viernes, marzo 23, 2018

Cara



Mientras conducía abstraído, me ha venido a la mente la frase de una canción de León Benavente: "tengo la cara que me merezco, tengo el país que me merezco" y eso ha llevado a mi cabeza a pensar en Annette Bening en American Beauty, intentando calmarse para que la llorera no le marque surcos en la piel y a Kevin Spacey haciendo pesas y fumando hierba en el sótano, mientras el novio de su hija mira fascinado el baile de una bolsa de plástico en televisión. 

Ya saben eso de que, después de los cuarenta, todo el mundo tiene la cara que se merece. Ni hablemos de después de los cincuenta. 

Supongo que, a medida que uno se hace mayor (a pesar de tener hijos pequeños, con lo que conlleva eso de mantenerse despierto, aunque se me haga imposible imaginarlos mayores y vaya viviendo los días como vienen, sin pedirles más de lo que ofrecen), cada vez se vuelve con más frecuencia a los años vividos, a ese mundo cómodo y conocido que entendíamos. Supongo que todo el mundo acaba cayendo en el mismo arabesco de la memoria (recordar quienes éramos por escrito, fijando así este instante para el futuro es un arabesco triple, una triple voltereta mortal). Es más fácil y, a fin de cuentas, el cerebro es un organismo especializado en reconocer patrones y reforzar los ya conocidos, forma parte de su funcionamiento intrínseco que la electricidad circule por caminos ya abiertos previamente.

Recuerdo a una anciana avinagrada que protestaba por todo cuando tenía la librería, le molestaban los nuevos negocios del barrio, los jóvenes divirtiéndose, los jóvenes asistiendo a actos culturales, los jóvenes viviendo, echaba de menos el franquismo, la suciedad y los yonquis de los ochenta en Malasaña, tan solo porque ella era treinta años más joven y le parecía entender lo que sucedía a su alrededor. Había dejado de intentarlo hacía mucho tiempo. No sé si seguirá viva esa señora, pero era alguien a tomar como modelo para no olvidar que la amargura es fácil y está a la vuelta de la esquina.

Lo más difícil es separar la hojarasca del hueso de melocotón de las cosas. O eso creo. 

No lo sé, cada vez tengo menos claras las cosas. Me hago mayor.

2 comentarios:

Aroa Moreno dijo...

Oye, que llevas diciendo que te haces mayor todo el tiempo que te conozco.

Xavie dijo...

Ese es el quid del asunto. Así quito hierro al tema. Pero, de todas maneras, reconoce que eso no me ha impedido seguir haciendo cosas, que es de lo que se trata.