jueves, octubre 21, 2010

Biografía

Yo:
«Siempre quise estudiar una carrera de letras para tener tema de conversación en los bares», podría ser la primera frase de la biografía de este hombre. La vida de alguien que desde pequeño sabía que lo que más acabaría interesándole sería la literatura y, por extensión, la palabra escrita (que todo lo transforma en ficción de una forma u otra), pero que también, gracias a haber hecho caso a su yo más pragmático que le decidió por una ingeniería técnica cuando tuvo que elegir entre una carrera y otra (con la esperanza, más tarde cumplida de sobra, de ponerse a trabajar rápidamente para así poder pagarse la ingeniería superior en otra ciudad), siempre había estado al margen de las convulsiones internas de los artistas. Alguien que, al haber trabajado desde tan joven y poder ganarse bien la vida, no tenía necesidad, y esto es fundamental en un mundo tan lleno de gente demasiado pagada de sí misma, de buscar la amistad de los que podrían favorecer una carrera literaria por lo demás inexistente. Eso es lo que me ha dado él a entender en las entrevistas que hemos mantenido.

Él:
A mí este enfoque no me acaba de convencer, la verdad. Pero dejadlo que hable, me interesa saber lo que opina.

Yo:
Sin embargo, yo creo que por esta expresión ya se ve que el tipo no es de fiar, tanta displicencia a la hora de hablar de arte solo puede esconder a un idiota, a alguien demasiado convencido de su importancia en el mundo (cuando sobre todos nosotros hará presa el olvido que todo lo cubre de un manto de ceniza) que no respeta el trabajo de los creadores. El tipo se las da de listo y de ingenioso pero la verdad es que ese ingenio es solo la máscara con la que cubre el fracaso de no haber conseguido escribir la gran novela que esperaba conseguir cuando comenzó con su blog y empezó a hacer amistades letradas a las que importaba tanto la escritura como a él mismo. Ese va a ser mi punto de vista cuando encare la tarea de escribir su biografía. Un hombre escindido entre dos mundos, que se debate en una lucha entre la razón y la intuición y que, vencido, opta por despreciar un mundo lejos de su alcance. En la biografía debo dar a entender, de forma sutil por supuesto, que esa máscara de suficiencia es solo eso, una máscara y que, como muchos otros, en el fondo, lo que desearía de verdad es ser poeta y atreverse a vivir como un bohemio, no tener un horario de oficina, frecuentar la compañía de sus amigos artistas, acostarse tarde y beber de más.

Él:
Me está llamando cobarde, ¿no? El escritorzuelo este se está atreviendo a llamarme cobarde por no andar sableando a nadie y poder pagar la vida que llevo. Increíble.

Yo:
Y aquí tenemos a este hombre de mediana edad, en esa época en la que uno sabe que no valen excusas y que cada uno es responsable de la vida que ha llevado y que sus elecciones le han conducido al lugar en el que se encuentra, por mucho que ese lugar no le guste, asustado ante el futuro. Un hombre enfrentado a la posibilidad de no tener dinero con el que pagar las facturas y dudoso de una vocación que nunca ha sentido como algo irrenunciable, incluso dudando de su existencia verdadera, que decide, en un acto de renuncia íntima, tener un trabajo de oficina y dedicarse al mundo mucho más prosaico, aburrido y gris de la gran empresa, renunciando al sueño de escribir, como uno de esos personajes de las novelas de Mario Levrero, con talento para la escritura pero sin la verdadera convicción necesaria para atreverse a emplearse a fondo y con todas las consecuencias, luchando con cada palabra y con cada frase, sentándose todos los días durante largas horas ante la pantalla, viviendo a través de los ojos del escritor que todo lo aprovecha para tramar historias. Un hombre asustado, en definitiva.

Él:
Este hombre es imbécil. Como si sentarse ante el ordenador para contar a una historia fuera más duro que bajar a una mina o subirse a un andamio, como si dar con una imagen sugerente fuera físicamente más cansado que arar la tierra. Nada odiaría más que ser uno de esos que parecen sufrir de indecibles calamidades en su trabajo diario de escritura, esos escritores de actitud agonista que se quejan constantemente del duro oficio que les ha tocado. Está claro que voy a tener que buscar otro biógrafo.

No hay comentarios: