“En 1669 John Webb (An histórical essay endeavouring the probability that the language of the empire of China is the primitive language) avanza la idea de que Noé hubiera llegado con el Arca a China y se hubiera establecido allí después del Diluvio, de donde se deduciría la primacía de la lengua china. Los chinos no habrían participado en la construcción de la Torre de Babel, no se habrían visto afectados por la confusión y además habrían vivido durante siglos a salvo de las invasiones extranjeras, conservando de este modo su patrimonio lingüístico original.”
La búsqueda de la lengua perfecta. Umberto Eco
Un texto la mar de sugestivo. El larguísimo título, tan propio de la época; la idea del chino como el idioma original de la humanidad, cedido por Dios a los hombres y la imagen del Arca de Noé reposando después del diluvio en una duna del desierto de Gobi no acaban de irse de mi cabeza.
Así que me he dicho: en lugar de en mi cabeza, lo voy a transcribir a mi memoria externa. Este blog, entre otras cosas.
viernes, junio 30, 2006
martes, junio 27, 2006
Ámbar
Seguía el rastro químico de las exploradoras de la colonia moviendo coordinadamente las seis patas, una pequeña mota sobre aquellas troncos de helecho, metros y metros de arbustos húmedos. Pero a la vuelta de una hoja, una araña había tendido su trampa y se vio atrapada en ella.
Se dio cuenta de que iba a morir allí y aunque no le importara mucho, se debatió con aquel hilo pegajoso. El cerebro siempre intenta permanecer, por insignificante que sea su tamaño.
Sin embargo, aquel esfuerzo final sólo consiguió enredarla más en el hilo y alertar a la araña, que se puso en camino descolgándose desde un poco más arriba. Ahora sí que había llegado el fin, pero qué más daba: ni todas las arañas de aquel bosque podrían acabar con sus seis millones de hermanas.
Y entonces una gota de resina cayó del árbol en el que se encontraba y las atrapó a ambas, que murieron de asfixia.
A partir de aquel momento, el tiempo hizo lo que sabe hacer como nadie: pasar. El tiempo convirtió esa gota de resina en un fósil, acabó con los helechos y con los grandes árboles de la zona, movió de sitio los continentes, hizo avanzar el hielo, hizo avanzar el desierto, hizo que una especie de monos se pusiera de pie, que más tarde esos monos, ya sin pelo, crearan ciudades e imperios y que descubrieran muchas de aquellas gotas de resina, duras y quebradizas. Una civilización que había surgido a orillas del Mar Egeo le puso el nombre de élektron, otra que nació en los desiertos de Arabia le puso el de ámbar, lo que flota en el mar.
Y ahora, esa gota, con la araña y la hormiga en la misma posición en la que quedaron después de intentar librarse de aquella sustancia pegajosa 100 millones de años atrás, unida a una cadena de plata, está tocando la garganta de una mujer.
Lo que, teniendo en cuenta los apenas 80 o 90 años de paréntesis de la vida humana, no deja de tener su gracia.
Se dio cuenta de que iba a morir allí y aunque no le importara mucho, se debatió con aquel hilo pegajoso. El cerebro siempre intenta permanecer, por insignificante que sea su tamaño.
Sin embargo, aquel esfuerzo final sólo consiguió enredarla más en el hilo y alertar a la araña, que se puso en camino descolgándose desde un poco más arriba. Ahora sí que había llegado el fin, pero qué más daba: ni todas las arañas de aquel bosque podrían acabar con sus seis millones de hermanas.
Y entonces una gota de resina cayó del árbol en el que se encontraba y las atrapó a ambas, que murieron de asfixia.
A partir de aquel momento, el tiempo hizo lo que sabe hacer como nadie: pasar. El tiempo convirtió esa gota de resina en un fósil, acabó con los helechos y con los grandes árboles de la zona, movió de sitio los continentes, hizo avanzar el hielo, hizo avanzar el desierto, hizo que una especie de monos se pusiera de pie, que más tarde esos monos, ya sin pelo, crearan ciudades e imperios y que descubrieran muchas de aquellas gotas de resina, duras y quebradizas. Una civilización que había surgido a orillas del Mar Egeo le puso el nombre de élektron, otra que nació en los desiertos de Arabia le puso el de ámbar, lo que flota en el mar.
Y ahora, esa gota, con la araña y la hormiga en la misma posición en la que quedaron después de intentar librarse de aquella sustancia pegajosa 100 millones de años atrás, unida a una cadena de plata, está tocando la garganta de una mujer.
Lo que, teniendo en cuenta los apenas 80 o 90 años de paréntesis de la vida humana, no deja de tener su gracia.
viernes, junio 23, 2006
Arriba y abajo
Arriba
Vayamos a contemplar el espectáculo. Nos situaremos justo en el borde, con cuidado de no molestar que ya sabes que a él no le gusta nada que nos inmiscuyamos en sus funciones. Después de tanto tiempo esperando, creo que nos merecemos una entrada en primera fila, aunque eso suponga arriesgarnos a una reprimenda o a algo peor. Algún tipo de reconocimiento por todo el trabajo. Algo de gratitud, al menos, dijo A.
La resurrección de los muertos siempre ha sido lo más importante, estoy de acuerdo, el evento que lo justifica todo, pero la excitación de la función no debería hacernos olvidar lo que le pasó a Luzbel hace apenas algunos miles de millones de años, dijo B.
Abajo
Ya sé que los hombres vigilan a sus hijas para que no pueda conseguir lo que me propongo. Pero no se dan cuenta de que no es culpa mía, es mi naturaleza la que me empuja a hacer estas cosas. Justo para eso estoy en el mundo. En realidad, recuerdo cada hijo concebido con ellas, cada uno de sus rostros se me aparece en sueños. Pero no me creen porque soy un íncubo, aunque yo no tenga la culpa.
Quizá tenía que haber hecho caso a Gabriel, pero desde que aquel doctor Fausto consiguió engañarle, el jefe se ha vuelto muy suspicaz y no es nada fácil salir de aquí abajo.
Vayamos a contemplar el espectáculo. Nos situaremos justo en el borde, con cuidado de no molestar que ya sabes que a él no le gusta nada que nos inmiscuyamos en sus funciones. Después de tanto tiempo esperando, creo que nos merecemos una entrada en primera fila, aunque eso suponga arriesgarnos a una reprimenda o a algo peor. Algún tipo de reconocimiento por todo el trabajo. Algo de gratitud, al menos, dijo A.
La resurrección de los muertos siempre ha sido lo más importante, estoy de acuerdo, el evento que lo justifica todo, pero la excitación de la función no debería hacernos olvidar lo que le pasó a Luzbel hace apenas algunos miles de millones de años, dijo B.
Abajo
Ya sé que los hombres vigilan a sus hijas para que no pueda conseguir lo que me propongo. Pero no se dan cuenta de que no es culpa mía, es mi naturaleza la que me empuja a hacer estas cosas. Justo para eso estoy en el mundo. En realidad, recuerdo cada hijo concebido con ellas, cada uno de sus rostros se me aparece en sueños. Pero no me creen porque soy un íncubo, aunque yo no tenga la culpa.
Quizá tenía que haber hecho caso a Gabriel, pero desde que aquel doctor Fausto consiguió engañarle, el jefe se ha vuelto muy suspicaz y no es nada fácil salir de aquí abajo.
jueves, junio 22, 2006
Intimidad
Intimidad: del latín intimus, -a, -um. Con significado etimológico “recóndito, que está en el fondo de algo, situado en lo más interno”.
Según parece, la intimidad es algo que está en el fondo de nosotros, tal y como ya sabían los latinos, por lo que para encontrar un yacimiento y explotarlo, los científicos recurren a las habituales técnicas de prospección: sondeos electromagnéticos, estudios sísmicos y mapas. Más tarde obtienen un registro geológico del corazón y después de un estudio minucioso de sus estratos, intentan predecir dónde encontrarla, algo que pueden hacer porque saben que es más probable hallarla en combinación con ciertos tipos específicos de sentimientos. Como cuando los rastros de petróleo indican la existencia de gas natural.
Según las publicaciones científicas del ramo, la intimidad suele presentarse entre la amistad y la comprensión, aunque a veces se puedan encontrar bolsas aisladas en otros lugares, como cuando la encontramos mezclada con el deseo. En cualquier caso es fácil de identificar porque responde a la prueba del silencio. Si dos desconocidos, después de aspirar una muestra, son capaces de estar en silencio durante más de cinco minutos, podemos pasar a la explotación del yacimiento.
Para explotar las reservas habrá que tener en cuenta que el principal problema de este gas es su extremada volatilidad, por lo que la técnica habitual es construir un conducto entre el corazón y las manos para consumirla a medida que se extrae. Las manos podrán acariciar o acompañar, abrazar o apoyar pero es recomendable hacer algo con ellas. En caso contrario, puede ocurrir que la concentración de intimidad acabe alcanzando las condiciones de presión y temperatura necesarias para provocar una implosión del corazón.
Que, como todos sabemos, a pesar de haber pasado las mismas pruebas de resistencia y seguridad que un reactor nuclear, no deja de ser una máquina falible en la que una mínima grieta puede acabar provocando un desastre.
Según parece, la intimidad es algo que está en el fondo de nosotros, tal y como ya sabían los latinos, por lo que para encontrar un yacimiento y explotarlo, los científicos recurren a las habituales técnicas de prospección: sondeos electromagnéticos, estudios sísmicos y mapas. Más tarde obtienen un registro geológico del corazón y después de un estudio minucioso de sus estratos, intentan predecir dónde encontrarla, algo que pueden hacer porque saben que es más probable hallarla en combinación con ciertos tipos específicos de sentimientos. Como cuando los rastros de petróleo indican la existencia de gas natural.
Según las publicaciones científicas del ramo, la intimidad suele presentarse entre la amistad y la comprensión, aunque a veces se puedan encontrar bolsas aisladas en otros lugares, como cuando la encontramos mezclada con el deseo. En cualquier caso es fácil de identificar porque responde a la prueba del silencio. Si dos desconocidos, después de aspirar una muestra, son capaces de estar en silencio durante más de cinco minutos, podemos pasar a la explotación del yacimiento.
Para explotar las reservas habrá que tener en cuenta que el principal problema de este gas es su extremada volatilidad, por lo que la técnica habitual es construir un conducto entre el corazón y las manos para consumirla a medida que se extrae. Las manos podrán acariciar o acompañar, abrazar o apoyar pero es recomendable hacer algo con ellas. En caso contrario, puede ocurrir que la concentración de intimidad acabe alcanzando las condiciones de presión y temperatura necesarias para provocar una implosión del corazón.
Que, como todos sabemos, a pesar de haber pasado las mismas pruebas de resistencia y seguridad que un reactor nuclear, no deja de ser una máquina falible en la que una mínima grieta puede acabar provocando un desastre.
martes, junio 20, 2006
Bukowsky
A veces leemos algo que sale de las tripas de un borracho apoyado en la barra de un bar de alterne, alguien que fuma y fuma y fuma, y bebe y bebe y bebe, y cuando pierde la lucidez necesaria para seguir escribiendo, para seguir poniendo una palabra detrás de otra, va al servicio, saca una papelina, se pone una raya sobre un espejito pequeño que siempre va con él, con cuidado de no tirarla, con la absurda concentración de los drogados, tan sólo para conseguir recuperar el control de sus propias manos y seguir así añadiendo capa de mierda tras capa de mierda sobre un papel en blanco, manchado de ceniza y whisky. Sí señor, con la dignidad de los destrozados y de los malheridos, de los que miran su propia autodestrucción como Nerón miraba Roma en el incendio, gente capaz de arder durante tres días seguidos si decidieran quemarse a lo bonzo. Jodidos pero poéticos en su caída.
Y cuando leemos eso que el borracho ha escrito, nos sentimos como si nos hubieramos estragado el estómago a base de ansiolíticos que se terminaron ayer y que no podemos reponer porque cuando intentamos pedir cita con el psiquiatra, el muy cabrón se ha largado a la playa con su secretaria veinte años más joven.
Así que nos decimos: recuérdate a ti mismo no volver a leer ni a Bukowsky ni a ninguno de esos mamones agazapados detrás de una máquina de escribir que sólo quieren exorcizarse en los tramos de lucidez que les dejan las drogas. Recuérdate que de un estómago así sólo puede surgir ácido clorhídrico.
Y aún así, vamos y los leemos y además nos gusta. Me pregunto si no será que en el fondo a todos nos fascina la contemplación del sufrimiento.
Y cuando leemos eso que el borracho ha escrito, nos sentimos como si nos hubieramos estragado el estómago a base de ansiolíticos que se terminaron ayer y que no podemos reponer porque cuando intentamos pedir cita con el psiquiatra, el muy cabrón se ha largado a la playa con su secretaria veinte años más joven.
Así que nos decimos: recuérdate a ti mismo no volver a leer ni a Bukowsky ni a ninguno de esos mamones agazapados detrás de una máquina de escribir que sólo quieren exorcizarse en los tramos de lucidez que les dejan las drogas. Recuérdate que de un estómago así sólo puede surgir ácido clorhídrico.
Y aún así, vamos y los leemos y además nos gusta. Me pregunto si no será que en el fondo a todos nos fascina la contemplación del sufrimiento.
lunes, junio 19, 2006
Humor
“—¿Todavía quieres ser escritor?
—Claro. ¿Y tú qué?
—También —contesté—, pero es bastante desesperanzador.
—¿Quieres decir que no eres lo suficientemente bueno?
—No, son ellos los que no son suficientemente buenos.”
Bukowsky. En la senda del perdedor.
“Todos los intelectuales hemos soñado con marcar un gol, pero no he conocido a ningún futbolista que sueñe con escribir el Ulises de James Joyce”
Gonzalo Suárez.
Las citas le parecían divertidas. Claro que en el humor y en las perlas, las capas externas más brillantes tan sólo están ahí para recubrir una partícula muy densa y muy oscura.
Normalmente de mierda, claro.
—Claro. ¿Y tú qué?
—También —contesté—, pero es bastante desesperanzador.
—¿Quieres decir que no eres lo suficientemente bueno?
—No, son ellos los que no son suficientemente buenos.”
Bukowsky. En la senda del perdedor.
“Todos los intelectuales hemos soñado con marcar un gol, pero no he conocido a ningún futbolista que sueñe con escribir el Ulises de James Joyce”
Gonzalo Suárez.
Las citas le parecían divertidas. Claro que en el humor y en las perlas, las capas externas más brillantes tan sólo están ahí para recubrir una partícula muy densa y muy oscura.
Normalmente de mierda, claro.
viernes, junio 16, 2006
Análógico
Andrés llegó a la conclusión de que su cabeza funcionaba como una antigua televisión analógica. Se había decidido por las televisiones analógicas porque le parecían más humanas, con barriga y todo, y no como esos nuevos ingenios fríos que nos miran desde el centro del salón. Unos aparatos que no podían dejar de recordarle a esos ejecutivos, tan bien formados, con tanta educación y buenas maneras, que corrían todos los días 9 kilómetros sin fallar ni uno, delgados y con gafas de montura metálica pero que no movían una sola ceja al provocar una hambruna en Guatemala por un clic que hacía descender en picado el precio del café. Por ejemplo. Esos admirados contribuyentes a la cuenta de resultados.
Ese era uno de los motivos por el que se había decidido por la televisión analógica. Otro era el tubo de rayos catódicos y su haz de electrones a toda velocidad. El haz funcionaba de izquierda a derecha y de arriba abajo iluminando un punto cada vez, pero tan rápido que pensábamos estar viendo, digamos, a Mario Alberto Kempes gambeteando en una cancha argentina de fútbol del mundial 78 aunque en realidad esa imagen la compusiéramos nosotros en el cerebro, igual que hacemos con las de la realidad. Porque al ojo humano le pasa lo mismo: sólo es capaz de enfocar una pequeña ventanita del mundo, pero lo hace tan rápido que luego el cerebro se encarga del resto del trabajo.
Pero quizá el motivo más importante fueran las interferencias. ¿Quién no ha sentido más de una vez que el canal de nuestra memoria está mal sintonizado y que el ruido electrónico llena de nieve aquel momento que pensamos no olvidar nunca?
Ese era uno de los motivos por el que se había decidido por la televisión analógica. Otro era el tubo de rayos catódicos y su haz de electrones a toda velocidad. El haz funcionaba de izquierda a derecha y de arriba abajo iluminando un punto cada vez, pero tan rápido que pensábamos estar viendo, digamos, a Mario Alberto Kempes gambeteando en una cancha argentina de fútbol del mundial 78 aunque en realidad esa imagen la compusiéramos nosotros en el cerebro, igual que hacemos con las de la realidad. Porque al ojo humano le pasa lo mismo: sólo es capaz de enfocar una pequeña ventanita del mundo, pero lo hace tan rápido que luego el cerebro se encarga del resto del trabajo.
Pero quizá el motivo más importante fueran las interferencias. ¿Quién no ha sentido más de una vez que el canal de nuestra memoria está mal sintonizado y que el ruido electrónico llena de nieve aquel momento que pensamos no olvidar nunca?
jueves, junio 15, 2006
Inyección
Hoy Andrés necesitaba una inyección. Cuando había pensado en ello, se había sentido un poco raro: como un diabético o un adicto y a nadie le gustaba sentirse así, pero la verdad es la verdad. Hoy necesitaba una inyección.
Así que ha subido a la cuarta planta del lugar donde se encontraba y se lo ha dicho a la gente que estaba allí con él y al rato estaba mucho mejor. Las nubes negras de su cabeza se habían esfumado. Concretamente, barridas por la alegría inducida que provocan las buenas inyecciones. Se había llenado de calma y de paz.
Pero lo mejor es que aquel género no tenía efectos secundarios, la inyección era sólo de ánimo.
Pero qué calidad, la del animo que había conseguido pillar.
Así que ha subido a la cuarta planta del lugar donde se encontraba y se lo ha dicho a la gente que estaba allí con él y al rato estaba mucho mejor. Las nubes negras de su cabeza se habían esfumado. Concretamente, barridas por la alegría inducida que provocan las buenas inyecciones. Se había llenado de calma y de paz.
Pero lo mejor es que aquel género no tenía efectos secundarios, la inyección era sólo de ánimo.
Pero qué calidad, la del animo que había conseguido pillar.
lunes, junio 12, 2006
Frio
Cada noche, cuando llego a mi habitación, me desvisto con cuidado empezando por la parte superior del cuerpo: me despojo de la camisa o de la camiseta, a continuación me quito los zapatos y los calcetines y más tarde los pantalones. Entonces, desnudo, me meto en la cama, y cuando siento que me estoy durmiendo, me duermo.
A veces, sólo a veces, me acuerdo de pedir buenos sueños al señor que gobierna ese reino. A veces me los da y a veces me da algunos de los que no sabría decir si son buenos o malos.
En el de ayer todo estaba inundado de una luz muy clara de color azulado y mi cuerpo ya no estaba ahí. Mis brazos, mis piernas, mi nariz, todo había desaparecido, pero no me encontraba extraño; al revés, de alguna manera sentía que había vuelto al estado del que todos partimos. Me sentía duro, brillante, con aristas. Mineral. Me sentía poderoso. Y frío, también me sentía extrañamente frío.
Cuando había pasado algún tiempo, (o no, ¿quién sabe? el tiempo en los sueños es una cosa bastante extraña), conseguí escuchar:
-Me parece una idea preciosa, María.
-Sí, la verdad es que es mucho mejor que tenerlas metidas en una urna que luego no sabes dónde poner.
-Además es poético pensar que así lo llevas siempre cerca del corazón.
-Y bonito, además, es bonito. Y el joyero lo ha engastado en un collar tan delicado...
-¿Tienes la tarjeta de la empresa que te lo ha hecho?
-Sí, claro, ahora te la busco...
-Es que de verdad que me parece un idea preciosa convertir las cenizas de tu marido en un diamante.
Entonces desperté. Y tuvo que pasar un buen rato antes de volver a escuchar a mi corazón bombeando sangre y volver a tomar conciencia de mi cuerpo.
Creo que me gustó ser un diamante. Pero no lo recuerdo bien.
A veces, sólo a veces, me acuerdo de pedir buenos sueños al señor que gobierna ese reino. A veces me los da y a veces me da algunos de los que no sabría decir si son buenos o malos.
En el de ayer todo estaba inundado de una luz muy clara de color azulado y mi cuerpo ya no estaba ahí. Mis brazos, mis piernas, mi nariz, todo había desaparecido, pero no me encontraba extraño; al revés, de alguna manera sentía que había vuelto al estado del que todos partimos. Me sentía duro, brillante, con aristas. Mineral. Me sentía poderoso. Y frío, también me sentía extrañamente frío.
Cuando había pasado algún tiempo, (o no, ¿quién sabe? el tiempo en los sueños es una cosa bastante extraña), conseguí escuchar:
-Me parece una idea preciosa, María.
-Sí, la verdad es que es mucho mejor que tenerlas metidas en una urna que luego no sabes dónde poner.
-Además es poético pensar que así lo llevas siempre cerca del corazón.
-Y bonito, además, es bonito. Y el joyero lo ha engastado en un collar tan delicado...
-¿Tienes la tarjeta de la empresa que te lo ha hecho?
-Sí, claro, ahora te la busco...
-Es que de verdad que me parece un idea preciosa convertir las cenizas de tu marido en un diamante.
Entonces desperté. Y tuvo que pasar un buen rato antes de volver a escuchar a mi corazón bombeando sangre y volver a tomar conciencia de mi cuerpo.
Creo que me gustó ser un diamante. Pero no lo recuerdo bien.
martes, junio 06, 2006
Trucos
Andrés recordaba bien la vez que había visto a aquel mago manco en televisión. Por su culpa, pasó interminables horas aprendiendo a cortar la baraja con una sola mano, algo que le llevó mucho tiempo porque nunca había sido especialmente hábil con las manos; una de esas cosas que solía envidiar en los demás. También recordaba los trucos de cartas, claro. El mago aquel los hacía con una lentitud exasperante. Decía: "No se puede hacer más lento". Y ponía su única mano a trabajar.
Además, siempre le había gustado la sensación de no estar pisando en firme cuando veía un buen truco, esa capacidad de los magos de hacernos dudar de la realidad.
Así que tenía que haber estado prevenido. Prevenido porque a veces acabamos por descubrir cosas que realmente hubiéramos preferido seguir ignorando. Y ya era tarde, claro.
Le había contado alguien que tenía un amigo mago que los que se dedican a eso se venden los trucos unos a otros.
Y que no descubrir el truco forma parte del contrato.
Además, siempre le había gustado la sensación de no estar pisando en firme cuando veía un buen truco, esa capacidad de los magos de hacernos dudar de la realidad.
Así que tenía que haber estado prevenido. Prevenido porque a veces acabamos por descubrir cosas que realmente hubiéramos preferido seguir ignorando. Y ya era tarde, claro.
Le había contado alguien que tenía un amigo mago que los que se dedican a eso se venden los trucos unos a otros.
Y que no descubrir el truco forma parte del contrato.
lunes, junio 05, 2006
Vanidad
Salió indignado de la habitación dando un portazo. Su mujer se había empeñado en arreglarse las tetas en el cirujano plástico y por mucho que intentaba convencerla, no conseguía hacerla cambiar de opinión. Le dijo que a él le gustaban tal y como estaban, le habló de la dictadura de la moda, incluso (siendo cruel, pues sabía lo aprensiva que era su esposa) le recordó el peligro que entrañaba una operación que, aunque menor, había que realizar con anestesia total.
Pero ella estaba empeñada en hacerlo. Para sentirse más atractiva, para escamotear cinco años más al tiempo. Si las reglas lo permitían, por qué no pedir una prórroga en el juego, la primera y la última, decía ella. Y por supuesto que le provocaban mucha aprensión las mujeres mayores sin arrugas, todas tan parecidas, con esas bocas recauchutadas de pescado muerto, faltaría mas. Qué te has creído que pretendo hacerme.
Aunque a él lo que realmente le había molestado, lo que le había hecho salir hecho una furia de casa fue que se atreviera a comparar la operación con su último libro. Cierto es que había tenido que pagar él la edición en una de esas empresas que editan a medida, y también lo era que no habían salido baratos aquellos 2.000 ejemplares que había encargado, pero él no tenía la culpa de que las editoriales hubieran dejado hace tiempo de interesarse por la buena literatura. Simplemente su estilo no era lo suficientemente comercial para el mal gusto generalizado. Pero él sabía que era un buen escritor, aunque las modas y el marketing se empeñaran en negárselo, así que se había gastado parte de los ahorros en editar su novela. ¿Qué había de malo en eso?, y además, ¿qué tenía que ver una cosa con la otra?
Cuando se levantó hecho una furia y dió el portazo, su mujer estaba diciendo no se qué de la vanidad.
Vanidad. Hay que joderse.
Pero ella estaba empeñada en hacerlo. Para sentirse más atractiva, para escamotear cinco años más al tiempo. Si las reglas lo permitían, por qué no pedir una prórroga en el juego, la primera y la última, decía ella. Y por supuesto que le provocaban mucha aprensión las mujeres mayores sin arrugas, todas tan parecidas, con esas bocas recauchutadas de pescado muerto, faltaría mas. Qué te has creído que pretendo hacerme.
Aunque a él lo que realmente le había molestado, lo que le había hecho salir hecho una furia de casa fue que se atreviera a comparar la operación con su último libro. Cierto es que había tenido que pagar él la edición en una de esas empresas que editan a medida, y también lo era que no habían salido baratos aquellos 2.000 ejemplares que había encargado, pero él no tenía la culpa de que las editoriales hubieran dejado hace tiempo de interesarse por la buena literatura. Simplemente su estilo no era lo suficientemente comercial para el mal gusto generalizado. Pero él sabía que era un buen escritor, aunque las modas y el marketing se empeñaran en negárselo, así que se había gastado parte de los ahorros en editar su novela. ¿Qué había de malo en eso?, y además, ¿qué tenía que ver una cosa con la otra?
Cuando se levantó hecho una furia y dió el portazo, su mujer estaba diciendo no se qué de la vanidad.
Vanidad. Hay que joderse.
jueves, junio 01, 2006
Gamma
La naturaleza parece indicar que los acontecimientos simultáneos son imposibles. Por eso, nadie se acababa de explicar cómo era posible que, gracias al invierno templado y a la lluvia justa, en un atardecer cárdeno y pulido, en el que la propia naturaleza parecía contener la respiración, exactamente 586.023 crisálidas de mariposa gamma eclosionaran a la vez. La eclosión liberó un ejército de polillas que, envalentonado por su propia biomasa, luciendo con orgullo la letra gamma de sus alas, se atrevió a cruzar el estrecho de Gibraltar, sembrar de huevos todo el sur de la Península y colonizar Madrid.
Ahora revolotean en torno a la luz como los adictos revolotean alrededor de los camellos. Nadie entiende muy bien qué quieren o por qué están aquí, pero a mí me hace sentir mejor pensar que quizá la belleza sea un ejército espasmódico y volante de letras griegas.
Ahora revolotean en torno a la luz como los adictos revolotean alrededor de los camellos. Nadie entiende muy bien qué quieren o por qué están aquí, pero a mí me hace sentir mejor pensar que quizá la belleza sea un ejército espasmódico y volante de letras griegas.
lunes, mayo 29, 2006
Parásito
Hace tiempo que sé que mi estómago cría un parásito que se alimenta de libros. Cuando era joven y el parásito apenas tenía algún año, gustaba de las encuadernaciones en pasta dura y coloreada propias de los años setenta. Más tarde empezó a devorar novelas policíacas en ediciones baratas, clásicos del terror y el misterio y novelas fugazmente eróticas en las que me obligaba a marcar los pasajes más tórridos doblando la página. No sé por qué me obligaba a hacer aquello, la verdad, si el que acababa masturbándose con aquellas páginas llenas de encuentros mojados era yo. Pero el parásito siempre ha tenido vida propia y nunca me ha consultado las decisiones que ha tomado.
A medida que el tiempo fue pasando, el organismo, al igual que su anfitrión, se fue volviendo cada vez más sibarita. Cuestión de edad, supongo. Y así, de la misma manera que yo aprecio mucho más el foie de oca regado con vino blanco francés que el paté de cerdo, el parásito empezó a encontrar trucos en novelas que antes le habían parecido aceptables; la carne de vacuno argentina tuvo su correlato en la metaliteratura y en los clásicos; el vino de reserva en el ensayo y la crítica literaria; el whisky de malta en la poesía.
Ahora paso tanto tiempo mirando la sección de delicias del supermercado como espigando títulos en catálogos editoriales.
Definitivamente, todo era mucho más fácil antes.
Y más barato.
A medida que el tiempo fue pasando, el organismo, al igual que su anfitrión, se fue volviendo cada vez más sibarita. Cuestión de edad, supongo. Y así, de la misma manera que yo aprecio mucho más el foie de oca regado con vino blanco francés que el paté de cerdo, el parásito empezó a encontrar trucos en novelas que antes le habían parecido aceptables; la carne de vacuno argentina tuvo su correlato en la metaliteratura y en los clásicos; el vino de reserva en el ensayo y la crítica literaria; el whisky de malta en la poesía.
Ahora paso tanto tiempo mirando la sección de delicias del supermercado como espigando títulos en catálogos editoriales.
Definitivamente, todo era mucho más fácil antes.
Y más barato.
miércoles, mayo 24, 2006
Vejez de Lope
Una vez más, salió a contemplar el huerto. Aquel rayo había acabado con el manzano, la niña de sus ojos en el pequeño jardín de su casa. Parecía que el destino se estaba cebando en él. Ahora que (ya viejo y sin atractivo, con lo que había sido para las mujeres) su único consuelo era la jardinería y ver crecer las flores, ahora esto.
Recordaba una ristra de margaritas blancas enredadas en el pelo de Elena (Elena, siempre Elena, 50 años después, todavía Elena). ¿Cómo pudiste hacerme aquello?, ¿cómo pudiste abandonarme, dejarme por otro, a mí que sembré el mundo de versos en tu honor?. Maldita arpía sin corazón, bacante desalmada. Puta.
Pero cómo no acordarse de tu piel morena, de la sombra de bozo que oscurecía graciosamente tu labio superior, de tus ojos negros, de tu cuerpo flexible y delgado como un junco, de los huesos de tus caderas que dejaban aquel hueco donde me gustaba posar la lengua. De tus recovecos. De aquellas axilas y corvas que me gustaba besar sin prisa. ¿Cómo no hacerlo?. Ahora que todo ha pasado, ahora que hace tanto tiempo que todo ha pasado, recuerdo mejor tu cara que la de la última mujer que pasó por mi cama. Tu recuerdo permanece, Elena.
Igual tengo suerte y vuelvo a verte en la otra vida. Mi amor.
Recordaba una ristra de margaritas blancas enredadas en el pelo de Elena (Elena, siempre Elena, 50 años después, todavía Elena). ¿Cómo pudiste hacerme aquello?, ¿cómo pudiste abandonarme, dejarme por otro, a mí que sembré el mundo de versos en tu honor?. Maldita arpía sin corazón, bacante desalmada. Puta.
Pero cómo no acordarse de tu piel morena, de la sombra de bozo que oscurecía graciosamente tu labio superior, de tus ojos negros, de tu cuerpo flexible y delgado como un junco, de los huesos de tus caderas que dejaban aquel hueco donde me gustaba posar la lengua. De tus recovecos. De aquellas axilas y corvas que me gustaba besar sin prisa. ¿Cómo no hacerlo?. Ahora que todo ha pasado, ahora que hace tanto tiempo que todo ha pasado, recuerdo mejor tu cara que la de la última mujer que pasó por mi cama. Tu recuerdo permanece, Elena.
Igual tengo suerte y vuelvo a verte en la otra vida. Mi amor.
lunes, mayo 22, 2006
Pellejo
Andrés no sabía por qué hoy tenía encajados en la boca del estómago ciertos presentimientos funestos. Sería la astenia primaveral o el calor inesperado, se dijo. Sería lo que fuera, no lo sabía. Pero la sensación de no encontrarse a gusto en su pellejo le llevaba acompañando desde que se había levantado por la mañana. Le daba la impresión de que hoy le quedaba un poco grande.
Si fuera una serpiente, me daría exactamente lo mismo, reflexionó, se cambia de piel y fuera, pero es que voy a tener que aguantar con el mío y espero, además, aguantar durante mucho tiempo. Así que decidió ir a una clínica de cirugía estética para que le recortaran lo que sobraba.
Siempre sale más a cuenta modificar la cubierta de las cosas que andar trasteando en la maquinaria.
Si fuera una serpiente, me daría exactamente lo mismo, reflexionó, se cambia de piel y fuera, pero es que voy a tener que aguantar con el mío y espero, además, aguantar durante mucho tiempo. Así que decidió ir a una clínica de cirugía estética para que le recortaran lo que sobraba.
Siempre sale más a cuenta modificar la cubierta de las cosas que andar trasteando en la maquinaria.
jueves, mayo 18, 2006
Felicidad
Dicen que la clave para pasar por el mundo con algo de conciencia (conciencia de que estamos pasando por él: la felicidad posible) es vivir el momento presente, disfrutarlo y sacarle el jugo como si se tratara de una naranja que te metes en la boca y de la que escupes los restos (la piel blanca y áspera, las pepitas, lo que sobra, lo demás) después de sacarle todo lo que puedes. Advertir esos momentos en los que no nos cambiaríamos por nadie.
Dicen también que la felicidad a la que podemos aspirar debe ser vacía y blanca, desnuda y despojada de apetitos. Serena. Nada pierde quien nada espera.
Qué raro que a ambas cosas se las pueda llamar de la misma manera, ¿no?
Dicen también que la felicidad a la que podemos aspirar debe ser vacía y blanca, desnuda y despojada de apetitos. Serena. Nada pierde quien nada espera.
Qué raro que a ambas cosas se las pueda llamar de la misma manera, ¿no?
miércoles, mayo 17, 2006
Gusano
Según una de esas notas al pie que son la hojarasca de la historia: La imagen de la conciencia como un gusano que roía el interior del hombre era frecuente en los escritos religiosos de la segunda mitad del siglo XVI español.
Lo que no deja de ser curioso porque, según aprendimos (pobres y culpables niños educados en la cultura católica), era nuestra conciencia la que nos impedía ser como los animales. Y por lo visto era un gusano que nos devoraba.
No sé por qué, pero no me sorprende.
Lo que no deja de ser curioso porque, según aprendimos (pobres y culpables niños educados en la cultura católica), era nuestra conciencia la que nos impedía ser como los animales. Y por lo visto era un gusano que nos devoraba.
No sé por qué, pero no me sorprende.
viernes, mayo 12, 2006
Flujo de conciencia
Qué bueno ser bueno y mirar con ojos de amor a todo el mundo, aunque los demás sean unos grandísimos hijos de la gran puta y en realidad estemos aquí, todos caminando ciegos sin vernos y todos seamos islas y tienes suerte si perteneces a un archipiélago y no eres una miserable y triste isla aislada, desforestada, sin vegetación y sin caza, en la que los indígenas han sido tan estúpidos como para emplear todas sus fuerzas en esculpir unas gigantescas y extrañas cabezas.
Quién comprende, además, la disociación del mundo, quién no aprecia este torbellino, esta gigantesca estructura, este sistema que llamamos realidad en el que acaban de descubrir una nebulosa que tiene forma de doble hélice de ADN, y qué me estáis contando: una inteligencia creadora capaz de atender a los pequeños detalles, que pensó hasta en la nebulosa con la estructura de la vida, debe ser fantástico ser Dios omnipotente y divertirse.
Y qué me dices de este procedimiento casi surrealista de dejar que fluyan las ideas sin ponerles cortapisas y escribirlas sin pensar en la corrección, ni en el estilo, sin introducir diálogos pretendidamente naturales y frescos, intentando lo único que podemos hacer: pensar que si pudiéramos escribir el relato secreto que lo controla todo realmente encontraríamos un sentido a este absurdo sitio, tan raro, tan lleno de ojos y personas y pendientes y árboles y millones y millones de bicicletas chinas.
Por ejemplo.
Quién comprende, además, la disociación del mundo, quién no aprecia este torbellino, esta gigantesca estructura, este sistema que llamamos realidad en el que acaban de descubrir una nebulosa que tiene forma de doble hélice de ADN, y qué me estáis contando: una inteligencia creadora capaz de atender a los pequeños detalles, que pensó hasta en la nebulosa con la estructura de la vida, debe ser fantástico ser Dios omnipotente y divertirse.
Y qué me dices de este procedimiento casi surrealista de dejar que fluyan las ideas sin ponerles cortapisas y escribirlas sin pensar en la corrección, ni en el estilo, sin introducir diálogos pretendidamente naturales y frescos, intentando lo único que podemos hacer: pensar que si pudiéramos escribir el relato secreto que lo controla todo realmente encontraríamos un sentido a este absurdo sitio, tan raro, tan lleno de ojos y personas y pendientes y árboles y millones y millones de bicicletas chinas.
Por ejemplo.
jueves, mayo 11, 2006
Gota
Ayer, después de levantarse, pensando en dormir más en el futuro, como hacía siempre, descubrió una mancha de sangre en la cama.
Buscó durante mucho tiempo el origen de la sangre. Sin resultado. Ninguna herida, ni siquiera un rasguño. Al llevar más de dos años sin acostarse con nadie, también descartó el motivo más obvio.
Se fue al trabajo pero no pudo quitarse de la cabeza la maldita mancha durante toda la mañana. Al pensar en su ridícula obsesión doméstica se había sentido inquieto, como cuando olvidamos en algún lugar de la casa algo que llevamos en las manos y que después, cuando realmente lo necesitamos, no conseguimos encontrar.
Más tarde, volvió casa y quitó las sábanas para lavarlas, y, como es lógico, la mancha seguía estando allí. Reseca y con los bordes más oscuros, pero allí.
Hoy son dos manchas. Ya no sabe que pensar.
Buscó durante mucho tiempo el origen de la sangre. Sin resultado. Ninguna herida, ni siquiera un rasguño. Al llevar más de dos años sin acostarse con nadie, también descartó el motivo más obvio.
Se fue al trabajo pero no pudo quitarse de la cabeza la maldita mancha durante toda la mañana. Al pensar en su ridícula obsesión doméstica se había sentido inquieto, como cuando olvidamos en algún lugar de la casa algo que llevamos en las manos y que después, cuando realmente lo necesitamos, no conseguimos encontrar.
Más tarde, volvió casa y quitó las sábanas para lavarlas, y, como es lógico, la mancha seguía estando allí. Reseca y con los bordes más oscuros, pero allí.
Hoy son dos manchas. Ya no sabe que pensar.
miércoles, mayo 10, 2006
En construcción
Un buen día, Andrés llegó a la conclusión de que un nuevo candidato había ganado las últimas elecciones en su cabeza y había desalojado al anterior inquilino. Lo notaba en las cosas nuevas que pensaba, en las nuevas sensaciones. Eso sí, a veces, el anterior primer ministro volvía a ver como iba todo y se retiraba con la mirada preocupada moviendo pensativamente de un lado a otro la cabeza.
Andrés no sabía cuál de los dos candidatos le gustaba más. El de ahora le sorprendía y quizá eso fuera suficiente para desear que por ahora se mantuviera en el primer puesto del consejo de ministros (aquella república necesitaba una renovación, llevaba demasiado tiempo paralizada y funcionando por inercia), pero al otro le tenía el cariño propio de los años compartidos.
Toda la prensa especializada comentaba que, por ahora, el nuevo presidente encabezaba las encuestas, pero que el candidato vencido seguía ahí, maniobrando, tejiendo alianzas, levantando rumores, trabajando para volver a disfrutar de los privilegios propios de su antiguo cargo. Las próximas elecciones podían tener un resultado diferente.
A él, sin embargo, lo que le interesaba de verdad era vivir. Y al carajo la política neuronal.
Andrés no sabía cuál de los dos candidatos le gustaba más. El de ahora le sorprendía y quizá eso fuera suficiente para desear que por ahora se mantuviera en el primer puesto del consejo de ministros (aquella república necesitaba una renovación, llevaba demasiado tiempo paralizada y funcionando por inercia), pero al otro le tenía el cariño propio de los años compartidos.
Toda la prensa especializada comentaba que, por ahora, el nuevo presidente encabezaba las encuestas, pero que el candidato vencido seguía ahí, maniobrando, tejiendo alianzas, levantando rumores, trabajando para volver a disfrutar de los privilegios propios de su antiguo cargo. Las próximas elecciones podían tener un resultado diferente.
A él, sin embargo, lo que le interesaba de verdad era vivir. Y al carajo la política neuronal.
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