martes, julio 24, 2007

Rayos X

El hombre con rayos X en los ojos nunca había visto nada parecido. Aquella mujer no sólo tenía varios tornillos de titanio uniendo sus dos caderas e inmovilizando tres de sus vértebras lumbares sino que su mandíbula también era de metal. A sus ojos, más que una mujer, era una constelación brillante.

Ante aquel hallazgo todas sus obligaciones dejaron de tener importacia, así que la siguió y al ver como entraba en un minúsculo piso, se decidió a esperar con disimulo al otro lado de la calle. Cuando volvió a salir con una bolsa deportiva en el brazo, tuvo cuidado de que no se diera cuenta de su presencia en la acera de enfrente. Los tornillos se movían de una forma armónica, como si las operaciones no hubieran borrado del todo su elegancia natural, como si incluso el titanio hubiera tenido que acomodarse a la gracia que mostraba al caminar.

Esa fue la primera de las tardes que el hombre con rayos X en los ojos pasó observando emocionado a la mujer de titanio, viendo desde lejos como sus articulaciones artificiales se bamboleaban al caminar, una encantadora inclinación de los tornillos hacia la izquierda y más tarde a la derecha.

Cuando al fin se decidió a hablarle, ella se sorprendió mucho. Desde el accidente no la miraban demasiado, quizá por la cicatriz, pero se había acostumbrado a su vida y había dejado de necesitar las miradas de los demás. Pero ahora aquel hombre con aquellas gafas tan raras no sólo hablaba con ella sino que la traspasaba con los ojos y además, parecía extrañamente azorado. A la media hora de aceptar tomar con él un café, ya había decidido volver a verlo.

El sexo fue fantástico desde el principio. Al hombre con rayos X en los ojos le gustaba que ella se pusiera sus antiguos apoyos ortopédicos para las piernas a la hora de hacerlo. También le gustaba su corselete con refuerzos metálicos. A los seis meses, se casaron. Son felices. El amor no se presenta muy a menudo.

viernes, julio 20, 2007

Plagio

Un escritor británico envía a 15 agentes editoriales ingleses pasajes copiados de Jane Austen para comprobar que sólo uno de ellos es capaz de detectar el plagio. Los demás, simplemente no se mostraron interesados en la publicación. El escritor es experto en esta autora y ha realizado el envío para poner en evidencia a los agentes literarios que se empeñan en rechazar una novela, esta sí, escrita por él.

No sé si me sorprende más el desconocimiento de un clásico por parte de los profesionales (poco, me sorprende poco) o bien la absurda vanidad del especialista, empeñado en demostrar que no es que su novela no tenga calidad sino más bien que la incompetencia de las editoriales la ha condenado al silencio.

En cualquier caso, creo que cada literatura pertenece a su propio tiempo y no creo que escribir como en el siglo XIX le ofrezca a nadie la posibilidad de publicar. Aunque fuera Jane Austen. O Clarín.

lunes, julio 02, 2007

Vacaciones

Ahora sí. Me voy.

Escribiré desde allí (suponiendo que aún tenga algo que decir, claro; suponiendo que no lo haya dicho todo y mejor que yo Fernández Mallo en Nocilla Dream, el maldito)

Un abrazo a todos.

Me consta que aguantarán sin mí.

martes, junio 26, 2007

Contra la literatura

La suya es una búsqueda polvorienta de páginas sucias, entre capas de papel vaporizado y cagadas de mosca. Por eso sus manos tienen un brillo especial. Porque el polvo que las mancha está compuesto de trozos de la Iliada y de versos de Yeats, de antiguas salmodias en letra gótica o de los dibujos aniñados y leves de García Lorca cuando sólo era un homosexual vergonzante que escribía obras surrealistas. Su biblioteca ocupa más de la mitad de todo el volumen de su casa y a veces duerme con un viejo libro de Shopenhauer bajo la cabeza, profundamente, pero con sueños llenos de leve desesperación en la cabeza. Sus ropas están ajadas, no tiene televisión y la música hace tanto tiempo que dejó de interesarle que después de la compra de un lote en la liquidación de una herencia tiró todos sus discos a la basura para ganar espacio. Consulta constantemente catálogos de librerías de viejo con la intención de hacerse con un ejemplar único, dedicado por la mano del autor y, por vacaciones, realiza peregrinaciones laicas para contemplar, arrobado y reverente, el escenario de trabajo de Faulkner o de Juan Ramón Jiménez. Escribe, escribe y escribe, dedicado a ello con la voluntad de un elegido de Dios, sabiéndose llamado a una misión.

Sus amigos hace tiempo que están muertos o nunca estuvieron vivos. Su única preocupación es a quién dejar la biblioteca cuando él también se vaya. Se considera un tipo feliz aunque siga siendo virgen a los veintiocho años.

miércoles, junio 20, 2007

Pasión

No tiene derecho a la pasión
quien tiene piloto automático a la muerte.

Construcción. Vicente Luís Mora.

miércoles, junio 13, 2007

Juan Ramón

“...Yo estaba entre unas ruinas, que un sol de eclipse dramatizaba, absorto en la vida. —Porque las ruinas, decía yo en conceptos fáciles y sublimes, son vida. Hace el hombre un palacio o una catedral y se quedan, terminados, muertos. Luego, el tiempo va agarrándose a la piedra, y el sol, el viento, el agua, el cielo, los pájaros, labran en lo yerto. Entonces, ¡qué atracción del movimiento de la cosas —oxidaciones, vejetaciones, gusaneras, jardines—.”
Juan Ramón Jiménez. “Sueño”. De los manuscritos sin editar del Archivo Histórico Nacional.

“Oxidaciones, vejetaciones, gusaneras, jardines”: la vida abriéndose paso en las ruinas y la oxidación como prueba final de la inutilidad de nuestra arrogancia.

Fantástico mundo este en el que no existe el tiempo y puedes identificarte con las palabras escritas por un poeta muerto a finales de los cincuenta.

domingo, junio 10, 2007

Niño

El niño aquel caminaba con alegría a diario, daba pequeños saltitos evitando las líneas de unión de las baldosas del suelo, o seguía empecinadamente la línea de unión de las baldosas. Todo estaba bien, y el día era eterno y había nuevas cosas que aprender y todavía las mujeres no habían aparecido como adversarias en su vida, sólo eran niños raros que lloraban más. Así que daba un paso y luego otro, más tarde un salto, evitando la rutina estúpida que los adultos siguen al caminar, porque el mero hecho de dar un paso era algo fantástico. Y si no que se lo pregunten a Jaime, que está en silla de ruedas y daría lo que fuera por poder correr con los demás críos, aunque eso sí, a la play era el mejor el cabrón, claro como tenía que estar sentado todo el día, sus padres le dejaban más rato con la play, a ver si esto de saltar no va a estar tan bien como parece, más tiempo en la play, guau, pero bueno, otro salto y ahora a evitar las baldosas rojas porque si piso una, algún desastre acabará con todo el planeta y ni siquiera los americanos podrán mandar una nave o algo que acabe con el meteorito, y sigo caminando y, de repente, ahí está. Y me paro.
Y aquí el niño se detiene inquieto. Porque todo el barrio sabe que en esa casa justo de ahí enfrente vive un señor bastante raro que está siempre en calzoncillos y bata y que no se afeita nunca. Cuando una vez Pedrín (su madre insiste en llamarle así pero todos nosotros nos reímos de él), envió el balón a su cerca, todos los demás nos quedamos paralizados. A nadie le apetecía lo más mínimo que el viejo gruñón le diera un grito y además, había sido Pedrín el que había enviado la pelota a su casa, que se buscara la vida, así que Pedrín fue para aquella casa y el viejo en bata le dio la pelota y le echó una maldición en un idioma muy raro, que sonaba fatal. Pero hoy hay un coche muy grande y negro, que está esperando en su puerta, y parece un coche de esos que salen en las pelis o en los vídeos musicales que son largos y cabe mucha gente dentro y de repente el viejo sale afeitado y llevando uno de esos trajes que lleva la gente importante en los bailes, un esmoquin me parece que se llama, y entonces el hombre que espera en la puerta del coche con un traje oscuro dice: “Pase, por favor, señor Ferlosio”.

viernes, junio 08, 2007

Sobre el tamaño

¿Es el microrrelato a la literatura lo que el micropene al sexo?

¿Es cierto lo que dice Marías de que le parece normal que los relatos cortos hayan florecido porque "claro, cuestan tan poco..."?

domingo, junio 03, 2007

Radio

Estaba en su casa. Escuchando la radio como solía hacer. Le gustaba y le hacía compañía. Y era mucho más amable que la televisión. Menos invasora. No se metía en tu salón un señor con cobarta. Pulsó el botón para avanzar de emisora y, de repente, lo que parecía ser una conversación telefónica comenzó a sonar a través de los altavoces. Sucedía de vez en cuando.

En la radio una mujer preguntaba: “¿Lo has hecho?” y un hombre contestaba: “”; entonces ella decía: “Supongo que sangró como un cerdo” y un hombre diferente respondía: “No, la que va a sangrar como un ternera abierta en canal vas a ser tú. Puta”.

Al principio se alarmó. Pero más tarde pensó que seguramente se trataría de algún serial radiofónico.

Era una pena que la radio se llenara de basura como la tele. Al final iba a tener que apagarla.

martes, mayo 29, 2007

Secreto

Hay personas que tienen una piedra ardiendo en su interior. Les quema, les provoca un dolor sordo, inaudible, que les agota y les consume. A veces tienen una sonrisa resignada y sólo puede verse el dolor en sus ojos, pero en otros casos toda la cara se les ha convertido en la máscara griega de la tragedia; tanta expresión apesadumbrada ha acabado por conferir a sus arrugas la categoría de marco fotográfico. Y lo que se ve en la foto es la pena que tienen.

Hay otras que teniendo la misma piedra (porque todos tenemos una que va creciendo con el tiempo y las pérdidas: es inevitable) tienen una expresión dulce. Entran por la mañana en el trabajo, alegres de verdad y dando los buenos días. Siempre tienen una palabra amable y saben diferenciar lo importante de lo que no lo es. Sufren como todo el mundo, pero consiguen que las arrugas sean en esta ocasión las comillas que enmarcan su sonrisa.

Si alguien supiera decirme el secreto, ruego se dignen dejar algún comentario.

Gracias.

viernes, mayo 25, 2007

Inmenso

Decía el periódico el otro día que un albatros, especie que vive una media de 70 años, lleva 40 años perdido en las Islas Británicas buscando una pareja inexistente, pues los albatros son monógamos y allí sólo hay alcatraces. El albatros ha intentado aparearse con los alcatraces pero estos lo rechazan una y otra vez. El albatros no se da cuenta de que él no es un alcatraz. El albatros siempre ha pensado que lo rechazan por ser demasiado alto.

Tan lejos del Cono Sur... Pobre pájaro inmenso suspendido en el aire.

miércoles, mayo 23, 2007

Funeral

Las encinas empiezan a florecer en marzo. En esa época les brotan flores que son machos y flores que son hembras, que el viento encadena como si fuera una casamentera. Como en el caso de las mujeres, si el embarazo va bien, las flores hembra se transforman hasta convertirse en otra cosa: de su cuerpo surge una bellota que, después del período de gestación, acaba por caer blandamente a los pies del árbol. Las bellotas permanecen cerca hasta que se convierten en arbusto, una costumbre habitual entre las crías. Y un mes de marzo cualquiera el arbusto florecerá y entonces la familia que lo rodea comenzará a tratarlo como un adulto.

Cuando una encina se dispone a morir, toda su descendencia lo presiente y la arropa en su último viaje. Una pequeña vibración recorre todo el encinar, esponjándolo, pasando de un vástago a otro, de generación en generación, hasta que toda la familia agita levemente las hojas en señal de despedida. La encina contempla a sus cientos de hijos, algunos centenarios y otros apenas adolescentes, y piensa que es bueno tener una familia tan numerosa. Y entonces muere satisfecha. Si la encina es muy mayor y tiene mucha familia, el luto (un color verde más oscuro del normal) puede durar casi dos semanas.

El rito funerario está siendo investigado por los biólogos porque no acaban de entender esa última señal de despedida. Yo, sin embargo, no sé qué es lo que no entienden. Como si no estuviera claro.

viernes, mayo 18, 2007

Maternidad

Nunca quiso que sucediera de esa manera. No quiso ser secuestrada y llevada a la selva. No quiso despertarse bajo el cielo con picaduras de insectos en el cuerpo. Ni perder el contacto con su mundo. Ni curar las llagas de su pies después de tantas jornadas de marcha, agotadoras. Ni vivir con miedo a un disparo por la espalda.

Pero así han sucedido las cosas. Su vida entró en un injusto paréntesis y aunque durante meses se levantó maldiciendo su suerte, su vida y su país, un día vio el brillo en los ojos de Juan, quien siempre la había tratado bien. Algunos lo llamarán síndrome de Estocolmo, pero ella cree que fue amor.

Ahora su hijo la mira mientras mama. La selva se refleja en sus ojos.

Qué extraño oficio el de vivir.

miércoles, mayo 16, 2007

Remordimiento

Tómense los siguientes ingredientes:


re-.
(Del lat. re-).
1. pref. Significa 'repetición'. Reconstruir.
2. pref. Significa 'movimiento hacia atrás'. Refluir.
3. pref. Denota 'intensificación'. Recargar.
4. pref. Indica 'oposición' o 'resistencia'. Rechazar. Repugnar. Significa 'negación' o 'inversión del significado simple'. Reprobar. Con adjetivos o adverbios, puede reforzarse el valor de intensificación añadiendo a re- las sílabas -te o -quete. Retebueno. Requetebién.

morder.
(Del lat. mordēre).
1.
tr. Clavar los dientes en algo.
2.
tr. Picar como mordiendo.
3.
tr. Dicho de una cosa: Asir a otra, haciendo presa en ella.
4.
tr. Gastar insensiblemente, o poco a poco, quitando partes muy pequeñas, como hace la lima.
5.
tr. Dicho del agua fuerte: Corroer la parte dibujada de la plancha o lámina que se somete a la acción de ella.
6.
tr. Murmurar o satirizar, hiriendo y ofendiendo en la fama o crédito.
7.
tr. coloq. Dicho de una persona: Manifestar de algún modo su ira o enojo extremos. Juan Está que muerde.
8.
tr. Impr. Impedir con uno o más bordes de la frasqueta que se efectúe la impresión, por cubrir una parte del molde o interponerse entre este y el papel que se ha de imprimir.
9.
tr. coloq. Cuba. estafar (ǁ pedir o sacar dinero con engaños).

-miento.
(Del lat. -mentum).
1.
suf. En los sustantivos verbales, suele significar 'acción y efecto'. Toma las formas -amiento e -imiento. Debilitamiento, levantamiento. Atrevimiento, florecimiento.


Mézclense estrictamente en ese orden a fuego muy lento (de 15 siglos o así) hasta obtener la palabra remordimiento: Re-mord(i)-miento.

Y ahora imaginemos a un gusano que muerde y remuerde nuestro estómago, tal y como imaginaban en la Edad Media a la conciencia y admírese qué hermosa es la lengua en funcionamiento, pues sus engranajes han venido a hacer que esa palabra signifique: Inquietud, pesar interno que queda después de ejecutada una mala acción.

lunes, mayo 14, 2007

Radio

Estaba en su casa. Escuchando la radio como solía hacer. Le gustaba y le hacía compañía. Y era mucho más amable que la televisión. Menos invasora. No se metía en tu salón un señor con corbata. Pulsó el botón para avanzar de emisora y, de repente, comenzó a sonar una conversación a través de los altavoces. Sucedía de vez en cuando.

En la radio una mujer preguntaba: “¿Lo has hecho?” y un hombre contestaba: “”; entonces ella decía: “Supongo que sangró como un cerdo” y un hombre diferente respondía: “No, la que va a sangrar como un ternera abierta en canal vas a ser tú. Puta”.

Pensó que seguramente se trataría de algún serial radiofónico y también pensó que era una pena que la radio se llenara de basura como la tele. Así que decidió cambiar de canal.

domingo, mayo 13, 2007

Bola

Creo que durante la noche, alguno de mis sueños estaba habitado por un animal que ha dejado la cama cubierta de pelos. Pelos como pequeñas lombrices translúcidas que, poco a poco, han ascendido por mi cuerpo hasta alcanzar mi boca.

De ahí al esófago han tardado poco tiempo. Allí se han enredado unas con otras formando una bola que está impidiendo que el olor del sol llegue a mis pulmones.

Así que he decidido abrir una botella de vino tinto y beber un vaso. Porque me consta que la bola es soluble en alcohol.

miércoles, mayo 09, 2007

Aprensión

Aquel cangrejo rojo estaba justo en mitad de su cuarto de baño. Era grande y tenía un aspecto imponente. Recordó que en Centroamérica existe una especie de cangrejos que caminan kilómetros y kilómetros para desovar en el mar, cangrejos que cuando llega la temporada caminan tozudos siguiendo la misma ruta año tras año. Este cangrejo se parecía a esos. Mucho más rojo y con las patas mucho más largas y peludas que los que podemos encontrar en las marisquerías.

Fue a la cocina y cogió la escoba. No le apetecía nada que el bicho le pellizcara con las pinzas. La escoba sería suficiente para acabar con él. Cuando entró de nuevo en el cuarto de baño, el cangrejo ya no estaba, a pesar de que no podía haber tardado más de treinta segundos en ir a la cocina y recoger la escoba. Tampoco se oía nada. Supuso que se habría escondido y empezó a buscarlo.

Después de un rato lo encontró justo debajo del retrete, en ese hueco que deja la forma de la loza cuando se une con el suelo. Lo empujó con el palo de la escoba y el cangrejo salió disparado a una velocidad sorprendente, pasando por debajo de sus piernas y llegando al pasillo en un instante. Lo persiguió y, en mitad del pasillo, le dio alcance. Allí descargó el golpe fatal con la escoba. El cangrejo dejó de moverse.

En el suelo no había quedado ninguna mancha de sangre o de lo que quiera que los cangrejos tengan dentro. Con aprensión, le dio unos toquecitos con la escoba para comprobar que estuviera realmente muerto. Siguió sin moverse.

Un poco asqueado, recogió el cadáver para tirarlo a la basura y entonces reparó en el letrero. Made in Taiwan, decía.

martes, mayo 08, 2007

Contra la seriedad

Haciendo un ejercicio de imaginación, imaginemos. Creamos por un momento que alguien está escribiendo el Quijote hoy en día. Y que lo hace desde la parte del mundo que más se parece a los Siglos de Oro españoles: Latinoamérica.

Y en su historia esto es lo que pasa. En su historia, un loco con el seso seco por los libros de conspiraciones, de esos que hablan de sectas secretas que han gobernado el mundo desde el tiempo de los templarios, decide descubrir los trapos sucios de la Iglesia Católica brasileña. Se echa al monte como el subcomandante Marcos pero, después de unos cuantos episodios cómicos en un meublé de mala muerte guatemalteco, en la selva mexicana acaba trabajando de bufón para un coronel del ejército metido en temas de narcotráfico, que vive como un marqués. Más tarde, y una vez que ha asistido a una nacionalización en Venezuela en la que todo el mundo alzaba el puño y cantaba emocionado el himno nacional, acaba probando la ayahuasca en el Amazonas, algo que contribuye definitivamente a la pérdida absoluta de su sentido de la realidad y a que todo lo relacione con una conspiración que lo persigue para evitar que desvele los grandes misterios que ha aprendido. Por el camino es maltratado por los guerrilleros y los paramilitares colombianos, por los mercenarios recién llegados de Irak de las multinacionales norteamericanas, por los miembros de las maras, sobre todo la SalvaTrucha, y por la DEA estadounidense. De regreso en su casa en la frontera mexicana, recupera su lucidez y muere renegando de esos libros, engendros del demonio. Y para añadir un toque de realidad al relato, el protagonista podría además, ser de rasgos indígenas o mestizo.

Este relato, escrito con el estilo desatado y lleno de términos fronterizos de la literatura de McOndo y el Crack y publicado en una editorial tejana preocupada por las nuevas voces narrativas tex-mex, se convertiría inmediatamente en un éxito de ventas.

Y al cabo del tiempo (sigamos imaginando) cuando hubieran pasado un par de décadas, las universidades norteamericanas crearían cursos semestrales que pretenderían analizar la novela como el epítome de la voz del excluido y del loco, como el producto de las corrientes culturales de la frontera, como un ejemplo de la labor predatoria de las empresas en la selva, como el advenimiento del mestizaje globalizado a la literatura chicana. Un departamento especializado en “gender studies” se encargaría de diseccionar aquellos pasajes de la novela en los que el erotismo y la sexualidad estuvieran más presentes. Y alguien conseguiría un doctorado escribiendo sobre “El palimpsesto posmoderno: técnicas fragmentadas de discurso en la estructura de la novela chicana contemporánea” utilizando el libro en cuestión.

Y el autor, que sólo pretendía divertirse, que sólo pretendía contar una historia lisérgica con narcocorridos y persecuciones por las carreteras latinoamericanas, alguien que, al fin y al cabo, escribía sobre la literatura pop y sobre la influencia de la Tribu de los Brady en la falta de orgullo latino, no podría creer que realmente fuera su cara la que apareciera en televisión cuando, vestido con ropas que hace doscientos años ya eran antiguas, recogiera su título de Doctor Honoris Causa en la Universidad Autónoma de México

Y después de recoger el título, se vería con sus amigos del barrio y se tomaría dos botellas de tequila a la salud de todos los envarados doctores que se creen que la seriedad y la literatura están hechas del mismo material.

Que creo que es lo que hizo Cervantes cuando consiguió acabar su obra con una sola mano. Sólo que en lugar de tequila, se las bebió de vino. Y en lugar de dos, fueron cuatro.

Que se me da un ardite, que diría el nuestro. O no mames, güey, que diría el suyo.

jueves, mayo 03, 2007

Humor

Nuestro estado de ánimo siempre está en equilibrio inestable. Basta un comentario, una apreciación, un gesto, para que lo que nosotros creíamos la mera salud bombeando en nuestro pecho se cubra de células cancerígenas. Entonces, cuando eso sucede, te preguntas cómo es posible que el buen humor, que a la luz de los primeros rayos de sol creíamos indestructible, se pueda deshacer así sin más, cayendo la ceniza desde la coronilla y cubriéndonos con una capa gris de desperdicios.

Y no sabes encontrarle una explicación. Quizá sea la acumulación de lecturas tristes y películas tristes o el extrañamiento propio de este buen tiempo (buen tiempo fuera y buen tiempo dentro parece demasiado para esta sociedad católica que tenemos; ya sabemos que todo acaba por pagarse), pero la verdad es que todo ese gozo (el mero gozo de estar vivo y tener dos piernas y ser capaz de disfrutar del humo y de la tranquilidad de saber que vas a poder pagar las facturas) se acaba de desmoronar como lo hicieron los centenares de miles de árboles en Vietnam bajo el fuego amigo del napalm.

Pero ahora que ya te vas conociendo algo más (algo, tampoco mucho, vaya a ser que lo que encontremos nos deje el pelo blanco en un sólo segundo) sabes que lo que tienes que hacer es prestar atención a lo que decía Marco Aurelio de aguantar las embestidas como un soldado y no ejecutar gráciles pasos como un bailarín e intentas combatir ese estado de ánimo. Y lo haces y entonces parece abrirse un hueco, un minúsculo punto de luz, como el punto de luz del experimento que nos enseñaron en secundaria para poder ver el arco iris sin tener que esperar a un día lluvioso y soleado; un punto que progresivamente se hace más grande y por el que va entrando el buen tiempo, las fresas con sabor a fresa, las sopas frías, los cuerpos calientes, el sol quemando dulcemente las capas más externas de la epidermis, la serenidad de después del sexo y el saber que has actuado como tenías que hacerlo, tal y como tenías que hacerlo. Lo has conseguido.

Hasta que tengas que volver a fajarte la próxima vez.

domingo, abril 29, 2007

Ruina

Estoy aquí, en un hotel y miro el estampado de flores del papel de la pared. He tomado una decisión irrevocable. Me voy a matar. Estoy mezclando el cianuro que he comprado con el whisky que he pedido en recepción. He elegido el cianuro y el whisky porque me parece una mezcla con estilo.

Supongo que estarán interesados en mis motivos. Todo el mundo pregunta por los motivos de las acciones. No creo que tengan mucha importancia. Pero supongo que siempre están ahí. En mi caso, el motivo es bastante vulgar: la ruina.

Invertí todos mis fondos en los valores equivocados. El café se desplomó y ahora, en lugar de millones sólo tengo papel mojado. Mi vida es complicada. Tengo muchos gastos: dos exmujeres a las que debo pasar una pensión, dos hijos en colegios británicos, una amante que me sale muy cara y muchas cuentas pendientes con el sastre.

Sé que algunos de ustedes, bienintencionados, se estarán diciendo que todo se puede superar. Y quizá lleven razón. El dinero sólo es dinero.

Pero no soporto a mis exmujeres. Ni tampoco a mis hijos. Es inútil engañarse a estas alturas. Y, afortunadamente, las deudas también se heredan en este país.