados, esos que ocuparon en algún momento el exacto espacio por el que yo estaba pasando en ese justo instante.

Y después pensé en el sexo.

9 comentarios:

david dijo...

Yo no puedo evitar pensar en la coma que te falta en el paréntesis es que encierra esta frase, "como, según parece sucede en realidad".

Según parece, ¡COMA!, sucede en realidad.

Y no sé por qué se ha puesto de moda entre los físicos ahora filosofar sobre que el tiempo no existe. Creo que es lo más cool, pero a mí no deja de parecerme una forma de tozudez de lo más cazurra. Pero ese es otro tema. ¿No?

Ah, sí.

Anónimo dijo...

Estimado Xavie
Hace poco que leo tu blog, y cuesta. Desde luego no es culpa del contenido, sino del continente.

Marea

Marea salir de la ciudad para verla con perspectiva. Marea que después de reflexionar y verla de otra manera vuelvas a lo más básico y personal. El sexo. Rompe, pero no es elegante, es básico.

Gracias por compartir tus historias

Xavie dijo...

A ver David, a ver...
Resulta que usted casi nunca viene por aquí a dejar un comentario. Me consta que me lee pero no suele comentar. Y ahora resulta que cuando va y lo hace, ¡es para señalar el error!,¡para dejar constancia de él por escrito!
En fin, estimado David, ya lo he corregido, que conste. Pero esta no se la perdono. :-)

Y respecto a lo del tiempo, no se trata de que no exista sino de que no transcurre. Que no es lo mismo.
Ay, estos matemáticos...
Abrazote y pásalo bien, ladrón.

Hola Anónimo,
No creo que el sexo sea básico. De hecho, creo que justo por eso acabo el texto con esa frase. Después de reflexionar y ver la ciudad de otra forma, como un sistema vivo y en constante cambio, después de ponerme estupendo, está el sexo. Que es incluso más complicado que todo lo que cuento antes.

Gracias por venir.
X.

Anónimo dijo...

espero que pensara en el bueno, en el muy bueno.
beso

S.G.

Xavie dijo...

Pues S.G.(por cierto, ¿le conozco?), la verdad es que yo siempre que pienso en el sexo, pienso en el bueno, claro. Si no de qué. :-)

Un saludo,
X.

Portorosa dijo...

Me ha encantado.

Y este texto, tan tuyo, me viene al pelo para decirte algo que te quería aclarar: el relato de los hijos de los mineros, el del libro, está bien como está; o, mejor dicho, me gusta como está, con ese final, y no sin él como yo sugerí. Sin él sería un final normal, creo que bueno pero normal, el que casi todos pondríamos; pero me parece que con tu final, el texto es tuyo, tiene tu estilo. Y eso está bien, me parece a mí.

No sé cuándo verás esto. Ayer estuve en el Semáforo de Bares, ¿te acuerdas? Me acordé de ti.

Un abrazo.

Xavie dijo...

Hola Porto,
No creas, estoy en Madrid. Me fui de vacaciones pero regresé y estoy trabajando en agosto para poder irme en septiembre a la playa.

Con respecto a lo que dices del relato, sabes que suelo estar de acuerdo con tus apreciaciones pero la verdad es que no te hice caso. :-) También me gusta a mí más así.

Y sí, creo que este es un texto muy mío, visual, con un montón de referencias tecnológicas y con un final roto.

Y claro que me acuerdo del semáforo de Bares, un sitio precioso, lo que pasa es que no tengo mucho tiempo para comentar en los blogs de los amigos.

Un abrazo,
X.

marilotaguas.blospots.com dijo...

Me alegra que os conozcais Manolo Garcés y tu. Es como si esta ciudad permitiera que se encuentren personas que se deben llevar bien.
Por cierto, mis últimos cuadros tiene como tema la urdimbre de las relaciones humanas. Puedes verlos cuando quieras.
Si vienes por Córdoba y vas a ver a la chiquitina de Bosco, me apunto a ir contigo. Besicos.

Xavie dijo...

Hola Mariló,
¡Qué sorpresa! No te esperaba por aquí. Me encantaría ver tus cuadros, últimamente el tema de la urdimbre de las relaciones humanas, como tú dices, no se me va de la cabeza. :-)
Manolo también es amigo de Bosco y creo que lee este blog de vez en cuando. Me dijo que cuando fuera a pasar una temporada en Madrid me avisaría.
Con respecto a lo de la visita, cuenta con ello. Tal vez pase por Córdoba el último fin de semana de agosto.

Un beso, fermosa.
X.