miércoles, octubre 31, 2007

Madrid

"Si Madrid fuese un cuerpo humano, sus arterias reventarían cada mañana. Desde las siete, un gigantesco coro de bocinas resuena hasta pasadas las nueve."
Frase extraída de El País.

Si Madrid fuese un cuerpo humano y las carreteras las arterias, ¿donde estaría el corazón?, ¿y el estómago con su ácido clorhídrico?, ¿y la corteza cerebral? Si Madrid fuese un cuerpo humano, a mí me gustaría vivir en los ligamentos cruzados de la rodilla. No sé por qué pero me da la impresión de que sería un lugar lleno de glamour, en el que podría tener el mismo coche que cualquier constructor y compatir amante (sin saberlo, claro) con un narcotraficante. O en el sistema nervioso periférico, en alguno de esos tumores que están avanzando poco a poco hacia la médula espinal. En Seseña, por ejemplo, en la urbanización de Francisco Hernando, alias "Paco el Pocero", ese prócer.

lunes, octubre 29, 2007

Olvido

He leído muchas veces que todos somos únicos e irrepetibles. Que ninguno de nosotros es exactamente igual a otro. Que todos tenemos una estrella en nuestro interior que luce de forma solitaria en el cielo. Lo he leído muchas veces y no me convence. Esa necesidad humana de considerarse único sólo tiene que ver que nuestra conciencia de vivir muriendo. Todos sabemos cuál es el final del camino, el mojón a partir del cual ya no habrá más derecha e izquierda, el final. Y aunque no alcanzamos el final hasta que lo hacemos, todos sabemos que está ahí y no conocemos a nadie que haya conseguido evitar lo inevitable (la vieja, la guadaña, la túnica, el miedo y el olvido).

Tal y como dice Savater en su último ensayo, lo que realmente no soportamos no es morir sino que nadie nos tenga en cuenta, que nadie se ocupe de nosotros como personas individuales, no tanto que Dios no exista como que no seamos importantes para él. ¿Qué diferencia existe entre un Dios ajeno, infinitamente lejano e inaccesible y no tener ninguno? ¿por qué existen religiones que se preocupan especialmente de los árboles genealógicos? ¿por qué sectas aparentemente desquiciadas, que hablan de naves extraterrestres que vendrán a rescatarnos, consiguen tantos adeptos? Porque ponen a los fieles en una lista. Una lista de los candidatos a ser salvados, una lista con nombres y apellidos que individualiza a cada uno de sus miembros aunque sea en un porvenir tan lejano que acabe por no suceder. No nos resignamos a fallecer (pass away, mucho más preciso en inglés), a irnos a vivir donde habite el olvido (que decía Cernuda) porque cómo es posible que el mundo vaya a seguir existiendo sin nosotros, que vemos y oímos y pensamos, y somos nosotros y no otros.

Pero el tiempo se va acumulando como los sedimentos en los meandros de los ríos y a medida que lo hace empieza a convencernos de lo contrario. Todos somos repeticiones de historias anteriores, y así la originalidad buscada de los adolescentes, las conversaciones de los jóvenes sobre su futuro profesional y sentimental, las hipotecas y los precios de los pisos, los niños y la falta de sueño, a veces las rupturas sentimentales, los colegios y la vuelta a la casa vacía son temas de conversación y preocupaciones que se repiten de una generación a otra con una precisión sorprendente. El curso del mundo no nos tiene en cuenta.

Cuando se llega a ese convencimiento, empieza a mirarse el final de otra manera. Que otros ocupen nuestro lugar no es un castigo. Es lo justo.

martes, octubre 23, 2007

Veinte minutos

¿Cómo rellenar veinte minutos de tiempo desocupado? Escribiendo un microrrelato, claro. Inventando una historia mínima en la que en el primer párrafo se introduzca el tema con cierta concisión, se retuerza en el segundo y se acabe con un giro que provoque el asombro, la sonrisa o cualquier otra emoción imprevista. Esa es la técnica.

La cuestión, sobre todas las cuestiones, es no ocupar más de veinte minutos de tiempo desocupado en escribirlo y dejar constancia de que apenas nos cuesta trabajo escribir tres breves párrafos que, a ser posible (pero eso ya depende del estilo de cada cual), provoquen cierta sorna, una leve sonrisa de complicidad. Conseguir acabar provocando complicidad es bueno porque conseguir que alguien se sienta cómplice es unirse con él en la hermandad de los listos. Y el que escribe siempre es el listo. Por si no quedaba claro.

Un microrrelato no es el lugar apropiado para grandes alardes, ni para profundidades psicológicas porque no hay espacio y sobre todo, porque no hay tiempo. En mi caso ya he consumido quince minutos en escribir hasta aquí y la presión de tiempo que me queda me impele a acabar de una buena vez. Ya está bien, hombre. Me vienen centenares de ideas a la cabeza, que conste. Centenares. Pero como ya sólo me quedan unos miserables cuatro minutos utilizaré una cita de Oscar Wilde: “El ingenio es la bisutería del talento”.

lunes, octubre 22, 2007

Fotografías

Aquellas fotografías no tenían nada en especial. En ellas varios grupos de personas aparecían retratados haciendo cosas comunes. Sin embargo, algunos detalles llamaban la atención y me hicieron fijarme un poco. En primer lugar, todos los retratados vestían uniforme; en segundo lugar, era el uniforme alemán de la segunda guerra mundial.

El tiempo detenido en esas escenas tan corrientes me hizo sonreir a pesar de que los protagonistas fueran alemanes. Afortunadamente, perdieron la guerra, y aunque setenta años pidiendo perdón no sean suficientes -ni lo serían doscientos ni el perdón pueda arreglar nada-, les honra haber estado dispuestos a cargar con esa culpa. Entonces era entonces y hoy es hoy.
Amables escenas de gente sonriendo confiada a la cámara, con señoritas intercambiando confidencias; grupos escuchando con arrobo la música del acordeón, una fila de tumbonas en las que dormitan hombres y mujeres tapados con mantas a cuadros, un oficial con aspecto marcial, humanizado instantáneamente al ser capturado decorando un árbol de Navidad.

Pero la inscripción del álbum era: Auschwitz, 21-06-1944. Las fotografías, amables hasta un instante antes de conocer ese dato, humanizadoras del ejército perdedor, confirmadoras de que nadie sabe qué podría llegar a hacer en una situación extrema como una guerra son, en realidad, las alegres fotografías privadas del álbum de un verdugo. Un verdugo que estuvo en Auschwitz justo cuando el campo se hallaba en su máximo pico de producción de gases y cenizas.

Ah, esos confiados y alegres muchachos.


Fotografías

viernes, octubre 19, 2007

Cerdos

Miguel Barceló hablaba hace algún tiempo en una entrevista de su costumbre de ayudar en la matanza del cerdo en su pueblo mallorquín, Felanitx. El plato utilizado para desangrar al cerdo (donde las mujeres mueven con las manos la sangre para evitar que se coagule) está en la base, según sus propias palabras, de algunos cerdos que aparecen en sus cerámicas. No me extraña en alguien tan orgánico, por decirlo de alguna manera. La matanza (la matancía, dicen en Aragón) siempre ha sido una ceremonia festiva en una tierra como la nuestra en la que hasta hace muy poco tiempo no era seguro tener suficiente comida para pasar el invierno. Un día en el que se disfrutaba por anticipación del festín, en el que se trabajaba duro, se bebía, se comía y se bromeaba. Y se mataba un cerdo.

Yo estuve en una matanza hace unos años y la imagen de una anciana vestida de negro, limpiando las tripas que más tarde embucharía de carne, sangre, grasa, cebolla y especias para hacer las morcillas, con sus manos nudosas, vestida de negro y llamando amo al dueño de los animales que se sacrificaban no se me olvida. A pesar de que los animales sabían que iban a morir y del corto borboteo de sus estertores aquello no me pareció desagradable ni irrespetuoso. El cuchillo afilado y corto en la yugular, el plato (el de Barceló) que recoge la sangre, el fuego que quema sus cerdas, el raspado de su piel, el matarife y su destreza en el despiece, todo ello me pareció una celebración de la vida. Todos estamos unidos a la tierra más de lo que reconocemos, a pesar de vivir en cubos de cristal y de ver las boqueadas de los castaños de Indias, casi asfixiados por el humo de los coches.

Ayer, sin embargo, mientras caminaba por mi ciudad (por una de ellas), vi algo que me ha inquietado de una manera extraña. Al cruzar la Plaza Mayor, en uno de esos restaurantes en los que ningún madrileño come jamás porque son para turistas, de esos en los que siempre hay dos cochinillos muertos que parecen dormidos y que provocan una mueca de repugnancia en los mismos turistas que luego se relamen al terminar su ración, habían colocado unas gafas de sol a uno de los cerditos y un gorro al otro. Y me pareció una brutal falta de respeto. Y todavía me pregunto por qué.

Me gustaría preguntarle a Barceló.

martes, octubre 16, 2007

Precisión

La belleza geométrica de los carriles de la carretera, la vista de las torres contra el cielo, los cientos de coches circulando a ciento veinte kilómetros por hora a tres metros unos de otros, la inundación de luces a toda velocidad, el cielo azul oscuro encima de la línea de los edificios, los ascensores subiendo y bajando por el exterior de los rascacielos, los aviones ejecutando una danza asombrosa en el cielo, los satélites aún más arriba en órbita geoestacionaria, los miles de millones de canales de comunicación abiertos simultáneamente, el aire que respiramos lleno de información digital, las identidades inventadas, las burbujas personales que nos aíslan del exterior, todos conectados a nuestra música, a nuestros lugares virtuales y a nuestra gente a través de diferentes aparatos.

Si estuviéramos en los años veinte, propondría la firma de un manifiesto a todos los lectores de este blog que estén interesados en la belleza de la tecnología. Neofuturismo podríamos llamar a nuestro movimiento literario. Aunque Vicente Luís Mora tiene otra denominación para la literatura que se ocupa de esas cosas: literatura pangeica.

¿Qué opinan ustedes?

lunes, octubre 15, 2007

Cielo

Es un mendigo, dijeron, perdió a su mujer en un accidente hace algún tiempo y se volvió loco. Se dejo ir. Su cordura acabó por desmoronarse. Se olvidó de luchar por mantener la cabeza centrada y ahora escribe cosas ininteligibles en los papeles que encuentra por la calle. Papeles que hablan de las formaciones de los pájaros en los cielos de la ciudad y de sociedades secretas de hombres muy poderosos que dominan el mundo y el destino de todos nosotros.

Camina sin mirar fijamente a nadie y huele muy mal. De vez en cuando, un asistente social lo lleva a un refugio, donde lo lavan, lo afeitan y le dan un par de comidas pero siempre se escapa. Necesita ver el cielo. El cielo es lo más importante. Nunca ha creído en un dios omnipotente capaz de preocuparse por cada uno de nosotros de forma individual, no se trata de mirar el cielo tratando de ver alguna señal enviada por su mujer muerta. Su mujer está muerta y eso ya no tiene arreglo. Pero tiene que ver el cielo, tiene que dormir bajo él, no puede estar entre cuatro paredes porque en cualquier momento puede ocurrir una desgracia.

Puede reventar una bombona de butano, o bien desprenderse una estantería llena de libros de arte sobre la cabeza del que está debajo, la colilla de un cigarrillo mal apagado puede prender la colcha de algodón cien por cien natural, unos niños de la casa vecina pueden disparar accidentalmente la pistola de su padre policía, la bañera puede hacerte resbalar. Pueden ocurrir muchas cosas dentro de cuatro paredes. Es mucho mejor estar al aire libre.

Tiene que ver el cielo, tiene que dormir bajo él.

jueves, octubre 11, 2007

Ítaca

Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.

Constantino Cavafis sabía que lo que cuenta es el viaje, no el destino. Es mejor no apresurarse. Todos llegaremos al final de nuestro camino algún día y, por lo que a mí respecta, espero sinceramente haber comprendido qué significan las Ítacas cuando sea el momento de regresar.

miércoles, octubre 03, 2007

Divertimento

El hombre con aspecto de mendigo que apretaba un cartón medio vacío de vino barato le miró y le dijo: "prepárate para la destrucción, amigo". Aquello le pareció de mal agüero pero nunca había sido un tipo supersticioso así que no le hizo ningún caso. Sabía que el alcoholismo y las noches pasadas en huecos rodeados de cartones acaban con la salud mental de cualquiera. Un coche dio en ese momento un frenazo a su espalda mientras echaba a andar. Entró en el edificio en el que trabajaba y subió a la segunda planta, donde tenía su despacho, abrió la puerta y se sentó en su butaca. Encendió el ordenador y comprobó su correo electrónico. Esperó.

Ahora se pregunta que pasará a continuación. Hasta ahora sólo ha hecho lo que le han ordenado. Así que se levanta (rápidamente, como si algo le hubiera sobresaltado) pensando que hubiera preferido levantarse con tranquilidad. Sabe que no puede quejarse porque esas son las reglas y él no es nadie (nunca ha sido nadie, en realidad) para oponerse. Camina en círculos, como si estuviera nervioso por algo y entonces recuerda la maldición del mendigo, y aquello (porque así está escrito) no le provoca la más mínima preocupación. Recuerda vagamente (vagamente, por si no quedaba claro) que tiene obligaciones con las que cumplir. Mira por el ventanal de su despacho y ante sus ojos se despliega el centro de una gran ciudad, con sus tejados antiguos que la hacen parecer un pueblo pequeño. No entiende muy bien qué está haciendo aquí.

Nosotros tampoco. Yo sólo pretendo divertirme un poco a su costa. Por eso hago que se retire de la ventana, que agarre la butaca de su despacho, que rompa el cristal después de golpearlo varias veces con mucha fuerza y que se arroje al vacío. Y lo hago porque el mendigo del comienzo me cae mucho mejor y no quiero que su profecía deje de cumplirse. Que se joda.

viernes, septiembre 28, 2007

Triunfo

Según dicen los psicólogos evolutivos, el cerebro humano ha desarrollado una insistencia mucho mayor en los fracasos que en los triunfos como estrategia para asegurar la supervivencia. Por eso los malos recuerdos se fijan con más intensidad que los buenos. Para que la próxima vez que fallemos no sea en una situación en la que nuestra vida dependa de ello. La sensación de triunfo dura poco y no seré yo quien lo niegue.

Pero mientras dura... ¡Ay mientras dura!

lunes, septiembre 17, 2007

Barbate

La madera cruje, acongojada por la fuerza del mar, como tantas otras veces. El barco se hunde y, aunque es pequeño, forma remolinos alrededor que empiezan a arrastrar a algunos marineros y de los que no es posible escapar. Ocho pescadores luchan. Los compañeros gritan e intentan salvarlos. Casi ninguno de los hombres sabe nadar. No lo necesitan. Cuando el mar decide llevarte con él, no sirve de nada oponerse, más vale morir en paz dejando que los pulmones se llenen dulcemente de agua, mirando los extraños efectos que provocan los rayos de luz debajo de la superficie.

El mar sólo devuelve a tres. La tierra los acogerá. El resto sigue en el fondo mirándolo todo con los ojos muy abiertos. Sus familias piden a Dios y a los hombres que se recuperen los cuerpos porque no es allí donde deben estar. Los cuerpos deben descansar al fin en tierra firme. Es lo justo. Es el trato secular. Así debe ser.

Las lágrimas de los familiares son las mismas que aparecen una y otra vez desde el principio de los tiempos en los ojos de los vivos. Las lágrimas de los familiares son tan antiguas que apenas tienen sal, tantas veces como han salido de los ojos que se han quedado en la orilla esperando el regreso.

miércoles, septiembre 12, 2007

Responsabilidad

Quiero rendir un homenaje a todos esos que cargan con una responsabilidad que no han pedido, a todos esos que no pierden la esperanza porque saben que no pueden permitírselo, a todos esos que tienen que luchar con la pena negra todos los días.

Ganen o pierdan. Lo consigan o no. Porque la cuestión es pelearlo y lo demás no depende de ellos y sólo por eso ya son dignos de admiración. Y ellos lo saben. Y si no lo saben, deberían saberlo.

sábado, septiembre 08, 2007

Cosmogonía

Al principio todo era luz blanca y cegadora. Las cosas no se diferenciaban unas de otras en ese magma informe de claridad. Todo era luminoso y todo formaba parte de lo demás. Entonces la Noche apareció y nos permitió distinguir unas cosas de las otras. La sombra nos hizo hombres porque antes éramos tan semejantes a los dioses que no era posible distinguir entre unos y otros. La oscuridad se clavó en nuestros corazones y al fin se pudo oír el primer grito de rabia cuando uno de nosotros asesinó a su hermano.
Desde entonces siempre miramos con precaución a los luminosos, a los que tienen menos sombra, porque sospechamos que son seres engendrados antes del principio de todo.

miércoles, septiembre 05, 2007

Llaga (homenaje)

Soy la llaga de Kafka. Concretamente, la llaga de su oreja derecha. Soy el resultado de años de colocar las gafas con patillas de acero justo en el mismo lugar: sobre mí.
A veces alguna mujer me ha besado. A veces he notado la humedad de una boca próxima. No muchas veces, eso es cierto, pero sí de vez en cuando. Hasta él, con toda esa misantropía que tenía, tuvo a alguien que lo acompañó a la hora de morir. Hasta él tuvo cuatro mujeres en su vida, cuatro mujeres que le tomaron la mano y a quienes no les importó el tamaño de sus orejas ni su cara de infelicidad.
Generalmente, estoy bastante reseca debido a su costumbre de frotarme mientras piensa en el mejor modo de acabar un frase pero no me importa porque esa manía me hace sentirme un poco responsable de su obra. De algún modo, puedo considerarme una ayuda para su inspiración. Me acaricia suavemente en círculos una y otra vez y, a continuación escribe. Creo que, de un forma inconsciente, si no estuviera ahí me echaría de menos.
Me hubiera gustado ser una de las llagas de Cristo o, al menos, la llaga purulenta de algún mártir que hubiera sufrido alguna tortura imaginativa pero me he tenido que conformar con esto. Yo creo que no está mal. A mí El proceso me gusta bastante.

lunes, septiembre 03, 2007

Aldana

¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor juntos, trabados,
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y sospirar de cuando en cuando?

Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también, tan fuerte

que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.

Francisco de Aldana, el divino capitán, a mediados del siglo XVI.

viernes, agosto 31, 2007

Examen (homenaje)

Todos los días cuando llega a casa, se sienta en la oscuridad en su sillón preferido, pone música muy bajita e imitando las antiguas enseñanzas de los jesuitas que animaban a realizar un examen de conciencia a diario a la hora de dormir, piensa muy concentrado en si ha conseguido pasar otro día sin ser un traidor, un cabrón, un despreciable hijo de puta, un mentiroso, un arrogante o un mal amigo.

A veces piensa que sí y a veces piensa que no pero lo que más desconcertante le resulta es que ha advertido que últimamente, en muchas ocasiones, no sabe decidirse por una cosa o por otra. Es más, últimamente tampoco se atreve a cuestionar demasiado el comportamiento de los demás porque piensa que quizá él no es mejor que muchos, que quizá en las mismas circunstancias el (¿quién sabe?) hubiera hecho lo mismo que lo que los demás critican, que quizá (que seguramente) él no sea ningún modelo a seguir, que recordar a los demás sus flaquezas se parece bastante al pavoneo, que la vanidad es pecado.

Últimamente pronuncia las palabras mágicas: Ego te absolvo sin sentirse seguro de que sirvan para nada y eso lo tortura. Dios ha desaparecido de su vida en silencio y a menudo duda de que haya llegado a estar ahí en algún momento.

martes, agosto 28, 2007

Concurso

Estimados lectores,

Tal y como decían en un programa infantil de hace décadas: "solo no puedes, con amigos sí".

Os pido ayuda porque estoy buscando una palabra que no encuentro. Una palabra que guarde con el olfato la misma relación que chapoteo con el oído y tibio y húmedo con el tacto. Y que además describa la sensación de asfixia que uno tiene en la selva tropical donde el calor y la humedad apenas dejan respirar.

Gracias.

jueves, agosto 23, 2007

Momento de sol

Ana recordaba perfectamente la tarde en la que una llamada telefónica le había cambiado la vida. En aquel momento pensó que nunca olvidaría aquellos instantes, que nunca olvidaría la sensación que se le anudó en el estómago, el vértigo que siente el que de repente se queda sin suelo bajo los pies y no sabe donde va a acabar por caer.
Recordaba con claridad un solitario rayo de sol entrando oblicuo por un agujero de la ventana, las partículas de polvo flotando ingrávidas en el haz de luz. Recordaba haber mirado hacia su rincón preferido de aquella casa: una esquina con una estantería de madera envejecida cubierta de libros y recuerdos y haber pensado que sería la última vez que miraría su propia casa de ese modo.
A ella los recuerdos le funcionaban de esa manera, como si en un momento trascendental de la vida, no pudiera ocuparse más que de los detalles, los estúpidos detalles. Una y otra vez veía aquel rayo de sol, con las partículas doradas en su interior avanzando desde la ventana en línea recta e iluminado un minúsculo polígono irregular en el suelo.
No era posible lo que estaba pasando, no era posible que su vida se vaporizara con esa facilidad, como si sus esperanzas y su futuro fueran tan poco reales como el dinero de la bolsa, un dinero que desaparecía sin que nadie supiera donde iba cuando todo el mundo se ponía de acuerdo en tener un ataque de pánico y vendía y vendía y vendía hasta que las acciones no valían nada. ¿Adónde iba todo ese dinero? Miles de millones de euros volatilizados en un momento. Nunca lo había entendido, sabía cómo funcionaba la bolsa –por algo se dedicaba a ello– pero si lo pensaba de verdad, no lo comprendía. Suponía que se trataría de algo parecido a las matemáticas o a la física de partículas. Sus estudiosos podrían proponer modelos que explicaran de alguna manera el comportamiento de esos sistemas, pero ¿qué eran? ¿qué eran en sí?
Otra vez el rayo de sol y otra vez el polvo y otra vez esta sensación de que en cualquier momento voy a desaparecer engullida por el suelo y atravesaré todas las plantas de la casa una tras otra hasta destrozar mis huesos con el suelo, pobres huesos fragmentados y astillados, clavados a mi cuerpo, fuera de su sitio.
Y lo imagino moviendo la boca y explicándolo todo, explicándolo como si fuera posible ofrecer una justificación a esta sacudida. ¿Qué dice? ¿de qué habla? No lo sé, no lo entiendo. No sé de qué habla, yo sólo sé que a partir de este momento todo ha cambiado y en que ya estaba organizando las vacaciones de verano y ahora esto. No entiendo nada. No entiendo de qué habla. Unas vacaciones fantásticas con playas de arena blanca y el mar turquesa y palmeras con cocoteros y un hotel para descansar de verdad sin tener que preocuparse lo más mínimo por nada, sólo la pereza de estar en una playa y disfrutar del sol en la piel y del sexo a mediodía. De qué coño está hablando.
Y el rayo de luz sigue entrando por la ventana, sigue su trayectoria recta, sigue bruñendo el suelo de madera gastada. ¿De qué está hablando?

miércoles, agosto 22, 2007

Matemáticas

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas (todas las personas debían ser afeitadas por el barbero o por ellas mismas). Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

-- En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería de afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero si por el contrario, no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar ¡pero yo soy el único barbero de allí!

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió por siempre feliz.

Aunque no lo parezca, esta paradoja extraída de Wikipedia, la paradoja de Russell, fue la primera piedrecita del camino que condujo a los matemáticos del siglo XX (particularmente a Gödel) a dinamitar para siempre la confianza de que un modelo formal como las matemáticas podía explicar el mundo. Gödel, en su teorema de la incompletitud, afirmó que en cualquier sistema formal existen proposiciones cuyo valor de verdad no puede decidirse según las reglas de ese sistema. Proposiciones indecidibles como la del barbero: ¿debe afeitarse el barbero a sí mismo o no?
Lo que viene a afirmar el matemático es que la presunción de que las matemáticas conseguirían demostrarlo todo, tan común en el siglo anterior, es falsa. Es más, lo que viene a decir es que si como humanos inventáramos otro sistema formal mejor que las matemáticas, ese nuevo sistema tampoco lo conseguiría.

Además, las últimas investigaciones sobre el comportamiento del cerebro animal ante los grupos de cosas (el instinto de numerosidad tal y como lo llama Javier Sampedro en uno de sus artículos sobre ciencia de este verano) han comprobado que ese instinto existe en monos, delfines, leones, perros y muchos tipos de pájaros. En todos estos animales existen zonas de la corteza cerebral cuya actividad aumenta de forma proporcional al número de cosas que contemplan. Es decir, todos estos animales cuentan de forma instintiva hasta 30 (el umbral a partir del cual ya no se puede estimar con exactitud el número a simple vista). Los humanos somos animales con un instinto numérico mejorado con la evolución.

La realidad, algo que ya afirmaba Kant y confirmaba Schopenhauer, no es conocible en sí misma; la materia visible del universo es sólo el 4% de todo lo existente; la pregunta ¿qué había antes del Big Bang? no tiene sentido porque el tiempo surge en el mismo momento de la explosión; cuando contemplamos con un telecospio a gran distancia estamos contemplando cosas que sucedieron hace mucho tiempo...

Mamáaaaaa.

lunes, agosto 20, 2007

Comprobaciones

Cuando llega a casa mira su teléfono para ver si aparece la pequeña señal parpadeante que indica que alguien ha llamado. Cuando está ahí y comprueba el número desde el que intentaban hablar con él, siempre se trata de un "Numero desconocido" porque normalmente la llamada es de una empresa encargada de hacer una encuesta.
A continuación se sienta en el ordenador y pulsa repetidamente el botón "Revisar correo" de su correo web pero nunca hay nada salvo cuando encuentra un anuncio de alargamiento de pene o de viagra falsa. A veces también aparecen los correos automáticos que los servidores envían a los que están suscritos a una lista.
Cuando se cansa de que el ordenador parezca reirse de él, mira el móvil esperando que el pequeño icono con un sobrecito que indica que tiene un mensaje se ilumine, pero cuando suena el mensaje y se ilusiona (siempre se ilusiona) resulta ser publicidad de la compañía de móviles con la que tiene contrato.
Entonces abre el messenger y espera un rato que alguno de sus contactos se conecte. No es normal que todos aparezcan siempre desconectados y que no consiga hablar nunca con ninguno de ellos. Con todo el tiempo que pasa en Internet no es normal, no.
Menos mal que es miércoles y esta noche dan su serie favorita en televisión. De todas maneras, casi es mejor no hablar con nadie porque tiene que trabajar. Mañana esperan una de sus famosas hojas de cálculo llena de cifras y gráficos dinámicos. Como analista de datos, es uno de los mejores. Cincuenta compañeros en el departamento y él es el único que ha conseguido la felicitación del coordinador dos veces en un mismo año.